jueves, 3 de septiembre de 2026
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jueves, 22 de enero de 2026
viernes, 18 de julio de 2025
La salvación no fue tan fácil, Jesús sufrió
¿Quería Jesús escapar de la cruz?
“Y adelantándose un poco, cayó sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras” Mat. 26:39
En el jardín de Getsemaní, inmediatamente antes de su arresto, Jesús oró al Padre: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú". ¿Por qué oró Jesús? ¿Estaba orando para evitar la cruz? ¿Quería abortar su misión?
No son pocos los que argumentan que así era. Nos dicen que Jesús oraba para escapar de su muerte inminente en la cruz, que su voluntad se oponía a la voluntad del Padre, que hubo en el corazón de Jesús una intención desobediente. Varios expositores argumentan por un conflicto de voluntades entre el Padre y el Hijo, porque el “lado humano de Jesús” o “naturaleza humana” se oponía a los propósitos divinos. Sin embargo, este no fue el caso en lo absoluto. No hubo conflicto de voluntades en el jardín de Getsemaní. Quienes levantan tales argumentos usan de mucha imaginación y de poca Biblia.
El Hijo y el Padre siempre han compartido unidad perfecta y armoniosa (Jn. 10:30), y Jesús “siempre” hizo la voluntad del Padre (Jn. 8:29; 4:34). No hubo fractura en el seno de la divinidad. La oración del santo Hijo de Dios no refleja alguna intención desobediente, o de rebelión. Simplemente refleja que, fuera del ámbito de la revelación específica que leemos en la Biblia, Dios tiene varias opciones disponibles para cumplir su voluntad y llevar adelante sus santos y divinos propósitos. Por supuesto, este es el reino de las “cosas secretas” (Deut. 29:29) y no estamos en libertad de pisar allí. No podemos ir más allá de lo que está escrito (1 Cor. 4:6). Simplemente, no tenemos los detalles de qué fue lo que específicamente preocupó tanto a Jesús en el jardín, pero sí sabemos que Jesús no estaba sujeto a su “lado humano” que se oponía a los propósitos divinos. Sabemos, sin temor a equivocarnos, que el Hijo de Dios no estaba orando para abortar la misión que él vino a cumplir, es decir, morir en la cruz para salvarnos
¿Qué significa el contraste entre la voluntad del Padre y la del Hijo?
Aceptando la armoniosa unidad en la deidad (Jn. 10:30), podemos asumir que cuando Cristo dijo “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Luc. 22:42), el santo Hijo de Dios indicaba el ámbito de la voluntad de Dios que está fuera de la revelación específica en la Biblia, ámbito al cual no podemos acceder. Sin duda, había más de una manera mediante la cual Jesucristo podría cumplir su misión y muchos detalles involucrados en el proceso. Por ejemplo, el Antiguo Testamento enseñó que el Cristo experimentaría dolor, pena, opresión y aflicción (Is. 53:4-7), pero, ¿qué cantidad de sufrimiento? Y, ¿por cuánto tiempo? Tampoco fue especificado en las profecías por cuánto tiempo el Cristo sobreviviría colgando de la cruz. La profecía especificó por cuánto tiempo estaría en el sepulcro, pero no indicó cuánto tiempo permanecería vivo bajo sufrimiento. El hombre promedio sobrevivía dos, tres, o cuatro días crucificado, pero el santo Hijo de Dios permaneció vivo por seis horas (Mar. 15:25,33). Él ya estaba muerto cuando los soldados llegaron a él con la intención de romperle las piernas (Jn. 19:33). ¿Por qué murió Jesús más rápido que el promedio? ¿Por qué pasó un tiempo comparativamente breve en la cruz? Dios quiso que así fuera. Lo mismo podríamos argumentar respecto a toda la humillación y sufrimiento previos a la cruz.
