Este blog rinde honor y alabanza al Dios de nuestra salvación a Jesucristo el Señor.

martes, 5 de mayo de 2020

Las plagas las envia Dios?

Las plagas, causas y consecuencias a luz de la Biblia



Miguel de J. Ramírez P.

Hermanos y amigos, que el Dios verdadero (Padre, Hijo y Espíritu Santo) les bendiga a todos, Mateo 28:19, en esta oportunidad expondremos el tema: “Las plagas, causas y consecuencias a luz de la Biblia”, esperando les sea de información, orientación y edificación.

Bien, comenzamos diciendo que plaga es toda clase de organismo que produzca daños y problemas tales como bacterias, virus, insectos, etc., a la salud humana, las plantas y animales.

En este mismo sentido, las plagas han existido desde el principio de la humanidad y desde que entró el pecado, por esto vemos las enfermedades, la vejez, el dolor, la muerte, etc. También la historia universal registra plagas en masa, tanto en las personas, en los animales, como en las plantas y cultivos, generando muerte, dolor, miseria, escasez, aflicción, tristeza, etc.

Ahora bien, queremos plantear el origen y las plagas a luz de la Biblia, para tener una mayor comprensión del porqué de esta calamidad en la humanidad a través de los tiempos y en todo sentido material y espiritual que nos han afectado y debemos decir que el Señor Jesucristo hablando del futuro y su retorno a gobernar y eliminar el libre albedrio en la humanidad dejó señales variadas que se cumplirían simultáneamente en toda la tierra y entre ellas mencionó “La Pestilencia” en diferentes lugares. Lucas 21:11; Mateo 24:7.

Por otro lado, en toda la historia bíblica vemos como Dios castigó el pecado en muchas ocasiones de diversas formas, pero una de ellas era enviando peste o plaga a quienes se sublevaron contra él y sus normas y queremos mencionarles algunos casos:

Primero: En el tercer libro de la Biblia Levítico capítulos 13 y 14, se menciona la lepra como una plaga o peste por el pecado que Dios hacía brotar a aquellos desobedientes en su pueblo y de humillarse y arrepentirse y ofrecer los sacrificios correspondientes por su maldad Dios los restauraba nuevamente. Levítico Caps. 13 y 14.

Segundo: En el quinto libro de la Biblia Deuteronomio capítulo 28, después que Dios les dio sus mandamientos al pueblo de Israel y los adoptó como su pueblo siempre y cuando ellos les obedecieran les advirtió que de abandonar sus normas y corromperse les enviaría toda clase de plagas y enfermedades por su mal proceder y así se cumplió en varias ocasiones que el pueblo se apartó de Dios y sus reglas. Deuteronomio 28:15 al 68.

Tercero: Todos hemos visto la película de Moisés y los diez mandamientos, donde Dios castigó el pueblo de Egipto con plagas o pestilencia para que dejara ir a su pueblo Israel a la tierra que Dios les prometió, desde plagas contra los animales, las plantas y los seres humanos demostrando su control sobre la naturaleza, y dándose a conocer como el único Dios verdadero y con poder. Exodo Caps. 8, 9 y 10.

Cuarto: El rey David, segundo rey de Israel cometió el error de realizar un censo para saber con cuánto soldados contaba para salir a la guerra con su ejército, algo que no fue del agrado de Dios ya que quien los protegía y daba la victoria el mismo Creador, lo que llevó a traer el castigo de una plaga o peste contra el pueblo por tres días donde murieron 70 mil personas, y no murieron más porque el pueblo y su rey se humillaron y pidieron perdón a Dios y cesó la mortandad, este hecho lo registra en el segundo Libro del profeta Samuel, capítulo 24:1 al 25.

Mis queridos hermanos y amigos, si la Biblia es la palabra de Dios, se demuestra cuando se cumple lo que ha dicho Dios que ha de acontecer, por esto hubo plaga, hay plaga y habrá plagas en toda la historia humana y más cuando vemos que el pecado apareció, está, estará y ha aumentado a nivel intercontinental, donde se aprueba el matrimonio homosexual, el aborto, el consumo de substancias alucinógenas, las canciones nocivas, la violenta, el robo, la idolatría, los homicidios y toda clase de corrupción física y espiritual, trayendo el disgusto de un Dios santo, Amo y Señor del universo que ha demostrado su desacuerdo con el mal, dándonos todo, pero esperando gratitud y obediencia a sus normas. ¿Si o no?

