Este blog rinde honor y alabanza al Dios de nuestra salvación a Jesucristo el Señor.

viernes, 16 de diciembre de 2022

Los reyes magos ¡existieron o son un mito?

Las cinco grandes mentiras históricas sobre los reyes magos que te han hecho creer durante décadas

Las leyendas sobre Melchor, Gaspar y Baltasar son incontables. Se dice que eran tres, que uno de ellos era negro y que eran magos... ¿Cuáles son reales y cuáles no?

Quedan pocas (muy pocas) horas para que Melchor , Gaspar y Baltasar comiencen el largo viaje que les llevará por todas las casas españolas. Y no solo a repartir regalos, sino también ilusión y emoción entre los más pequeños. Todos sabemos que, esta noche, todo es posible. No obstante, en la actualidad son pocos los que saben dónde se separan tradición e historia en lo que respecta a Sus Majestades , los Reyes Magos . ¿Eran tres astrólogos persas que visitaron Belén? ¿Qué pasó con ellos después de que entregaran sus presentes?

El origen de la leyenda de Sus Majestades lo encontramos en la Biblia. Su artífice fue, para ser más exactos, Mateo . El Apóstol fue el único de los autores del libro sagrado que dejó constancia de la existencia de estos personajes en las crónicas. En sus textos afirma que, después de que Jesús naciera en Belén «vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle». No señalaba, por tanto, ni el número concreto de Sus Majestades, ni su raza.

Si el apóstol no hizo referencia al número exacto de Reyes Magos que llegaron a Belén... ¿Por qué la tradición dicen que son tres? El nacimiento de este mito se lo debemos al «Liber Pontificalis» (una recopilación fechada en el siglo IX de varias historias y leyendas relacionadas con la religión catolica). La cifra (basada en las creencias populares) fue oportuna y -presumiblemente- nació debido al número de regalos citados por el apóstol. Todo ello, sumado a la relación que tenía el número con la Santísima Trinidad. Así lo afirma el investigador histórico Omar López Mato en su obra «A su imagen y semejanza. La historia de Cristo a través del arte».

Por su parte, el historiador José Javier Azanza López ofrece (en su dossier «¡Ya vienen los Reyes! Historia, leyenda y arte en torno a los Magos de Oriente» ) una nueva visión del origen de la cifra. Según él, la cifra vendría del siglo III: «En cuanto a su número, si bien existen versiones que recogen entre dos y sesenta magos, en el siglo III el teólogo Orígenes indicó que los Reyes Magos eran tres, número que acabó por imponerse atendiendo a razones bíblicas, litúrgicas y simbólicas, y que fue confirmado por la Iglesia en el siglo V mediante una declaración del Papa León I el Magno en sus Sermones para la Epifanía».

Con todo, esta teoría es solo una de las muchas existentes. Así lo afirma Ariel Guiance (de la Universidad de Buenos Aires) en su dossier «La polémica antijudía en la Castilla Bajomedieval: la historia de los Reyes Magos». En palabras del experto, la tradición oriental habla de 12 magos, mientras que Occidente de 3: «Este número aparece en el Evangelio del Pseudo Mateo y en el Evangelio armenio de la infancia».

Se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar

Una controversia similar existe con el nombre de Sus Majestades. Estos se popularizaron el siglo IX también gracias al «Liber pontificalis». En dicha obra, se estableció que eran Melchor (« Melchior »), Baltazar (« Bithisarca ») y Gaspar (« Gathaspa »).

No obstante, Azanza afirma que ya habían sido nombrados de esta forma antes: «Los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar aparecieron por primera vez en el Evangelio Armenio de la Infancia del siglo IV ; pero no serán aceptados definitivamente hasta su inclusión en el “ Liber Pontificalis”, fechado a mediados del siglo IX».

Eran magos

Otras de las controversias que se han generado a lo largo de los años es la utilización de la palabra «magos» por parte de Mateo. Son muchos los expertos que consideran que este término tenía otras acepciones en la época. Uno de ellos es Joao Scognamiglio , autor de «Lo inédito sobre los evangelios» Este afirma en su obra que «el nombre magos no debe ser entendido con las connotaciones de nuestro tiempo, pues en aquella época significaba personas de cierto poderío y que se distinguían especialmente en los conocimientos científicos, sobre todo astronómicos».

El historiador de la religión cristiana James Dixon Douglas es de la misma opinión. señala que, en aquellos años, la palabra mago hacía referencia a una «casta religiosa entre los persas» con gran devoción por la astrología.

Las cinco grandes mentiras históricas sobre los reyes magos que te han hecho creer durante décadas

El término, no obstante, fue adquiriendo la connotación actual aproximadamente un siglo después, cuando empezó a aplicarse universalmente «a los adivinos y a los exponentes de cultos religiosos esotéricos». «Lo más probable es que fueran sacerdotes y astrólogos originarios de Babilonia o Persia , dado que ambos eran grandes centros astrológicos donde los magos eran una casta sacerdotal con mucha influencia», completa Azanza.

Con todo, y como sucede en todas las historias con siglos a sus espaldas, también existen algunos autores como Morton Smith que creen que realmente eran hechiceros.

Venían de Oriente y eran reyes

En todo caso, la primera es la más aceptada y, además, es una teoría que desvelaría otro de los grandes misterios: el enigmático origen de estos Reyes (pues serían persas ). Y es que, una de las primeras veces que se oye hablar de su procedencia es en siglo VII, cuando se dejó escrito en el «Evangelio armenio de la infancia» que Melchor reinaba sobre los persas, Baltasar sobre los indios, y Gaspar, sobre el país de los árabes.

Dixon es partidario también de esta idea: «No se sabe nada de su tierra natal, pero la teoría de que vinieron de Arabia Félix (Arabia del sur) es muy probable». De ser cierto los cabos estarían atados, pues en esa región se practicaba habitualmente la astrología.

Tampoco dice nada Mateo sobre que estos «magos» fueran reyes. ¿Por qué, entonces, la tradición les ha entregado la corona? El culpable de ello es Quinto Septimo Tertuliano . Este escritor romano -padre de la Iglesia allá por el siglo III- llegó a la conclusión de la nobleza de dichos personajes tras leer el Salmo 72 (incluido en uno de los libros sagrados). En él se explicaba lo siguiente: «Que los reyes de Sabá y Arabia le traigan presentes, que le rindan homenaje todos los reyes». Blanco y en botella para el religioso, quien (basándose en esta frase) empezó a denominar a estos personajes «Reyes».

La adoración de los Reyes Magos

Como la magia no era bien considerada por la religión, este apelativo hizo que nuestros protagonistas fueran bien aceptados. Por enésima vez, el ya archiconocido Santiago de la Vorágine logró popularizar esta idea en «La leyenda dorada». Concretamente, el autor dejó escrito que los magos «eran al mismo tiempo reyes y magos» y que, en su país de origen, solían subir a la cima de una montaña para observar los astros.

Baltasar era negro

Como última curiosidad relacionada con los Reyes Magos, cabe destacar que a Baltasar no se le representó como un rey de tez negra hasta el siglo XV. Antes, y tal y como señala Omar López Mato en su obra, fueron mostrados con aspecto occidental y considerados como los descendientes de Noé.

Sin embargo, a partir del siglo XV todo cambió. «Con la intención de simbolizar la universalidad del cristianismo , se diferenciaron e individualizaron; de esta manera, cada uno adquiere rasgos propios que los asocia con las tres edades de la vida y con las tres partes del mundo entonces conocidas: Europa , Asia y África . ¿En qué momento aparece el rey negro en el arte cristiano? Aunque pueden considerarse algunos antecedentes aislados, la Edad Media ignora esta referencia condicionada por el rechazo al color negro que pasaba por ser el del demonio y el infierno. La figura del rey negro sólo se volvió habitual a finales de la Edad Media, y se impone a lo largo del siglo XV, tanto por el gusto creciente por lo exótico, como por las razones simbólicas indicadas».

Fuente: https://www.abc.es/historia

lunes, 12 de diciembre de 2022

Los Judíos y la navidad

Por qué los Judios no celebran la navidad?

La navidad es una de las mayores celebraciones de la religión católica, se conmemora el nacimiento de Jesucristo, el hijo de Dios. Esto es debido a que existe la ferviente convicción de que el nacimiento de Cristo se produjo en la noche del 24 de Diciembre. No todas las personas siguen esta tradición ya que es una festividad netamente cristiana como es el caso de los Judios.

Los judios no creen que Jesucristo haya sido el hijo de Dios. Ellos creen que Jesús es simplemente un profeta más enviado por Dios, por lo cual siguen aguardando la venida del mesías. Paralelamente a la celebración de la navidad en el catolicismo, los judios celebran El Hanuka. El Hanuka no tiene ninguna relación con los acontecimientos de la biblia, sino a una serie de sucesos que ocurrieron tiempo después y que se encuentran registrados en Talmud (Texto central del Judaísmo).

El Halnuka celebra la consagración del templo judío en el año 165 a.c tras haber sido profanado por el monarca Antioco. Durante los 8 días que tomó la consagración del templo, permaneció encendida la manorá (Lampará de 7 brazos caracteristica en el judaismo). Esto se considera un milagro ya que solo había aceite para un día. Este milagro se le atribuye a Yahvé y es por eso que en el Hanuká se emplea el candelabro de nueve brazos. Uno por cada día que Yahvé hizo que el menorá permaneciera encendida.

