Y POR LAS QUE ORO PARA QUE ALGÚN DÍA DESAPAREZCAN…‼️‼️‼️
La teatralización de lo sagrado, la manipulación emocional, el analfabetismo bíblico y la fabricación de experiencias espirituales.
“Cuando la “unción” necesita ser fabricada para parecer divina, ya no estamos ante el poder del Espíritu, sino ante la teatralización humana de lo sagrado. El Espíritu Santo no se manufactura: se manifiesta; no glorifica al espectáculo: glorifica a Cristo.”
“El mayor enemigo de una auténtica experiencia del Espíritu Santo no siempre es el incrédulo que niega sus manifestaciones; algunas veces es el religioso que las falsifica. Porque cuando llamamos “unción” a la sugestión, “profecía” a la imaginación, “poder” al espectáculo, “revelación” a nuestra ocurrencia y “Espíritu Santo” a nuestras manipulaciones, no estamos defendiendo lo sobrenatural: estamos desacreditándolo. El Espíritu de Dios no necesita teatro para demostrar que es Dios.”
“Cuando para engrandecer al líder hay que empequeñecer a Cristo, eso ya no es unción: es idolatría religiosa. El Espíritu Santo glorifica a Cristo; el espectáculo religioso glorifica al hombre. Y esa diferencia lo cambia todo.”Textos: Juan 16:13–14; 1 Corintios 2:1–5; 12:3; 14:26–33, 40; 2 Corintios 4:5; 1 Tesalonicenses 5:19–21; 1 Juan 4:1.
“La amenaza más peligrosa contra lo sobrenatural no es el incrédulo que lo niega, sino el religioso que lo falsifica. Porque cuando la sugestión se disfraza de “unción”, la imaginación de “profecía”, el espectáculo de “poder”, la ocurrencia de “revelación” y la manipulación de “Espíritu Santo”, ya no estamos exaltando la presencia de Dios: estamos sustituyéndola por una fabricación humana. Y toda espiritualidad que necesita manipular emociones, fabricar manifestaciones o convertir al líder en objeto de veneración termina revelando precisamente aquello que pretendía ocultar: donde Cristo deja de ser el centro y el hombre ocupa su lugar, podrá quedar religión, espectáculo y multitud, pero se ha perdido la esencia del Evangelio. La verdad no necesita ídolos humanos para sostenerse, y el Espíritu Santo no necesita teatro para demostrar que es Dios.”
FRAUDE ESPIRITUAL Y FRAUDE RELIGIOSO DISFRAZADO DE “PODER, UNCIÓN Y GLORIA”:
“El fraude religioso comienza cuando el hombre fabrica aquello que después atribuye a Dios. La Iglesia no necesita producir artificialmente evidencias de que el Espíritu Santo está presente: necesita vivir de tal manera que su fruto haga innecesaria la falsificación. Porque la unción que depende del espectáculo termina cuando se apagan las luces; pero la obra auténtica del Espíritu permanece cuando ya no queda escenario, micrófono, música, cámara ni multitud. Allí se revela la diferencia definitiva entre una experiencia fabricada y una vida verdaderamente transformada: el espectáculo necesita espectadores; el fruto del Espíritu necesita carácter.”
CUANDO DEFENDER LO ESPIRITUAL EXIGE DENUNCIAR SU CARICATURA.
No todo lo que ocurre dentro de una iglesia procede necesariamente del Espíritu Santo. No todo estremecimiento es unción; no toda caída es poder; no todo grito es autoridad; no toda visión es revelación; no todo sueño es profecía; no toda emoción constituye una experiencia sobrenatural; y, sobre todo, no todo lo que se atribuye a Dios tiene realmente a Dios como autor.
Precisamente porque creo en la realidad y soberanía del Espíritu Santo, rechazo su trivialización. porque creo en los dones espirituales, me opongo a su falsificación. porque creo que Dios puede obrar sobrenaturalmente, considero irresponsable llamar «sobrenatural» a todo fenómeno psicológico, emocional, sugestivo, escénico o cultural que acontece dentro de un culto.
El Nuevo Testamento jamás presenta la espiritualidad cristiana como enemiga del discernimiento. Pablo ordena: «Examinadlo todo; retened lo bueno» 1 Tes 5:21. Juan advierte: «No creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus» 1 Juan 4:1. Y Pablo, precisamente en el contexto de los fenómenos carismáticos, establece un principio que demasiadas veces olvidamos: «Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas» 1 Corintios 14:32.
