Este blog rinde honor y alabanza al Dios de nuestra salvación a Jesucristo el Señor.
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miércoles, 30 de octubre de 2024

Jesús sanaba a los que necesitaban ser curados

El poder sanador del Señor Jesucristo… está a nuestro alcance para toda aflicción de la vida terrenal.

El Salvador dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Muchas personas llevan cargas pesadas. Algunas han perdido a un ser querido o deben cuidar de un discapacitado; algunas han sufrido un divorcio; otras ansían un matrimonio eterno; algunas se encuentran atrapadas en las garras de las sustancias o prácticas adictivas como el alcohol, el tabaco, las drogas o la pornografía; otras tienen severas discapacidades físicas o mentales. Algunas se enfrentan a la atracción hacia personas del mismo sexo; otras experimentan terribles sentimientos de depresión o ineptitud. De una manera u otra, muchos llevan pesadas cargas.

Nuestro Salvador nos extiende a todos esta amorosa invitación: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Las Escrituras contienen innumerables relatos donde el Salvador sanó a los que llevaban cargas pesadas; Él hizo que el ciego viera, que el sordo oyera; que el paralítico, el atrofiado o el mutilado fuesen restablecidos; que los leprosos fuesen limpiados y que los espíritus inmundos fuesen echados. Con frecuencia leemos que la persona a la que se curó de esas dolencias físicas era “sanada”

Jesús sanó a muchas personas de enfermedades físicas, pero no negó la curación a aquellos que buscaban ser “sanados” de otros padecimientos. Mateo escribe que Cristo sanaba toda enfermedad y toda dolencia entre los del pueblo. Esas curaciones ciertamente incluían a aquellos cuyas enfermedades eran emocionales, mentales o espirituales. Él los sanaba a todos.

En uno de sus primeros sermones en la sinagoga, Jesús leyó en voz alta de esta profecía de Isaías: “…Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos . Al declarar que había venido a cumplir esa profecía, Jesús afirmó, específicamente, que curaría a los que tuviesen dolencias físicas y que también liberaría a los cautivos y a los oprimidos, y que sanaría a los desconsolados.

El Evangelio según Lucas contiene muchos ejemplos de ese ministerio. Relata la ocasión en que “se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades. En otras oportunidades, indica que Jesús “sanó a muchos de enfermedades”  y que “sanaba a los que necesitaban ser curados” (Lucas 9:11). También describe cómo una gran multitud de personas de Judea, de Jerusalén y de la costa de Sidón vino a un lugar llano “para oírle y para ser sanados” (Lucas 6:17).

sábado, 1 de marzo de 2014

Mujer fue sanada de la matriz llena de miomas

Testimonio de hna Hernández S. Mexico


El les dijo: "Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios" Lucas 18: 27

Le agradezco a Dios absolutamente todo lo que nos permite vivir, estando cerca de El, y también todo lo que vivimos estando lejos de El, porque sin duda nos damos cuenta, que era una vida vacía, sin sentido, creo firmemente que vivir sin Jesucristo en Nuestro corazón no es Vivir.

Tengo pruebas de lo que hoy testifico, y ante todo del Poder ILIMITADO de Nuestro Dios Jehová.
Cuando inició el año 2001, por algunas irregularidades de mi menstruación, me enviaron a que me practicaran un Ultrasonido Pélvico, a si lo hice de hecho fue el día 5 de enero, en el cual el doctor y por supuesto mi hermana y yo veíamos por el monitor una serie de muchas bolitas en mi matriz, de hecho no se le veía ni forma a mi útero, todo distorsionado a causa de tantas bolitas unas más grandes que otras.
Esto me ocasionaba dolores intensamente fuertes en el vientre, y por supuesto las irregularidades en mi periodo, de hecho estaba menstruando cada 15 días.

El Doctor, me dijo que eran miomas, que no se quitan con nada, y solo había dos opciones, extraerme la matriz, que terrible, y la otra era, tomarme un tratamiento un tanto costoso durante 6 meses mínimo para disminuir el tamaño de los mismos miomas, y así poder encargar bebé

Mi esposo y yo salimos del consultorio muy tristes ya que solo tenemos un año de casados y con las enormes ilusiones de tener ese don precioso de Dios que son ¨los hijos¨. Salimos tristes, aun que no derribados, por que sabemos que El Todopoderoso nos sostiene, y el nos ayudaría como siempre lo ha hecho.
Compre las pastillas para empezar el tratamiento del cual solo me tome dos cápsulas, ya que a través de la Palabra de Dios siempre he sabido Que Dios sigue siendo el mismo de ayer de hoy y de Siempre. Sé que el mismo Jesús que predicó no solo con palabras si no con ejemplos de poder y sanidad, era el mismo que había pagado el precio de esta enfermedad que había tocado mis entrañas. Dios es Poderoso, solo me puse en sus manos y le creí al Señor , que el era el Unico que me podía sanar, como dice bien claro: HABRA ALGO IMPOSIBLE PARA EL, Y SABES CONSIDERO FIRMEMENTE QUE NO HAY IMPOSIBLES PARA DIOS.

No me conformaba con tomarme un tratamiento que solo disminuyera los miomas, pero eso me hizo que me moviera buscando la sanidad divina. 
Dios me sano. Yo confesaba mi sanidad ante la gente, me sentía sana de hecho desde entonces mis períodos menstruales son regulares, ya no hay dolores, gracias a Dios, que todo lo puede.
El pasado 21 de diciembre me mandaron hacer otro Ultrasonido….Gloria sea toda a Dios, estoy limpia de mi matriz, todo tiene el tamaño normal, no hay ni rastro de que hubo miomas. De antemano yo sabía que ya había sido sanada, Dios es grande y quiere hacer cosas grandes en nuestras vidas, con el propósito de los que no han creído, se acerquen a través de los milagros.

Tienen que saber que Dios al que seguimos es fiel y Poderoso, que nunca falla a su palabra y que solo es necesario como dicen las escrituras CREER. PORQUE AL QUE CREE TODO LE ES POSIBLE. Hoy en día solo esperamos la bendición que Dios a su tiempo traerá, la de los babys.
La palabra de DIOS DICE. CREE Y AL QUE CREE TODO LE ES POSIBLE. NO HAY IMPOSIBLES PARA DIOS.

Fuente: amen-amen.net/

lunes, 24 de febrero de 2014

Dios puede sanarte si lo crees

La fe en Dios sana a los enfermos  Pastor Ernest Angley 



Si has tratado, sin provecho, de buscar cada cura para tu enfermedad de las que el hombre ofrece, y nada ¡ahora acude a Dios! su sanidad está prometida a ti en su Palabra. Por Su llaga fuimos nosotros curados (Isaías 53:5). Porque yo soy Jehová tu sanador (Éxodo 15:26). Dios tiene sanidad para cada hombre, mujer, niño y niña sobre la faz de la tierra, pero hay condiciones que necesitas cumplir. Todas las promesas y las bendiciones de Dios son condicionales. 
¿Está tu alma recta con Dios? 