Por otra parte, conociendo Dios el futuro advierte a un pueblo que lo conoce hoy, a no ser partícipe del pecado de una religión idolátrica que él llama Babilonia la Grande, la madre de las rameras, porque la castigará con plagas, según Apocalipsis 18:4 que transcribimos: “Salid de ella pueblo mío y no seáis partícipes de sus pecados, para que no recibáis parte de sus plagas”, Apoc. 18:4.

También, les quiero mencionar que antes del pueblo de Israel entrar a la tierra prometida por manos de Moisés se escogieron doce varones príncipes uno de cada tribu del pueblo para reconocer la tierra y traer un informe y éstos vinieron murmurando y negando lo que Dios les había dicho, por lo cual, provocaron incredulidad, rebeldía en el pueblo y sólo dos de ellos fueron fieles, de nombre Josué y Caleb, lo que llevó a Dios a pronunciar una sentencia contra ellos muriendo de plagas y no recibiendo la promesa de entrar a dicha tierra y sólo lograrlos sus descendientes, por su rebelión a Dios, y no fue atracaron y robaron, sino que murmuraron y desobedecieron la orden divina.  Números 14:37.

¿Cree usted que Dios se hará el indiferente ante el pecado de la humanidad en este tiempo? ¿Piensa usted que las plagas son una casualidad e inventado en los laboratorios armamentistas humanos? ¿Tendrá Dios el control de las plagas que hay y que vengan el futuro? ¿Está usted preparado para vivir en un mundo lleno de plagas expuesto a morir aislado? ¿Ha procurado obedecer a Jesucristo aceptándolo como su Señor y Salvador? ¿Ha leído el manual de su Salvador conocido como el Nuevo Testamento? ¿Se preocupa por obedecer sus enseñanzas?

Concluyendo, nosotros somos los responsables de las plagas que hoy nos afectan, pero Dios da la promesa de librarnos de ellas si nos preocupamos por obedecerle, para esto nos ha dado sus normas y sus reglas  y se ha dado a conocer a través de su palabra la Biblia. Así que de nosotros depende evadir todas estas plagas de manera individual si le obedecemos a través de su Hijo Jesucristo y de manera colectiva si les damos para atrás a todas esas leyes antíbiblicas que se han aprobado legalizando el pecado y la maldad, de no hacerlo, pues no lloremos después, tendremos lo que sembrados. Y lo peor sería la perdición del alma… ¿Qué me dice usted? Salmos 91, Hechos 3:19; Mateo 4:17; Lucas 9:23 al 25; Juan 5:24.

Que el Señor nos bendiga, nos guarde, nos libre y nos ayude a todos

Fuente: https://elnuevodiario.com

lunes, 6 de abril de 2020

¿Coronavirus es plaga apocaliptica?

Profetizó la Biblia el Coronavirus



Por momentos es difícil creer lo que vivimos hoy. Países cerrados, eventos cancelados, servicios suspendidos; supermercados abarrotados y sin productos básicos; atracciones vacías; y, lo de mayor peso, miles de personas fallecidas, cientos de miles enfermas, y millones asustadas. El coronavirus afecta a casi todos los países del mundo.

Nuestra generación nunca había experimentado una pandemia a este nivel, y los cristianos en todo el mundo buscamos qué podemos aprender y cómo debemos actuar en medio de esta situación. Eso motiva la pregunta, ¿profetizó la Biblia el coronavirus? ¿Es COVID-19 una de las plagas bíblicas?

Sí, la Biblia profetizó enfermedades y plagas

Por un lado, recordemos que la Biblia habla de plagas significativas antes de la segunda venida de Cristo. En Lucas 21:11, nuestro Señor Jesús advierte a sus discípulos: “Habrá grandes terremotos, y plagas y hambres en diversos lugares; y habrá terrores y grandes señales del cielo”. Este pasaje muestra una tierra inquieta y en tribulación, mencionando específicamente la existencia de plagas y hambruna como antesala del fin (Lc. 21:9). Estas profecías han guardado a la Iglesia por 2.000 años de aquellos que pretenden ser el Mesías (Lc. 21:8).