Por consiguiente, examinar una manifestación no constituye incredulidad; es obediencia apostólica.
Desde esa convicción presento algunas prácticas que no soporto y por cuya desaparición de nuestras iglesias continuo orando.
LA «SOPLADERA» DE MICRÓFONOS Y LA FABRICACIÓN DEL ESPECTÁCULO ESPIRITUAL.
No soporto la práctica de soplar violentamente sobre el micrófono, acompañada de gesticulaciones calculadas, gritos, movimientos corporales y dramatizaciones cuyo objetivo aparente es producir en la congregación la impresión de que una fuerza sobrenatural acaba de ser liberada.
El problema no es meramente estético. Es teológico, psicológico y pastoral.Cuando una determinada técnica escénica se utiliza reiteradamente para provocar una respuesta predecible del público, debemos preguntarnos si estamos contemplando espontaneidad carismática o condicionamiento colectivo.
A esto se añaden los testimonios tipo «paquetero, bulto, fronte y aguaje»: narraciones progresivamente magnificadas mediante exageraciones, hipérboles, adornos, datos imposibles de verificar y, en casos extremos, afirmaciones manifiestamente falsas, todo con el propósito de impresionar al auditorio.
El testimonio cristiano no necesita ser espectacular para ser verdadero. Cuando la verdad parece demasiado sencilla y sentimos la necesidad de exagerarla para hacerla impresionante, hemos comenzado a sustituir el testimonio por propaganda religiosa.
LA TEATRALIZACIÓN CORPORAL DE LA SUPUESTA “UNCIÓN”.
También me resulta incomprensible aquella peculiar manera de tomar el micrófono, hacer un «buche», abrir exageradamente la boca y adoptar una expresión semejante a la de alguien que tuviera una «papa caliente y ardiente» quemándole simultáneamente la lengua, el paladar y la garganta.
Nada de esto demuestra, por sí mismo, presencia divina. El volumen de la voz no constituye una unidad de medida pneumatológica.
La intensidad gestual tampoco. La autoridad espiritual no se mide en decibeles.
Jesús podía levantar la voz, pero también podía enseñar sentado. Pablo podía exhortar apasionadamente, pero también argumentaba, razonaba y persuadía. El Espíritu Santo puede conmover profundamente a una persona sin convertir necesariamente esa experiencia en una representación teatral. Una espiritualidad que necesita determinada coreografía para parecer espiritual corre el peligro de confundir el lenguaje cultural del pentecostalismo con la acción soberana del Espíritu Santo.
EL “PROFETA INTERNACIONAL” PAGADO PARA VENIR A IMPRESIONAR A LA CONGREGACIÓN.
No comprendo que una iglesia pague honorarios, boletos aéreos, hotel, alimentación, transportación y demás gastos para traer a un supuesto ministro extraordinariamente «ungido», solamente para verlo gritar, saturar de saliva el micrófono y presentar como revelación divina una colección de imágenes apocalípticas imposibles de verificar.
Entonces comienzan las declaraciones: «¡Veo querubines y serafines alrededor del altar!» «¡Hay ángeles con espadas desenvainadas!» «¡Veo arcángeles volando de un extremo al otro del santuario!» La pregunta teológica no debe ser inmediatamente: «¿Qué significa?», sino primero: ¿Cómo sabemos que realmente lo vio?
La Biblia conoce visiones auténticas. Precisamente por eso también establece criterios para discernir las pretensiones proféticas.
Otros supuestamente contemplan: «¡Una serpiente gigantesca está retorciéndose debajo del altar!» O describen excrementos, podredumbre, gusanos, sustancias oscuras y toda clase de imágenes repugnantes como representaciones de supuestas realidades demoníacas.
La imaginación religiosa es extraordinariamente fértil. Pero una imagen mental intensa no se convierte automáticamente en revelación divina simplemente porque haya ocurrido dentro de una iglesia.
Aparece entonces una de las declaraciones pastoralmente más irresponsables: «¡Veo un ángel negro de muerte detrás de alguien!» «¡Tiene sus alas abiertas sobre esa persona!» Una afirmación semejante puede producir terror, ansiedad y sugestión religiosa profunda en una persona vulnerable. Quien pronuncia palabras de semejante gravedad debe recordar que atribuir una declaración a Dios no disminuye nuestra responsabilidad; la aumenta.