Primero, tu alma tiene que estar recta para con Dios. Debes tener una experiencia de nacer de nuevo, de saberte salvo, comprado con la Sangre de Cristo; pues la sanidad comienza por dentro, teniendo un alma recta, así se puede recibir cualquier promesa de la Palabra de Dios El ama a sus hijos,  y no retendrá ninguna cosa buena para aquellos que le aman y le sirven. Desafortunadamente, demasiada gente no quiere vivir para Dios. Aunque quieren estar bien y feliz, al mismo tiempo quieren ir por el camino del mundo. Dios no sana a la gente para darles más fuerza para irse más profundo en el pecado. Dios sana para que su nombre sea glorificado y para el crecimiento del reino de Dios. 

Lee la Palabra; aprende lo que Dios ha dicho acerca de tu caso 

La fe es por el oír...la Palabra de Dios (Romanos 10:17). Jesús dijo, conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Juan 8:32). Si esperas cosecha, primero tienes que plantar la semilla. La Palabra es la semilla, y a menos que recibas la Palabra, no puedes recibir la liberación. Sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán (Marcos 16:18). 
El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias (Mateo 8:17). Quien llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero…por cuya heridas fuisteis sanados (I Pedro 2:24). Puesto que Cristo llevó vuestros pecados, usted no tiene que sufrir por ellos, y puesto que Cristo llevó tus dolores y sufrió vuestras enfermedades, ya no tienes que estar enfermo. Y quitará Jehová de ti toda enfermedad (Deuteronomio 7:15). Más a Jehová vuestro Dios serviréis...y yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti (Éxodo 23:25). Dios quitó la enfermedad de las personas en el Antiguo Testamento y en el  Nuevo Testamento, y Él sana a la gente hoy en día. Porque yo Jehová no cambio (Malaquías 3:6). Esta es la mayor dispensación en que el hombre ha vivido la dispensación de la gracia. ¡Gracias a Dios por Jesús! 

Una señora vino a la línea de sanidad, y le fue preguntado, “¿crees que Dios te va a sanar?” Ella respondió: “Yo no sé.” Yo le contesté: “La Biblia dice que Él lo hará.” Su respuesta: “Si la biblia lo dice, yo lo creo.” Note ella dijo SI, y me di cuenta por el tono de su voz que ella no creía que Dios lo había dicho. Me negué a orar por ella, y la envié a casa a leer la Biblia para averiguar lo que Dios había dicho acerca de su caso. Le dije que después de haber hecho eso, ella podría volver y recibir su sanidad. 

La mayoría de los Cristianos saben que Dios PUEDE sanar, pero la pregunta que les molesta es, ¿LO HARÁ Él?  Dios no recibe la gloria de tus dolores y tus penas y tus gruñidos y quejas. Él recibe gloria de tus gritos de alabanza y aleluyas. La mujer que estaba encorvada con artritis por dieciocho largos años no trajo gloria a Dios hasta que fue liberada. Tenemos conocimiento de su caso hoy en la Santa Palabra de Dios, porque ella recibió la liberación, y Dios recibió la Gloria. Dios hizo al hombre sin enfermedades en su cuerpo y lo colocó en el Huerto del Edén. Nunca fue la intención de Dios que el hombre estuviera enfermo, pero el hombre pecó, y la enfermedad entró en su cuerpo.
  
Por su llaga fuimos nosotros curados (Isaías 53:5). El látigo cruel arrancó pedazos de carne de la espalda desnuda de Jesús, cortando de un lado a otra con profundos surcos, pero cada vez que el látigo cayó significó que toda la humanidad podía ser liberada de cáncer, tuberculosis, diabetes, problemas cardíacos, problemas de los riñones, enfermedades de la cabeza, y cualquier enfermedad o dolencia que el diablo pueda infligir en ellos. Ciertamente llevó él (llevó de nosotros) nuestras enfermedades (penas y dolencias) y sufrió nuestros dolores (el dolor) (Isaías 53:4). 

Jesús le dijo al hombre en el estanque, “¿Quieres ser sano?” Jesús sabía que el hombre podía ser sanado, pero él tenía que tener un deseo real de liberación. Hoy, Jesús te está diciendo lo mismo a ti “¿Quieres ser sano?” El hombre en el estanque comenzó a relatar su dificultad en conseguir liberación, pero entonces, he aquí, él descubrió que en realidad no había ningún obstáculo después de todo. Usted también, encontrará que nada puede impedirle de ser sanado si está dispuesto a actuar de todo corazón. En la Palabra no hay lugar para “si acaso” o “espero que sí.” Las promesas de Dios son seguras y completamente confiables siempre. Él voluntariamente se ha obligado a sí mismo a sanarle si usted cumple sus condiciones. 

Algunas personas dicen: “yo no creo que sea la voluntad de Dios sanarme,” aún, ellos van en contra de su idea de la voluntad de Dios para ellos y visitan al médico cada semana, tomando todo tipo de medicina que puedan conseguir. 

No esperes que Dios baje y le dé una revelación especial acerca de tu caso. La voluntad de Dios está revelada en Su Palabra. Muchos están esperando que un ángel del cielo venga a decirles que ellos pueden ser sanados. ¿Por qué esperar que Dios le golpee a usted en el suelo, como Él lo hizo a Saulo de Tarso, antes de decidir que sientes la convicción suficiente para buscar al Señor? Dios rara vez se encuentra de esa manera. Aquellos que esperan una revelación fuera de la Palabra de Dios con respecto a su sanidad pocas veces son sanados. 
Tal vez usted ha recibido oración muchas, muchas veces, pero usted falló en recibir la sanidad, y en consecuencia usted decidió ya hace mucho tiempo que no es la voluntad de Dios para sanarle. Pero quizás no estabas listo para la liberación, o quizás la persona que oró por ti no se había preparado lo suficiente a través de ayunos y oraciones para ser usado por Dios de esta manera. De cualquier manera, puedes estar seguro de una cosa, NO es culpa de Dios que no has sido liberado. La voluntad de Dios es que todos  reciban sanidad. ¡Nunca permitas que el diablo te haga dudar esto! 

Jesús dijo al hombre acostado en el estanque de Betesda, que había estado afligido por treinta y ocho años, Levántate, toma tu lecho, y anda (Juan 5:8). ¡Gracias a Dios, obedeció, tomó su lecho y empezó a caminar! Ése hombre era diferente de algunas personas que vienen a nuestros servicios para recibir sanidad. Cuando se les dice que hagan algo que no han podido hacer debido a su enfermedad, gritan, “no puedo.” Pero es a través de la obediencia que recibimos liberación. 

En una campaña, un hombre entró en mi línea de sanidad con una rodilla tiesa. Le dije que cuando yo le ordené a doblar su rodilla en el nombre de Jesús, él debería hacerlo. Pero en vez de intentarlo, él se agachó y comenzó a sostener su pierna exclamando: “¡No puedo! ¡No puedo! ¡Me duele!” Él permitió que el dolor tomara el lugar de la Palabra. Dios dijo, “sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán.” Ése hombre perdió su bendición, pues aquellos que no obedecen al Señor no necesitan esperar sanidad.  

