Este blog rinde honor y alabanza al Dios de nuestra salvación a Jesucristo el Señor.
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viernes, 21 de agosto de 2026

Nunca te olvides del que ama tu alma!

 


El Señor me dijo:

 "OCÚPATE DE MI, PORQUE YA  MUCHOS SE HAN OLVIDADO DE MI"

 "TODO ES IMPORTANTE PARA ELLOS, PERO YO NO".

Sentí gran pena, por sus palabras, no podía creer que fuera tan difícil para él como también para uno. Todo el día anduve preguntándole al Señor que significaban esas palabras y como las podía entender. Finalmente supe que a lo menos tres cosas de las tantas, eran las que estaban siendo usadas para apartar, distraer y olvidar a Dios.

Las cuales eran, el celular, el computador y el televisor. 

Aparatos que no son pecaminosos sino mas bien neutros, pero que los hombres los usan para su propio mal, pues emplean demasiado tiempo en ellos mirando, divirtiéndose, escuchando y  hasta ensuciándose con obscenidades, y aceptando la inmundicia en sus vidas para luego no tener ningún deseo de estar con el Señor en el día a día, muchos después no quieren seguir orando, ni leyendo la biblia, porque ya se sienten muy alejados de las cosas de Dios y de su vida espiritual.

Encuentran que están vacíos e inciertos y ya no saben como seguir, sienten que por dentro están llenos de cosas impuras y que tampoco les molestan ni les inquietan, al punto que no pueden distinguir si son cristianos o mundanos. 

No hay que permitir que cualquier cosa comience a ocupar el primer lugar en la vida, y nunca llegar a decir como algunos hoy dicen: "Ya no necesitamos a Dios" porque según  ellos sus cosas son mas importantes.

Cuidado! que poco a poco un cristiano se puede ir alejando y separándose de Dios, hasta llegar a olvidarse de el para siempre. 

Isaías 49:15: «¿Se olvidará la mujer de lo que dió a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti».

Experiencia  (hna Noemy R. C)


sábado, 15 de agosto de 2026

COSAS QUE NO SOPORTO EN LA IGLESIA

Y POR LAS QUE ORO PARA QUE ALGÚN DÍA DESAPAREZCAN…‼️‼️‼️

La teatralización de lo sagrado, la manipulación emocional, el analfabetismo bíblico y la fabricación de experiencias espirituales.

“Cuando la “unción” necesita ser fabricada para parecer divina, ya no estamos ante el poder del Espíritu, sino ante la teatralización humana de lo sagrado. El Espíritu Santo no se manufactura: se manifiesta; no glorifica al espectáculo: glorifica a Cristo.”

“El mayor enemigo de una auténtica experiencia del Espíritu Santo no siempre es el incrédulo que niega sus manifestaciones; algunas veces es el religioso que las falsifica. Porque cuando llamamos “unción” a la sugestión, “profecía” a la imaginación, “poder” al espectáculo, “revelación” a nuestra ocurrencia y “Espíritu Santo” a nuestras manipulaciones, no estamos defendiendo lo sobrenatural: estamos desacreditándolo. El Espíritu de Dios no necesita teatro para demostrar que es Dios.”

“Cuando para engrandecer al líder hay que empequeñecer a Cristo, eso ya no es unción: es idolatría religiosa. El Espíritu Santo glorifica a Cristo; el espectáculo religioso glorifica al hombre. Y esa diferencia lo cambia todo.”Textos: Juan 16:13–14; 1 Corintios 2:1–5; 12:3; 14:26–33, 40; 2 Corintios 4:5; 1 Tesalonicenses 5:19–21; 1 Juan 4:1.

“La amenaza más peligrosa contra lo sobrenatural no es el incrédulo que lo niega, sino el religioso que lo falsifica. Porque cuando la sugestión se disfraza de “unción”, la imaginación de “profecía”, el espectáculo de “poder”, la ocurrencia de “revelación” y la manipulación de “Espíritu Santo”, ya no estamos exaltando la presencia de Dios: estamos sustituyéndola por una fabricación humana. Y toda espiritualidad que necesita manipular emociones, fabricar manifestaciones o convertir al líder en objeto de veneración termina revelando precisamente aquello que pretendía ocultar: donde Cristo deja de ser el centro y el hombre ocupa su lugar, podrá quedar religión, espectáculo y multitud, pero se ha perdido la esencia del Evangelio. La verdad no necesita ídolos humanos para sostenerse, y el Espíritu Santo no necesita teatro para demostrar que es Dios.”

FRAUDE ESPIRITUAL Y FRAUDE RELIGIOSO DISFRAZADO DE “PODER, UNCIÓN Y GLORIA”:

“El fraude religioso comienza cuando el hombre fabrica aquello que después atribuye a Dios. La Iglesia no necesita producir artificialmente evidencias de que el Espíritu Santo está presente: necesita vivir de tal manera que su fruto haga innecesaria la falsificación. Porque la unción que depende del espectáculo termina cuando se apagan las luces; pero la obra auténtica del Espíritu permanece cuando ya no queda escenario, micrófono, música, cámara ni multitud. Allí se revela la diferencia definitiva entre una experiencia fabricada y una vida verdaderamente transformada: el espectáculo necesita espectadores; el fruto del Espíritu necesita carácter.”

CUANDO DEFENDER LO ESPIRITUAL EXIGE DENUNCIAR SU CARICATURA.

No todo lo que ocurre dentro de una iglesia procede necesariamente del Espíritu Santo. No todo estremecimiento es unción; no toda caída es poder; no todo grito es autoridad; no toda visión es revelación; no todo sueño es profecía; no toda emoción constituye una experiencia sobrenatural; y, sobre todo, no todo lo que se atribuye a Dios tiene realmente a Dios como autor.

Precisamente porque creo en la realidad y soberanía del Espíritu Santo, rechazo su trivialización.  porque creo en los dones espirituales, me opongo a su falsificación. porque creo que Dios puede obrar sobrenaturalmente, considero irresponsable llamar «sobrenatural» a todo fenómeno psicológico, emocional, sugestivo, escénico o cultural que acontece dentro de un culto.

El Nuevo Testamento jamás presenta la espiritualidad cristiana como enemiga del discernimiento. Pablo ordena: «Examinadlo todo; retened lo bueno» 1 Tes 5:21. Juan advierte: «No creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus» 1 Juan 4:1. Y Pablo, precisamente en el contexto de los fenómenos carismáticos, establece un principio que demasiadas veces olvidamos: «Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas» 1 Corintios 14:32.

Por consiguiente, examinar una manifestación no constituye incredulidad; es obediencia apostólica.

Desde esa convicción presento algunas prácticas que no soporto y por cuya desaparición de nuestras iglesias continuo orando.

LA «SOPLADERA» DE MICRÓFONOS Y LA FABRICACIÓN DEL ESPECTÁCULO ESPIRITUAL.

No soporto la práctica de soplar violentamente sobre el micrófono, acompañada de gesticulaciones calculadas, gritos, movimientos corporales y dramatizaciones cuyo objetivo aparente es producir en la congregación la impresión de que una fuerza sobrenatural acaba de ser liberada.

El problema no es meramente estético. Es teológico, psicológico y pastoral.Cuando una determinada técnica escénica se utiliza reiteradamente para provocar una respuesta predecible del público, debemos preguntarnos si estamos contemplando espontaneidad carismática o condicionamiento colectivo.

A esto se añaden los testimonios tipo «paquetero, bulto, fronte y aguaje»: narraciones progresivamente magnificadas mediante exageraciones, hipérboles, adornos, datos imposibles de verificar y, en casos extremos, afirmaciones manifiestamente falsas, todo con el propósito de impresionar al auditorio.

El testimonio cristiano no necesita ser espectacular para ser verdadero. Cuando la verdad parece demasiado sencilla y sentimos la necesidad de exagerarla para hacerla impresionante, hemos comenzado a sustituir el testimonio por propaganda religiosa.

LA TEATRALIZACIÓN CORPORAL DE LA SUPUESTA “UNCIÓN”.

También me resulta incomprensible aquella peculiar manera de tomar el micrófono, hacer un «buche», abrir exageradamente la boca y adoptar una expresión semejante a la de alguien que tuviera una «papa caliente y ardiente» quemándole simultáneamente la lengua, el paladar y la garganta.

Nada de esto demuestra, por sí mismo, presencia divina. El volumen de la voz no constituye una unidad de medida pneumatológica.

La intensidad gestual tampoco. La autoridad espiritual no se mide en decibeles.

Jesús podía levantar la voz, pero también podía enseñar sentado. Pablo podía exhortar apasionadamente, pero también argumentaba, razonaba y persuadía. El Espíritu Santo puede conmover profundamente a una persona sin convertir necesariamente esa experiencia en una representación teatral. Una espiritualidad que necesita determinada coreografía para parecer espiritual corre el peligro de confundir el lenguaje cultural del pentecostalismo con la acción soberana del Espíritu Santo.