Esta constituye una de las fórmulas más comercializadas de la profecía contemporánea: «¡En las próximas 24 horas recibirás una llamada!» «¡Antes de mañana ocurrirá algo extraordinario!» «¡Viene una transferencia!» «¡Alguien te va a entregar una llave!» «¡Prepárate para una sorpresa financiera!»
El problema epistemológico es evidente: cuando no ocurre absolutamente nada, raramente existe rendición de cuentas. La profecía incumplida desaparece silenciosamente del archivo colectivo mientras una nueva profecía ocupa su lugar.
Y entonces alguien grita: «¡SE METIÓ JEHOVÁ!» Mi pregunta continúa siendo inevitable: ¿Y dónde estaba Jehová antes de «meterse»? La expresión puede entenderse coloquialmente como una manera de describir una experiencia intensa de la presencia divina. Sin embargo, convertida en fórmula teológica resulta problemática.
El Dios bíblico no necesita esperar afuera hasta que el pianista encuentre el acorde correcto, el baterista aumente la intensidad y el predicador alcance determinado volumen para finalmente entrar al santuario.
“¡ALGO GRANDE, PODEROSO Y TERRIBLE VA A SUCEDER AQUÍ HOY!”.
¿Exactamente qué? ¿Quién lo reveló? ¿Cómo será verificado? ¿Y qué ocurrirá si termina el culto y no sucede absolutamente nada extraordinario? Las afirmaciones extraordinarias pronunciadas en nombre de Dios exigen un nivel extraordinario de responsabilidad espiritual.
«DIOS ME CAMBIÓ EL MENSAJE» No niego que un predicador pueda modificar legítimamente lo que había preparado debido a circunstancias pastorales imprevistas o a una profunda convicción espiritual. Lo cuestionable es convertir: «Dios me cambió el mensaje» en un mecanismo retórico mediante el cual cualquier improvisación queda automáticamente revestida de autoridad divina.
Existe una diferencia enorme entre decir: «Considero que debo abordar otro asunto» y declarar:
«DIOS ME DIJO AHORA MISMO QUE CAMBIARA EL MENSAJE».La segunda afirmación coloca a Dios como garante de nuestra declaración. Por eso exige muchísimo mayor responsabilidad.
LA COREOGRAFÍA DE LA CAÍDA Y comienza el operativo «¡UJIERES, ATENTOS!» «¡DIÁCONOS, PENDIENTES AHÍ!» «¡CUIDADO QUE SE CAE!» «¡NO LO AGARREN!» «¡DIJE QUE NO LO AGARREN!» «¡CAMARÓGRAFO, ENFOQUE AQUÍ!»
Y entonces surge una pregunta inevitable: Si la manifestación es completamente espontánea y soberana, ¿por qué en ocasiones parece existir una producción escénica perfectamente anticipada alrededor de ella? Cuando hasta la cámara sabe anticipadamente dónde ocurrirá «lo sobrenatural», tenemos derecho a ejercer discernimiento.
EL FAMOSO «TUMBAÍTO» Tenemos también el célebre «tumbaíto»: fingido, desgonzao, deguavinao, detelengao y derrengao.
Aclaro algo fundamental: no afirmo que toda persona que cae durante una experiencia religiosa esté fingiendo.Una persona puede experimentar respuestas psicofisiológicas reales asociadas con emoción intensa, sugestión, expectativa, agotamiento, hiperventilación, presión social, experiencias disociativas u otros factores. Tampoco establezco a priori límites sobre lo que Dios pueda hacer.
Mi crítica se dirige a otra cosa:
convertir la caída corporal en certificado de autenticidad espiritual. El Nuevo Testamento jamás establece: más caídas = más Espíritu Santo. Por el contrario, entre las expresiones del fruto del Espíritu aparece el dominio propio —ἐγκράτεια (enkráteia)— en Gálatas 5:23. La espiritualidad neotestamentaria no consiste en perder necesariamente el control, sino en vivir progresivamente bajo el gobierno del Espíritu.
LA FALSA «UNCIÓN» DE LA EMPUJADERA.
Esta práctica merece especial atención. Una mano sobre la frente. Otra sobre el pecho. Presión progresiva. La persona comienza a perder el equilibrio. El ministro continúa empujando. Finalmente cae.Y entonces alguien proclama: «¡EL PODER DE DIOS!» No necesariamente. También existe una explicación biomecánica extraordinariamente sencilla: usted empujó a la persona.