Una mujer liberada a través de la obediencia 

Después de que éste hombre se fuera, una mujer con dos rodillas tiesas, no sólo una, vino diciendo: “Predicador, yo no he podido arrodillarme en tres años.” Le dije: “Usted se arrodillará esta noche.” Ella respondió que ella creía que lo haría. Empujé una silla delante de ella, ordené en el nombre de Jesús que la artritis se fuera y le dije a la mujer que se arrodillara. A diferencia del hombre antes de ella, que pensó en su dolor, cuánto tiempo él había estado en esa condición y lo difícil que era para Dios sanarle tan rápidamente, ella se puso de rodillas por primera vez en tres años. 
Más tarde, esa señora volvió a nuestros servicios y atestiguó de su liberación. ¡La obediencia trae a la bendición! 

Algunas personas piensan que si han tenido una enfermedad por mucho tiempo, tomará a Dios un largo tiempo para sanarlos. Ellos no creen que puedan ser  sanos instantáneamente. En Tampa, Florida, le pregunté a una señora en la línea de sanidad si ella creía que el Señor la sanaría y ella dijo: “Bueno, Predicador, yo creo que le va a tomar al Señor mucho tiempo en mi caso. Yo he tenido esta enfermedad por ocho años.” Ella habló como si pensaba que le iba a tomar Dios ocho años para sanarla. ¡Oh, cómo la gente limita a Dios a través de su mal creencia! Cristo sanó a los casos crónicos así tan fácilmente e instantáneamente como Él sanó cualquier otra cosa. La mujer con flujo de sangre hacía doce años, fue sanada instantáneamente (Marcos 5:25-29). El hombre al estanque que había estado afligido por treinta y ocho años, fue sanado instantáneamente. Una mujer que andaba encorvada por dieciocho años con artritis (Jesús la llamó atado del diablo) fue inmediatamente sanada (Lucas 13:11-13). No trate de reducir a Dios al tamaño del hombre. Recuerde, Dios es el Creador no sólo del hombre sino también de todo el universo. 

Llevaron a un hombre a Jesús en una cama, y porque la multitud era tan grande no podían entrar por la puerta, ellos lo dejaron bajar en la habitación por el techo de la casa. Jesús le habló y le dijo que tomara su cama y que la cargara a casa. El hombre se levantó y obedeció la voz del Maestro. Fue llevado al servicio en su cama, pero él salió de la reunión cargando su propia cama. La obediencia trae la bendición. Recuerde, todas las cosas que Cristo dijo a la gente a hacer en Su día eran cosas simples. Cualquier persona podría hacerlas entonces y cualquier persona puede hacerlas hoy. Dios no requiere lo imposible de las manos del hombre—sólo las cosas posibles. Dios se encargará de lo imposible. Porque yo Jehová hablaré, y se cumplirá la palabra que yo hable Ezequiel 12:25. 

Límpiese de los malos hábitos 

Los narcóticos, el alcohol y los hábitos del tabaco le impedirán  recibir su sanidad. 

Una mujer que había estado ciega, recibió su vista en uno de nuestros servicios, y vio a su esposo por primera vez en veinte años. Ella había sido una usuaria habitual del tabaco, y esa noche yo le advertí de nunca volver de nuevo a su hábito; pero unos pocos días adelante ella decidió que usaría un poco del tabaco de mascar. Su esposo dijo que cuando ella  usó el tabaco de mascar, su vista la dejó y ella ya no podía ver. Amigo, las cosas que tienes que renunciar para recibir las bendiciones del Señor, tendrás que mantener renunciadas para conservar esas bendiciones. 

Un joven nacido sordo y mudo vino a la línea de sanidad. Él nunca había pronunciado una palabra en su vida. Dios lo sanó aquella noche, y él podía oír y hablar; pero algunas noches más tarde, se emborrachó. Debido a esto, él no sólo perdió su oír, pero el espíritu de mudez volvió a entrar y tomó su poder del habla. 
Numerosas personas han regresado a la línea de sanidad diciendo, “predicador, yo fui liberado de mi aflicción, pero yo volví a mi mal hábito y ahora la enfermedad ha regresado. Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios I Corintios 10:31.
Tú, sin duda, no puedes fumar, masticar tabaco, usar el tabaco de mascar, beber bebidas embriagadoras o usar drogas para la gloria de Dios. Tú no desearías un hijo tuyo usándolas, y Dios no quiere a Sus hijos usándolas. Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en  vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional Rom12:1. 
Tú dices, “Predicador, yo no creo que tengo que renunciar estos hábitos.” No, no tienes que renunciarlos. Puedes mantenerlos y permanecer enfermo si así lo deseas. Pero, para recibir la plenitud de Sus bendiciones, tenemos que dedicar nuestras vidas totalmente a Él y a Su causa. Entrégueselo todo a Jesús. 

Utiliza tu fe 

Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma (Santiago 2:17). Santiago está diciendo que si no utilizamos nuestra fe, es fe muerta. Algunas personas cargan fe muerta, fe que no es usada, con ellos. Ellos dicen lo que creen que Dios PUEDE hacer, pero, por supuesto, ellos no creen que Él LO HARÁ.

No utilices tu sentir como una vara de medida para calibrar tu fe. Comprueba tu fe con la Palabra de Dios, comenzando con Génesis. ¿Usted cree que Dios realmente habló este gran universo a la existencia, hizo las bestias de los campos, las aves del aire, los peces del mar y creó al hombre? ¿Realmente crees la historia de Noé? ¿Usted cree que Dios separó las aguas del Mar Rojo para los Israelitas? ¿Usted cree que Dios realmente derribó los muros de Jericó? Estudie la Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis. 
Si puedes mirar hacia arriba hacia el rostro de Dios y decir: “Señor, yo creo cada capítulo, cada verso, cada palabra,” entonces, tienes suficiente fe para ser sanado de cualquier dolencia o enfermedad. Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que él que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan Hebreos 11:6. No se puede agradar a Dios sin Su Palabra en tu corazón; y para tener Su Palabra en tu corazón, tienes que aceptar la Biblia como la infalible Palabra de Dios. Esa es la fe que agrada a Dios, pero es la fe que tiene que ser usada. 

El pan de los hijos 

La sanidad es el pan de los hijos. Yo no recuerdo un día en que mi padre no tenía pan en la mesa para nosotros niños. Ahora, si mi padre terrenal nos amó tanto como para asegurarse que siempre tuviéramos pan, ¿cuánto más hará nuestro Padre celestial para asegurarse que Sus hijos tienen pan? La sanidad es tuya. Pedro dijo, por cuya herida FUISTEIS sanados (Pedro 2:24), significando que ya está hecho. Consigue una visión del Calvario y sus beneficios, la sanidad para tu cuerpo, así como para tu alma. Recuerda, cuando vives por tus cinco sentidos, no vives por la fe, sino por tu sentir. Tus cinco sentidos dicen que lo que estás esperando de Dios no es racional, no puedes tenerlo; pero cuando usas tu fe, ya no estás viviendo por el poder de tu raciocinio. 