El el primer día del Hanuka se lleva a cabo una cena con toda la familia, ocasión para intercambiar regalos. Entre las comidas que suelen preparar se destacan los pasteles de patata y buñuelos (Conocidos como Sufganiot). Como los judios no creen que Jesús es el hijo de Dios, no celebran navidad, si no que celebran una de sus fiestas tradicionales.

Fuente: https://medium.com/

miércoles, 16 de noviembre de 2022

Los abortos son sacrificios al diablo

Ex satanista “HICIMOS ABORTOS COMO PARTE DEL CULTO AL DIABLO”

Los nuevos movimientos satánicos están siendo catalogados como la nueva “religión” en Estados Unidos y gran parte de Europa. La difusión de videos en los noticieros que muestran el tráfico de órganos y tejidos de bebés abortados en las instalaciones de la organización Planned Parenthood, entre otras más, ha demostrado una vez más, la maldad inhumana, diabólica en un sentido analógico del término.

Motivado por tan grande atrocidad, el portal Lepanto Institute, entrevistó al exsatánico Zachary King, que fue un tipo de “sacerdote” de ritos malignos en varias empresas abortistas. El describe cómo se llevaban a cabo estos rituales dentro de las clínicas, mencionando que la Iglesia mundial de Satanás no es la única organización que realiza sacrificios en las clínicas abortistas.

Existen otras organizaciones de brujería, como la Wicca, que están realmente implicados en abortos realizados dentro de estas instalaciones. A veces, invitan a sacerdotes a realizar el ritual abortivo por el mismo director del centro, o por otro funcionario de alto cargo, o a veces el mismo médico es satánico. Al final del día, los grupos satánicos hacen una misa negra, alrededor de la medianoche, que dura alrededor de 2 o 3 horas.

En estos rituales, ofrecen a todos los niños que son abortados ese día a Satanás. No importa el motivo por el que las mujeres hayan optado por el aborto, todos los niños son sacrificados. En el ritual también lanzan hechizos para protegerlos de cualquier oración cristiana. Además, se paga una cantidad de dinero a las personas del mundo político, de las fuerzas del orden, para que protejan la información secreta.

“Muchos de los doctores y enfermeras en estas clínicas, son satanistas. Más de una vez tuvimos niños que sobrevivieron al aborto por las oraciones de personas que oraban afuera de las clínicas. Ahí entendí que no podemos dejar de orar. Satanás es como un cachorro con el collar: si no se acercan a él, no puede morder. Él tiene miedo de un verdadero cristiano que comprende su fe y sabe que se encuentra en una guerra espiritual. No se atreve a luchar contra alguien que tiene la armadura completa”, mencionó Zachary en la entrevista.

Hoy, Zachary ha abandonado las abominables prácticas que describe por su nueva creencia en Jesús. Actualmente es enemigo del aborto y viene denunciando a las distintas clinicas proaborto y el movimiento anti-vida. Impacto Evangelistico hace un llamado a la oración, manteniendo la alerta contra los ataques del infierno contra la iglesia.

Fuente: Facebook

viernes, 4 de noviembre de 2022

¿Es verdad que son pocos los que se salvan?

Lucas 13, 22-30 La gran respuesta de Jesús

En aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien le preguntó: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?” Jesús le respondió:

Esfuércense por entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán.Cuando el dueño de la casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’ Pero él les responderá: ‘No sé quiénes son ustedes’.

Entonces le dirán con insistencia: ‘Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas’. Pero él replicará: ‘Yo les aseguro que no sé quiénes son ustedes. Apártense de mí, todos ustedes los que hacen el mal’. Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados fuera. Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios. Pues los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos”. Palabra del Señor.

La pregunta que se le plantea a Jesús es tan antigua como nueva; querer saber si son muchos o pocos los que se salvan más que una curiosidad, busca afirmar un estilo de vida; unos defienden que son pocos y promueven un rigorismo inhumano en la relación con Dios y un estilo de vida rígido y desabrido, concentrado en la perfección personal, con un trato con Dios aparentemente reverencial pero que más bien es lejano y un trato prejuicioso con el prójimo, al que se ve como un pecador y un potencial peligro para la propia salvación; otros dicen que son muchos los que se salvan para justificar una vida disipada, permisiva, centrada en la satisfacción personal, ciega y sorda a la voz de Dios y a las necesidades de los hermanos.

El mensaje de nuestro texto es tan sencillo como exigente: no basta ser hijo de Abraham para salvarse, es necesario acoger el mensaje del Reino y convertirse. La conversión no es algo teórico que se acepta con la cabeza sin repecutir en el comportamiento diario. La conversión es una decisión que trastoca los criterios que orientan nuestra vida, pide una conducta nueva y un modo nuevo de relacionarnos con Dios, con la personas, con las cosas y con la creación entera

Como hemos visto hasta ahora, en el camino, diferentes personajes plantean a Jesús preguntas y requerimientos a los que no vacila en contestar, en ningún caso deja de responder, su mensaje es siempre coherente y no se detiene si lo que tiene que decir resulta incómodo. No quiere engañar a nadie con falsas ilusiones

Un desconocido le plantea una de las preguntas más debatidas en la época: «Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan

Jesús aprovecha la idea central de la pregunta y lleva a sus oyentes a situarse en un nivel de comprensión más profundo. No da cifras ni aproximaciones, a lo más dice un «muchos tratarán de entrar y no podrán», pero no como una sentencia definitiva sino como una advertencia para estar pendientes y que esto no suceda. Jesús se distancia del mundo de especulación y se concentra en lo que es necesario para salvarse, diciendo implícitamente que todo el que quiera podrá ser salvado, siempre y cuando oriente su vida en esa dirección: obrar según la justicia, o lo que es lo mismo, configurar la propia vida en la de Jesús.

Para explicar esto, Jesús se vale de dos imágenes, la de la puerta estrecha y la de la puerta cerrada y mediante un proverbio hacer la aplicación de la enseñanza.

La puerta estrecha

Leemos en nuestro texto: «Esfuércense por entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán»

La imagen de la «puerta estrecha» es una figura. Sería una torpeza quedarnos con la inquietud de calcular su anchura; tampoco que sea una puerta con obstáculos para entrar por ella; mucho menos que haya que usar la violencia para entrar por la fuerza imponiéndose sobre otros que al mismo tiempo pretenden entrar. Lo que la imagen nos quiere decir es muy simple: que hay que esforzarse, que los buenos propósitos no son suficientes, que hay algo que «hacer» antes para poder entrar.

Hemos aprendido de Jesús que una persona no se salva con sus propios esfuerzos, pues nadie se salva a si mismo; todos somos salvados por Dios, pero la salvación no se logra sin nuestra participación; no sirve la pasividad. Dios quiere salvarnos, pero su voluntad no pasa por encima de nuestra libertad y responsabilidad.

La idea de fondo del verbo «esforzarse» se refiere al esfuerzo intenso que concentra todas las energías de una persona en función de un objetivo. Es como el esfuerzo que hace un deportista para ganar la competencia. Aplicado a la imagen de la puerta estrecha se refiere a la manera como se entra, que requiere canalizar las mejores energías para vivir conforme a las exigencias del Reino no deseando otra cosa que alcanzar la comunión con Dios, superando los obstáculos y distinguiendo lo que es prioritario de lo que es secundario.

Jesús advierte que «muchos tratarán de entrar y no podrán»; se le había preguntado si eran pocos los que alcanzarían la salvación y por respuesta dice que «muchos» no lo lograrán. En principio nadie es excluido de la salvación universal, ¿por qué dice Jesús que muchos no podrán entrar? Se trata de una manera de decir que mucha gente que no quiera entrar ahora, muy probablemente querrá hacerlo más tarde, pero entonces ya no lo logrará. Esto se ilustra con otra imagen.

La puerta cerrada

Leemos en nuestro texto: «cuando el dueño de la casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta» El esfuerzo al que se ha referido hasta ahora Jesús, debe ser oportuno, a tiempo, pues un día, con nuestra muerte, la puerta se cerrará y ya no será posible hacer nada. No disponemos del tiempo de una manera indefinida.

Es Dios quien cierra la puerta, no nosotros. La hora de la muerte se escapa de nuestro control. De ahí que haya que estar siempre preparados.

Jesús describe con dramatismo la solicitud fuera de tiempo para entrar: «se pondrán a tocar la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’». Ya no es tiempo de tocar la puerta. Con esto se indica la seriedad del tiempo presente; no tenemos soberanía sobre el tiempo; no conviene aplazar la conversión, desde el principio hay que comenzar a vivir el itinerario que nos lleva a Dios. Es una mala decisión dejar para el tiempo de la vejez la preocupación por la salvación.

La respuesta del Señor a la solicitud extemporánea: «No sé quiénes son ustedes’» se repite dos veces. Es una expresión que se utilizaba en el veredicto de excomunión israelita; con ella se declaraba la desvinculación de la comunidad y la ruptura de toda comunión personal con quien era desconocido.

Para participar en la comunión con Dios se exige la identificación con Él; por eso, no basta comer y beber con el Señor, no basta escuchar su predicación si ello no lleva a la conversión: «Apártense de mí, todos ustedes los que hacen el mal...»; estas palabras excluyentes indican que no sólo no hay comunión externa, sino que no hay comunión de vida con Dios; el que hace el mal desprecia la voluntad de Dios, no se compromete con la justicia del Reino, no comparte el estilo de vida de Jesús ni pone en práctica sus enseñanzas.