El gemido de la creación es evidente cuando un virus microscópico es capaz de causar miles de muertes

En Apocalipsis 6:8 encontramos otro pasaje también importante en este momento: “Y miré, y había un caballo amarillento. El que estaba montado en él se llamaba Muerte, y el Hades lo seguía. Y se les dio autoridad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con pestilencia y con las fieras de la tierra”. Aquí, el desatar el cuarto sello abre el espacio para que un caballo “amarillento” (o “muy pálido”, es decir, enfermo) traiga dolor y muerte a través de guerras, enfermedades, y desastres naturales. Estos sellos son desatados como juicio de Dios a una tierra sorda frente al llamado del evangelio.

Una última verdad a considerar es la que nos enseña Romanos 8:22: “Pues sabemos que la creación entera gime y sufre hasta ahora dolores de parto”. El gemido de la creación es evidente al ver los árboles caer y los animales sufrir, pero es particularmente evidente cuando un virus microscópico es capaz de causar miles de muertes y paralizar todos los sistemas humanos. Como Dios declaró, vivimos en una tierra disfuncional. 

No, la Biblia no parece profetizar esta enfermedad y plaga

Si bien es cierto que la Biblia nos advierte y nos presenta la realidad de plagas y enfermedades y una tierra que gime, ¿podemos decir con limpia conciencia que estas profecías son específicas al coronavirus? ¿No es posible, o probable, que estas profecías hayan sido apropiadas a otras enfermedades y plagas anteriores, como la gripe española (que mató a más de 20 millones de personas)?

Debemos admitir que muchas de las profecías bíblicas relacionadas a tiempos apocalípticos tienen un sentir más general que específico.

En ese mismo tenor, debemos ser muy cuidadosos de no forzar un texto bíblico a que diga algo específicamente para nuestra situación actual, pues estaríamos atribuyéndonos el lugar de profetas de Dios. ¿Qué si no se cumple? Si Dios decide mostrar gracia y esta pandemia cae bajo control, y no muere una cuarta parte de la tierra (como profetizó Ap. 6), ni ocurre la segunda venida de Cristo en nuestra generación (como aparenta enseñar Lc. 21), ¿quién queda como mentiroso?

De ninguna manera miente nuestro Señor, pero nosotros podemos terminar como mentirosos o, inclusive, siendo falsos profetas (Dt. 18:21-22).

Además, no ignoremos la advertencia de Jesús: “Pero de aquel día y hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre” (Mt. 24:36). Cristo deja en claro que nadie conoce el momento de su segunda venida. Si pensamos que las profecías sobre plagas y enfermedades se refieren al coronavirus de manera específica, estamos en territorio peligroso de afirmar que conocemos más que lo que el Padre quería que supiéramos sobre el regreso de Jesús.

Certeza bíblica en tiempos de coronavirus

No cabe duda de que vivimos tiempos calamitosos, sin precedente para mi generación. Los expertos en el tema hablan de posibles cientos de miles más infectados, lo que implicará muchas muertes más. Y con toda probabilidad falta mucho tiempo para que los mercados económicos se recuperen.

Estos no son tiempos para la ansiedad, sino para la oración

Yo quiero creer que estas son señales antes del fin. Me uno a la Iglesia que ha clamado ¡Maranatah! por 2.000 años. Y creo firmemente que estos no son tiempos para la ansiedad, sino para la oración (Flp. 4:6-7). Es también una época especial para hacer la voluntad de Dios al amar a los necesitados, particularmente a las viudas y huérfanos alrededor (Stg. 1:27), y a los ancianos que son particularmente susceptible a esta enfermedad.

No podemos decir con certeza que el coronavirus es el cumplimiento de una profecía bíblica específica, pero podemos tener absoluta confianza en que Dios no se ha movido ni una pulgada de Su trono. Él sigue en los cielos, haciendo lo que le place (Sal. 115:3), para su gloria, y nuestro bien.

“Cuando estas cosas empiecen a suceder, levántense y alcen la cabeza, porque se acerca su redención”, Lucas 21:28.

Fuente: https://www.coalicionporelevangelio.org/

lunes, 30 de marzo de 2020

LAS SIETE ÚLTIMAS PLAGAS

Los juicios de Dios que vendrán sobre la tierra



“¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? Pues solo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado” (Apoc. 15:4).

Apocalipsis 11:18 resume los sucesos en la Tierra justo antes de la batalla final del Armagedón: “Se airaron las naciones”. Esta situación en la tierra coincide con la descripción de Jesús sobre los últimos días (Luc.21:25) y es seguida por la ira de Dios, que son sus juicios en forma de las siete últimas plagas sobre los impenitentes (Apoc. 15:1).