Mientras permaneció en el jardín de Getsemaní, Jesús oró en tres ocasiones las mismas palabras (Mat. 26:44). Esto significa que en cada oración el Hijo de Dios oró para que se hiciera la voluntad del Padre. Cristo quería terminar su obra (Jn. 4:34). No había conflicto entre el Padre y el Hijo. El único sentido en que se nos sugiere que había diferencia (no conflicto) de voluntades es que, a lo menos, había en la deidad dos maneras de ejecutar un mismo plan.
Sobre todas las cosas, Cristo no oraba por socorro espiritual, sino por fuerza física. El espíritu eterno (Jn. 1:1,14) del Verbo encarnado permaneció completamente divino. Él es “Dios con nosotros” (Mat. 1:23). Había aceptado las limitaciones del cuerpo humano, y en esta área de su misión a nuestro favor él puso su confianza en el Padre (Heb. 2:13,14). Necesitaba ayuda física en el trance al cual por fin había llegado. Esta no sería la primera vez en la cual el Padre proporcionaría tal ayuda física al Hijo (Mat. 4:11). Dos detalles nos indican que el Padre otorgó tal ayuda física. Un ángel apareció para fortalecerle (Luc. 22:43). Y, luego de la tercera oración, los relatos en el evangelio presentan a Jesús fortalecido, calmado, empoderado, para enfrentar la cruz (Mat. 26:45,46; Mar. 14:42; Luc. 22:45). Estos detalles del contexto nos ayudan a comprender que, independientemente de lo que oró Jesús en el jardín, sintió los beneficios físicos de la respuesta del Padre, y ahora ya estaba listo para cumplir su misión
Con total certeza Jesús dijo a sus apóstoles “Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea” (Mat. 26:31,32). El santo Hijo de Dios sabía lo que sucedería, tanto circunstancialmente como moralmente. Él había examinado las intenciones, pensamientos, y decisiones, que tomarían sus discípulos
Aquellos que argumentan que la oración en Getsemaní fue para huir de la cruz hacen de Cristo un hombre voluble como Pedro lo era. Pedro dijo, “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré” (Mat. 26:33), pero luego, sabemos que abandonó a Jesús (Mat. 26:69-75). Pero, Jesús no era como Pedro. Él nunca haría una promesa que luego pretendería deshonrar. La oración en el Getsemaní fue conforme a todo lo que el Hijo de Dios había dicho anteriormente. No hubo conflicto de voluntades entre el Hijo y el Padre.
Si el Hijo quería huir de la cruz, ¿por qué reprendió a Pedro cuando éste sacó su espada para impedir el arresto? “Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” (Jn. 18:11). Si la oración de Jesús en Getsemaní fue un intento pecaminoso por huir de la cruz, entonces Jesús reprendió a Pedro por hacer lo mismo que él había hecho. El caso no es así. Nadie debía interferir en su misión por salvarnos. Morir en la cruz fue exactamente lo que Jesús debía hacer. El propósito de la encarnación del Verbo eterno fue morir en la cruz. Él no vino a la tierra y luego cambió de opinión. Ni tampoco oró para huir de la cruz, y luego, arrepentido, condenó a Pedro porque éste quería evitar su arresto. Recordemos que esta no fue la primera vez en que Pedro interfería en el plan de Dios, ni la primera reprensión que Cristo a su persona por intentar hacerlo (Mat. 16:21-23). El Dios infalible no es inconsistente, él no se contradice a sí mismo. Cualquier interpretación que hace de Dios un hipócrita es una interpretación falsa.
La oración del Hijo en Getsemaní fue respondida por el Padre. De hecho, el Padre siempre responde al Hijo. Una oración que Dios oye es una oración que Dios responde. La profecía del Salmo 22, también enseña que la oración del Hijo fue oída (Sal. 22:24). Ahora bien, si la oración en el Getsemaní es para huir de la cruz, y Dios la respondió (“fue oído a causa de su temor reverente”, Heb. 5:7), entonces, ¿por qué Jesús siempre tuvo que morir en la cruz que supuestamente quería evitar?