El hombre en el estanque de Betesda tenía fe en Dios. Hubo otros enfermos, pero ninguno tenía fe para ser sanado. El hombre había esperado que un ángel de Dios se bajara y agitara las aguas para que él podría entrarla y ser curado, pero cada vez alguien se adelantaba a él. Gracias a Dios, que no es un ángel que ha venido para traernos la liberación, sino el mismo Hijo de Dios Sí mismo; nadie puede pasarse por delante de nosotros para impedir nuestra liberación. No necesitamos esperar por un tiempo determinado para ser sanado. Con Dios, en esta maravillosa dispensación de la gracia, es el que quiera, deja que venga. Usa la Palabra escrita. Es más poderosa que una bomba nuclear. 

La siguiente es una ilustración tomada de la autobiografía del Reverendo Joseph Travis, A. M. 

“Hermano Hewitt, un ministro metodista, tenía varios niños, todos los que habían llegado a la edad de la responsabilidad y habían abrazado la religión, a excepción de una hija, Elizabeth, que tenía acerca de dieciséis años de edad, por la cual él oraba una y otra vez; y él no cesaba sus oraciones fervientes al trono de la Gracia en su nombre. La fiebre mortal de Louisiana penetró en su feliz familia. Su hija Elizabeth y él mismo se enfermaron con esta enfermedad en el mismo día. Hermano Hewitt fue consciente de su desilusión que se acercaba, como las medicinas fallaron su efecto sobre él. 
Oyéndolo ser el caso también con su hija, se desesperó por la recuperación de la joven, pero no de su salvación. La consulta entre los médicos fue inútil. Le llegó la noticia que Elizabeth había muerto. Él preguntó: “¿Se entregó ella a Cristo antes de morir?” La respuesta fue No. Entonces, dice el hermano Hewitt, “Ella no ha muerto. Dios no permitirá que ella muera, hasta que se convirtiera. Yo he confiado en mi Padre celestial demasiado tiempo para dudarlo, y Él ha escuchado mi oración con demasiada frecuencia ahora no va  dejar de escuchar  mi petición desde mi lecho de muerte en nombre de mi hija amada.” Pero ella estaba allí desfallecida, con la mortaja, los ojos cerrados, etc., cuando, para asombro de todos los que estaban presentes, después de haber estado acostada allí alrededor de una hora, ella abrió los ojos, y dijo claramente: “¡Gloria a Dios! mis pecados son perdonados, y yo voy a ir segura al cielo.” En unos pocos minutos después, ella cerró sus ojos con la muerte. Su padre santo también se fue a casa el mismo día. 

La sanidad perdida por descarriarse 

Recuerdo una mujer que vino a mi línea de sanidad, ella se había caído unos años atrás, y la caída le había paralizado el nervio de la espina dorsal. Por dos años ella no había podido peinar su cabello. La mañana siguiente de haber recibido oración, sin embargo, ella pudo peinar su cabello de nuevo. Esta mujer mantuvo su sanidad por más de tres años antes de descarriarse y la perdió. Yo estaba en su pueblo natal cerca de cuatro años más tarde, y, de nuevo, ella vino a la línea de sanidad. 
Ella ya no podía levantar las manos para peinar su cabello. Sus manos se sentían como espinosos como si se hubieran quedado dormidas. Sus dedos no tenían sensación en ellos. Ella podía cortarlos, picarlas con agujas, y no sentir nada. Su pierna podía ser pellizcada y ella no sentía nada, aunque el área pellizcada se tornaba azul. Mientras hablábamos, ella afirmó, “yo nunca creí que la aflicción regresaría a una persona después de haber sido sanada, aun si esta persona se descarriaba. Sin embargo, yo me alejé del Señor, y mi aflicción regresó. Ya hace dos meses, mi hija ha tenido que peinarme el pelo, y yo he estado avergonzada al dejarle a la gente saber esto.” 

Ella se había ya arrepentido de su error en una campaña antes de venir a la línea de la sanidad; y cuando las manos fueron puestas sobre ella, ella fue instantáneamente sanada por segunda vez. Ella podía usar sus manos y brazos cualquier manera que ella quería, y la sensación volvió a ellos. Más tarde regresó a testificar de su sanidad y a mostrar a la audiencia cómo ella podía levantar sus brazos por encima de su cabeza. Cristo advirtió, “no peques mas.” Es peligroso darle la espalda a Dios. 

 Ministro desobediente pierde su sanidad 

Un ministro vino a mi línea de sanidad con el propósito de probar que las sanidades en mis servicios eran falsas. En una iglesia él había testificado que nosotros éramos “solo un grupo de demonios allí en esa carpa.” Él tenía un oído sordo cuando él vino a esa línea, pero para su gran asombro, Dios le dio el oír. Antes de irse de la línea de sanidad, el ministro podía oír un reloj hace tictac. Él estaba muy emocionado sobre lo que le había pasado, y admitió abiertamente ante cientos de personas que él había recibido la sanidad. 
Pero, al cierre del servicio, él estaba en el altar tratando de convencer a alguien que buscaba el bautismo del Espíritu Santo que ella no necesitaba hablar en lenguas porque “no era Bíblico.” él despreció el bautismo del Espíritu Santo con la evidencia de hablar en otras lenguas. Yo le dije que saliera del altar. Él se fue, diciendo a una mujer que estaba de pie cerca que, después de la oración él podía oír, pero después de haber ido al altar su oído se había cerrado de nuevo. La mujer sabía que él había estado en el altar tratando de guiar algún alma en la dirección equivocada; así que ella francamente le dijo que era una maravilla que ambos oídos no se habían cerrado. Sí, Dios había sanado a ese ministro para mostrarle Su gran poder, pero después de haber sido sanado él actuó en contra de la Palabra, y Dios no le permitió mantener su sanidad. No puedes luchar contra la Palabra de Dios y esperar cosechar y retener sus bendiciones. 

Cierra tu caso para victoria 

Cuando recibes oración, reclama la victoria y cierra tu caso. Dios ha prometido sanarte, y Él mantendrá su promesa. Marcos 16:18 dice, sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. Las palabras, sanarán, significa que tú absolutamente serás sanado. Sin embargo, recuerda que sus promesas son condicionales. Si vives humildemente delante de Dios, obedeces y caminas a la luz de Su Palabra, Él se ha obligado a Sí mismo a sanarte. La sanidad no es siempre evidente al principio. Aunque puede ser unos días antes de ver los resultados externos, la sanidad comenzará a trabajar en tu cuerpo en el momento en que las manos son puestas en ti. Tu enfermedad morirá en ese momento. 

Cristo habló palabras de sanidad a los enfermos y aún, a veces, no fue hasta más tarde que se dieron cuenta que fueron sanados. Lucas nos recuerda de esto en 17:14,15,19, Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz. Luego Jesús contestó, Levántate, vete; tu fe te ha salvado. Otro caso se refiere al hijo del hombre noble que se recuperó de su enfermedad gradualmente. La enfermedad en su cuerpo murió en el momento en que Cristo habló, pero le tomó tiempo para él a recuperar su fuerza. Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre. El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho, Tu hijo vive; Y creyó él con toda su casa (Juan 4:52,53). 

A veces la sanidad y la recuperación de la fuerza ocurren instantáneamente como en el caso de la suegra de Pedro. Mateo 8:14,15 dice, Y cuando Jesús vino a casa de Pedro, vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre. Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía. 

fuente: www.blogger.com

domingo, 20 de octubre de 2013

¿Estás enfermo y aún no recibes sanidad?