Apocalipsis 15 comienza con la imagen de siete ángeles con siete copas

llenas de esta ira divina. Pero, antes de que se derramen, tenemos un pantallazo futuro del pueblo fiel de Dios (Apoc. 15:1-4). Se lo describe victorioso “sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre” (Apoc. 15:2), de pie sobre algo semejante a un mar de vidrio, y entonando el canto de Moisés y el Cordero. Estos santos victoriosos son los mismos que se mencionan como los 144.000 en Apocalipsis 14:1 al 5. Al haber rechazado la marca de la bestia, están protegidos de las siete últimas plagas. Luego, en la Segunda Venida, sus cuerpos mortales son transformados y se visten de inmortalidad (1 Cor. 15:51-54), y se unen a los santos resucitados cuando Jesús regrese con poder y gloria (1 Tes. 4:17).

EL SIGNIFICADO DE LAS SIETE ÚLTIMAS PLAGAS

La gente ya optó por Dios o por Babilonia. Sin embargo, antes de que Cristo venga, los vientos destructores de la furia de Satanás que estaban retenidos (Apoc. 7:1-3) se desatan y los siguen las siete últimas plagas.  Apocalipsis 15:1 y Éxodo 7 al 10. ¿Cuán instructivas son las plagas de Egipto, consideradas el telón de fondo de las siete últimas plagas, con respecto a su propósito y significado?

A las siete últimas plagas se las llama “últimas” porque ocurren en el
momento final de la historia de la Tierra. 

En cambio, las plagas de las siete trompetas cubren el período que abarca toda la edad cristiana y tienen un alcance limitado. Se ejecutan mientras todavía se predica el evangelio (Apoc.10:8-11:14) y hay intercesión (Apoc. 8:2-5). Se combinan con misericordia, y su propósito es conducir a los enemigos del pueblo de Dios al arrepentimiento.
Por otro lado, las siete últimas plagas se derraman justo antes de la Segunda Venida. Se derraman sobre aquellos que, como el faraón, endurecieron su corazón contra el amor redentor de Dios y no se arrepintieron (Apoc. 16:11). La ira divina es el justo juicio de Dios sobre las decisiones que tomó la gente (Rom. 1:26-28), y los perdidos ahora cosechan las consecuencias de sus propias decisiones. Apocalipsis 15:5 al 8; Éxodo 40:34 y 35; y 1 Reyes 8:10 y 11. 

¿Qué sugiere la expresión “nadie podía entrar en el templo” (Apoc. 15:8) sobre la hora de las siete últimas plagas?

La expresión “nadie podía entrar en el templo” (Apoc. 15:8) señala el fin del tiempo de gracia (Apoc. 22:11). Cuando el ministerio intercesor de Cristo en el cielo llegue a su fin, la puerta de la oportunidad para arrepentirse se cerrará para siempre. Por consiguiente, las últimas plagas no conducirán a nadie al arrepentimiento; solo revelarán la dureza del corazón de quienes decidieron ponerse de parte de Babilonia, lo que los indujo a odiar aún más a Dios.

Observa el mundo actual que te rodea; las cosas solo irán de mal en peor. El hecho de
que las plagas se hayan retrasado tanto tiempo, ¿qué nos dice acerca de la misericordia y la paciencia de Dios?

EL DERRAMAMIENTO DE LAS ÚLTIMAS PLAGAS

Con el cese de la intercesión de Cristo en el Santuario celestial, el destino de cada persona queda determinado para siempre. Para quienes han despreciado el evangelio, ha llegado la hora de experimentar la ira de Dios en su plenitud.
Las siete últimas plagas imitan las plagas derramadas sobre Egipto (Éxo.7-11). Así como las plagas de Egipto afectaron a los egipcios en tanto que a los israelitas no, así también el pueblo de Dios será protegido durante este tiempo de angustia (Sal. 91:3-10; ver CS 612, 613). Las plagas de Egipto revelaron la dureza del corazón del faraón y demostraron ante los egipcios la incapacidad de sus dioses para protegerlos. Asimismo, las últimas plagas endurecen cada vez más el corazón de los adoradores de la bestia que sube del mar y revelan la impotencia de Babilonia para protegerlos del juicio divino. Apocalipsis 16:1 al 11. 