Si alguien tiene los ojos cerrados, está emocionalmente predispuesto, se encuentra rodeado por personas que esperan su caída y además recibe presión física sobre la frente o el torso, no necesitamos postular inmediatamente una intervención sobrenatural para explicar que pierda el equilibrio.
A eso, en nuestro vocabulario popular, podríamos llamarlo: A.P.T. — «A PURO TABLAZO».
El Espíritu Santo no necesita asistencia mecánica para demostrar que tiene poder. Si para que alguien «caiga bajo el poder» tengo que empujarlo, quizá lo que estoy demostrando no es el poder del Espíritu, sino el poder de mi brazo.
OCHO IGLESIAS EN LA MISMA ACERA, TODAS POSEEDORAS EXCLUSIVAS DE «LA SANA DOCTRINA».
Este fenómeno merece investigación sociológica. Ocho congregaciones hispanas pentecostales prácticamente en el mismo bloque. Todas diferentes.Todas separadas.Todas convencidas de poseer:
«LA SANA DOCTRINA».Todas afirmando pertenecer a:«LA SENDA ANTIGUA».
Pero algunas no pueden celebrar actividades conjuntamente porque unas consideran mundano lo que las otras consideran permitido; unas aceptan determinados ministerios que otras condenan; unas poseen códigos de vestimenta que las demás rechazan; unas interpretan determinados dones de una manera y las otras de otra.
Y, para completar el panorama, aparecen ministros autonombrados, sin formación, sin supervisión, sin comunidad responsable que examine su vocación y sin estructuras de rendición de cuentas.
Sin embargo, aseguran: «DIOS ME LLAMÓ».O, dicho con nuestra ironía caribeña: «EL ÑAME… PERDÓN, EL ÑAMAMIENTO DE DIOS».El llamado ministerial merece demasiado respeto para convertirse en mecanismo de autolegitimación. El Nuevo Testamento conoce vocación divina, pero también reconocimiento comunitario, carácter, requisitos, imposición de manos, discernimiento y responsabilidad eclesial. Sentirse llamado no equivale automáticamente a estar cualificado.
EL ANTIINTELECTUALISMO: LEEMOS POCO, PERO OPINAMOS DE TODO.Esta quizá sea una de mis mayores preocupaciones. Con demasiada frecuencia somos una comunidad que lee insuficientemente la Biblia, estudia insuficientemente su historia, desconoce sus lenguas, ignora sus contextos socioculturales y apenas consulta investigación académica seria.
Pero paradójicamente: somos los que más sabemos.Somos expertos instantáneos en hebreo sin haber estudiado hebreo.Expertos en griego sin conocer el alfabeto griego.Expertos en escatología.Expertos en demonología.Expertos en guerra espiritual.Expertos en arqueología bíblica.Expertos en profecía.Expertos en geopolítica.Expertos en «lo que realmente significa» cada versículo.
Y cuando la evidencia contradice nuestras interpretaciones, simplemente respondemos:«A MÍ DIOS ME LO REVELÓ».Esta frase, utilizada irresponsablemente, puede convertirse en uno de los mecanismos epistemológicos más peligrosos de la religión.
Porque hace imposible la corrección. ¿Cómo debatir con alguien que ha convertido su opinión personal en revelación divina? El antiintelectualismo religioso no es espiritualidad profunda; muchas veces es ignorancia protegida mediante lenguaje espiritual.
LA INDUSTRIA DE LOS TESTIMONIOS, SUEÑOS Y PROFECÍAS «ZAKKAMANDUKKERAS».
Y finalmente tenemos una interminable producción de testimonios:extraños,extravagantes,exagerados,
fabricados,imposibles de verificar,teológicamente incoherentes y, algunas veces, manifiestamente falsos.Y casi siempre las profecías anuncian:destrucciones,terremotos,catástrofes,muertes,juicios,
accidentes,tragedias nacionales,conspiracionesy calamidades inminentes.Curiosamente, pocas veces escuchamos una «revelación» que diga:«Dios me mostró que debes reconciliarte con tu hermano».
«Dios me mostró que tienes que devolver el dinero que debes».«Dios me mostró que debes pedir perdón».«Dios me mostró que necesitas estudiar seriamente las Escrituras».«Dios me mostró que debes abandonar la mentira».«Dios me mostró que tienes que amar al prójimo».