Dios tiene sanidad Divina.

Mas a Jehová vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan y tus aguas; y yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti. (Éxodo 23:25)
    
“Vosotros serviréis a Jehová vuestro Dios,”  quiere decir que las promesas, según vemos hasta ahora, no son para los pecadores, ni son para aquellos que se llaman evangélicos que no hacen nada para Dios, tampoco son para las personas que no le sirven al Señor.  En forma sencilla: “Si ustedes me sirven, bendeciré tu pan, tu agua y quitaré las enfermedades”.  Eso está prometido ahí, no es promesa del hombre, es promesa del Dios que creó los cielos y la tierra.  
Acuérdate que dice la Biblia, que El es fiel y verdadero.   Ahí no hay falla, ni engaño de ninguna clase. Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: Apocalipsis 3:14 Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Apocalipsis 19:11 

NO HABRA MUJER ESTERIL NI QUE ABORTE

Esa promesa añade algo muy importante que tiene su relación con la sanidad divina, y dice: No habrá mujer que aborte, ni estéril en tu tierra; y yo completaré el número de tus días.  Éxodo 23:26 Esto tiene que ver con la sanidad divina.  Hay mujeres que se enferman y abortan, o tiene un accidente, o a lo mejor el sistema interior no es perfecto, no está normal y abortan, pero el Señor dice ahí claramente que eso es parte de la promesa: “En tu tierra no habrá mujer que aborte, ni estéril”.  Es decir, que si la mujer es estéril, El la sana.  Y si hay peligro de abortar, El es responsable de sanarla e impedir el aborto.  Si esta a punto de morirse, El dice: “Completaré el número de tus días”.  Completar tus días quiere decir que, debes vivir de 70 a 80 años, no menos porque esa es la promesa para esta dispensación, 70 a 80 años.

Todo aquel que tiene fe y sabe que está viviendo para Dios, que diariamente en sus oraciones se pone delante de Dios y abre su corazón y dice como David: “Si encuentras alguna iniquidad en mí y alguna maldad en mí que aún yo desconozca, muéstramelo para quitarla” cuando estamos abiertos para vivir limpia y santamente para Dios, Dios tiene que cumplir eso, porque es palabra de El.  El está obligado a Su palabra y  eso quiere decir que él que es sincero  con Dios, fiel a Dios, vive para Dios y guarda su Palabra, Dios está obligado a eso. Sea Bendito el nombre del Señor. Porque El es fiel a Su Palabra. Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; 24 Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno. Salmo 139:23 y 24 

RECLAME SUS PROMESAS

Tú puedes  reclamar con confianza y hacer como dice el profeta Isaías.  Isaías dice:
Preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos. Isaías 45:11 Ahora, ¿quién le puede demandadar a Dios?  Bueno, eso es cosa seria, pero El dice que lo hagamos.  Los que le sirven guardan Su Palabra, porque El les ha prometido muchísimas cosas y tiene que cumplírselas.  La Biblia dice que Dios esta detrás de todas sus buenas promesas para cumplirlas y que El no será tardo en poner  por obra Su Palabra, quiere decir, que esas promesas nos hacen creer a nosotros, que confiamos, que El es nuestro sanador, y no fallará; y atenderá a la estéril, y a la que está a punto de abortar, y al que está por morirse antes de tiempo. 

COMPLETARE EL NUMERO DE TUS DIAS

El diablo viene a matar, viene a robar y viene a destruir, pero Dios prometió, “completaré el número de tus días”.  Sin embargo, teniendo promesas tan extraordinarias como esas, ustedes ven cuantas personas en el pueblo de Dios se mueren a los cuarenta, a los cincuenta y a los sesenta años; no han completado sus días.  Quiere decir que a lo mejor no hay conocimiento de lo que Dios ha prometido, o no están viviendo la vida que Dios demanda y que les hace acreedores a esas promesas; pero si hay fe y tú estás viviendo la palabra, no hay poder del diablo que te pueda robar a ti eso, porque lo ha prometido el Dios de nosotros. 

UN PRECIOSO NIÑO

En Puerto Rico había un joven que me ayudaba mucho en el ministerio y su esposa, muy joven también, participaba ayudándome.  Ella había estado encinta dos veces y había perdido los niños las dos veces.  Cuando quedó encinta la tercera vez, me dijo: mi esposa está encinta de nuevo.
¿Le vas a permitir al diablo que te robe al tercer niño? le pregunté. Se puso muy serio: ¿Por qué me dice eso?  me dijo. Le busqué la Biblia y le leí.
Mira lo que dice aquí, “que en tu tierra no habrá mujer que aborte”, por lo tanto, si ha abortado dos veces es porque el diablo le ha matado el niño, porque Dios a nosotros nos prometió, y El es fiel.  Tu le sirves a Dios, ¿por qué no reclamas lo que prometió?
Se fue y trajo a su esposa a casa, vamos a orar a Dios, me dijo.
Oramos, reclamamos a Dios y reprendimos con autoridad aquel demonio criminal. Cuando terminamos de orar ella me dijo, sentí algo que se me desprendió del vientre y se fue.
      -El diablo que te mató los otros dos niños, a éste no te lo podrá matar –le dije.
A los nueve meses nació un niño precioso que gritaba y lloraba, para la gloria del Señor. Fiel es el que prometió dice la biblia, pero hay un ladrón que le quiere robar a uno lo que Dios te ha dado.  Si tú te lo dejas, te lo roba.  Un hermanito puede venir a ti lleno de amor y regalarte un par de zapatos, o cualquier otra cosa y tú sales por ahí afuera y viene un ladrón y te lo roba. Si tú te lo dejas robar, pues te lo robaron, pero tú no puedes decir que el hermanito no te dio el regalo que le ladrón te robó.  Así le pasa al pueblo de Dios que muchas de las dádivas y promesas de Dios se las dejan robar a Satanás. 

JESÚS PERDONA TODA INIQUIDAD

Pasamos al salmo 103, verso 3. dice la biblia:
El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias.
    
Fíjate que hay un doble promesa ahí; es muy importante considerar las dos cosas. Estamos en el estudio de sanidad divina, pero, ¿por qué consideramos lo primero? Mira bien por qué.  El es quien perdona todas tus iniquidades, no importa el pecado que sea, tú vienes al Señor a que te perdone y si setenta veces viene el hermano arrepentido de corazón, esas mismas veces tiene Dios que perdonarlo.  Si Dios nos reclama a nosotros que perdonemos setenta veces siete, pues mucho más El, que tiene más amor que nosotros. Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. Mateo 18:21 y 22 

JESÚS SANA TODA DOLENCIA

Ahora, dice la biblia:  “El que sana todas tus dolencias”.  Si te enfermas setenta veces siete, ven al Señor que tiene que sanarte setenta veces siete también.  Es lo mismo porque el que llevó el pecado, también llevó la enfermedad, por lo tanto, si tú tienes fe para cuando fallas, venir al Señor y decirle, perdóname, ten fe para cuando viene el diablo y te pone una enfermedad, decir: “Aquí estoy para que me sanes”.  Sí, porque tenemos más fe para pedir perdón por el pecado que cometimos que para la sanidad. ¿Qué es lo que pasa? Si cuando hay un pecado, o hay una falta, venimos al Señor y lloramos, y el Señor nos perdona instantáneamente, ¿por qué cuando viene la enfermedad corremos para el médico? ¿Por qué entonces no vamos al Señor también? ¿No es acaso lo mismo?  es la misma promesa.
    