¿Por qué si Dios es bueno, esa voz tajante de rechazo? Porque Dios no comparte nuestras injusticias. Si una persona no quiere vivir en comunión con la voluntad de Dios, como puede querer aspirar a vivir la comunión definitiva de vida con Él. Dios no excluye a nadie, cada uno es quien se auto excluye. La comunión con Dios comienza a partir de la comunión con su querer. Una persona que lo rechaza se excluye a si misma de la salvación. La salvación consiste en la comunión eterna con Él que es la fuente y la plenitud de la vida.

«Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados fuera.» Los excluidos de la salvación, verán lo que pasa en la sala del banquete, que es el símbolo del Reino definitivo. Se contraponen dos escenas: el llanto amargo de los excluidos y la comunión festiva de los salvados.

Los rechazados sumidos en la más intensa soledad lloran de manera inconsolable la ocasión perdida y la humillación. El «rechinar de dientes» describe la rabia amarga, consigo mismos.

La vida eterna es presentada como una fiesta comunitaria con el Señor en el Reino de Dios. La imagen de la mesa compartida destaca la profunda intimidad con Dios y la participación de su vida. No sólo con Dios, sino también con los demás. La comunión con Dios y los demás es plenitud de alegría y fiesta. La salvación es el máximo de la felicidad.

Los que quedaron fuera de banquete repasarán con su mirada a los comensales, la comunidad de los salvados y distinguirán a tres grupos de personajes: a los patriarcas: Abraham, Isaac y Jacob; a los profetas y a gente proveniente de los cuatro puntos cardinales, es decir, de todas las naciones de la tierra. Aprendemos así que la plenitud y riqueza de nuestra vida humana consiste también en la plentud y profundidad de nuestras relaciones con las demás personas. Con la muerte, las relaciones humanas no se acaban sino que alcanzan su máximo nivel de profundidad.

Hay un detalle más. La linea de continuidad que hay en la historia de la salvación que comienza con Abraham y que se extiende a partir de Jesús, a todos los pueblos de la tierra; todos los que entran en el Reino inaugurado en Jesús se hacen miembros del pueblo elegido y éste se hace uno solo, a través de la Alianza con Dios, con todos los pueblos de la tierra, pues todos: «participarán en el banquete del Reino de Dios».

Jesús quiere ganar nuestro corazón, pero no lo hace a costa de diluir el mensaje del Reino que al mismo tiempo que gratuito es exigente; Jesús jamás tratara de agradarnos para tener nuestra adhesión; su amor le hace decirnos siempre la verdad, aunque estas lleguen a incomodarnos porque confrontan nuestro estilo de vida.

El mensaje no podemos pensarlo dirigido a quienes quieren hacerse discípulos de Jesús o a quienes apenas lo conocen; más bien se dirige a quienes ya entraron en contacto con él, que lo conocen y se han relacionado con él a través de la predicación, diciéndoles que la salvación no está asegurada por el hecho de ser israelita o por llevar el título de cristiano. No basta con haber pertenecido al pueblo de Dios por la circuncisión, ni con ser cristiano por el bautismo; tampoco basta con haber enseñado o hablado, si la palabra no ha ido acompañada de un testimonio coherente y no se han tenido entrañas de misericordia.

Muchos cristianos vivimos dentro de la Iglesia convencidos de que éste es el camino seguro que lleva a la salvación, sin tener conciencia de la necesidad que tenemos de entrar por la puerta estrecha de la conversión personal. Ni la iglesia, ni la comunidad, ni la práctica de unas obligaciones religiosas son un salvoconducto. 

El esfuerzo por entrar por la puerta estrecha no significa el rigorismo estrecho y agobiante que roba la alegría de la vida cristiana; si significa la radicalidad de la conversión, de cambiar la orientación del corazón y del esfuerzo por vivir una vida nueva en la que el primer lugar lo tenga Dios y el prójimo

Fuente: https://ecosdelapalabra.com/

viernes, 14 de octubre de 2022

DEBO DEJAR DE PECAR, YO SÉ, PERO ¿CÓMO?

La batalla más grande contra el pecado no es la tentación; ¡son nuestros deseos!


Que nadie diga cuando es tentado: Soy tentado por Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal y Él mismo no tienta a nadie. Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión. Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte. — Santiago 1.13–15 

Como cristianos, la gran verdad que todos nosotros sabemos es que debemos dejar de pecar. Al mismo tiempo, una de las grandes preguntas que existen y que nos hacemos es: pero ¿cómo puedo tomar los pasos adecuados para dejar de cometer esos pecados tan insidiosos que me devoran la vida? He escuchado a muchos contestar esta pregunta diciendo: “¡Tienes que evitar y cortar todas las tentaciones imaginables que tienes en tu vida! Tienes que dejar de andar con esos amigos que te traen esas tentaciones. Tienes que gastar todos tus datos en tu celular para que nunca más veas pornografía”.

Más allá de solo alterar el comportamiento 

Es cierto que todos tenemos nuestras tentaciones, pero es importante entender que este tipo de cambio hacia nuestras tentaciones solamente altera el comportamiento y no llega al problema más grande que reside dentro del corazón. Por ejemplo, uno de los síntomas que se presenta en una persona que tiene cáncer es la tos. Si un médico piensa que el paciente simplemente tiene una gripa y le da un antibiótico para parar la tos, el cáncer nunca se resolverá; es más, llevará a ese paciente a su muerte. 

De la misma manera, si nosotros simplemente cambiamos los comportamientos que tenemos contra las tentaciones, o simplemente intentamos resistir nuestras tentaciones, regresaremos a andar con esos amigos que nos traen una mala influencia cuando ya no podamos aguantar sentirnos aburridos, cuando sintamos la soledad aceptaremos a cualquier hombre/mujer como pareja aunque no sean buenos para nosotros, y cuando sintamos un vacío y la sensación de estar incompletos veremos cosas impuras que no debemos ver aun con o sin acceso al internet. Es decir, regresaremos al pecado, si combatimos la tentación y no la fuente de donde viene el pecado. 

Un deseo desordenado que se debe cambiar

Entonces, ¿qué podemos hacer si combatir contra la tentación o cambiar nuestras acciones hacia esas tentaciones no es la respuesta correcta? Para contestar esto, veamos Santiago 1:13-15. “13 Que nadie diga cuando es tentado: Soy tentado por Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal y Él mismo no tienta a nadie. 14 Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión. 15 Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte.”

Aquí la palabra pasión que Santiago usa en griego es femenina y se traduce literalmente como “un deseo profundo; un antojo carnal” que concibe el pecado. Así que lo que dice Santiago es lo siguiente: El pecado no comienza con tus tentaciones. El pecado surge de tus deseos desordenados, y así, cuando comienzas a desear esas cosas desordenadas que vienen de tu corazón, llegarás a la destrucción espiritual. Al ser atraído y responder a estos deseos que ya viven en tu corazón, el pecado llega a ser concebido y llegas a pecar contra el infinito y grandioso Dios.

La batalla más grande contra el pecado no es la tentación; ¡son nuestros deseos! Por tanto, la pregunta que debemos hacer no es: “¿Cuál es la tentación que debo enfrentar hoy?”, sino que cada mañana debemos hacer la pregunta: “¿Cuál es el deseo desordenado que debo cambiar hoy?”.

Dios permite la tentación por una razón 

En este punto tal vez estás pensando en Mateo 6:13 donde Jesús nos enseña a orar diciendo: “Y no nos metas en tentación, más líbrarnos del mal”. Bien, hay que entender que aquí la palabra “tentación” es como una prueba. Dios sí permite que sus hijos e hijas entren en pruebas, pero nunca nos trae tentaciones como lo vimos en el texto de Santiago 1. Permitir que entremos a la tentación es diferente a traer la tentación para torturarnos espiritualmente. Incluso, lo importante es entender que cuando Dios permite que Sus hijos e hijas entren a estas pruebas, siempre provee un escape a esa tentación que enfrentamos. 1 Corintios 10:13 dice: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla”.

Entonces, Dios, en su infinito amor, ¿por qué permite que caigamos en estas pruebas y en las tentaciones que el enemigo nos trae? Porque en medio de esa tentación que Dios permite que nosotros enfrentemos, Él siempre nos muestra un escape. Porque en medio de esa tentación que intentamos resistir —y que no pensamos poder soportar— Dios es tan amoroso para rescatarnos de esa prueba específica, que nos muestra que sí podemos depender en Él. 

Si llegamos a ver esta verdad, empezaremos a depender más en Él y así, resultará en el crecimiento de nuestra fe. En otras palabras, al entender que Él es amoroso, bueno y fiel en rescatarnos y salvarnos de nuestras tentaciones, nuestro deseo desordenado empezará a re-orientarnos hacia Él. Dios no quiere cambiar las tentaciones que enfrentamos, Él quiere cambiar el deseo desordenado que tenemos escondido en el corazón al mostrar que Él sí es confiable y fiel. 

¿Cuál es la tentación que has enfrentado toda tu vida? ¿Cuál es la tentación que estás enfrentando hoy? Deja que los deseos de tu corazón descansen en quien es más valioso que cualquier otra cosa que puede satisfacer en este mundo: Jesucristo. Nada es más importante en tu vida que el despertar tu deseo por Jesús por encima de cualquier otra cosa. El triunfo de las tentaciones se encuentra en tu deseo por tener a Jesús por encima de todos los otros deseos que tienes en tu vida. ¿Cuál es tu deseo hoy? ¿Quién es tu deseo hoy?