Eso parece demasiado ordinario.Queremos dragones, ángeles, demonios, serpientes, fuego, terremotos y catástrofes.Sin embargo, el Nuevo Testamento insiste obstinadamente en cosas muchísimo menos espectaculares y muchísimo más difíciles:amor, verdad, santidad, justicia, misericordia, humildad, servicio, dominio propio y fidelidad.
CUANDO EL DISCERNIMIENTO SE CONVIERTE EN UN DEBER ESPIRITUAL
Al término de esta reflexión conviene establecer una distinción decisiva: la crítica a la falsificación de lo sobrenatural no constituye una negación de lo sobrenatural; constituye, precisamente, una defensa de su integridad. Cuanto más elevada sea la afirmación religiosa —«Dios habló», «el Espíritu reveló», «el Señor me mostró», «esto es profecía», «esto es un milagro»— mayor debe ser, y no menor, la responsabilidad teológica, ética y pastoral de quien la pronuncia.
La fe cristiana neotestamentaria nunca exigió la suspensión del discernimiento como condición de espiritualidad. Por el contrario, incorporó el examen dentro de la propia vida del Espíritu: «examinadlo todo; retened lo bueno» (1 Tesalonicenses 5:21); «probad los espíritus» (1 Juan 4:1); «los demás juzguen» (1 Corintios 14:29). Por ello, discernir no equivale a apagar al Espíritu; puede constituir precisamente una forma de obedecerle.
Por eso, ninguna iglesia debería construir una cultura en la cual preguntar sea considerado rebelión, examinar sea llamado incredulidad y solicitar evidencia sea interpretado como «apagar al Espíritu». Una comunidad donde las afirmaciones extraordinarias quedan inmunizadas contra toda evaluación corre el peligro de sustituir la autoridad de Dios por la incuestionabilidad del líder.
No deseo una Iglesia menos espiritual. Deseo una Iglesia tan profundamente espiritual que ya no necesite falsificar la espiritualidad.
Una vez me pasó algo que al principio me sorprendió… y luego me dio risa.
Caminaba por la calle vendiendo algunas cosas —como tantas veces— cuando vi que más adelante había un evento religioso en plena vía. Un grupo de personas cantaba, aplaudía, y al centro, un pastor hablaba sobre Dios con vehemencia. Me pareció un buen momento para descansar un poco y escuchar.
Me quedé allí, unos diez minutos quizás, sin hacer ruido, solo observando. Pero en ese rato me di cuenta de que alguien me miraba fijamente. Disimulé, pensando que solo era una impresión. Hasta que el pastor, en medio de su predicación, se me acercó. Me puso la mano en el hombro y me dijo con solemnidad: El Señor me ha pedido que hable contigo.Comenzó a temblar, a hacer gestos extraños, y a pronunciar unas frases incomprensibles, todas cargadas con una vibración que parecía girar en torno a una sola letra: la “rr”. Como si las palabras tuvieran fuerza pero no sentido. Yo solo escuchaba sonidos sueltos, como si un motor de auto se apagara en cámara lenta.
Entonces, vino el mensaje:
—Lo que te tengo que decir es fuerte… no puedo controlar lo que me llega. Dice que quiere que te acerques, que conoce tu camino, que quiere que vivas en Él...Y justo cuando empezaba a creer que tal vez había algo verdadero en sus palabras, soltó lo siguiente: Pero debes dejar ese camino de perdición… las drogas, el alcohol, esa vida bohemia con mujeres y prostitutas...
Ahí fue cuando entendí todo. Me sonreí. No fumo, no bebo, y los prostíbulos me dan más repulsión que morbo. Le respondí tranquilo: Creo que se equivocó de persona. Tal vez ese mensaje era para el que está al lado mío. Yo no vivo nada de eso que describes. Me miró incómodo. No supo qué decir.
Entonces lo entendí todo: no fue una revelación divina. Fue un juicio disfrazado. Me miró, me vio vendiendo cosas en la calle, y asumió lo peor. Me encasilló sin conocerme.
Lo que escuché no fue la voz de Dios, fue la voz de un prejuicio.
Y lo más irónico de todo: ese día aprendí que algunos que dicen hablar en nombre de Dios… no escuchan ni siquiera a las personas que tienen al frente.(Esta historia fue real)
Fuente: Pastores Elias e Hiddekkel Paulino
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