Observa lo que dice arriba, en el verso dos del mismo salmo.  Bendice alma mía a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios, salmo 103:2.  Habla: como diciéndonos, no te olvides que el que perdona soy yo, pero tampoco olvides de que el sanador de mi pueblo, soy yo.  Sin embargo, multitud de cristianos, si pecan, se tiran al piso a gritar delante de Dios por eso, pero y por qué cuando se enferman no se ponen a gritar también delante de Dios y se levantan sanos dando: ¡Gloria a Dios! Y reprenden un diablo mentiroso y traidor.  Quiere decir que falta fe.
2 Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios.  3 El es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias;  4 El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias  Salmos 103:2-4 

NO TE ATEMORICES

Cuando uno peca, tranquilo viene a Dios, pero cuando se enferma, le da temor: “¿Y si me muero?”  Si te mueres te vas para el cielo con el Señor.  Da gloria a  Dios.  ¿A qué le tienes miedo si tienes a Cristo? 
¿No dice la Biblia: No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo. Isaías 41:10 No es que te las va a dar, es que te las dio ya. “Yo te he dado fuerzas, Yo te ayudo”, y dice: “ Yo te sostengo con la diestra de mi justicia”.  Cuando viene la enfermedad no te atemorices, piensa hay alguien que te dijo: “Yo soy tu sanador, yo quitaré toda enfermedad en medio de ti; yo soy el que sana todas tu dolencias”.  Empieza a hablar eso y repítelo, apréndete de memoria las promesas de sanidad divina. 

RECIBE FE – HABLA LA PALABRA

Si hay tanta gente que se sabe de memoria muchas cosas, apréndete de memoria la Palabra de Dios, que con esa espada es que tú peleas contra el diablo.  Esa es la espada del Espíritu, dice el apóstol Pablo.  Tú tienes que tener la espada en la mano, si es que estás vestido con toda la armadura.  Hay gente, en el mismo pueblo de Dios, que sabe de memoria muchas cosas y no sabe la Palabra.  Apréndete de memoria versículos de la Biblia que son instrumentos de poder, de autoridad, de defensa para ti, rechaza los dardos de Satanás y cuando venga un síntoma, aunque sea un dolor de cabeza, estornudo, no esperes ni un minuto, empieza a hablar la Palabra inmediatamente.

Quiere decir que con la espada tú vas cortando al diablo, vas dándole por todos lados según tú hablas y repite la palabra, recibes fe, la fe viene por el oír la Palabra.  Así vas sintiendo más confianza y de momento tú dices: “Dios me sanó”, y sigues andando tranquilo.  Esa es la fe en la que tenemos que movernos los cristianos.  No te olvides que este asunto es más peligroso de lo que tú crees, porque dice la biblia, que sin fe es imposible agradar a Dios; no dice que es difícil, dice: “ es imposible”.  Porque en el momento en que tú empiezas a llenarte de temor y a titubear, tú estás dudando de la veracidad de Dios.  Tú estás dudando de la sinceridad de Dios y del poder de Dios y declarando: “A lo mejor Dios puede fallar y Dios a lo mejor puede mentir, o a lo mejor no me sana, o a lo mejor me deja enfermo, o a lo mejor me muero”. El Señor que está al lado tuyo, El, que está ahí bien cerca de ti, qué triste se pone al ver que tú dudas de El.  El es el sanador de su pueblo.

Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Hebreos 11:6.

Evangelista Yiye Avila

martes, 19 de marzo de 2013

JESUS me sanó y me libertó de mi vil y sucia vida


Nací en la Ciudad de México D.F. Soy el mayor de una familia de 9 hijos. Desde la edad de 19 años empecé a tomar y a ingerir pastillas.

Cuando cumplí los 21 me casé y al poco tiempo empecé a trabajar como mesero de algunos de los mejores centros nocturnos de la ciudad, por lo cual estuve en un medio muy pecaminoso, el cual no pude dejar hasta la edad de 55 años, cuando Cristo me alcanzó en medio del dolor de dos terribles enfermedades derivadas del pecado, pues dice la Biblia en Romanos 6:23 que la paga del pecado es muerte.

Nada mas miren si no es cierto, mis queridos hermanos y lectores:


Primera disciplina: Sida, y segunda disciplina: Cáncer de la piel,también llamada síndrome de kaposi .

Déjeme platicarle que he sufrido muchos estudios, muy dolorosos pero, todo lo puedo en Cristo que me fortalece. He sufrido psicológicamente también, pues nadie está preparado para recibir una noticia de estas, y mucho menos el poder comunicarla a cinco hijos, una esposa y seis hermanos, y aún a mis padres. Fue muy, pero muy difícil, asimilar todo esto. Llegué hasta a tener la idea de quitarme la vida, lo cual era el plan de Satanás. Pero déjeme decirle que nuestro SEÑOR JESUCRISTO tenía otro plan para mi vida. En diferentes hospitales fui bombardeado con la Palabra de Dios; estuve a punto de morir a causa de la enfermedad; pero, gracias a Dios, estoy muy recuperado, y por Su gracia, actualmente pareciera ser que no tengo nada. Gloria a Dios,
Actualmente gozo de esa paz que sobrepasa todo entendimiento.Ahora asisto a un Instituto Bíblico, en el cual ya llevo tres cuatrimestres, lo que quiere decir que voy a la mitad de lo que puede ser el camino a ser pastor. Actualmente el  Señor me dio el ministerio de la cárcel de la ciudad donde radico.

Algunas veces tengo el privilegio de predicar en la iglesia a la cual pertenezco.Esto y muchas otras maravillas Dios ha hecho en mi vida; y las puede hacer en la vida de usted, si usted le deja. Podría platicarle muchas otras maravillas pero creo que no me alcanzaría el papel y el tiempo; esto es solamente una parte. Actualmente el VIH en mi cuerpo es indetectable, al igual que en mi esposa.
Déjeme decirle que en mi vida jamás había sido fiel a nada, ni a nadie, y ahora le soy fiel al Señor. Usted puede ver el pago que me está dando; dice la Biblia en el Salmo 119:67 
"Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo la palabra".
Gloria a Dios por su Hijo amado Jesucristo y por su bendito Espíritu Santo porque no nos dejó solos. AMEN, y AMEN.
Juan Páez Mejía Michoacán, Méjico

Fuente: 2 Hechos de la comunidad cristiana

lunes, 11 de marzo de 2013

¡Que es lo que impide la sanidad?