EL “PROFETA INTERNACIONAL” PAGADO PARA VENIR A IMPRESIONAR A LA CONGREGACIÓN.

No comprendo que una iglesia pague honorarios, boletos aéreos, hotel, alimentación, transportación y demás gastos para traer a un supuesto ministro extraordinariamente «ungido», solamente para verlo gritar, saturar de saliva el micrófono y presentar como revelación divina una colección de imágenes apocalípticas imposibles de verificar.

Entonces comienzan las declaraciones: «¡Veo querubines y serafines alrededor del altar!» «¡Hay ángeles con espadas desenvainadas!» «¡Veo arcángeles volando de un extremo al otro del santuario!» La pregunta teológica no debe ser inmediatamente: «¿Qué significa?», sino primero: ¿Cómo sabemos que realmente lo vio?

La Biblia conoce visiones auténticas. Precisamente por eso también establece criterios para discernir las pretensiones proféticas.

Otros supuestamente contemplan: «¡Una serpiente gigantesca está retorciéndose debajo del altar!»        O describen excrementos, podredumbre, gusanos, sustancias oscuras y toda clase de imágenes repugnantes como representaciones de supuestas realidades demoníacas.

La imaginación religiosa es extraordinariamente fértil. Pero una imagen mental intensa no se convierte automáticamente en revelación divina simplemente porque haya ocurrido dentro de una iglesia.

Aparece entonces una de las declaraciones pastoralmente más irresponsables: «¡Veo un ángel negro de muerte detrás de alguien!» «¡Tiene sus alas abiertas sobre esa persona!» Una afirmación semejante puede producir terror, ansiedad y sugestión religiosa profunda en una persona vulnerable. Quien pronuncia palabras de semejante gravedad debe recordar que atribuir una declaración a Dios no disminuye nuestra responsabilidad; la aumenta.

Esta constituye una de las fórmulas más comercializadas de la profecía contemporánea: «¡En las próximas 24 horas recibirás una llamada!» «¡Antes de mañana ocurrirá algo extraordinario!» «¡Viene una transferencia!» «¡Alguien te va a entregar una llave!» «¡Prepárate para una sorpresa financiera!»

El problema epistemológico es evidente: cuando no ocurre absolutamente nada, raramente existe rendición de cuentas. La profecía incumplida desaparece silenciosamente del archivo colectivo mientras una nueva profecía ocupa su lugar.

Y entonces alguien grita: «¡SE METIÓ JEHOVÁ!» Mi pregunta continúa siendo inevitable: ¿Y dónde estaba Jehová antes de «meterse»? La expresión puede entenderse coloquialmente como una manera de describir una experiencia intensa de la presencia divina. Sin embargo, convertida en fórmula teológica resulta problemática.

El Dios bíblico no necesita esperar afuera hasta que el pianista encuentre el acorde correcto, el baterista aumente la intensidad y el predicador alcance determinado volumen para finalmente entrar al santuario.

“¡ALGO GRANDE, PODEROSO Y TERRIBLE VA A SUCEDER AQUÍ HOY!”.

¿Exactamente qué? ¿Quién lo reveló? ¿Cómo será verificado? ¿Y qué ocurrirá si termina el culto y no sucede absolutamente nada extraordinario? Las afirmaciones extraordinarias pronunciadas en nombre de Dios exigen un nivel extraordinario de responsabilidad espiritual.

«DIOS ME CAMBIÓ EL MENSAJE» No niego que un predicador pueda modificar legítimamente lo que había preparado debido a circunstancias pastorales imprevistas o a una profunda convicción espiritual. Lo cuestionable es convertir: «Dios me cambió el mensaje» en un mecanismo retórico mediante el cual cualquier improvisación queda automáticamente revestida de autoridad divina.

Existe una diferencia enorme entre decir: «Considero que debo abordar otro asunto» y declarar:

«DIOS ME DIJO AHORA MISMO QUE CAMBIARA EL MENSAJE».La segunda afirmación coloca a Dios como garante de nuestra declaración. Por eso exige muchísimo mayor responsabilidad.

LA COREOGRAFÍA DE LA CAÍDA Y comienza el operativo «¡UJIERES, ATENTOS!» «¡DIÁCONOS, PENDIENTES AHÍ!» «¡CUIDADO QUE SE CAE!» «¡NO LO AGARREN!» «¡DIJE QUE NO LO AGARREN!» «¡CAMARÓGRAFO, ENFOQUE AQUÍ!»

Y entonces surge una pregunta inevitable: Si la manifestación es completamente espontánea y soberana, ¿por qué en ocasiones parece existir una producción escénica perfectamente anticipada alrededor de ella? Cuando hasta la cámara sabe anticipadamente dónde ocurrirá «lo sobrenatural», tenemos derecho a ejercer discernimiento.

EL FAMOSO «TUMBAÍTO» Tenemos también el célebre «tumbaíto»: fingido, desgonzao, deguavinao, detelengao y derrengao.

Aclaro algo fundamental: no afirmo que toda persona que cae durante una experiencia religiosa esté fingiendo.Una persona puede experimentar respuestas psicofisiológicas reales asociadas con emoción intensa, sugestión, expectativa, agotamiento, hiperventilación, presión social, experiencias disociativas u otros factores. Tampoco establezco a priori límites sobre lo que Dios pueda hacer.

Mi crítica se dirige a otra cosa:

convertir la caída corporal en certificado de autenticidad espiritual. El Nuevo Testamento jamás establece: más caídas = más Espíritu Santo. Por el contrario, entre las expresiones del fruto del Espíritu aparece el dominio propio —ἐγκράτεια (enkráteia)— en Gálatas 5:23. La espiritualidad neotestamentaria no consiste en perder necesariamente el control, sino en vivir progresivamente bajo el gobierno del Espíritu.

LA FALSA «UNCIÓN» DE LA EMPUJADERA.

Esta práctica merece especial atención. Una mano sobre la frente. Otra sobre el pecho. Presión progresiva. La persona comienza a perder el equilibrio. El ministro continúa empujando. Finalmente cae.Y entonces alguien proclama: «¡EL PODER DE DIOS!» No necesariamente. También existe una explicación biomecánica extraordinariamente sencilla: usted empujó a la persona.

Si alguien tiene los ojos cerrados, está emocionalmente predispuesto, se encuentra rodeado por personas que esperan su caída y además recibe presión física sobre la frente o el torso, no necesitamos postular inmediatamente una intervención sobrenatural para explicar que pierda el equilibrio.

A eso, en nuestro vocabulario popular, podríamos llamarlo: A.P.T. — «A PURO TABLAZO».

El Espíritu Santo no necesita asistencia mecánica para demostrar que tiene poder. Si para que alguien «caiga bajo el poder» tengo que empujarlo, quizá lo que estoy demostrando no es el poder del Espíritu, sino el poder de mi brazo.

OCHO IGLESIAS EN LA MISMA ACERA, TODAS POSEEDORAS EXCLUSIVAS DE «LA SANA DOCTRINA».

Este fenómeno merece investigación sociológica. Ocho congregaciones hispanas pentecostales    prácticamente en el mismo bloque. Todas diferentes.Todas separadas.Todas convencidas de poseer:

«LA SANA DOCTRINA».Todas afirmando pertenecer a:«LA SENDA ANTIGUA».

Pero algunas no pueden celebrar actividades conjuntamente porque unas consideran mundano lo que las otras consideran permitido; unas aceptan determinados ministerios que otras condenan; unas poseen códigos de vestimenta que las demás rechazan; unas interpretan determinados dones de una manera y las otras de otra.

Y, para completar el panorama, aparecen ministros autonombrados, sin formación, sin supervisión, sin comunidad responsable que examine su vocación y sin estructuras de rendición de cuentas.

Sin embargo, aseguran: «DIOS ME LLAMÓ».O, dicho con nuestra ironía caribeña: «EL ÑAME… PERDÓN, EL ÑAMAMIENTO DE DIOS».El llamado ministerial merece demasiado respeto para convertirse en mecanismo de autolegitimación. El Nuevo Testamento conoce vocación divina, pero también reconocimiento comunitario, carácter, requisitos, imposición de manos, discernimiento y responsabilidad eclesial. Sentirse llamado no equivale automáticamente a estar cualificado.

EL ANTIINTELECTUALISMO: LEEMOS POCO, PERO OPINAMOS DE TODO.Esta quizá sea una de mis mayores preocupaciones. Con demasiada frecuencia somos una comunidad que lee insuficientemente la Biblia, estudia insuficientemente su historia, desconoce sus lenguas, ignora sus contextos socioculturales y apenas consulta investigación académica seria.

Pero paradójicamente: somos los que más sabemos.Somos expertos instantáneos en hebreo sin haber estudiado hebreo.Expertos en griego sin conocer el alfabeto griego.Expertos en escatología.Expertos en demonología.Expertos en guerra espiritual.Expertos en arqueología bíblica.Expertos en profecía.Expertos en geopolítica.Expertos en «lo que realmente significa» cada versículo.