La muerte indicada en Hebreos 5:7 es la angustia mortal que Jesús experimentó en el jardín. Su sudor era como grandes gotas de sangre (Luc. 22:44). El cuerpo físico de Jesús sufría los efectos de la fatiga, el estrés y la tensión. Al aceptar su papel en la forma de un siervo, el Verbo eterno aceptó las limitaciones físicas del cuerpo humano. Él, en cierto sentido, había atado sus propias manos con respecto a su fuerza física. Su obra como el cordero que quita el pecado del mundo (Jn. 1:29) lo obligó a aceptar las consecuencias físicas en el desempeño de su obra de sacrificio. Jesús se negó a usar su poder divino para resolver el problema de su debilidad corporal. Esto explica su oración al Padre. Él confió en la ayuda del Padre, y como ya hemos visto, esto es exactamente lo que le fue conferido (Luc. 22:43). Su oración fue contestada. Los que dicen que Jesús oró por la liberación de la cruz, se ven obligados a decir que la oración de Jesús no fue contestada, pero la Biblia dice que su oración fue respondida (Heb. 5:7). Cristo quería morir por nosotros (Heb. 12:2).
La interpretación de la expresión “pase de mí esta copa” (Mat. 26:39; Luc. 22:42) es dada por Marcos, quien por inspiración, nos indica que Jesús oró para “que si fuese posible, pasase de él aquella hora” (Mar. 14:35). Jesús oraba para que el Padre le ayudase a “salir adelante” de su copa de agonía, y eso es precisamente lo que el Padre le ayudó a hacer. La oración fue respondida. La copa “pasó”.
Jesucristo tenía un conocimiento nítido de su futura de su misión. En boca de David y Zacarías, el Verbo eterno habló en primera persona singular diciendo, “y mirarán a mí, a quien traspasaron” (Zac. 12:10), “Horadaron mis manos y mis pies… Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes” (Sal. 22:16,18). El cumplimiento de estos pasajes fue más seguro que la permanencia del propio universo (Luc. 16:17). La oración del Hijo en Getsemaní fue respondida. El Padre le proporcionó ayuda providencial (ej. Luc. 23:26) y fortaleza física (Luc. 22:43).
Pero, ¿qué es la copa?
Opiniones variadas y multicolores han sido expresadas. Unos dicen que es la cruz. Otros afirman que es la aflicción previa. Otros, que es todo el espectro del sufrimiento por delante. Algunos, admiten no comprender exactamente lo que la copa en la oración de Cristo significó. Dos cosas podemos afirmar. En primer lugar, el Padre y el Hijo lo entendían completamente. En segundo lugar, el Padre y el Hijo estaban en total concordancia, y armonía, no existiendo en el Hijo alguna intención desobediente.
No juzgar a Jesús como uno más de los mortales
Muchas personas ignoran lo que la Biblia dice sobre la naturaleza de Jesucristo, y basan sus creencias en sus propios sentimientos y suposiciones. Ellos juzgan a Jesús según sus propias inclinaciones, miedos, aprehensiones. Si ellos rechazarían la cruz, entonces Jesucristo debió haber hecho lo mismo. Si ellos usarían de medios ilegales para satisfacer el hambre, entonces Jesús haría lo mismo (cf. Mat. 4:1-4). A propósito, el hambre no es un deseo pecaminoso. Sin embargo, había un abismo entre el ofrecimiento del diablo por tentación y el deseo lícito de satisfacer el hambre. Hay diferencia entre la tentación externa, y el deseo interno. Jesucristo nunca experimento deseo pecaminoso (“Has amado la justicia, y aborrecido la maldad”, Heb. 1:9). El hecho de que todos los humanos al momento de entrar en la responsabilidad moral hemos pecado cediendo a las tentaciones, no significa que Cristo lo haya hecho. Jesucristo no está en el grupo de Romanos 3:23.
No es justo, ni bíblico, que si alguno desea lo malo afirme que Cristo también debió desear lo malo. Si yo soy débil, ¿por eso Cristo fue débil? Si soy cobarde, ¿por eso Cristo se acobardó? Si yo procuraría huir de la cruz, ¿por eso Cristo también lo haría?