Los Enemigos de la Fe

He tenido oportunidad de estar en contacto con muchos hermanos en Cristo y he notado que son muchos los que están padeciendo distintos tipos de enfermedades, y por consiguiente, necesitando sanidad para sus cuerpos.
¿Cuál es la causa por la que estadísticamente sólo una pequeña parte de los cristianos reciben sanidad?, En la mayoría de los casos existe falta de revelación en el tema de la sanidad
La Revelación es una Palabra viva de Dios que llega como una luz que impacta al corazón, estableciendo una verdad bíblica de tal forma que elimina toda duda. La revelación no es un mero conocimiento que llevamos en la mente, pues no se genera a través de carne y sangre; se genera al recibir luz por medio del Espíritu, la “luz del Evangelio”. La Revelación produce fe, entonces ya no hay obstáculo que resulte demasiado grande. Muchas veces sucede que la iglesia se estanca en el “conocimiento” sin tener revelación.
2Co 4:4  en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos,  para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo,  el cual es la imagen de Dios.
A veces, entre los mismos cristianos, existen áreas donde no nos resplandece la luz del evangelio (falta de revelación). Un ejemplo concreto: Tenemos una revelación de Jesucristo el Salvador quien se llevó nuestros pecados, pero en el área de la sanidad, no tenemos la revelación de Jesucristo el Sanador quien se llevó nuestras enfermedades. (Mat 8:17)
Así es como la falta de revelación genera “enemigos” de la fe y estos toman el lugar de la verdadera fe que debiéramos tener para recibir la sanidad.

Los Enemigos de la fe 

1 La Esperanza. "¿Recibirás sanidad cuando ore por ti?”...."Espero que sí. Sé que algún día el Señor me sanará"
La esperanza siempre es a futuro. La esperanza nunca cree que algo “ya pasó”. Siempre que 'pasará' algún día. Esperanza no es fe, pues la fe es: “La CERTEZA de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). La fe se basa en una provisión ya establecida por medio del sacrificio de Cristo para cada cristiano. Tú ya eres sano por medio de las llagas de Jesús así como eres salvo por medio de su sangre (Isaías 53:4,5).

2. El acuerdo mental. El acuerdo mental imita la fe en casi todo. Habla bien, conoce la Biblia, declara que cree todo, confiesa la Palabra, declara la sanidad, etc. pero no consigue la sanidad. El acuerdo mental ha reemplazado la fe en la mayoría de las iglesias. Sabemos que no es fe porque nunca recibe lo prometido. Esto nos lleva a hacer un planteamiento lógico: O Dios es un mentiroso, o nuestra 'fe' no es la verdadera fe. Simplemente se trata de buena doctrina, de conocimiento, y de la imitación de otras personas que realmente tuvieron fe en el pasado.

3. La fe de los 5 sentidos. La fe de los 5 sentidos dice, "lo creeré cuando lo veo." Oran para ser sanos, y comienzan a revisar sus dolores y molestias 'para ver si algo pasó.' Basan su 'fe' en lo físico y no en la Palabra de Dios. Dicen, "No sé por qué el Señor no me sana. He orado y tengo fe, pero sigo enfermo." Siguen enfermos porque están basando su fe en lo que dice su cuerpo. La verdadera fe se basa en la Palabra y no toma en cuenta los síntomas.

Cristo vive en nosotros
Dios desea que tengamos comunión con Él. Fuimos creados para caminar con Dios y experimentar una comunión íntima con Él. Cundo aceptamos a Jesús como nuestro Señor  y Salvador, la Biblia dice que nacimos de nuevo y ahora Él vive en nosotros
Col 1:27  a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles;  que es Cristo en vosotros,  la esperanza de gloria,
Somos su templo 1Co 6:19  ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo,  el cual está en vosotros,  el cual tenéis de Dios,  y que no sois vuestros?
Tenemos algo que nadie ha tenido en la historia, algo único: ¡Dios en nosotros! Aún así, casi siempre hay deficiencias en nuestra comunión con Dios por el Espíritu; esto sucede porque aunque la Palabra de Dios nos expone los beneficios de nuestra realidad espiritual, seguimos percibiendo las circunstancias y accionando según los 5 sentidos. Esto nos baja del Espíritu y nos pone en el nivel del alma.

En esta instancia, cuando nos ataca una enfermedad, nos encuentra viviendo al nivel del alma sin una relación con Él por el Espíritu y es desde allí que tratamos de recibir la sanidad mediante recursos mentales y emocionales (los cuales mencionamos antes como “enemigos” de la fe). Muchas veces confundimos estos recursos con la fe, pues se parecen a la fe, imitan la fe, pero no son la fe.
La verdadera fe nace de una revelación de Cristo el Sanador y produce la convicción y certeza en cuanto a que la sanidad ya es un hecho; por eso no toma en cuenta lo que dice el cuerpo o el doctor. La sanidad ya existe en el mundo invisible, y si el 'creyente' sigue en fe no mirando las cosas temporales, el cuerpo se someterá a la Palabra y la sanidad se manifestará en el mundo visible.

Hay quienes no saben cómo mantenerse firmes en la fe. No entienden que es por la fe y la paciencia que heredemos las promesas. Viven por lo que se ve, y no por lo que no se ve - lo eterno. Su 'fe' es siempre a futuro, o mental, o basada en lo que dice el cuerpo; pero esto no es la fe de Dios que confía únicamente en la Palabra de Dios y que proviene de una revelación en el espíritu. No pasan el tiempo necesario con Dios y Su Palabra hasta que reciban una Palabra viva que les impacte el corazón.

Mat 7:7.8  Pedid,  y se os dará; buscad,  y hallaréis; llamad,  y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca,  halla; y al que llama, se le abrirá.
Es la Palabra 'viva' la que produce la 'verdadera fe.' Y la verdadera fe no falla. Siempre recibe lo prometido y no se mueve hasta que la plena manifestación llegue.
Fuente: Barry Bennett

lunes, 4 de marzo de 2013

¿Crees que Dios te puede sanar?


¿Qué piensa Dios de las enfermedades?

Sabemos que Jesús es el resplandor de la gloria de Dios, y la imagen misma de su sustancia (Hebreos 1:3). Jesús declaró que, “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). Además, Jesús proclamó, “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; por que todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” (Juan 5:19). Así pues, es lícito concluir que el ministerio de Jesús refleje la mente y el corazón de Dios. Lo que piensa Jesús piensa el Padre, lo que dice Jesús dice el Padre, y lo que hace Jesús hace el Padre. Entonces, ¿qué piensa Dios de las enfermedades?

En Lucas capítulo 13, versículos 10-16, encontramos la historia de una mujer que había sufrida por dieciocho años con una enfermedad. Jesús declaró la enfermedad como ATADURA de satanás y una LIGADURA, y le sanó. En los cuatro evangelios vemos Jesús sanando a todos los que venían a El. No existe ni un caso en lo cual Jesús no sanó a una persona que le había buscado en fe. Además, había un caso cuando Jesús ni siquiera sabía quien le había tocado para recibir la sanidad. Sin embargo, lo que salió de El fue el poder para sanar a esta mujer, sin saber si ella lo “merecía” o no (Marcos 5:24-34). Hechos 10:38 declara, “como Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los OPRIMIDOS por el diablo, porque Dios estaba con él.” Entonces, Dios llama las enfermedades como ataduras, ligaduras y opresión.