¿Qué sucede aquí, y cuál es la descripción?

Las primeras cuatro plagas “no son universales, pues de lo contrario los habitantes de la Tierra serían eliminados totalmente” (CS 612). La primera inflige llagas dolorosas y repugnantes exclusivamente a los adoradores de la bestia. La segunda y la tercera plagas afectan el mar, los ríos y las fuentes de agua, que se convierten en sangre. Sin agua para beber, la humanidad rebelde no podrá sobrevivir. La cuarta plaga afecta al Sol, y quema a la gente, causando un dolor insoportable. El dolor insoportable causado por las plagas no suaviza el corazón de la humanidad impía ni cambia su actitud rebelde. Esta maldice y blasfema a Dios, quien ejecuta estas plagas. Nadie se arrepiente tampoco.

En Apocalipsis 16:10 y 11 (Éxo. 10:21-23), podemos ver que la quinta plaga ataca el trono de la bestia. Fue Satanás quien delegó el trono en la bestia (Apoc. 13:2). Ahora ni siquiera la sede de la autoridad de Satanás puede resistir la fuerza de estas plagas. Como la gente sufre dolor, se da cuenta de la incapacidad de Babilonia para protegerla. Sin embargo, como se opuso a Dios, ni siquiera el terror de las plagas cambia su corazón.

¿Cómo podemos cultivar una experiencia íntima con el Señor, a fin de que, si llegásemos a vivir una tragedia, sepamos lo suficiente de su amor como para confiar en él incluso en medio del sufrimiento?

EL RÍO ÉUFRATES SE SECA

Apocalipsis 16:12; y 17:1 y 15. ¿Qué significa el símbolo del Éufrates?
¿Cuál es el significado del secamiento del Éufrates en el contexto de las
siete últimas plagas?
En el Antiguo Testamento, el Éufrates era un medio fundamental de apoyo para los enemigos de Israel, Asiria y Babilonia. El río fluía a través de Babilonia y era importante para la ciudad porque sustentaba los cultivos y proporcionaba agua para la gente. Babilonia no podía sobrevivir sin el Éufrates.

Apocalipsis 17:1 describe a la Babilonia del tiempo del fin asentada sobre muchas aguas, quizá como una referencia al Éufrates (ver Jer. 51:13). El versículo 15 del mismo capítulo explica que las aguas en las que se sienta Babilonia en el tiempo del fin representan a la gente que la apoya: los poderes civiles, seculares y políticos en el ámbito mundial detrás del sistema. Sin embargo, estos poderes finalmente le retirarán su apoyo.
La escena de la sexta plaga refleja la captura de la antigua Babilonia por parte de Ciro el Persa (ver Dan. 5). Según el antiguo historiador Herodoto, la noche en que el rey Belsasar y sus oficiales celebraban una fiesta, los persas desviaron el Éufrates y entraron en Babilonia por el lecho del río, tomando por sorpresa a la ciudad.

El secamiento simbólico del Éufrates, en Apocalipsis 16:12, ocasiona el colapso de la Babilonia del tiempo del fin. Dado que el Éufrates, en Apocalipsis, representa los poderes civiles, seculares y políticos que apoyan a Babilonia, el secamiento del Éufrates simboliza la retirada de su apoyo y posterior ataque contra Babilonia, lo que causa su caída. A medida que los habitantes del mundo presencien la agitación de la naturaleza (ver Apoc. 16:3-9), recurren a Babilonia para protegerse. Sin embargo, cuando la quinta plaga ataca la sede de la autoridad de Babilonia, ven la inutilidad de buscar ayuda allí. Al sentirse engañados, se vuelven en contra de Babilonia, lo que causa su caída (ver Apoc. 17:16). Sin embargo, como hemos visto, su corazón sigue endurecido contra Dios y su pueblo. Por consiguiente, se convierten en terreno fértil para el engaño final mediante el cual Satanás inducirá al mundo a unirse contra el pueblo de Dios para borrarlo de la faz de la Tierra.

¿Cómo descubriste lo arriesgado que es depositar tu confianza en los seres humanos
y en las instituciones humanas?