Y cuando la evidencia contradice nuestras interpretaciones, simplemente respondemos:«A MÍ DIOS ME LO REVELÓ».Esta frase, utilizada irresponsablemente, puede convertirse en uno de los mecanismos epistemológicos más peligrosos de la religión.

Porque hace imposible la corrección. ¿Cómo debatir con alguien que ha convertido su opinión personal en revelación divina? El antiintelectualismo religioso no es espiritualidad profunda; muchas veces es ignorancia protegida mediante lenguaje espiritual.

LA INDUSTRIA DE LOS TESTIMONIOS, SUEÑOS Y PROFECÍAS «ZAKKAMANDUKKERAS».

Y finalmente tenemos una interminable producción de testimonios:extraños,extravagantes,exagerados,

fabricados,imposibles de verificar,teológicamente incoherentes y, algunas veces, manifiestamente falsos.Y casi siempre las profecías anuncian:destrucciones,terremotos,catástrofes,muertes,juicios,

accidentes,tragedias nacionales,conspiracionesy calamidades inminentes.Curiosamente, pocas veces escuchamos una «revelación» que diga:«Dios me mostró que debes reconciliarte con tu hermano».

«Dios me mostró que tienes que devolver el dinero que debes».«Dios me mostró que debes pedir perdón».«Dios me mostró que necesitas estudiar seriamente las Escrituras».«Dios me mostró que debes abandonar la mentira».«Dios me mostró que tienes que amar al prójimo».

Eso parece demasiado ordinario.Queremos dragones, ángeles, demonios, serpientes, fuego, terremotos y catástrofes.Sin embargo, el Nuevo Testamento insiste obstinadamente en cosas muchísimo menos espectaculares y muchísimo más difíciles:amor, verdad, santidad, justicia, misericordia, humildad, servicio, dominio propio y fidelidad.

CUANDO EL DISCERNIMIENTO SE CONVIERTE EN UN DEBER ESPIRITUAL

Al término de esta reflexión conviene establecer una distinción decisiva: la crítica a la falsificación de lo sobrenatural no constituye una negación de lo sobrenatural; constituye, precisamente, una defensa de su integridad. Cuanto más elevada sea la afirmación religiosa —«Dios habló», «el Espíritu reveló», «el Señor me mostró», «esto es profecía», «esto es un milagro»— mayor debe ser, y no menor, la responsabilidad teológica, ética y pastoral de quien la pronuncia.

La fe cristiana neotestamentaria nunca exigió la suspensión del discernimiento como condición de espiritualidad. Por el contrario, incorporó el examen dentro de la propia vida del Espíritu: «examinadlo todo; retened lo bueno» (1 Tesalonicenses 5:21); «probad los espíritus» (1 Juan 4:1); «los demás juzguen» (1 Corintios 14:29). Por ello, discernir no equivale a apagar al Espíritu; puede constituir precisamente una forma de obedecerle.

Por eso, ninguna iglesia debería construir una cultura en la cual preguntar sea considerado rebelión, examinar sea llamado incredulidad y solicitar evidencia sea interpretado como «apagar al Espíritu». Una comunidad donde las afirmaciones extraordinarias quedan inmunizadas contra toda evaluación corre el peligro de sustituir la autoridad de Dios por la incuestionabilidad del líder.

No deseo una Iglesia menos espiritual. Deseo una Iglesia tan profundamente espiritual que ya no necesite falsificar la espiritualidad.

Una vez me pasó algo que al principio me sorprendió… y luego me dio risa.

Caminaba por la calle vendiendo algunas cosas —como tantas veces— cuando vi que más adelante había un evento religioso en plena vía. Un grupo de personas cantaba, aplaudía, y al centro, un pastor hablaba sobre Dios con vehemencia. Me pareció un buen momento para descansar un poco y escuchar.

Me quedé allí, unos diez minutos quizás, sin hacer ruido, solo observando. Pero en ese rato me di cuenta de que alguien me miraba fijamente. Disimulé, pensando que solo era una impresión. Hasta que el pastor, en medio de su predicación, se me acercó. Me puso la mano en el hombro y me dijo con solemnidad: El Señor me ha pedido que hable contigo.Comenzó a temblar, a hacer gestos extraños, y a pronunciar unas frases incomprensibles, todas cargadas con una vibración que parecía girar en torno a una sola letra: la “rr”. Como si las palabras tuvieran fuerza pero no sentido. Yo solo escuchaba sonidos sueltos, como si un motor de auto se apagara en cámara lenta.

Entonces, vino el mensaje:

—Lo que te tengo que decir es fuerte… no puedo controlar lo que me llega. Dice que quiere que te acerques, que conoce tu camino, que quiere que vivas en Él...Y justo cuando empezaba a creer que tal vez había algo verdadero en sus palabras, soltó lo siguiente: Pero debes dejar ese camino de perdición… las drogas, el alcohol, esa vida bohemia con mujeres y prostitutas...

Ahí fue cuando entendí todo. Me sonreí. No fumo, no bebo, y los prostíbulos me dan más repulsión que morbo. Le respondí tranquilo: Creo que se equivocó de persona. Tal vez ese mensaje era para el que está al lado mío. Yo no vivo nada de eso que describes. Me miró incómodo. No supo qué decir.

Entonces lo entendí todo: no fue una revelación divina. Fue un juicio disfrazado. Me miró, me vio vendiendo cosas en la calle, y asumió lo peor. Me encasilló sin conocerme.

Lo que escuché no fue la voz de Dios, fue la voz de un prejuicio.

Y lo más irónico de todo: ese día aprendí que algunos que dicen hablar en nombre de Dios… no escuchan ni siquiera a las personas que tienen al frente.(Esta historia fue real)

Fuente: Pastores Elias e Hiddekkel Paulino

domingo, 14 de junio de 2026

Se puede predicar por envidia o contienda?


Mientras estaba en prisión, el apóstol Pablo escribió:

"Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros de buena voluntad." (Filipenses 1:15).

Es una declaración sorprendente. Había personas anunciando a Cristo, pero sus motivaciones no eran el amor a Dios ni el deseo de salvar almas. Lo hacían movidos por la rivalidad, los celos y el deseo de crear más dificultades para Pablo.

El mismo apóstol continúa diciendo:

"Aquellos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones; pero los otros por amor." (Filipenses 1:16-17). Esto nos enseña una verdad importante: Dios no solo mira lo que hacemos, sino también por qué lo hacemos.

Es posible predicar con el corazón lleno de orgullo. Es posible servir buscando reconocimiento. Es posible cantar para recibir aplausos. Es posible ocupar un ministerio mientras la motivación real es la competencia, la fama o la envidia.

Sin embargo, también sorprende la respuesta de Pablo. Él dice:

"¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo." (Filipenses 1:18).

Pablo no estaba aprobando las malas intenciones. Más bien, reconocía que Dios es tan soberano que puede usar incluso a personas con motivaciones equivocadas para que el mensaje de Cristo siga llegando a otros. Pero eso no elimina la responsabilidad personal. En otras partes de sus cartas, Pablo insiste en que cada creyente dará cuenta delante de Dios y que Él conoce las intenciones más profundas del corazón

Antes de preguntarte qué estás haciendo para Dios, pregúntate por qué lo estás haciendo.

El servicio que agrada al Señor nace del amor, la gratitud y el deseo de glorificar a Cristo, no de la competencia ni de la búsqueda de reconocimiento. Los aplausos pueden impresionar a las personas, pero Dios examina el corazón.

Que nuestro anhelo no sea tener un ministerio visible, sino un corazón limpio delante del Señor. Porque al final, Él no solo juzgará nuestras obras, sino también las intenciones con las que fueron realizadas.

Fuente: Aristy 2.0

domingo, 12 de julio de 2020

La Victoria sobre Satanás

Los cristianos pueden ser vencedores


La razón por la cual la vida cristiana es una guerra es que tenemos un enemigo terrible que busca destruirnos LA VIDA CRISTIANA es una vida de guerra. Somos llamados a ser buenos soldados del Señor Jesucristo y a "militar la buena milicia". La razón por la cual la vida cristiana es una guerra es que tenemos un enemigo terrible que busca destruirnos. Ese enemigo es Satanás. La Biblia nos advierte: Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8).

Nuestro enemigo: Satanás

Satanás se llama "el príncipe de la potestad del aire" Originalmente Satanás fue creado como un ángel bello y sabio que se llamaba Lucifer, pero el orgullo entró en su corazón y se rebeló contra Dios. Muchos de los ángeles del Cielo siguieron a Satanás en su rebelión contra Dios.
Satanás se llama "el príncipe de la potestad del aire" porque él y sus ángeles caídos habitan ahora en la atmósfera sobre la tierra. Aunque no los podemos ver, Satanás y sus ángeles caídos son los verdaderos enemigos del Hijo de Dios. La Biblia dice: Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires (Efesios 6:12).

