Este blog rinde honor y alabanza al Dios de nuestra salvación a Jesucristo el Señor.

jueves, 16 de julio de 2026

El placer es dulce pero destruye


NO cambies a CRISTO POR UN PLACER que mañana se convertirá en amargura.

Todos los días el ser humano toma decisiones. Algunas parecen pequeñas, otras cambian por completo el rumbo de una vida. Pero entre todas ellas, ninguna es más importante que decidir seguir a Jesucristo. Esa es la decisión que determina no solamente nuestro presente, sino también nuestra eternidad. El enemigo siempre intentará convencer al creyente de que fuera de Dios hay una vida mejor, más libre y más placentera. Presenta el pecado como algo atractivo, emocionante y sin consecuencias. Pero nunca muestra el final del camino.

La Biblia enseña que el pecado siempre comienza seduciendo. Nunca se presenta como destrucción desde el primer momento. Al contrario, promete placer, satisfacción y felicidad inmediata. Por eso Santiago escribió: "Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte" (Santiago 1:14-15). El pecado primero atrae, después esclaviza y finalmente destruye.

La Escritura también habla de esa falsa dulzura. En Proverbios leemos: "Porque los labios de la mujer extraña destilan miel... mas su fin es amargo como el ajenjo, agudo como espada de dos filos" (Proverbios 5:3-4). El mensaje es claro. Lo que al principio parece dulce termina dejando un profundo sabor de amargura. Así trabaja el pecado. Nunca enseña las lágrimas que vendrán después, ni los hogares destruidos, ni las familias rotas, ni la culpa que atormenta el corazón. Solo muestra el momento del placer y esconde cuidadosamente sus consecuencias.

Cuántas personas comenzaron diciendo: "Solo será una vez." Después vino otra vez, y otra más, hasta que aquello que parecía un simple entretenimiento terminó gobernando toda su vida. El pecado promete libertad, pero termina convirtiéndose en una cadena. Jesús mismo declaró: "De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado" (Juan 8:34).

El mundo ofrece muchas cosas, pero ninguna puede llenar el vacío del corazón. Puede ofrecer diversiones, dinero, fama o placeres pasajeros, pero no puede dar verdadera paz. Basta mirar cuántas personas aparentemente lo tienen todo y, aun así, viven llenas de ansiedad, tristeza, temor y desesperación. Porque el pecado nunca fue diseñado para darle descanso al alma.

En cambio, Cristo ofrece algo que nadie más puede dar. Él no promete una vida sin pruebas, pero sí promete caminar con nosotros en medio de ellas. Él dijo: "La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da" (Juan 14:27). La paz de Cristo no depende de las circunstancias. Nace de saber que estamos seguros en sus manos.

A lo largo de la historia, muchos hombres han fallado. Amigos han traicionado, familiares han abandonado y personas en quienes confiábamos nos han decepcionado. Eso duele. Pero hay alguien que jamás ha dejado de ser fiel. La Palabra de Dios dice: "Si fuéremos infieles, él permanece fiel; él no puede negarse a sí mismo" (2 Timoteo 2:13). Nuestra fidelidad muchas veces cambia, pero la fidelidad de Cristo permanece firme para siempre.

También el profeta Jeremías declaró: "Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos... nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad" (Lamentaciones 3:22-23). Cada nuevo día es una prueba de que Dios sigue siendo el mismo. Él no cambia con el tiempo, no abandona a sus hijos ni rompe sus promesas.

Quizá hoy el enemigo te está mostrando un camino que parece atractivo. Tal vez te dice que fuera de Cristo encontrarás lo que tu corazón necesita. No le creas. Él nunca muestra el final del camino. Jesús, en cambio, habla con la verdad desde el principio. Nos llama al arrepentimiento, nos llama a negarnos a nosotros mismos, pero también nos ofrece vida abundante y la esperanza de la vida eterna.

Josué se levantó delante del pueblo y les dijo: "Escogeos hoy a quién sirváis... pero yo y mi casa serviremos a Jehová" (Josué 24:15). Esa sigue siendo la decisión más importante que una persona puede tomar. Nadie puede decidir por ti. Cada corazón debe responder al llamado de Dios.

Si has caminado con Cristo, permanece firme. No cambies la fidelidad del Señor por un placer pasajero que mañana dejará heridas profundas. Y si te has apartado, recuerda que Cristo sigue llamándote con amor. Él no te invita para condenarte, sino para darte una vida nueva.

El hombre puede fallarte. Las personas pueden decepcionarte. Incluso tú mismo puedes reconocer que has cometido muchos errores. Pero hay una verdad que nunca cambia: Jesucristo permanece fiel. Pon tu vida en sus manos, confía plenamente en Él y camina cada día a su lado. Nunca encontrarás un amigo más fiel, un Salvador más misericordioso ni un Señor más digno de seguir que Jesucristo.

Fuente: Hechos probervios