Fuente: https://www.stegozoeterno.org

jueves, 6 de octubre de 2022

La Curación de Naamán el inconverso

La lepra de Naamán  2 Reyes 5:1

Hoy veremos la lepra de Naamán y su curación desde la perspectiva del Nuevo T. Su purificación ofrece una clara ilustración de la purificación del pecador del pecado. Luego de conocer los personajes nos ocuparemos de la pregunta por qué la lepra es figura del pecado.

Los personajes principales

Realmente, esta conocida historia es una obra maestra del poder narrativo. Se describe aquí a un número de personas de modo más claro y definido que en la novela más fascinante. Esto no nos sorprende, puesto que es la Palabra de Dios, viva y poderosa. En primer lugar, presentemos a los personajes principales:

Naamán, general del ejército sirio: un hombre muy apreciado y querido a los ojos de ambos su señor y sus criados (v. 1, 13). Ahora bien, tenía un problema imposible de solucionar: era leproso.

Una joven de la tierra de Israel. Vivía exiliada en un país extranjero, pero permaneció fiel al Dios de Israel. Tenía gran fe y amaba a sus enemigos (v. 3). Esta joven queda en el anonimato, pero es bastante notable a causa de sus cualidades espirituales.

El rey de Israel. Su nombre no se menciona tampoco, pero deducimos que era Joram, el hijo del malvado Acab. Era caracterizado por la incredulidad, la exasperación y la sospecha (v. 7).

El profeta Eliseo, el portavoz del Dios viviente. Es el personaje central de este capítulo, y sobresale por su simplicidad y capacidad de decisión hacia ambos los jefes de la tierra y su propio criado Giezi.

Giezi, el criado del profeta. Destaca aquí en agudo contraste con su señor como consecuencia de su ambición, ignorancia y mundanería. Las emociones más profundas de su corazón son puestas al descubierto, como precisamente más tarde un Judas sería dejado en evidencia por el Señor mismo. El capítulo termina como empieza: ¡con un leproso! La lepra de Naamán se pegaría para siempre a Giezi y a su descendencia (v. 27).

Naamán, general del ejército sirio

Naamán era un hombre muy apreciado y popular. Su nombre también significa “agradabilidad” o “amistad”. El respeto que otros tenían por él puede deberse a su carácter de altos principios. Tanto su señor como sus criados parecen haber sido sinceramente comprensivos hacia él (v. 4-5, 13). No obstante, en el primer versículo, el favor de que gozaba estaba relacionado con sus éxitos militares, “porque por medio de él había dado Jehová salvación a Siria”.

Esta última declaración es muy reveladora. Viene a decir, en realidad, ¡el Señor reina! Dios no gobierna solamente a su propio pueblo, sino también a las naciones de la tierra. Y tal es el caso, aunque Su gobierno es con frecuencia incomprensible y Sus caminos inescrutables. Esta es la primera lección que aprendemos aquí. Dios no es un dios local, un dios de las montañas o un dios de las llanuras, o de uno de los elementos. Esto es lo que se pensaban los gentiles; esto es lo que los sirios también creían (1 Reyes 20:23). Pero era un error. Dios es el Dios viviente, el Señor de los cielos y de la tierra. Él sostiene el mundo entero en Sus manos.

Como decimos a continuación, Él usa a las naciones, si es preciso, para juzgar a Su propio pueblo. Aram (Siria) era una vara de disciplina en los días del malvado Acab y sus sucesores. Y Asiria, la potencia mundial que entonces surgía, sería lo mismo en una medida incluso mayor (Isaías 10:5). Aram había ya estado amenazando a Israel desde el norte desde los tiempos de Salomón (1 Reyes 11:25). No siempre habían guerras continuas entre los dos pequeños estados, ya que algunas veces harían tratados de paz (comparar el tratado entre Acab y Ben-adad en 1 Reyes 20:34). Las relaciones entre Siria e Israel en ese tiempo parecían más una paz armada. El mismo caso ocurría aquí, puesto que el rey de Israel vio un pretexto para una nueva guerra en esta carta del rey de Siria (v. 7).

Dios, por lo tanto, usó a este enemigo del norte como la vara de Su furor. Aram significa “alto” o “elevado”. En Aram vemos una figura del mundo como el adversario fatuo del pueblo de Dios, un enemigo convencido de su propia excelencia y que habla de modo autocomplaciente sobre sus propias posibilidades (véase la actitud de Naamán en el v. 12). Si el pueblo de Dios se encuentra a sí mismo en una mala condición, deberá optar por la derrota en su confrontación con el mundo. Y hoy, todavía es este el caso. ¿Somos conscientes de ello?

Suponemos que la victoria de Naamán fue obtenida efectivamente sobre Israel, aunque eso no sea dicho con tantas palabras. Existe una interesante tradición judía que dice que Naamán era el arquero que hirió al rey Acab en la batalla cerca de Ramot en Galaad (1 Reyes 22:34). Otros piensan en una victoria de Aram sobre Asiria. El segundo Libro de Reyes, no obstante, pone de relieve que Eliseo jugó un papel importante en las guerras entre Aram e Israel. El profeta apareció incluso en Damasco y se vio involucrado en el nombramiento de Hazael como rey de Aram (2 Reyes 8:7-15). Todo esto pertenecía al plan de Dios para castigar a Su pueblo que se había desviado, y llamarlos al arrepentimiento.

Naamán,  y su lepra 

el general del ejército sirio, era por tanto un gran hombre. Todo el mundo estaba favorablemente dispuesto para él. Hasta había sido un instrumento en las manos del Señor. Diríamos que tenía éxito en todas las cosas. Pero todo era apariencia. Era únicamente el lado externo de su vida.

Naamán tenía un problema oculto. La bonita descripción del versículo 1 es perjudicada por un grave “pero”. Se dice de modo sorprendente: “pero leproso”. Tenía una enfermedad incurable, y nadie podía ayudarlo. Es posible que la enfermedad estuviese aún en su fase primaria, ya que el versículo 11 habla del “lugar” afectado de su cuerpo. Pero la enfermedad se extendería insidiosamente y cada vez más afectaría varias partes de su cuerpo. Esta era una perspectiva terrible. ¿Qué le aguardaba en adelante? ¿Cómo podría seguir viviendo con este problema? ¿Qué quiere decir la Biblia con la lepra? Parece que ha sido un término amplio, el cual se aplicaba también a los vestidos y a las casas (Levítico 13-14). Según algunas personas, incluía toda clase de erupciones y enfermedades de la piel. Pero la ley tocante a la lepra misma distingue entre la llaga de lepra y la erupción inofensiva (Levítico 13:39). Cuando se refiere a las personas, tendremos que pensar exclusivamente en la lepra, siendo el caso de Naamán y Giezi, y el de Miriam (Números 12).

Sabemos que la enfermedad y la muerte, el dolor y la tristeza, son todos consecuencia del pecado (véase Génesis 3:16-19). La muerte entró en el mundo por el pecado (Romanos 5:12). La relación entre el pecado y la enfermedad es, sin embargo, un asunto muy complicado. Pero referente a la lepra, puede decirse que esta enfermedad ofrece una imagen muy impresionante del pecado y de sus consecuencias mortales, destructivas.

El leproso no era curado por un médico, sino limpiado en presencia del sacerdote. La ceremonia para la purificación, sobre la base de los sacrificios prescritos (entre ellos la ofrenda por el pecado para hacer expiación para el leproso sanado), señalaba la obra de Cristo. 

Cuando miramos al leproso Naamán, vemos en realidad la imagen de nosotros mismos. Podemos tener toda clase de talentos; podemos tener éxito; la gente puede apreciarnos. Aun así, en la vida de todos existe un grave “pero”, es decir, el problema del pecado. La enfermedad del pecado nos afecta y nos arruina. Nosotros solos no podemos solucionar ese problema mortal que destruye nuestras vidas. Pero lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.

Un consejo inesperado  2 Reyes 5:2-9

Vimos en el primer capítulo que la lepra es figura del pecado. Veremos ahora cómo una joven de la tierra de Israel mostró el camino de la salvación al general leproso del ejército sirio. Podemos ver aquí que nadie podía ayudar a Naamán, ni el rey de Aram ni el rey de Israel. Los dioses de Damasco tampoco podían poner remedio. La salvación podía solamente encontrarse en el Dios de Israel. Ello explica por qué Naamán tuvo que ir a Eliseo, el representante del Dios vivo y verdadero.

Una joven de la tierra de Israel

Hablando humanamente, el problema de Naamán era imposible de solucionar. Pero por su curación queda completamente claro que la salvación se encuentra en el Dios de Israel. Él solo podía limpiar a Naamán de su lepra. Sí, Él nos salva hasta de los dolores del pecado. Pero tenemos que venir a Él con fe, y no esperar nuestra salvación de los médicos de este mundo (véase v. 11). Es el Dios vivo y verdadero quien nos puede ayudar.

Es conmovedor el hecho de que, una joven de la tierra de Israel, mostrara el camino de la salvación al poderoso general del ejército de Siria. En presencia de su señora, dio muy sencillo testimonio de su fe: “Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra” (v. 3).