Cómo trabaja Satanás

Satanás y sus espíritus malignos pueden hacer muchas cosas milagrosas El propósito de Satanás es el de destruir a la gente. El Señor Jesús dijo que éste era "homicida desde el principio". Satanás tiene muchas maneras de destruir a la gente, pero sus armas principales son el engaño y la mentira.

SATANÁS ENGAÑA a la gente para hacerles creer que todo lo sobrenatural viene de Dios. Pero no todos los "milagros" son de Dios. Satanás y sus espíritus malignos pueden hacer muchas cosas milagrosas que están más allá del poder del hombre. Jesús dijo que vendrán falsos profetas en los días postreros y engañarán a mucha gente con "grandes señales y milagros".
Y no comuniquéis con las obras infructuosas de las tinieblas (Efesios 5:11).

SATANÁS PONE OBSTÁCULOS a la obra de Dios. Cuando se predica el Evangelio, allí está Satanás para sembrar la duda y la incredulidad en las mentes de los que escuchan.

SATANÁS OPRIME a los cristianos. Pone pensamientos de duda, temor y desaliento en sus mentes. Trata de desanimarles para que no vivan para Dios.

SATANÁS TIENTA a los cristianos para que cometan pecados terribles. Trata de engañarles para que crean que no es malo que ellos hagan todo eso. Usa las cosas del mundo para que alejen sus corazones de Dios y no hagan Su voluntad. Trata de evitar que entreguen su vida entera a Dios.

En esta lección consideraremos la poderosa victoria de Cristo sobre este enemigo terrible, Satanás. Veremos cómo la victoria de Cristo es también nuestra victoria.

Por qué Cristo vino

LA CRUZ ES EL LUGAR donde Cristo redimió a los hombres del poder de Satanás El Señor Jesucristo vino al mundo para destruir las obras del diablo. La Biblia dice:Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo (1 Juan 3:8). LA CRUZ ES EL LUGAR donde Cristo redimió a los hombres del poder de Satanás. Satanás mantenía cautivos a los hombres por causa del pecado; pero en la cruz el Señor Jesús pagó por nuestros pecados. Él puso fin a todos los derechos de Satanás sobre nosotros. Los hombres ahora pueden escoger a quien servir. Los que escogen a Jesucristo como su Señor son librados del poder de Satanás. La Biblia dice: Dando gracias al Padre… que nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo (Colosenses 1:12-13).

Pero al tercer día resucitó de la tumba con un triunfo poderoso sobre Satanás y las potestades de las tinieblas LA CRUZ ES TAMBIÉN EL LUGAR donde Satanás fue derrotado. La Biblia dice que el Señor Jesús tomó nuestra naturaleza sobre Sí mismo…para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo (Hebreos 2:14). Cuando el Señor Jesús murió en la cruz, parecía como si los poderes de las tinieblas hubieran obtenido la victoria sobre Él. Pero al tercer día resucitó de la tumba con un triunfo poderoso sobre Satanás y las potestades de las tinieblas.

El Señor Jesús apareció en la tierra por un período de 40 días después de Su resurrección. Antes de ascender al cielo, Él dijo:

TODA POTESTAD me es dada en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18).

¡Las potestades de las tinieblas fueron derrotadas! El Señor Jesús volvió al Cielo Vencedor sobre todas las potestades de las tinieblas Satanás y sus espíritus malvados fueron despojados de toda su autoridad. El Señor Jesús volvió al Cielo Vencedor sobre todas las potestades de las tinieblas, desacreditándolas públicamente. La Biblia dice: Y despojando (venciendo) a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos… (Colosenses 2:15).
QUÉ ESPECTÁCULO MÁS ADMIRABLE debe haber sido éste en el mundo espiritual invisible cuando el Señor Jesucristo volvió al Cielo Vencedor poderoso de Satanás y de las potestades de las tinieblas.

Cristo fue glorificado

El Padre dio la bienvenida a Su amado Hijo al hogar en la gloria y le dio el sitio más elevado de poder y honor. Jesucristo fue colocado en el mismo trono del cielo, sobre todas las potestades de las tinieblas. La Biblia dice: (Dios) operó en Cristo, resucitándole de los muertos, y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado, y autoridad, y poder, y señorío… (Efesios 1:20-21).

La Victoria de Cristo es nuestra victoria

Dios resucitó a Cristo y lo colocó a Su misma diestra y nos resucitó con Él. Ahora bien, aquí hay una verdad maravillosa: ¡La victoria de Cristo sobre las potestades de las tinieblas es nuestra victoria! Lo que hizo Cristo, lo hizo como nuestro representante. Participamos en Su muerte, participamos en Su entierro, participamos en Su resurrección y, ¡compartimos también Su victoria sobre Satanás! Dios resucitó a Cristo y lo colocó a Su misma diestra y nos resucitó con Él. La Biblia dice: Y juntamente con él (Dios) nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús (Efesios 2:6). ¿Cuál es nuestra nueva posición espiritual? Estamos sentados con Cristo sobre todas las potestades de las tinieblas. Los que estamos en Cristo estamos sentados con Él en aquella posición de poder y victoria "sobre todo". ¡Compartimos Su trono!

EL COMPARTIR EL TRONO DE CRISTO quiere decir compartir Su autoridad. Se nos ha dado autoridad sobre toda fuerza del enemigo. El Señor Jesús dijo a Sus discípulos: He aquí os doy potestad… sobre toda fuerza del enemigo… (Lucas 10:19).

TENER AUTORIDAD de Cristo quiere decir que poseemos el derecho de actuar como Sus representantes. Podemos hablar y actuar en Su nombre.

HAY UNA DIFERENCIA entre "poder" y "autoridad"
Un camión tiene poder (fuerza motriz), pero un policía tiene autoridad. Detrás del policía está la autoridad del gobierno de la ciudad, y el chofer del camión reconoce eso y lo obedece. Satanás y sus espíritus malvados tienen poder, pero Cristo nos ha dado autoridad. Si permanecemos en Cristo, podemos hablar en Su nombre, y las potestades de las tinieblas tienen que obedecernos. Ellas reconocen que detrás de nosotros está la autoridad de Cristo mismo.

La batalla no ha terminado

Fortaleceos en el Señor, y en el poder de Su fuerza Satanás es un enemigo vencido. Un día él y sus espíritus malvados serán lanzados a un lago de fuego, y nunca volverán a molestarnos más. Pero mientras tanto, Satanás está muy activo y va como "león rugiente" tentando, engañando y destruyendo. Ningún hijo de Dios es capaz por sí mismo de contender con este enemigo terrible. Sólo mediante Jesucristo podemos vencerle. La Palabra de Dios nos dice: Fortaleceos en el Señor, y en el poder de Su fuerza (Efesios 6:10).
No debemos sentirnos fuertes en nosotros mismos, sino debemos ser fuertes en el Señor. Cristo es el Vencedor de Satanás, y debemos ser fuertes en Él.

Los vencedores de Dios

El libro del Apocalipsis habla de los "vencedores": Los que vencieron a Satanás. La Biblia nos dice el secreto de cómo le vencieron. Es un secreto triple Y ellos le han vencido (a Satanás)
(1) por la sangre del Cordero,
(2) y por la palabra de su testimonio;
(3) y no han amado sus vidas hasta la muerte (Apocalipsis 12:11).

Consideremos cada una de estas tres cosas y veamos cómo podemos usarlas para vencer a Satanás.

La Sangre del Cordero

Mediante la sangre del Señor Jesús podemos vencer las acusaciones de Satanás
Satanás es engañador y homicida, y uno de sus ataques principales contra los cristianos es acusarles. Él se llama el "acusador de los hermanos". Nos acusa ante Dios y nos acusa en nuestra mente. Nos dice que somos muy malos. Nos dice que somos débiles y pecaminosos y que siempre seremos así.

¿CUÁL ES NUESTRA DEFENSA CONTRA LAS ACUSACIONES DE SATANÁS?

Nuestra defensa es "la sangre del Cordero". Mediante la sangre del Señor Jesús podemos vencer las acusaciones de Satanás. Podemos decir a Satanás: "Sí, soy pecaminoso, pero la sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, me limpia de todo pecado".

La Palabra de su Testimonio

¡Jesucristo es el Señor! ¡Jesucristo es el Vencedor! ¡Jesucristo es Rey! Dios nos ha dado "la sangre del Cordero" como nuestra defensa contra las acusaciones de Satanás. También nos da un arma para usar contra el mismo Satanás. Esa arma es "la palabra de nuestro testimonio". Eso quiere decir que podemos declarar a Satanás las grandes realidades de la victoria de Cristo sobre él.
Podemos decir a Satanás: "¡Tú estás vencido! ¡Jesucristo es el Señor! ¡Jesucristo es el Vencedor! ¡Jesucristo es Rey! Yo soy uno con Él". Estas son grandes realidades y Satanás no puede refutarlas. Él sabe que son verdad.