Jesús jamás enfermó a alguien para enseñarle algo, y jamás dejó a alguien en su enfermedad para “la gloria de Dios.” De hecho, Dios siempre recibía la gloria a través de la sanidad de los enfermos. Las enfermedades representan la obra de satanás y existen para “robar, matar y destruir” (Juan 10:10). Jesús vino para deshacer (destruir) las obras del diablo (1 Juan. 3:8) y para darnos vida en abundancia (Juan 10:10).

Cuando pensamos en las enfermedades en la luz del Nuevo Testamento, es fácil ver que no existe ninguna bendición en la obra del diablo. Las enfermedades nos dejan incapaces de trabajar, sin dinero, y obligan a que la familia del enfermo haga un gran sacrifico. Además, el enfermo no puede seguir el plan de Dios para su vida, lo cual es “bueno, agradable y perfecto” (Romanos 12:2).

Aún las leyes de la sociedad nos enseñan que un padre que maltrata o abusa de su hijo merece el juicio y la cárcel. Es interesante como algunos cristianos piensan que el abuso de los niños es un crimen, pero piensan a la vez que Dios puede enfermar a SUS hijos y esta representa una bendición. ¿Dónde está la lógica y el sentido común?
Si las enfermedades representan la voluntad de Dios y si Dios quiere que estemos enfermos por alguna razón, entonces, ¿por qué gastamos tanto dinero en los médicos y en las drogas? Si Dios quiere que estemos enfermos, es rebeldía y desobediencia si buscamos la ayuda médica. No tenemos el derecho de huir de la voluntad de Dios. Si estamos enfermos por su gloria o por su voluntad, debemos quedarnos enfermos y morir, o tal vez, mejorar, pero SIN la ayuda de un doctor. De hecho, todos los doctores y los hospitales estarían luchando en contra de Dios si es Dios que usa las enfermedades para su gloria. No, hermanos, las enfermedades no provienen de Dios. El es el autor de la vida y se reveló a si mismo en el Antiguo Testamento como “Jehová tu Sanador.” Se reveló en el Nuevo Testamento como Dios en la carne, Jesucristo, y anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo. “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos ” (Hebreos 13:8).

¿En qué consiste la redención?

En la cruz de Jesús vemos que El no solamente llevó nuestros pecados sino también nuestras enfermedades (Isaías 53:4-5). Todo lo que el pecado de Adán había desatado en el mundo, la redención de Jesucristo destruyó (Colosenses 2:13-15). El hombre quedó redimido en espíritu, alma y cuerpo. David declara, “El es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias” (Salmo 103:3). Obviamente, si el pecado es el problema y las enfermedades representan uno de sus resultados, cuando Dios eliminó el poder del pecado, las enfermedades a la vez perdieron su autoridad. Jesús dijo acerca del paralítico, “¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir; Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo, Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa” (Lucas 5:23-24). Aquí podemos ver claramente el vínculo que existe entre el pecado y las enfermedades.
La sanidad física es posible cuando el pecado queda perdonado. Es la misma redención, la misma sangre de Jesús y la misma fe que perdona y sana. No existen unas reglas para recibir el perdón y otras para recibir la sanidad. Es una sola redención y los beneficios se reciben por fe. Ese no quiere decir que cada enfermedad es siempre el resultado de un pecado personal, sino que el pecado que existe en el mundo es responsable por el ambiente de las enfermedades y la muerte. Jesús pagó el precio para perdonar Y SANAR aTODOS.

¿Para cuántos es la sanidad?

Para contestar la pregunta, hagamos otra pregunta. ¿Para cuántos es la salvación? ¿Murió Jesús para algunos o para todos? “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3:16-17).

Obviamente, Dios quiere que todos sean salvos. El pagó el precio por todo el mundo y todos los que creen en El pueden recibir el regalo de la salvación. Pero ¿qué significa “salvación”? La palabra “salvación” en el griego frecuentemente es la palabra “sozo”, que significa “salvar, librar, proteger y sanar.” De hecho, en el Nuevo Testamento la palabra “sozo” se usa para hablar del perdón de los pecados Y LA SANDIDAD FISICA. Nuestra salvación es una salvación en todos los sentidos de la palabra.
Dios nuestro Salvador... quiere que todos los hombres sean salvos (sozo) y vengan al conocimiento de la verdad.” (1 Timoteo 2:3-4)
  “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero... y por cuya herida fuisteis sanados.” (1 Pedro 2:24)
Dios no quiere que sigamos viviendo en pecado para glorificarle, y no quiere que sigamos enfermos tampoco. El nos proveyó el poder para ser sanos en el mismo momento que nos proveyó el poder para ser salvos. La sanidad es para todos.

Como recibir la sanidad

Todas las cosas en el reino de Dios se reciben a través de la fe. La fe es por el oír la Palabra de Dios (Romanos 10:17) y creerla en el corazón. Si escuchamos la Palabra acerca del perdón de los pecados, tendremos fe para recibir el perdón de los pecados. Pero si nunca escuchamos lo que dice la Palabra acerca de la sanidad física no tendremos fe para recibirla. No debemos pensar que Dios no quiere sanarnos. Lo que no hemos entendido es que Dios ya nos sanó a través de la cruz. En la misma forma que recibimos el perdón de los pecados por fe, sin confiar en las emociones o los sentimientos, es necesario que recibamos la sanidad. Somos salvos porque creemos lo que dice la Palabra. Y somos sanados en la misma manera.

Alguien puede preguntar, si la sanidad es la voluntad de Dios, ¿por qué no todos están sanados? Para contestar la pregunta hagamos otra pregunta. ¿Por qué no todos reciben el perdón de los pecados y la salvación cuando escuchan el evangelio? Porque no existe fe en sus corazones. Han decidido no creer las buenas nuevas. Pero millones han recibido la salvación Y LA SANIDAD FISICA cuando creyeron la Palabra de Dios. Dios no hace excepción de personas. La redención de Jesucristo provee la sanidad para todos. “Conforme a vuestra fe os sea hecho” (Mateo 9:29).

Existen varias formas para recibir la sanidad. Por supuesto, la manera más segura es simplemente CREER que la sanidad es un derecho tuyo y DECLARAR que eres sano. “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:10). También existe la imposición de manos; “... sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 16:18). Además, uno puede pedir la oración de fe de los ancianos de la iglesia. “¿ESTA ALGUNO ENFERMO entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo...” (Santiago 5:14-15). También existen dones de sanidad en la iglesia (vea 1 Corintios 12:4-11). Y, finalmente, uno puede pedir y recibir la sanidad por fe. “Por tanto, os digo que TODO lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá” (Marcos 11:24).

La sanidad es para ti. Si creemos y actuamos según la Palabra de Dios, la verdad nos hará libres. Es tiempo que el cuerpo de Cristo sepa que las enfermedades no representan la obra de Dios en nuestras vidas sino la obra de Satanás. Es el resultado de vivir en un mundo caído y contaminado. Pero Dios nos ha dado su Palabra y el Espíritu Santo para vencer el poder del pecado y las enfermedades. Declaremos la victoria para que... “el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma Y CUERPO, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:23).

 Fuente: Barry Bennett Artículos de Enseñanza