Jesús enseñó: “Porque nada hay oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz” (Marcos 4:22).
Esta palabra nos recuerda que Dios ve aquello que los hombres no pueden ver. Podemos esconder palabras, intenciones, acciones y pensamientos delante de las personas, pero nada permanece oculto delante de Dios.
En el contexto hebreo, la idea de la luz tiene un significado profundo: aquello que estaba escondido queda expuesto y puede ser conocido. Jesús estaba enseñando que la verdad no fue hecha para permanecer escondida para siempre.
Por eso debemos tener cuidado con lo que cultivamos en secreto. Lo que nadie ve hoy puede terminar manifestándose mañana. Una raíz escondida eventualmente produce fruto, sea bueno o malo. Pero esta palabra también trae esperanza.
Hay personas que han llorado en secreto, han servido sin reconocimiento y han permanecido fieles cuando nadie las veía. Dios también puede sacar eso a la luz. Lo que hiciste para Él en secreto no está olvidado.
No vivas preocupado por demostrarle a todos quién eres.
Vive delante de Dios con un corazón limpio, porque Él conoce la verdad.
Y recuerda las palabras de Jesús:
“Tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.” — Mateo 6:4
Lo oculto puede estar fuera de la vista de los hombres, pero nunca está fuera de la vista de Dios.
Fuente: Aristy