No han amado sus vidas
Si hemos de vencer a Satanás, no debemos amarnos a nosotros mismos. Si nos amamos, seremos vencidos. Pero no tenemos que dejar que el "Yo" reine sobre nosotros. Fuimos crucificados con Cristo para que ya no viviéramos por nosotros mismos sino por Él, que murió por nosotros. Podemos decir con el Apóstol Pablo:

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí... (Gálatas 2:20).

Podemos decir ¡No! al pecado, al Yo, a la carne, al mundo y a Satanás mismo.

Por nuestra muerte, sepultura y resurrección con Cristo, hemos sido librados del poder de todo enemigo. Podemos decir ¡No! al pecado, al Yo, a la carne, al mundo y a Satanás mismo. No solamente nos ha librado el Señor Jesús del poder de nuestros enemigos, sino el mismo Cristo victorioso y resucitado vive en nosotros. ¡Podemos ser vencedores! La Biblia dice:

Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque (Cristo) mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo (Satanás) (1 Juan 4:4).

jueves, 6 de septiembre de 2018

NO PONGAS TROPIEZO

Dijo Jesús a sus discípulos:


"Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos". Lucas 17: 1-4

Creo que no hay otra palabra tan fuerte, tan condenatoria como ésta. Analízala, el Señor Jesús, como era su costumbre, está enseñando a sus discípulos y a la gente que está a su alrededor, y les habla de algo muy común, de algo que Jesús sabe que es demasiado común, pero no por lo común que sea está correcto, está bien. Y él dice que es imposible que no haya tropiezos. Él sabe que hay tropiezos y los hay de muy diversas maneras, de muchas formas.

Pero quiere hablar al corazón de los discípulos, Jesús habla al corazón de su pueblo para que nosotros seamos diferentes a la gente. Y éste es un aspecto que requiere de nuestra atención, imposible que no vengan los tropiezos, siempre los habrá, pero dice el Señor ¡cuidado! Ay de aquel que pone tropiezo. ¿Por qué? Porque tendrá consecuencias terribles, van a ser tremendas las consecuencias, tan graves que le sería preferible a la persona que pone tropiezo suicidarse. ¡Qué fuerte! Imagina esto.

Dice el Señor que alguien que haga tropezar a uno de estos pequeñitos, mejor sería amarrarse una piedra al cuello y tirarse al mar para que se ahogue. Eso sería mejor, eso sería preferible. Dice que sería mejor que aun alguien lo hiciera, que le atase una piedra al cuello y que lo avienten al mar; eso es preferible en lugar de hacer caer a uno de los pequeños. Y la pregunta es: ¿quiénes son estos pequeños? ¿A quiénes se refería el Señor Jesús? Bien, vamos a mirar dos cosas importantes, una vamos a mirarla en:

Mateo 23:13 Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.

Ser un líder religioso en la época del Señor Jesús era algo muy especial, mucho muy especial, toda vez que la historia de la nación, su cultura, su vida cotidiana, absolutamente todo estaba centrado precisamente en la relación que tenían con Dios. Por lo tanto, los líderes religiosos eran los más conocidos, eran los más respetados, eran aun los más poderosos; no había un líder que tuviera la fama, el poder y la posición que tenía un religioso en aquella época, estaban por arriba de todos los líderes. Un líder religioso estaba por encima de todo líder, eran los más conocidos.

Y Jesucristo nuestro Señor aquí lanza una acusación tremenda en contra de ellos, porque el hambre de poder, de dinero y de posición de esos líderes, los había llevado a perder de vista a Dios. Y esto es impresionante, tres aspectos que marcaron una separación de ellos con Dios, y que ocasionaron que ellos separaran al hombre de Dios, de su voluntad. Tres aspectos que si nosotros lo analizamos hoy en día, nosotros vamos a mirar que estos mismos tres aspectos mueven a la gente: poder, dinero y posición.

Son como tres motores, tres aspectos que mueven a la gente. Algunos son movidos por alguno de estos motores; algunos por dos, y otros, los más ambiciosos por los tres. Hay gente que prefiere el poder antes que cualquier cosa, no le importa el dinero, no le importa la posición, lo que le importa es tener poder, sentir el poder y poderlo ejercer. Hay gente que no le importa el poder ni le importa la posición, le importa el dinero y trabaja para el dinero, y lo único que quiere es dinero. Y quiere dinero para poder satisfacer más allá de sus propias necesidades, y darse sus gustos, darse sus placeres, en fin, desea el dinero.

Y hay otro tipo de gente que la mueve la posición. No le importa el dinero, no le importa el poder, pero quiere una posición. Quiere decir: ah, es que yo soy aquél; estoy hasta arriba, y yo soy fulano de tal y estoy en tal posición. Y que todo mundo lo conozca y que todo mundo lo reconozca y así es feliz. Y entonces son tres motores que son importantes que mueven a la gente. Pero sabemos de acuerdo a la Palabra de Dios, que son tres motores que no están dentro de lo que Dios establece; Dios establece que nosotros debemos mantener una relación estrecha con Él, y nosotros debemos buscar el reino de Dios y su justicia. Y dice la Palabra aun que todas las cosas vendrán a nuestra vida por añadidura, cuando nosotros buscamos de esa gloria de Dios, cuando buscamos su reino.

Cuando el hombre es gobernado por cualquiera de estas tres, o por dos, o por los tres aspectos que he mencionado, entonces es capaz de algo, no solamente de apartarse de la voluntad de Dios, no solamente de dejar lo que Dios establece, sino aun de enseñar doctrinas, enseñar filosofías, pensamientos, ritos, creencias que acerquen a la gente hacia ellos, y hacen de esas personas seguidores de sí mismos. Aunque viendo lo que estaba ocurriendo aquí en Mateo 23, aunque esos líderes religiosos en apariencia estaban enseñando la Palabra de Dios, y estaban buscando que la gente tuviera relación con Dios, el fin era otro.

Por eso nuestro Señor Jesucristo les lanza una condena y una acusación grave, y les dice: ¡Hipócritas!  Es decir, no están haciendo lo que realmente su corazón tiene, o al revés, están haciendo cosas diferentes a lo que deben hacer. Hay una contradicción en ustedes, por una parte en su interior hay algo y en su exterior hay otra cosa. No es cierto que ustedes quieran acercar a Dios a la gente. ¿Por qué? Porque lejos de acercarla la están alejando. Lejos de acercar a la gente a tener una relación, una comunión con Dios, a entrar al reino de los cielos se lo están impidiendo con tantas cosas.

Los líderes religiosos en aquella época pues se sentían muy por arriba de todos los demás, e insisto, en apariencia estaban enseñando la Palabra del Señor, y en apariencia estaban trayendo a la gente a la presencia de Dios para que tuvieran comunión con Él.

De una manera muy sutil nosotros lo podemos advertir, no es descarado ni aun del todo mentira, pero desviaban a la gente con lo que ellos decían, con lo que ellos enseñaban, la apartaban. Es cosa de leer todo el capítulo 23 de Mateo, y otros versículos, otras citas que hay en el Evangelio en sus cuatro versiones, y vamos a encontrar esta situación tan clara, por qué estaba enojado nuestro Señor Jesucristo en contra de los fariseos, en contra de los escribas, en contra de los religiosos de ese tiempo, por una razón: porque apartaban al hombre de Dios. Qué contradictorio, cuando deberían de acercar al hombre a Dios, lo apartaban.

Jesucristo le dice precisamente a los escribas y a los fariseos que ellos están llevando a la perdición a la gente que está a su alrededor, porque no están enseñando correctamente, están enseñando una doctrina diferente que no les permite entrar al reino de los cielos. Una doctrina que les impide entrar, y les dice de una manera muy fuerte: ustedes no están adentro del reino, y tampoco permiten que los demás entren al reino. ¡Qué tremendo!

Gente que estaba alrededor de los líderes religiosos, gente que buscaba a estos líderes, los buscaban precisamente porque creían que los iban a ayudar a entrar al reino, y resulta que no es así. Gente que estaba creyendo en sus palabras y que finalmente estaban siendo engañados. A éstos que son engañados, a esos que están buscando entrar al reino de los cielos, que están buscando hacer las cosas conforme y Dios lo establece, es a los que se refiere el Señor Jesús cuando dice: que hacen tropezar a estos pequeñitos.

¿Por qué? Porque el líder religioso tenía un nivel, tenía una posición, tenía un conocimiento. Gente madura, gente de fe, gente supuestamente conocedora. Y la gente que se acercaba a ellos pues eran los pequeñitos que no tenían tal vez el conocimiento de ellos. Y el Señor está preocupado por ellos y por eso les dice:

Mateo 23:15 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.