La falta de comprensión y aceptación de lo que la Biblia enseña acerca de Jesucristo es el más fundamental de todos los errores religiosos, ya que este concepto erróneo es el que siempre conduce a una falta de respeto ante la autoridad de Jesucristo (Mat. 28:18), y la base de otras varias enseñanzas y prácticas erróneas.
Hoy en día está de moda el humanizar radicalmente a Jesucristo, limitándolo a la esfera humana más baja. Se afirma que la humanidad limitaba a Jesús de cualquier conocimiento, habilidad y capacidad, al punto de ser atraído por el mal. Se dice que la oración en Getsemaní fue el intento falible de la humanidad de Cristo para desobedecer al Padre. Sin embargo, el tenor de las Escrituras afirma que el Verbo tomó forma humana, bajando del cielo, para hacer la voluntad del Padre (Jn. 6:38). Este fue su propósito para habitar entre nosotros (Jn. 1:14; 4:34).
Así como no hay derecho, ni autoridad, para especular sobre las intenciones o motivaciones de nuestros semejantes, mucho menos debemos siquiera intentar impugnar las motivaciones de Dios.
Un plan predeterminado por Dios
Jesús de Nazaret no era un hombre común orando en un jardín. Su decisión de morir en la cruz por nosotros no fue la elección de un hombre voluble y falible. Fue la ejecución deliberada de un plan concebido en el seno de la deidad, un plan divinamente preordenado. Cristo estaba predestinado a morir en la cruz por nosotros. Un cuerpo completamente humano, de carne y hueso, era lo que estaba suspendido en una cruz, pero el espíritu y la voluntad que dirigían ese cuerpo eran completamente divinos. Jesús fue entregado a la muerte por el determinado consejo y anticipado consejo de Dios (Hech. 2:23). Un hombre asustado y vacilante no tomó esa decisión. Dios el Hijo tomó la decisión. La muerte de Jesucristo en la cruz fue exactamente lo que la mano y el consejo de Dios, es decir, su omnipotencia y omnisciencia, habían determinado que sucediera (Hech. 4:28). Jesús fue el cordero inmolado desde antes de la fundación del mundo (Apoc. 13:8), y su preciosa sangre fue derramada conforme al plan eterno de Dios (1 Ped. 1:18-20).
Fuente: http://www.waynepartain.com/
sábado, 17 de mayo de 2025
Hay que cuidar la salvación?
UNA VEZ SALVO, SIEMPRE SALVO
También Conocido como “La Perseverancia de los Santos” Bajo el Calvinismo
Otra falsa enseñanza enormemente popular hoy en día proclama que una vez que alguien ha aceptado a Cristo (es decir, nace de nuevo), nunca puede perder su salvación independientemente de cómo viva posteriormente el resto de su vida (es decir, una vez salvo, siempre es salvo para la vida eterna pase lo que pase). Esta falsa enseñanza también es llamada “perseverancia de los santos” por los calvinistas.
Esta falsa enseñanza afirma que el creyente en Cristo puede elegir guardar (obedecer) los mandamientos de Cristo o ignorarlos libremente sin ningún peligro, e incluso elegir vivir una vida de abandono imprudente y comportamiento pecaminoso deliberado/desenfrenado y, sin embargo, pase lo que pase, la salvación eterna todavía está asegurada. Y yendo al extremo, esta falsa enseñanza declara que incluso si uno negara a Cristo (después de haber nacido de nuevo), ¡todavía es salvo para la vida eterna! Ahora que entiendo lo que las Escrituras realmente dicen por mí mismo (no solo creer ciegamente en lo que escuché enseñar o predicar), ¡veo esto como la falsa enseñanza que es!
En esta falsa enseñanza, se afirma que su salvación eterna final ocurrió en un instante de tiempo cuando aceptó a Cristo por primera vez. Sin embargo, este libro le ha explicado la diferencia entre la salvación inicial (perdón de los pecados) y la salvación final (vida eterna); es en la salvación final cuando uno recibe su “corona de vida”. También he explicado que la salvación (y la santificación) es un proceso que comienza cuando nace de nuevo, pero continúa por el resto de su vida. Este libro también le ha explicado el papel que tiene la obediencia, las obras y la perseverancia en el plan de salvación. Dese cuenta de que nacer de nuevo es solo el primer paso (pero con mucho el paso más importante) en su camino hacia la vida eterna, que es su meta y destino final.