Grupos de atacantes sirios la habían secuestrado y vendido en el mercado de esclavos de Damasco. En realidad, esa era una de las maldiciones que habían sobrevenido al pueblo de Dios. Moisés ya lo había predicho: “Tus hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo, y tus ojos lo verán, y desfallecerán por ellos todo el día; y no habrá fuerza en tu mano” (Deuteronomio 28:32). De tal manera esta joven vino a encontrarse en la familia del general del ejército sirio (v. 2). La mujer de Naamán se había convertido en su señora. Dios permitió esto y también lo planeó de este modo, ya que Él tiene sus propias razones para ello.

Afortunadamente, esta chica no dejó llevarse por los sentimientos o el odio de su nuevo escenario. Pese a su corta edad y a las difíciles circunstancias en que se encontraba en el país extranjero, dio testimonio del Dios viviente y amaba incluso a sus enemigos. Asimismo, nosotros como creyentes somos representantes, embajadores de Cristo, y debemos dar testimonio de la esperanza que hay en nosotros (2 Corintios 5:20; 1 Pedro 3:15). ¿Somos conscientes de este elevado llamamiento?

Esta joven poseía una gran fe en su Dios y en Su profeta. ¿Cómo sabía que Eliseo estaba dispuesto y era capaz de curar al General Naamán de su lepra? Fue sólo su fe que le susurraba al oído. Eliseo había realizado todo tipo de milagros, pero aún no había curado a un leproso. Podemos leer eso en el Nuevo Testamento. Aunque había muchos leprosos en Israel en tiempos de Eliseo, ninguno de ellos estaba limpio (Lucas 4:27). Después de todo, Dios tuvo que castigar a Su pueblo porque servieron a los ídolos. Ni uno de los israelitas fue limpiado aquellos días salvo Naamán el sirio. La gracia de Dios alcanzó así a los gentiles.

De camino hacia el rey de Israel

La mujer de Naamán creyó las palabras de su pequeña esclava fémina y se las comunicó a su marido. Y Naamán se las transmitió a su señor, el rey de Siria (v. 4). Mientras tanto, la enfermedad del general del ejército había trascendido públicamente. Una cosa llevó a la otra, y el asunto fue tratado de manera diplomática (lo cual, en los asuntos médicos también, parece haber sido costumbre en el mundo antiguo). El objetivo era que el rey de Israel se acercaría posteriormente “al profeta en Samaria” quien, al fin y al cabo, era su subordinado según el modelo terrenal.

Naamán tenía unas cartas de su rey, al igual que un regalo generoso. El rey de Siria estaba dispuesto a compartir personalmente sus riquezas a fin de echar una mano a uno de sus mejores súbditos. El regalo consistía de una cantidad de trescientos cuarenta kilogramos de plata, setenta kilogramos de oro y diez mudas de vestidos (v. 5). Eso representaba una fortuna enorme. El oro y la plata tenían un valor de millones de pesetas.

Naamán llegó a Samaria, con las cartas que decían: “Cuando lleguen a ti estas cartas, sabe por ellas que yo envío a ti mi siervo Naamán, para que lo sanes de su lepra” (v. 6). Su llegada ocasionó bastante agitación en la corte del rey de Israel, puesto que vio en esa carta algún tipo de excusa, una provocación de guerra (v. 7). Exasperado, rasgó sus vestidos. Una reacción tan pesimista podía esperarse del rey Joram (véase 3:13). El rey sabía muy bien que él no era un hijo de los dioses a quienes se les podía atribuir el poder de curar (así es como las naciones paganas, demasiado a menudo, contemplaban a sus reyes). Pero, desgraciadamente, tomó el nombre de Dios en vano al decir: ¿“Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que éste envíe a mí a que sane un hombre de su lepra?” Realmente esto indica la gravedad de la situación: sólo Dios, quien había enviado la afección mortal, podía dar un remedio y dar vida al muerto.

Eliseo

Según parece, el rey Joram no se acordaba de Eliseo en absoluto, pese a que en aquellos tiempos el profeta fuera el conducto de la bendición de Dios. Dios extendió su brazo de salvación a Israel por medio de Su siervo. Pero el profeta no era honrado en su propia tierra. Por lo visto, Eliseo vivía de nuevo en la capital (véase 2:25; 6:32).

Tuvo que tomar la iniciativa él solo. Así, envió el siguiente mensaje al rey: “¿Por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel” (v. 8b). Entonces Naamán vino finalmente a Eliseo el profeta, quien es llamado también aquí “el varón de Dios” (v. 8a). Ahora había venido a la persona indicada, ya que el varón de Dios era el representante del Dios viviente, quien tiene efectivamente el poder de matar y de dar vida.

Existía aún, sin embargo, otro problema. Naamán era consciente de su elevada posición. Vino en su propia dignidad, “con sus caballos y su carro” (v. 9). Lleno de orgullo permaneció a la puerta de la casa de Eliseo. Pero no podemos venir a Dios de esa manera. Naamán no podía recibir ayuda en sus propias condiciones, sino sólo en las condiciones que Dios le ofrecía. Le fue necesario aprender esto, como veremos. Eso es precisamente lo que cada creyente debe aprender: acercarse a Dios, consciente de su propia indignidad. No tiene sentido que intente medrar o ganar la salvación por mis propios méritos. Debo venir tal como soy, como un pecador perdido, y así es como Dios me aceptará. Lo hace así por gracia gratuita.

Ahora veremos cómo Naamán se humilló y se sumergió siete veces en el río Jordán. Sin embargo, no permaneció en esa “tumba”, sino salió una persona nueva. Este es un ejemplo magnífico para nosotros como cristianos, pues también experimentamos una renovación completa vistiéndonos del nuevo hombre.

Ve y lávate en el Jordán

Eliseo no creyó conveniente hablar con Naamán personalmente. Tenía sus sabias razones para actuar de ese modo, como pronto llegaría a evidenciarse, ya que Naamán tuvo que aprender a humillarse a sí mismo. Su orgullo tuvo que doblegarse. El profeta no salió de su casa, sino simplemente envió un mensajero a él con el mandato: “Ve y lávate en el Jordán siete veces” (v. 10a). A la vez, añadió la llana promesa: “... y tu carne se te restaurará, y serás limpio” (v. 10b). Literalmente dice: “... y tu carne vendrá de nuevo a ti”. Al final, una de las terribles consecuencias de la lepra es que la carne de la persona enferma se consume poco a poco.

Al poderoso general del ejército sirio, no obstante, no le gustó esta orden. Naamán interpretó el mensaje del profeta de improperio a su persona. Había esperado un trato completamente distinto, un ritual complejo, como estaría probablemente acostumbrado con los magos paganos de su país (v. 11). Ciertamente era merecedor de un trato honorable. A pesar de todo, ¿no era él de gran importancia? Por cierto que recompensaría generosamente a Eliseo por sus servicios.

¡Qué orden: “Ve y lávate en el Jordán siete veces!” ¡Qué humillación! ¿No eran los diáfanos y caudalosos ríos de Damasco, el Abana (o Amana) y el Farfar, mejores que el estrecho y cenagoso Jordán? ¿No podía el general haber tomado un baño en su casa? Naamán podría haber ideado ese remedio él mismo (v. 12). No obstante, no quiso abandonar los ríos ni a los dioses de Damasco. Sólo más tarde aceptaría que no había Dios en toda la tierra, excepto en Israel (v. 15). Naamán se enojó y se sintió zaherido. Ya podía oírse la orden a su carrero: ¡Coge las riendas! ¡Nos vamos a casa!

Debió de haber sido una procesión tranquila que empezó allá en una dirección al norte y descendió de las montañas de Samaria. Tal vez ocurrió en un lugar de descanso no lejos del Jordán que los criados de Naamán tuvieron el valor de dirigirse a su señor (v. 13). Lo hicieron con mucho tacto y con el preciso respeto. Ellos honraban a su general como a un padre. Dieron un consejo que no se pidió, pero fue muy acertado y bueno. Si a Naamán se le hubiera encomendado el servicio de hacer algo difícil, ¿no lo habría hecho así? ¿No habría empleado todos los medios posibles para recobrar la salud? Ahora, sin embargo, el profeta había dado una orden sencilla: “Ve y lávate”. ¿Por qué no escuchar aquellas simples palabras del varón de Dios?

Vida nueva en Cristo

Naamán se hace acreedor al querer escuchar las palabras de sus subordinados. No actuó con altivez: “Él entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios” (v. 14a). Con todo, debió de haber sido muy difícil para él humillarse tanto en presencia de sus inferiores. Tuvo que descender del carro elevado, quitarse la ropa y hundirse en el Jordán. Por añadidura, él no lo hizo sólo por complacer a sus criados. No solamente los escuchó, sino que cumplió con el dicho del varón de Dios, como dice nuestro versículo. Obedeció a Dios.