¡Qué impresionante es esto! Ve nada más qué acusación tan fuerte. Jesucristo de entrada le está diciendo al líder religioso que era un hijo del infierno. No le está diciendo que es un hijo de Dios, le está diciendo: tú eres un hijo del infierno por tu enseñanza. Y lo más grave es que tú estás haciendo a la gente que se acerca a ti, dos veces más hijo del infierno. ¡Cuidado! Ve nada más que palabras tan tremendas.

¿Por qué lo afirma así el Señor? Si miramos con cuidado este versículo, aquí nosotros encontramos porqué el Señor les está diciendo todo esto. Los seguidores de estos fariseos eran atraídos al fariseísmo no a Dios, al fariseísmo. Es algo que Pedro pretendió hacer con los gentiles cuando les predicó del Evangelio. Cuando Pedro le predica el Evangelio a la gente que no era judía, les empieza a hablar sobre las prácticas judías, y entonces les empieza a enseñar ritos, costumbres y prácticas judías.

Y es cuando tiene una confrontación con Pablo, y Pablo le dice: estás equivocado Pedro, éste no es el propósito que Dios tiene para ti. El propósito de Dios es que nosotros compartamos el Evangelio, demos a conocer las buenas nuevas de salvación; no que traigamos a la gente al judaísmo, es muy diferente. Nosotros tenemos que traer a la gente al conocimiento del Señor Jesús. Tenemos que traer a la gente a la salvación, no al judaísmo. Y lo que tú estás haciendo Pedro, es judaizar a la gente. Entonces es cuando Pedro cambia, cuando entiende esto él transforma su forma de hablar, de pensar, de trasmitir la Palabra y aun de enseñar.

Los fariseos de acuerdo a lo que estamos leyendo aquí en este versículo, atraían a la gente no a Dios, la traían al fariseísmo. Y nuestro Señor Jesucristo les está diciendo algo bien impresionante que nosotros sabemos: un maestro hipócrita tendrá estudiantes dos veces más hipócritas que él. Así de fácil. Por eso dicen que el alumno supera al maestro. Lo que enseña el maestro, el alumno lo recibe y es más que el maestro. Aquí lo dice Jesús, no lo estoy inventando.

El Señor está diciendo aquí en el versículo 15, le hacéis, ellos, los maestros religiosos. Le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros. Es decir, ustedes son hijos del infierno y hacen dos veces más hijos del infierno a los que les están enseñando; ahí lo dice el Señor. En otras palabras: un maestro rebelde, tendrá estudiantes dos veces más rebeldes que él. Un maestro confundido, tendrá estudiantes dos veces más confundidos que él. En el caso de los fariseos, un maestro perdido, tendrá estudiantes dos veces más en perdición, es sencillo. Un maestro mentiroso, tendrá estudiantes dos veces más mentirosos. Lo dice la Palabra y es algo que se cumple.

Un maestro que enseña correctamente la Palabra de Dios, tendrá estudiantes dos veces más capaces de enseñar la Palabra de Dios. Así, lo mismo. Un maestro capaz, tendrá estudiante dos veces más capaces, no hay más, lo enseña la Palabra. Por ello nosotros debemos tener mucho cuidado. Debemos analizar dos aspectos principalmente:

1.- Tenemos que discernir, quién y qué nos está enseñando. ¿Qué estamos aprendiendo?

2.- Tenemos que enseñar solamente la Palabra de Dios.

Primero, nosotros tenemos que ver qué aprendemos, quién nos enseña y qué nos enseña. Segundo: tenemos que enseñar con cuidado; tenemos que enseñar la Palabra de Dios. No podemos nosotros caer en una situación como cayeron los fariseos, en una situación religiosa que ponga en peligro nuestra vida espiritual, que ponga en peligro nuestra vida eterna, no lo podemos hacer. Debemos tener cuidado con todo.

Cuando nosotros platicamos con una persona, debemos tener cuidado de qué es lo que nos enseña esa persona, qué es lo que nos dice. Todo ser humano es influenciable, cada uno de nosotros es influenciable y vamos a recibir una influencia de parte de la persona que está hablando con nosotros, eso es elemental. Si tú estás platicando con una persona y esta persona te hace un comentario, y te dice que vio en un programa científico en la televisión que las personas que se les está cayendo el pelo son más inteligentes, te está influenciando, y entonces tú después vas a decir: es que la gente que se le está cayendo el pelo es más inteligente. Te lo vas a creer.

O al contrario, puede haber una persona que te diga exactamente lo contrario, que te diga: a la gente que se le está cayendo el pelo es gente que está perdiendo su capacidad intelectual. Lo oí en un programa, en un documental en la televisión en National Greographic. Eso va a influenciar en ti quieras o no quieras y va a haber un momento en el cual vas a decir: pues no sé, pero a mí me dijeron que en un programa de National Greographic dijeron que a la gente que se le cae el cabello está perdiendo su capacidad intelectual; yo no lo digo, pero eso dijeron. Y al rato ya lo vas a dar por hecho, al rato vas a decir: es que a la gente que se le cae el cabello pierde capacidad intelectual. ¿Por qué? Porque somos influenciables. Analiza tu vida y vas a ver que siempre hay una influencia.

El demonio lo sabe, por eso se le acercó a Eva y le dijo: hey, ¿por qué no comes de ahí? Ah es que Dios dijo que no. Ah, qué le haces caso a Dios; no, mira, la realidad es otra, la realidad es que Dios no quiere que comas de ahí porque vas a ser como dios. Y en ese momento hubo una influencia y Eva le pensó, y estoy seguro que en el momento no dijo: ¡sí, tienes razón! ¡NO! Le pensó, lo meditó, lo reflexionó y después dijo: pues sí, yo creo que tienes razón. Y entonces ella vio que el árbol era bueno. ¿Y qué hizo? Pues lo comió. ¿Por qué? porque ya había recibido una influencia.

Los fariseos es lo que hacían, los líderes religiosos, ejercían una influencia sobre la gente, sobre los judíos. ¿Para qué? Para que se hicieran fariseos. Pablo cuando habla exaltando lo que él había sido, o mostrándole a la gente lo que él había sido, dijo: yo soy fariseo de fariseos. O sea, yo no soy un fariseo cualquiera, yo fui un fariseo de fariseos, de los mejores fariseos que había. ¿De los necios? Sí, de los que mataban a los cristianos. Sí, ya lo sabemos, de los que los perseguían. Sí de esos, de esos precisamente. Entonces los fariseos buscaban jalar a la gente al fariseísmo, no les interesaba acercarlos a Dios. Y hay gente que se acerca a nosotros que no tiene la intención de acercarnos a Dios, al contrario, tiene la intención de acercarnos a ellos. 

Así los fariseos se acercaban a la gente y trataban de acercarlos al fariseísmo. Esto hacían, eso hacían ellos y dice el Señor que el religioso es capaz de recorrer, y me llama mucho la atención, dice: es capaz de recorrer mar y tierra para hacer un prosélito. ¡Qué impresionante! Imagina a un fariseo, aun líder atravesando el mar, yendo muy lejos por tierra, todo para hacer un prosélito a alguien para ellos, no para acercar a una persona a Dios, no para hacer a alguien espiritual, sino un prosélito, lo dice el Señor. No importa hasta dónde tenga que ir el fariseo o el líder religioso actual con tal de hacer un prosélito.

¿Qué es un prosélito? Dice el diccionario: prosélito: incondicional. Seguidor. Partidario. Secuaz. Eso es un prosélito, lo puedes checar en el diccionario, en un diccionario normal. Un prosélito por lo tanto, es alguien a quien tú le expresas algo, a quien tú influyes de alguna manera para que te siga. Para convencerlo de tus enseñanzas, para hacerlo tu seguidor, tu partidario o partidario de tu doctrina, de tu partido, de tu religión.

Y la que me llama mucho la atención es cuando menciona el diccionario: Secuaz. Es decir, un cómplice. Un prosélito también es, de acuerdo al diccionario, un secuaz, que secuaz es también un cómplice. Entonces hay gente de acuerdo a lo que está diciendo nuestro Señor Jesucristo, líderes fariseos que estaban buscando; se oye bonito cuando dices “seguidor”, se oye bonito cuando dices “partidario”. Partidario del fariseísmo, pero cuando le pones el otro sinónimo y dices: quieren hacer un cómplice, un secuaz, entonces ya las cosas toman otra dimensión.

Y podemos ver porqué nuestro Señor Jesucristo estaba tan molesto, estaban impidiendo los líderes religiosos que el pueblo judío entrara al reino de los cielos, estaban impidiendo que ellos buscaran a Dios, y los jalaban hacia el fariseísmo. Antes de continuar quiero hacer énfasis a lo que se refiere nuestro Señor Jesucristo para que quede muy claro cuando dice: a uno de estos pequeñitos.  Y vamos a traerlo a la actualidad.