En el capítulo sobre perseverar en la fe, le mostré que las Escrituras son inflexibles y muy claras en cuanto a que uno debe perseverar en la fe hasta la muerte, con numerosas advertencias repetidas y explícitas acerca de “apostatar”, “recaer”, “volverse atrás”, “dejar [abandonar] la fe”, e incluso ser “engañados” fuera de su “corona de la vida” por las falsas enseñanzas del hombre (los “lobos” y las “víboras”) – incluso después de haber nacido de nuevo. Si bien es cierto que Dios nunca lo desamparará ni lo dejará, las Escrituras son muy claras en cuanto a que aún puede optar por dejarlo/renunciar a Él, incluso después de haber nacido de nuevo, ¡y que algunos harán precisamente eso! Está escrito:
El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios, mediante la hipocresía de mentirosos que tienen cauterizada la conciencia. Esos prohibirán casarse y mandarán abstenerse de algunos alimentos, que Dios los ha creado para que con acción de gracias participen de ellos los que creen y que han conocido la verdad. – 1 Timoteo 4:1-3
Para caer, uno primero debe haber sido parte de esa fe para empezar. Entonces, aquellos que afirman que este versículo indica que aquellos que se apartaron nunca nacieron verdaderamente de nuevo, para empezar, están usando una lógica falsa. Wayne Jackson escribe: [1]
Animamos a aquellos que han sido inducidos a creer la noción errónea de que el cristiano nunca perderá su redención, a que vuelvan a estudiar este tema con el mayor cuidado. Uno no pierde su “libertad de elección” cuando se convierte en hijo de Dios. Como una vez eligió identificarse con el Señor, puede optar por renunciar a él. Y si lo hace, y permanece en un estado impenitente, su destino será horrible y eterno.
También debe notarse que aquellos que proclaman esta falsa enseñanza a menudo también enseñan falsamente las condiciones de cómo uno debe nacer de nuevo; por lo tanto, esta falsa enseñanza casi siempre está acompañada por la “oración del pecador” y las falsas enseñanzas de “por fe/solo por la fe”: las tres falsas enseñanzas generalmente se unen como un paquete de la Trinidad Profana (donde hay una falsa enseñanza, seguramente hay otras al acecho).
Fuente: https://eachday.org/
viernes, 7 de octubre de 2011
¿PUEDO PERDER MI SALVACIÓN?
Allí me encontré sola suspendida en el aire en la inmensidad del espacio, vi que estaba acostada sobre algo que me sostenía y no me daba temor, pero luego sentí un movimiento debajo de mi cuerpo y observé y me di cuenta que yo estaba recostada sobre una mano blanca y grande que poco a poco se empezó a retirar de mi dejándome completamente abandonada en medio de aquel gran firmamento.
Cuando esa mano me soltó yo comencé a caer al vacío.
De inmediato supe que esa mano era la poderosa mano de Dios
Supe que estaba perdida y sin esperanza.
De pronto sentí el deseo de pedirle perdón al Señor por todos mis pecados y de suplicar su ayuda y su misericordia para mi aunque fuera tarde. Llorando y con mi alma desgarrada le suplicaba y le pedía perdón a Dios. Y le dije: Señor si tu me concedes otra oportunidad y me perdonas yo me volveré a ti y te serviré para siempre.
Pero no sucedía nada seguía cayendo y mi alma sufría intensamente sin descanso. Hasta que de repente me vi muy cerca de la tierra, quedé suspendida en el aire por un instante y observe que en un punto había como una entrada hacia una caverna. De inmediato fui llevada hacia ese lugar. Era una entrada al infierno. La tierra era seca y era todo oscuro.
Jesús lo dijo: Porque ¿que aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O que recompensa dará el hombre por su alma? Mateo 16:26



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