Este es un precioso ejemplo del camino de la salvación. Debemos ser conscientes de nuestro bajo estado, de nuestra pecaminosidad y de nuestra condición leprosa ante Dios. Debemos humillarnos delante de Él y bajar del “carro elevado” de nuestro orgullo natural y prepotencia. Debemos seguir el camino que Él nos indica en Su Palabra. El remedio divino es que confesemos nuestros pecados, nos despojemos del viejo hombre y nos metamos dentro del río de la muerte. En otras palabras, tenemos que identificarnos en fe con un Cristo que murió por nuestros pecados. No hay otra alternativa para ser salvo, limpio y recibir una vida nueva. “Nadie viene al Padre sino por Mí”

Naamán fue obediente y se sumergió siete veces en el río Jordán. El nombre Jordán significa “ir abajo” o “ir curso abajo”. El río nace entre el Líbano y el monte Hermón y sigue su curso al Mar Muerto, situado muy por debajo del nivel del mar. Esta es una maravillosa figura de la muerte de Cristo, ya que descendió de las alturas despojándose a Sí mismo. Se humilló a Sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte. El número siete habla de la perfección. Naamán tuvo que sumergirse siete veces en el Jordán. Tuvo que ir abajo por completo. Nada podía quedar del viejo hombre. También nosotros como creyentes fuimos sepultados con Cristo a muerte por el bautismo. Hemos sido unidos juntamente con Él en la semejanza de Su muerte (Romanos 6:4-5) Pero Naamán no permaneció en la tumba de agua. Salió una nueva criatura: “... y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio” (v.14b). Esto es una imagen de la nueva vida que hemos recibido como cristianos. No sólo hemos muerto con Cristo, sino también hemos resucitado con Él a una vida nueva.

En este cuarto capítulo veremos cómo Naamán, después de haber sido limpiado, su deseo era sólo servir al Dios de Israel. Esta es una lección importante para nosotros, pues como cristianos también deseamos servir y adorar al Dios vivo y verdadero.

La nueva vida de gratitud de Naamán

Cuál fue la reacción de Naamán a su curación y purificación? Volvió a Eliseo a fin de mostrarle su gratitud (v. 15a). A este respecto, él es la semejanza perfecta del samaritano en Lucas 17, un extranjero que también se volvió para agradecer a Dios después de ser limpiado de su lepra. Nosotros también deberíamos hacer eso como los redimidos del Señor. Deberíamos caer a las plantas de nuestro Salvador y darle honra por nuestra salvación.

Después de nuestra conversión, deberíamos igualmente mostrar una nueva obediencia. Aquí vemos una figura de ello. No hubo huella alguna de soberbia en Naamán cuando se volvió al varón de Dios, él y toda su compañía. No permaneció sentado en su carro, como hiciera en su primer encuentro, sino fue a la casa del profeta. Muy abyecto, le habló de sí como si fuera criado de Eliseo: “He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Te ruego que recibas algún presente (lit. “bendición”) de tu siervo” (v. 15b).

Naamán había llegado a conocer al Dios verdadero, al Dios de Israel, el Creador del cielo y de la tierra. Reconoció que todos los demás dioses eran ídolos, que no tenían poder alguno para salvar (Isaías 45:20). Quería mostrar su gratitud a Dios, ofreciendo un presente a Eliseo. Lo hizo con buena intención, pero tuvo que aprender que la gracia de Dios era completamente gratuita. Lo mismo se puede decir de nosotros acerca de este principio. No podemos pagar nada por nuestra salvación. La salvación en Cristo es de balde. La verdadera bendición es exclusivamente de arriba, y desciende del Padre de las luces

Vivir en la presencia de Dios

Pero el corazón de Naamán se mantenía en el lugar correcto. No importa cómo, él quería servir al Dios de Israel. Aunque no podía pagar nada al profeta por su lavamiento, podía preguntarle algo. Pues Naamán realmente quería empezar una vida nueva. Esto es también verdad para nosotros. Después de haber sido levantados con Cristo a una nueva vida, debemos caminar en las buenas obras que Dios nos ha preparado de antemano (Efesios 2:10). El general del ejército sirio tenía el siguiente deseo: “Te ruego, pues, ¿de esta tierra no se dará a tu siervo la carga de un par de mulas? Porque de aquí en adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni ofrecerá sacrificio a otros dioses, sino a Jehová” (v. 17).

Tenemos aquí una prueba clara de su conversión, un bonito fruto de la nueva vida que había recibido. Cuando nos volvimos de los ídolos a Dios, a partir de ese instante nuestro deseo fue servir al Dios vivo y verdadero (véase 1 Tesalonicenses 1:9). Debemos servirle según Su voluntad revelada, sobre una base que responda a Su santidad — tal como Naamán deseó servirle sobre terreno puro.

Probablemente que de esta carga de tierra hiciera “un altar de tierra” para el Señor y sacrificó en él sus holocaustos y ofrendas de paz (véase Éxodo 20:24). Los patriarcas de Israel habían procedido del mismo modo. Con frecuencia hacían altares de tierra, como vemos en el libro del Génesis. El servicio del verdadero Dios va tomando forma en nuestro culto personal, en nuestra conducta privada, pero también en nuestra adoración pública. ¿Poseemos un altar así donde invocar el nombre del Señor?

Como cristianos sí tenemos un altar, como Hebreos 13:10 nos enseña. Este no es un altar de tierra, en el sentido pleno de la palabra, o uno de oro o de bronce, sino un altar en su sentido simbólico. Tenemos un lugar donde nos encontramos con Dios, o a decir verdad, una Persona por la cual nos acercamos. Cristo mismo es el verdadero Centro de nuestro culto y por Él tenemos acceso a Dios y libertad para entrar en el Lugar Santísimo (Hebreos 10:19; 13:15).

¿Servimos a nuestro Dios con un corazón agradecido, particular y colectivamente con los demás? ¿Nos acercamos a Él como sacerdotes? ¿Ofrecemos sacrificios de alabanza a Dios, es decir, el fruto de nuestros labios, dando gracias a Su nombre? ¿Le pagamos tributo por Su gran salvación? ¿Entendemos que sólo a Él le debemos nuestra purificación?

Vivir sin compromisos mundanos

Aquí vemos algo más. Una vida tal en presencia de Dios, de cierto traerá dificultades, pues no podemos servir ambos a Dios y al mundo. La gente que nos rodea insistirá en que hagamos un compromiso. Naamán también tuvo este problema. Al instante se dio cuenta, y se lo mencionó con toda sinceridad a Eliseo (v. 18). Su señor, el rey de Siria, se quedaría probablemente sirviendo a los ídolos. ¿Debería él entrar en el templo del ídolo como el siervo en cuyas manos depositaba el rey su confianza? (véase 2 Reyes 7:2). ¿Lo perdonaría Dios si, como parte de sus obligaciones, fuera a inclinarse ante Rimón? (Rimón era el dios de los sirios, y el dios asirio del trueno. Era el mismo que Hadad, de quien se deriva el nombre de Ben-adad. A veces, ambos nombres aparecen juntos en el orden Hadad-rimón — Zacarías 12:11). No recibió una contestación rebuscada. El profeta simplemente dijo “Ve en paz” (v. 19). Ello no quiere decir que Eliseo aprobara tal ambigüedad. Era imposible servir ambos a Dios y a Rimón, aunque éste sólo resultara de la tradición. Dios no quiere que un creyente tenga comunión con los ídolos (1 Corintios 10:14-22). Pero Él salvaría esta dificultad a Su tiempo y a Su manera. Eliseo estaba convencido de ello, e incluso podía tranquilizar la conciencia de Naamán. Naamán podía seguir su camino gozoso, como se dice tan maravillosamente del eunuco etíope (Hechos 8:39). Nadie podía quitarle la paz que había hallado.

Por eso fue también una respuesta muy acertada. Las personas que acaban de convertirse no deben pugnar con una larga lista de normas y regulaciones. Deben aprender a caminar por la fe. Dios mismo los lleva por las sendas de justicia por amor de Su nombre, y los ayudará a resolver sus problemas.

Fuente: https://biblecentre.org

martes, 27 de septiembre de 2022

La fiel providencia de Dios

Cuando le creemos a Dios vemos sus obras y milagros como respuesta a nuestras oraciones

¡Cuántas veces he visto la mano de Dios trabajar a mi favor, después de haberle presentado mis necesidades en oración! 

Han sido tantas las ocasiones que esto ha sucedido, que podría escribir varios libros sobre esto. No sólo he experimentado respuestas a mis oraciones en el sentido personal, sino también cuando he presentado necesidades junto con un grupo de apoyo. En este ensayo quisiera presentar algunos testimonios sobre el poder de la oración, cuando a estado envuelta alguna iglesia que he pastoreado. Debo decir que el principio es el mismo, simplemente creerle a Dios y a su Palabra. Jesús, hablando a sus discípulos, dijo: “En verdad os digo: todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Además, os digo, que, si dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”, Mateo 18:18-20.

Para mediados del año 1980, mientras pastoreaba una iglesia en Camden, Nueva Jersey, compramos un pequeño edificio, el cual lo convertiríamos en nuestro templo. El local consistía en dos apartamentos de vivienda. Comenzamos a trabajar rápidamente y en poco tiempo habíamos demolido todas las paredes y comenzamos a arreglarlo. Siendo que la iglesia era una nueva obra contábamos con unos treinta miembros, la mayoría de los cuales no tenían suficientes recursos financieros. El trabajo de construcción lo estábamos haciendo con voluntarios, por falta de fondos. José A Cintrón, Ernesto Fre Sr., un joven cubano de nombre Ramón y yo éramos los trabajadores.  