En toda iglesia local, en toda congregación existen creyentes que tienen poco tiempo de estar en el Señor, que apenas algunos están llegando al conocimiento de Dios. Hay otros que a pesar del tiempo que llevan no están muy firmes en la Palabra, no están muy firmes en la fe. Y tal vez por su falta de conocimiento de discernimiento se dejan influenciar por otras personas, y muchas ocasiones por otros creyentes que están a su alrededor en la misma congregación o que están en otras congregaciones.

Jesucristo dice que éstos son pequeñitos, y a estos que nuestro Señor Jesús les llama pequeñitos, el apóstol Pablo les llama “débiles”, son débiles en la fe. 

1 Corintios 8:9 Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles.

Observa cómo el apóstol Pablo le está hablando a un grupo específico de personas que sienten que ya tienen un gran conocimiento del Señor, que ellos se mueven en una gran libertad y que ellos hacen y tornan y que no hay ningún problema, y que todo lo que ellos hacen desde su punto de vista todo está bien, y ellos viven según esto en una gran libertad. No sujetándose a lo que Dios establece. Yendo de un lado para otro. Ah, como yo soy libre ahora voy allá. Y como soy libre ahora voy para allá. Y como soy libre ahora voy a la iglesia de allá. Y aquí es mi iglesia pero no importa ahora voy a visitar a la iglesia de allá.
Y el Señor les dice: hey, hey, cuidado. Cuidado porque tu libertad, esto que tú le estás llamando libertad porque la tienes, puede ser un tropezadero. Puede hacer tropezar a los débiles. Porque a tu alrededor hay gente débil en la fe que no va a entender tu madurez, por llamarlo de algún modo, y los va a hacer tropezar en su fe, les va a hacer caer, no van a estar firmes.

Versículo 10 Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un lugar de ídolos, la conciencia de aquel que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos?

Es decir, cuando una persona que tiene tiempo en la iglesia, que tiene tiempo en el Señor hace cosas que tú ves y tú te cuestionas y dices: bueno, ¿y por qué esa persona que tiene ya más de 10 años en la iglesia, que tiene más de cinco años o que tiene 15 años, o que es líder, hace esto, por qué, por qué lo hace y yo no? ¿Entonces sí está correcto, sí lo puedo hacer? Y entonces tú entras en un conflicto o la gente entra en un conflicto cuando te ve hacer cosas diferentes a lo que debe ser. Y entonces como tienes tiempo, entonces la gente su conclusión es una muy sencilla: ah no hay problema está permitido, está bien. Ellos saben más que yo, entonces les voy a hacer caso.

Versículo 11 Y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió.

Es decir, esa persona que tiene mucho tiempo, que dice que sabe mucho y que ejerce la libertad y que no hay ningún problema que pueden hacer lo que sea y aun cosas que no están establecidas en la Palabra, o violentar la Palabra, los Mandamientos del Señor, entonces, bueno pues esto es muy sencillo, va a traer un conflicto a una persona que está a tu alrededor que es débil en la fe, o que ya se está congregando o que todavía no se congrega. ¿Por qué? Porque toda la gente que está a tu alrededor te está mirando con lupa desde que tu llegaste al Señor.

Cuando tú te convertiste al Señor, la gente que está a tu alrededor, familiares y amigos empezaron a observarte, empezaron a ver tu comportamiento, empezaron a ver qué hacías y cómo lo hacías. Y se empezaron a dar cuenta que había cosas que ya habías dejado de hacer que antes hacías y que ahora ya no haces. Empezaron a ver que tú eras diferente, que te empezaste a arreglar los domingos para ir ala iglesia, que empezaste a cargar un libro en tu mano, empezaste a hacer cosas diferentes.

Empezaste a despreciar las fiestas mundanas, ya no te vieron con el cigarro en la mano, ya no te vieron llegar borracho, y entonces la gente te ve, te observa, y empieza a ver que eres diferente. Pero cuando tú vuelves a hacer lo mismo, algún detalle de lo que tú hacías, entonces la gente dice: mmm, no, ya me estaba yo convenciendo de ir a la iglesia cristiana, pero ya no voy a ir porque son unos hipócritas, todos. ¿Por qué? Porque te vieron hacer algo que antes hacías. 

Y una gente débil en la fe no va a entenderlo, y entonces va a decir: no, es un hipócrita, volvió a comer ahí. Y te va a volver a calificar y te va a volver encuadrar en una misma situación. Cuidado esto es grave. Y dice el apóstol Pablo: cuidado porque hay gente que se pierde por lo que tú haces. Debemos caminar con mucho cuidado, con mucho temor de Dios. ¿Por qué? Porque dice el apóstol Pablo: porque el débil por quien Cristo murió por él, y tiene salvación y tú lo estás llevando a perdición, lo que hacían los fariseos. De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis.

Hiriendo su débil conciencia; no hay una conciencia firme, fuerte de Jesucristo. No hay una conciencia firme en la fe, está una conciencia débil, que a penas empieza a formarse, que va creciendo poco a poco. Y esa débil conciencia te ve o te escucha y se puede perder. Y entonces estás ocasionando que esa persona peque contra Cristo. Y quien lo está llevando a ese punto está pecando no contra la persona, sino contra Cristo. Cuidado.

Debemos tener mucho cuidado, por eso nuestro Señor Jesucristo se detuvo con los discípulos en un momento y les dijo: a ver vamos a analizar esto, vamos a mirar. Claro que hay tropiezos y la gente va a poner tropiezos, y habrá tropiezos para los débiles, para los débiles en la fe, habrá tropiezos para los pequeñitos, pero no sean ustedes los que los ponen porque es bastante grave, tengan cuidado.

Nosotros debemos tener cuidado de lo que estamos haciendo. No podemos enseñar lo que no es de Cristo Jesús. Nosotros no podemos enseñar lo que no dice la Palabra. Nosotros no podemos enseñar algo que no sea la Biblia. Y como un paréntesis vamos a mirar algo que todos saben.

Mateo 28:19-20a  Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado.

¿Qué le debe interesar a todo cristiano? Lo que dice la Escritura. A mí no me interesa todo lo que dice la gente en relación a los brasileños, no me importa. Ah, es que los brasileños son o que no son. Allá ellos; Dios a mí me llamó para evangelizar, para dar a conocer las buenas nuevas de salvación. Dios te llamó con dos propósitos a ti. Primero: para que tengas salvación. Para que vivas por la eternidad con Dios. Segundo: para que tú des a conocer las buenas nuevas de salvación, no hay más.

Y nosotros nos tenemos que asegurar que no estamos poniendo tropiezo a los pequeñitos, a los débiles, a los que tienen conciencia débil, nos debemos asegurar de ello. Tú tienes que revisar qué conocimiento tienes de la Palabra. Tienes que revisar cómo te encuentras, ¿por qué? Para que no caigas en un error, para que lo que tú enseñes sea la sana doctrina. Esto es lo que quiere el Señor, no hay más.

Hay cristianos que pretenden, y en cantidad de ocasiones lo logran, hacer de los débiles de la fe o de los pequeñitos del Señor, sus prosélitos. ¡Cuidado! Nosotros no estamos llamados a hacer incondicionales nuestros, no. No estamos llamados a hacer seguidores nuestros, no. Nosotros estamos llamados a hacer seguidores de Jesús, no hay más. Yo tengo que hacer un seguidor de Jesús. Yo no puedo hacer un seguidor mío o un seguir de una persona que yo admire, ¡no! estoy cayendo en un error, la Biblia me lo establece y estoy haciendo algo grave. Estoy poniendo tropiezo en los pequeños, en los de conciencia débil y no lo puedo hacer, no lo debo hacer.

Esto a mí me condena y condena a la persona a la que le estoy hablando. Por lo tanto, yo tengo que enseñar lo que dice la Palabra del Señor. Yo no puedo hacer seguidores míos. Yo no pudo hacer incondicionales míos. Yo no puedo hacer partidarios míos, es más, no puedo hacer secuaces míos, no lo podemos hacer. Lo dice la Palabra: no hagas prosélitos dijo Jesús. ¿Por qué? Porque están perdidos. Quien está haciendo proselitismo ya está en el infierno, lo dijo Jesús, cuidado.

Si nosotros hacemos proselitismo no estamos ya ubicados en donde debemos, y estamos haciendo de esos prosélitos gente que se vaya al infierno, cuidado no lo hagamos. Por nuestra propia salud espiritual no hagamos cosas que no están de acuerdo con la Palabra.  Para hacerlo es preferible decirle a una persona: ¿sabes? Átame a mi cuello una piedra de molino, y aviéntame al mar. Cada vez que tú vayas a hacer, no a compartir el Evangelio, a hacer un prosélito o en otras palabras, cada vez que tú pretendas o pase por tu mente, o el demonio quiera utilizarte para hacer chismes, juicios o críticas, piensa en esa piedra que te pueden atar al cuello para aventarte al mar. Cuidado, no lo hagamos, la Palabra lo establece.