Durante todo ese verano hacíamos “de tripas corazones” para poder suplementar la construcción. Cuando estábamos por terminar el trabajo para podernos mudar, un día, al llegar notamos que nos habían robado las puertas, el lavamanos, el inodoro, etc. En fin, durante la noche nos habían desmantelado el edificio. Imagínate la frustración que había en medio de la congregación. Manteniendo la calma, les dije: Desde hoy domingo vamos a comenzar una campaña de ayuno y oración hasta el próximo domingo. Recuerden de ser específicos en la petición que haremos. Un grupo de hermanos se dispuso a orar y ayunar, y comenzamos la campaña de oración. El próximo domingo dimos gracias a Dios y descansamos en Él. Todo se veía normal y parecía que nada ocurriría después de terminar. El siguiente día, lunes decidí salir a hacer trabajo personal y repartir tratados en otro barrio diferente a donde estaba el nuevo templo. 

Mientras caminaba por una de las calles de aquel lugar, de pronto vi a lo lejos a un pastor amigo mío, de nombre Rdo. Juan Correa. Estaba parado fuera de una casa que se encontraba a mi mano izquierda. Lo llamé fuertemente, pero no logré obtener su atención, pues en ese momento entró a la casa. Salí corriendo para alcanzarlo, y sin darme cuenta entré detrás de él, pero como no se detenía, lo seguí hasta la cocina en el interior de la casa. Sorprendido, se volteó para saludarme. Le dije: “¡Dios te bendiga Juan…! Pero… ¿qué es esto que veo aquí…? Las puertas, el lavamanos, el inodoro que nos robaron…” Juan me explicó que no sabía nada de eso, pues, él solamente era el carpintero que contrataron para hacer un trabajo en aquella casa. Inmediatamente llamó al dueño, que también se declaró inocente, alegando que el vecino le había vendido todo aquello.                                                                  

Al fin de cuenta me permitió llevarme los materiales voluntariamente. Ahora, ¿Qué posibilidades habría de que esto sucediera y en esas circunstancias? Entendí que no había posibilidad que se resolviera el asunto en esa forma. Solamente la misericordia de Dios, contestando nuestra oración por medio de un milagro…

Años más tarde, después de orar a Dios por dirección, comenzamos otra nueva iglesia en la misma ciudad de Camden, NJ. En esta ocasión la bendición fue tal, que en dos meses teníamos unas 64 personas, la mayoría de los cuales eran adultos. Entre las personas que se unieron al trabajo estaba el profesor José A Cintrón, mi amigo a quien he considerado como un hijo espiritual. También se unió un ministro de nombre Edwin Pérez. Este vino con su esposa Mayda, y cinco niñas pequeñas. Al poco tiempo lo nombré co-pastor de la congregación.                                                  

Noté que las niñas siempre se veían enfermitas, así que le pregunté a Mayda qué les sucedía. Me contestó que todas ellas padecían de un asma crónica, y que tenía que estarle dando tratamiento continuo con una pompa medicinal. Sentí tanta compasión por aquellas lindas niñas, que decidí presentárselas al Señor en oración. El domingo en la noche hablé con los hermanos, quienes se comprometieron ayunar un día por ellas y a orar cada día, por lo menos una hora, hasta el próximo domingo. Ese domingo la hna. Mayda llegó muy contenta al servicio de Escuela Bíblica en la mañana. ¿La razón de su alegría? ¡Dios había sanado a todas las 5 niñas…! Unos 28 años más tarde me encontré a Edwin Pérez y a Mayda en Kissimmee Florida. Mayda me dijo que hasta ese momento jamás habían padecido de asma ninguna de las niñas…!¡Gloria a Dios por su misericordia…! ¡Él es fiel a sus promesas…!

Mis amados hermanos, es tan fácil creerle a Dios. Sé que Él jamás faltará a sus promesas ni quebrantará lo que dice su Palabra. No porque se sienta obligado, como algunos predicadores dicen, sino porque es un Dios de verdad. Muchos quieren usar estrategias con Él y hasta tratan de “torcerle el brazo”, reclamándole sus promesas. A los tales digo que están ofendiendo la dignidad del Todopoderoso, y en lugar de su respuesta, lo que pueden es recibir malas consecuencias. Recuerda que Dios atiende al humilde y mira de lejos al altivo…

“Y cantarán de los caminos de Jehová, porque grande es la gloria de Jehová. Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos. Aunque yo ande en medio de la angustia, tú me vivificarás; extenderás tu mano contra la ira de mis enemigos, y tu diestra me salvará”, Salmos 138:5-7.

Amén Gloria a Dios, le paso lo que a mi, un día se metió a mi casa un ladrón me robo utensilios de cocina, electrodomésticos entre otras cosas ya que fue de día el robo. Cuando regrese a casa noté que me habían robado, me puse muy triste porque eran cosas que yo no podía comprar de momento y eran necesarias para mi vida cotidiana, lloré en la presencia del Señor y le oré diciéndole que me habían robado y que- Señor usted sabe que lo necesito y que no tengo dinero para comprar de nuevo todo, además en ese momento yo me encontraba lejos de casa había ido a la casa de una amiga pues nos habíamos puesto de acuerdo para orar, cuando le dije todo a Dios, salí al patio de mi casa y anduve buscando por todas partes, me cruce a la casa de al lado por la parte del patio trasero que había acceso, era una casa que estaba sola pues estaba en venta, tenia un baño en la parte del patio, fui hacia ese baño y cuan grande fue mi sorpresa que ahí estaban todas mis cosas acomodadas, pues el ladrón no pudo llevarse mis cosas ya que era de día y las dejó escondidas, creo que pensaba regresar por la noche para llevárselas, pero Gracias a Dios pude recuperar todo.

Fuente: Manel Jordan F (Facebok)

miércoles, 31 de agosto de 2022

Porqué se suicidan los cristianos?

¿Habla la Biblia de personas que desearon morir?

Sí. La Biblia habla de algunas personas que dijeron que querían morir. Dios no se enojó con ellos, sino que les ofreció ayuda. Él puede hacer lo mismo por usted.

Elías

¿Quién fue Elías? Aunque fue un profeta valiente, a veces se sintió deprimido. Santiago 5:17 dice que Elías era un “hombre de sentimientos semejantes a los nuestros”.¿Por qué deseó morir? En cierto momento, Elías se sintió solo, tuvo miedo y pensó que no valía para nada. Así que suplicó: “Oh Jehová, quítame el alma” (1 Reyes 19:4).

¿Qué lo ayudó? Elías abrió su corazón y le expresó sus sentimientos a Dios. ¿Cómo lo animó Jehová? Le mostró que se preocupaba por él y le permitió ver pruebas de su poder. También le aseguró que era una persona muy valiosa y le dio un ayudante capaz que iba a cuidar de él. Lea 1 Reyes 19:2-18.

Job

¿Quién fue Job? Fue un hombre rico con una familia grande y también fue un siervo fiel del Dios verdadero. ¿Por qué deseó morir? De la noche a la mañana, la vida de Job se convirtió en una pesadilla. Perdió todos sus bienes, todos sus hijos murieron trágicamente y tuvo una enfermedad muy dolorosa. Para colmo, lo acusaron falsamente y con crueldad de ser el responsable de lo que le estaba pasando. Job estaba tan harto de su vida que llegó a decir: “No quisiera vivir” (Job 7:16).

¿Qué lo ayudó? Job le oró a Jehová y también habló con otras personas (Job 10:1-3). Recibió ánimo de un amigo comprensivo, Elihú, quien lo ayudó a ver sus problemas desde una perspectiva diferente. Pero lo más importante fue que Job aceptó la guía y la ayuda de Dios. Lea sobre Job: Job 1:1-3, 13-​22; 2:7; 3:1-13; 36:1-7; 38:1-3; 42:1, 2, 10-13.

Moisés

¿Quién fue Moisés? Fue un líder del antiguo pueblo de Israel y un profeta fiel. ¿Por qué deseó morir? Moisés tenía una tremenda carga de trabajo, lo criticaban constantemente y llegó a sentirse agotado. Por eso le imploró a Dios: “Por favor, mátame” (Números 11:11, 15). ¿Qué lo ayudó? Moisés le contó a Dios cómo se sentía. Dios lo ayudó a aligerar sus responsabilidades para que no se sintiera tan estresado. Lea sobre Moisés: Números 11:4-6, 10-17.

¿Qué versículos de la Biblia pueden ayudarlo a combatir los pensamientos suicidas? y que muestran que Dios se preocupa por usted:

“Jehová está cerca de los que están quebrantados de corazón; y salva a los que están aplastados en espíritu” (Salmo 34:18). “Cuando mis pensamientos inquietantes llegaron a ser muchos dentro de mí, tus propias consolaciones empezaron a acariciar mi alma” (Salmo 94:19)

Versículos que muestran que Dios entiende su dolor:

“Has visto mi aflicción; has sabido acerca de las angustias de mi alma” (Salmo 31:7). “Durante el tiempo de toda la angustia de ellos le fue angustioso a él. [...] En su amor y en su compasión él [...] procedió a alzarlos” (Isaías 63:9).

Versículos que muestran que Dios quiere que se acerque a él y que le cuente cómo se siente:

“No se inquieten por cosa alguna, sino que en todo, por oración [...], dense a conocer sus peticiones a Dios; y la paz de Dios que supera a todo pensamiento guardará sus corazones y sus facultades mentales” (Filipenses 4:6, 7). “Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes” (Santiago 4:8).

Versículos que muestran que Dios puede darle fuerzas:

“Para todas las cosas tengo la fuerza en virtud de aquel que me imparte poder” (Filipenses 4:13).

“No tengas miedo, porque estoy contigo. No mires por todos lados, porque soy tu Dios. Yo ciertamente te fortificaré. Yo cierta y verdaderamente te ayudaré” (Isaías 41:10)

¿Qué podemos hacer si un amigo nos dice que ya no quiere vivir?