Una persona que enseña, una persona que comparte, que predica, que da testimonio tiene una gran responsabilidad. Tiene una responsabilidad muy seria, debemos tener mucho cuidado en lo que decimos, en lo que enseñamos, en lo que mostramos a la gente, muchísimo cuidado, ¿por qué? Porque podemos desviar a la gente. Podemos hacer que una persona venga a la iglesia no para que le dé honra y gloria a Dios. Ah mira, vamos a la iglesia, vas a ver la alabanza, toca muy bonito, te vas a sentir a gusto. ¡Perdón, no es el propósito, no lo es!

El apóstol Santiago hace un llamado muy enérgico precisamente para que nosotros no enseñemos de una manera inadecuada, sino para que lo hagamos de acuerdo a la voluntad de Dios, para no hacer caer a una persona en una situación difícil porque seremos nosotros castigados.

Un cristiano siempre debe estar metido en la Palabra de Dios. No podemos estar enseñando algo que no es la Palabra. No podemos andar en el chisme, por eso el apóstol Santiago dice: ten cuidado con lo que enseñas. Ten cuidado con lo que hablas. ¿Qué estás hablándole a los demás? Tú no sabes cuanta fe tenga la persona a la que le estás hablando, a la que le estás diciendo algo. Tú no sabes si la persona que está junto a ti, es más, si tu propio familiar tiene todavía una conciencia débil, si todavía es un pequeñito, no lo sabes. Y si tú le hablas algo inadecuado lo puedes hacer tropezar.

Yo he visto cantidad de ocasiones a hermanos que han hecho comentarios de la iglesia ahí en sus familias, y uno que empezaba a acercarse a la iglesia se cae por el comentario fuera de lugar. Yo he escuchado, incluso una ocasión fuimos mi esposa y yo a comer con unos hermanos que nos invitaron a su casa. El matrimonio tenía aproximadamente unos once hijos, los hijos de él, los hijos de ella y los hijos de los dos; un familión. Él, servidor de la iglesia en la que se congregaba.

Empezamos a platicar, esto fue en otro Estado de la República; estábamos platicando durante la comida y él nos dijo que la iglesia en la que estaba pues no estaba bien, que el que enseñaba, el que daba los cursos no tenía capacidad. Que él sí tenía capacidad para enseñar y que el que estaba enseñando no tenía. Que las cosas, que el líder de alabanza pues no estaba muy ungido que deberían cambiarlo, etc., etc., etc. Se la pasó hablando muchas cosas.

Ya casi al terminar la comida él nos dijo: yo estoy preocupado porque mis hijos no se afirman en la iglesia. Y entonces le dijimos: perdón, cómo quieres que se afirmen tus hijos en la iglesia si lo que están oyendo aquí de sus papás es pura basura de la iglesia.  El pastor es un bueno para nada.  El líder de enseñanza no sabe. El líder de alabanza no tiene idea de cómo tocar. El que recibe a los hermanos en la puerta está mal encarado. A ti solamente te hablan cuando necesitan dinero.  Perdón, si yo fuera tu hijo y te oyera, yo no voy a tu iglesia, así de fácil.

Y muchas ocasiones me dicen: Hermano ¿por qué mi hijo no quiere ir a la iglesia? Pues por todo lo que oye que tú le dices, por todo lo que tú comentas. Porque no sabes quién en un momento determinado es un débil en la fe, quién tiene una conciencia débil todavía y lo haces tropezar, lo haces caer. Y la gente no se acerca al Señor no por causa del Señor, no se acerca por causa nuestra por lo que nosotros hablamos, por lo que nosotros testificamos y lo que damos por ejemplo. Por eso el apóstol Santiago dice: ten cuidado lo que enseñas. ¿Por qué? Porque te puedes condenar si tú haces caer a alguien. Debemos tener mucho cuidado.

Dios a través del profeta Malaquías habla con mucha dureza también a aquellos que han hecho tropezar a los pequeñitos, a los de conciencia débil.

Malaquías 2:7-8 Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos. 8Mas vosotros os habéis apartado del camino; habéis hecho tropezar a muchos en la ley; habéis corrompido el pacto de Leví, dice Jehová de los ejércitos.

Romanos 14:12 De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.

Cuidado, es algo personal. Nadie te va a apoyar, nadie te va a ayudar. En aquel día tú estarás delante de Dios y tú darás cuenta de ti mismo. Darás cuenta de lo que tú has hecho. No de lo que ha hecho otra persona, sino de lo que tú has hecho. Y esto es delicado.

Versículo 13  Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano.

Ya no juzgues, fíjate hacia dónde va el apóstol. Vas a dar cuenta de ti, o sea que ya no juzgues, a Dios no le gusta, cuidado. Y te pone de esos letreros luminosos que prenden y apagan ¿no? ¡Alerta ¡Peligro! ¡Cuidado! ¡No juzgues! Mira, no estén juzgando más los unos a los otros, no se juzguen. Ya vivan como hermanos. Decide mejor, en lugar de juzgar, en lugar de criticar, de chismear, decide no poner tropiezo a los demás. No pongas tropiezo a los hermanos. No pongas tropiezo a la gente. No ocasiones que la gente caiga por tu culpa, al contrario, se un instrumento de Dios que extienda la mano y dé bendición a la gente que está a tu alrededor y le levantes.

Imagínate que hermoso será ese día en el cual tú estés delante del Señor dando cuenta y te diga: ¿Qué has hecho? Señor, yo levanté a los hermanos, yo apoyé, yo hice, yo fui un instrumento tuyo para traer a la gente a tu conocimiento, para traer a la gente a la verdad, a lo que dice tu Palabra. Enseñé la Palabra conforme y tú lo estableces, siempre enseñé la sana doctrina. Y que te diga el Señor: Es cierto, aquí estás. Sí, adelante, pasa a la gloria de tu Señor.

Y no que digas: no pues por mis actitudes, por mi ejemplo pues hubo vecinos que no quisieron aceptar a Cristo Jesús. Hubo vecinos que ya finalmente los convencí, familiares que ya iban a la iglesia y como yo no cambiaba en la casa, pues mis familiares, mis hijos, se apartaron del camino. Pues hubo un hermano que yo le hice un comentario y desde que le comenté algo que yo vi ya no volvió a la iglesia. Cuidado, enseñemos lo que tenemos que enseñar: la Palabra de Dios.

1 Juan 2:10 El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo.

Si nosotros le damos vuelta al versículo, en periodismo decimos: si lo refriteamos, es decir, si le damos así como varias vueltas, vamos a encontrar algo muy interesante. El que verdaderamente está en Dios, el que tiene comunión con el Señor, es decir, el que permanece en la luz, ama a su hermano en la fe, lo ama, siente el amor de Dios por él, y por lo tanto no le hace tropezar al contrario.

Hermano, vive en comunión con Dios, vive en esa perfecta relación a través de la cual el Señor ponga en tu corazón un profundo amor por el hermano. ¿Se puede? ¡Claro! ¿Hasta por Miguel? Sí, hasta por él. ¿Lo podemos amar? Sí. Porque esa comunión que tienes con Dios pone en ti amor. Y ese amor que tú sientes de Dios y que tú tienes por Dios se extiende a los que están a tu alrededor, les ministras de tu amor y por lo tanto al amarles no vas a hacerles tropezar.

Cuando amamos a una persona lo menos que queremos es que a esa persona le vaya mal o que esa persona se tropiece, se caiga. No queremos ni que se enferme, no queremos que tenga problemas, no queremos que tenga angustias, no queremos que le pase nada a la gente que amamos, y nos cuidamos de lo que le decimos. Así tiene que ser con los hermanos en la fe. Todos los que tenemos hijos sabemos, cuando tenemos a nuestro primer hijo cómo sufrimos cuando algo les pasas.

Cuando vemos al bebé que tiene su carita triste, ¿qué le pasará, qué tendrá? Está triste ve su carita. ¿Qué tiene? Pues no habla, nada más se queja, llora o está angustiado y empieza el bebé a llorar, no sabemos qué tiene. Corremos con el doctor y él ya lo revisa y nosotros nos angustiamos y si vemos que hay que ponerle alguna inyección, quisiéramos que esa inyección fuera para nuestra esposa. O sea, amamos a nuestro bebé, no queremos que les pase nada. Si pudiéramos llevábamos a nuestros hijos hasta su trabajo. Haríamos lo que fuera y hacemos lo que sea, ¿por qué? Porque les amamos.

Ese amor es el que Dios quiere que nosotros tengamos para nuestros hermanos en la fe. Ese amor a través del cual nosotros protejamos a nuestros hermanos. No seamos una ocasión de caer, no seamos una pierda de tropiezo. Tengamos cuidado con lo que hablamos, con lo que testificamos, con lo que hacemos, cuidado, no seas piedra de tropiezo.

Fuente: http://www.levantare.org/