Tome en serio los comentarios que haga su amigo sobre suicidarse. Anime a su amigo a hablar, trate de que diga todo lo que siente (Proverbios 20:5). Cuando las personas hablan de sus pensamientos suicidas, es menos probable que se quiten la vida.

Escuche con empatía. Sea “presto en cuanto a oír, lento en cuanto a hablar” (Santiago 1:19). Tome en cuenta que la angustia y la depresión pueden hacer que una persona hable sin pensar (Job 6:2, 3). De modo que, si un amigo dice algo precipitado o poco amable, no reaccione mal ni se ofenda.

Consuele con sus palabras. La Biblia nos anima a consolar a los que están deprimidos (1 Tesalonicenses 5:14). No le reste importancia a los sentimientos de su amigo. Respete lo que siente y por qué lo siente. Dígale que él es muy importante para usted.

Hágale entender a su amigo que necesita ayuda. Proverbios 13:10 dice que la sabiduría está con los que piden consejo. Si su amigo tuviera una enfermedad física grave, usted lo animaría a ir al médico. Los pensamientos suicidas pueden ser síntoma de una enfermedad mental o emocional. Así que insístale en que busque ayuda profesional. Incluso ofrézcase a acompañarlo.

Muestre que lo quiere. La Biblia dice: “Un compañero verdadero ama en todo tiempo, y es un hermano nacido para cuando hay angustia” (Proverbios 17:17). Usted no puede borrar ni los problemas ni los pensamientos suicidas de su amigo. Pero, si le confirma que cuenta con su apoyo y cariño, puede ayudarlo a seguir adelante y a ver que las cosas pueden mejorar.

¿Y si ya he intentado suicidarme?

Es comprensible que tal vez tenga sentimientos de culpa o vergüenza. Quizás piense que nadie comprende por qué quiso quitarse la vida ni la angustia emocional que sufre en este momento.

La Biblia dice que nadie puede comprender totalmente los sentimientos de otra persona. De hecho, dice que cada corazón conoce su propia amargura (Proverbios 14:10; 1 Reyes 8:38). Aunque nuestros familiares y amigos pueden consolarnos hasta cierto grado, su ayuda es limitada. Pero, de una cosa puede estar seguro, usted no está solo. Dios conoce nuestro corazón (2 Crónicas 6:30). Jehová conoce las razones que lo llevaron a pensar que el suicidio era la única salida. También entiende sus sentimientos, que, como se dijo, pueden ser de culpa o vergüenza (Salmo 139:1).

Es cierto que para Dios la vida es muy valiosa, pero está dispuesto a perdonar a quienes han llegado a pensar en quitarse la vida (Salmo 86:5). Sabe que muchas personas que intentan suicidarse en realidad no quieren acabar con su vida, sino acabar con su dolor. Jehová puede ayudarnos incluso si nuestro corazón nos condena, porque él “es mayor que nuestro corazón y conoce todas las cosas” (1 Juan 3:19, 20). Sí, Jehová quiere ser para usted “el Padre de tiernas misericordias y el Dios de todo consuelo” (2 Corintios 1:3).

Si el impulso de quitarse la vida es intenso y ningún familiar o amigo puede ayudarlo en ese momento, llame a una línea telefónica para la prevención del suicidio o a un teléfono para emergencias.

Fuente: https://www.jw.org/es

domingo, 28 de agosto de 2022

¿Dios condena el maquillaje femenino?

¿Dónde Dice la Biblia que la Mujer no Debe Usar Maquillaje?

Una de las preguntas más comunes que recibimos, especialmente de las mujeres jóvenes, es si las cristianas pueden usar maquillaje. ¿Es un pecado maquillarse? 

Penosamente, hay muchas teorías jurídicas sobre esta cuestión. No hay ningún pasaje en la Biblia que prohíba a las mujeres cristianas usar maquillaje. Pero, de todos modos, veamos algunas pasajes de la Biblia.

Debemos respetar la fe de los demás cristianos. El uso de maquillaje es una zona gris en la Biblia. Debemos amar y respetar a quienes se abstienen de maquillarse. El maquillaje debe hacerse con convicción y con la conciencia tranquila. Romanos 14:23 «Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado.»

¿Que dice la biblia de las mujeres que se pintan?

No tenemos ninguna duda de que Dios le interesa más tu belleza interior. Quiere que creas en ti misma. Quiere que sepas lo hermosa que eres en Cristo. No hay nada de malo en sentirse guapa o en arreglarse el pelo. Las mujeres necesitan sentirse bellas.

Pero no debemos olvidar algo sumamente importante. Nuestro valor está en Cristo. Cuando lo olvidamos, empezamos a creer las mentiras del mundo: «No me veo lo suficientemente bien» «Soy fea sin maquillaje» ¡No! Eres hermosa. Conozco a muchas mujeres que son naturalmente hermosas, pero tienen una autoestima baja y se ahogan en el maquillaje excesivo. Esto no debe pasar entre las mujeres que aman al Señor.

Recuerda algo: eres hermosa Dios te ama y El ve tu corazón. Dios quiere saber más sobre dónde estás realmente. A Dios le importa más que crezcas en Cristo y des buenos frutos. Deberíamos preocuparnos más por nuestra belleza espiritual que por nuestra belleza física. 1 Samuel 16:7 «Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.»

¿Cuando el maquillaje se convierte en pecado?

En el momento que le damos más importancia al exterior que al interior, es cuando eso se convierte en pecado. La mujer debe seguir reflejando su belleza y resaltarla con el maquillaje, pero cuando esto sustituye tu vida espiritual, comenzamos a estar en falta.

Algo tan inocente como la barra de labios puede convertirse fácilmente en un ídolo en nuestras vidas. Para muchas mujeres cristianas, el maquillaje es un ídolo. La Biblia nos advierte que no debemos preocuparnos tanto por el adorno exterior que descuidemos el interior. Cuando el maquillaje se convierte en un ídolo, causa problemas de orgullo y autoestima y conduce a más pecados. 1 Pedro 3:3-4 «Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.»

1 Corintios 6:12 «Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.» En otras palabras, tengo derecho a hacer lo que me dé la voluntad, pero no me dejaré controlar por ninguna de ellas. 1 Corintios 10:14 «Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.» Si el maquillaje se ha convertido en tu ídolo, la Biblia te motiva darle la prioridad a Dios.

¿Cuando el maquillaje es bueno para las cristianas?

Debemos examinarnos constantemente. ¿Cuál es tu motivación para maquillarte? Si nos maquillamos para resaltar nuestros rasgos y la belleza que nos ha dado Dios, está bien.

Si tentamos a los demás con nuestro maquillaje, es lamentable. Pablo insta a las mujeres a ser discretas y 1 Pedro 3 insta a las mujeres a tener un espíritu apacible y tranquilo. Nuestra motivación no es llamar la atención. Debemos tener mucho cuidado de no dejarnos llevar por el orgullo. 1 Timoteo 2:9-10 «Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad.» Isaías 3:16-17 «Asimismo dice Jehová: Por cuanto las hijas de Sion se ensoberbecen, y andan con cuello erguido y con ojos desvergonzados; cuando andan van danzando, y haciendo son con los pies; por tanto, el Señor raerá la cabeza de las hijas de Sion, y Jehová descubrirá sus vergüenzas.»

¿Porque dicen que el maquillaje es pecado?

Muchos se basan en Ezequiel 23 para justificar esa doctrina. Pero si nos basamos en Ezequiel 23, entonces lavar la ropa y sentarse en un sofá también sería un pecado. 

Ezequiel 23:40-42 «Además, enviaron por hombres que viniesen de lejos, a los cuales había sido enviado mensajero, y he aquí vinieron; y por amor de ellos te lavaste, y pintaste tus ojos, y te ataviaste con adornos; y te sentaste sobre suntuoso estrado, y fue preparada mesa delante de él, y sobre ella pusiste mi incienso y mi aceite. Y se oyó en ella voz de compañía que se solazaba con ella; y con los varones de la gente común fueron traídos los sabeos del desierto, y pusieron pulseras en sus manos, y bellas coronas sobre sus cabezas.»

Algunos usan la cita bíblica de 2 Reyes 9:30-31 para justificar su doctrina «Vino después Jehú a Jezreel; y cuando Jezabel lo oyó, se pintó los ojos con antimonio, y atavió su cabeza, y se asomó a una ventana. Y cuando entraba Jehú por la puerta, ella dijo: ¿Sucedió bien a Zimri, que mató a su señor?»

A pesar de que vemos que Jezabel se maquilló, no quiere decir esto que sea pecado hacerlo. Porque varias mujeres de Dios se maquillaban también. Es el caso de Rebeca (Génesis 24:22, 30, 53), el caso de Ester Ester 2:7, 9, 12 y otras más. Porque el problema no es el maquillaje, el problema es el corazón y las intensiones con las que lo usamos.

Las mujeres cristianas pueden maquillarse. Sin embargo, debe hacerlo con humildad, con motivos puros y con moderación. Recuerda siempre que Dios valora tu belleza interior. La confianza no viene determinada por las joyas, los peinados o la ropa. Estas cosas desaparecerán. Nuestra confianza debe estar arraigada en Cristo. Debemos centrarnos en desarrollar un carácter piadoso.

Fuente: https://miadonay.com