EL ÚLTIMO GRAN ENGAÑO DE SATANÁS

Apocalipsis 16:12 nos dice que el propósito del secamiento del Éufrates es preparar el camino para “los reyes del oriente”. En el Antiguo Testamento,“los reyes del oriente” eran Ciro y sus fuerzas que venían del norte, y luego se dirigieron a Babilonia desde el este (Isa. 41:25). Su conquista de Babilonia posibilitó el regreso del pueblo de Dios a su patria (Isa. 44:27, 28). De la misma manera, el secamiento simbólico del Éufrates prepara el camino para la venida de los reyes del oriente a fin de ofrecer liberación al pueblo de Dios del tiempo del fin.

Los reyes del oriente de Apocalipsis 16:12 son Cristo y su ejército de ángeles celestiales. En su segunda venida, Jesús se presentará con su hueste angelical vestida “de lino finísimo, blanco y limpio” (Apoc. 19:14), que es la vestimenta de los ángeles sin pecado (Apoc. 15:6). Acompañado por la hueste celestial, como muestra Apocalipsis 17:14, Cristo vencerá a las fuerzas satánicas que oprimen a su pueblo (cf. Mat. 24:30, 31). El conflicto contra el pueblo de Dios antes de la Segunda Venida se conoce como la batalla de Armagedón. Apocalipsis 16:13 y 14. 

¿Cuál es el papel de los tres espíritus inmundos en preparación para la batalla de Armagedón? ¿En qué sentido son una falsificación satánica del mensaje de los tres ángeles de Apocalipsis 14? (Ver 1 Tim. 4:1.)

Mediante los acontecimientos finales que conducen al fin del tiempo de gracia, cada ser humano será llevado a decidir en cuál de los dos bandos se colocará en la batalla de Armagedón. Como preludio de esta guerra espiritual, Juan ve a tres espíritus demoníacos semejantes a ranas. El último intento de Satanás de engañar involucra a espíritus demoníacos y mentirosos.

El dragón (el paganismo y el espiritismo), la bestia que sube del mar (el catolicismo romano) y el falso profeta (el protestantismo apóstata) se unen bajo las órdenes de Satanás (ver Apoc. 13:11, 12). Satanás les permite realizar señales milagrosas que apuntan a las actividades de la bestia semejante a un cordero (ver Apoc. 13:13-17), que incluye el espiritismo. Las señales milagrosas son parte de la estrategia engañosa de Satanás para persuadir al mundo de seguirlo a él en vez de al Dios verdadero.
Cegados por su odio hacia Dios y su verdad, los líderes del mundo creen fácilmente en las mentiras de Satanás, que están envueltas en un atractivo disfraz religioso (2 Tes. 2:9-12). Por último, se unirán en la batalla final que conduce al fin de este mundo.

domingo, 2 de febrero de 2020

Fui llevada a la presencia del Señor hna Noemy

Una experiencia maravillosa con Jesús



Estaba buscando al Señor intensamente en oración y en ayuno, y comencé a tener muchas revelaciones y experiencias sobrenaturales que impactaron mi vida. En la oración era muy fuerte la presencia de Dios y su Espíritu me llenaba. La biblia la estudiaba todos los días. Grande fue el día en que tuvo lugar esta preciosa experiencia de mi Dios.

El profeta Isaías cuando vio la gloria de Dios lo dijo

"Vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria”. Amen, amen.  Isaías 1:1-3

Y Moisés y el pueblo de Israel contemplaron su gloria.
"Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego, y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera"  Éxodo 19:18 

En el amanecer fui llevada a la presencia de mi Dios. 

Aparecí en el cielo en medio de la oscuridad del espacio.  Al frente de mi, había una linea de montes muy altos, y hacia  el norte había una montaña aún mas grande. De repente en esa gran montaña empezaron a brotar pequeños fuegos  por todos lados y cada vez iban apareciendo mas y mas. Luego se llenó totalmente de una gran humareda, y toda la montaña ardía en fuego; y desde atrás y hacia todos lados, salían rayos y relámpagos y un gran resplandor de luz.

Estaba impresionada, sabía que algo grande iba a ocurrir.  En ese momento la montaña se comenzó  a mover hacia el lado lentamente, y mientras iba saliendo, se aumentaban los  rayos y relámpagos y había mucha luz, hasta que la montaña se salió y desapareció.

Ahora el fulgor de luz era aun mayor y en ese mismo momento en medio de todo el fulgor apareció la imponente e impactante figura de aquel Ser maravilloso que iluminó todo el firmamento.  Allí al frente de mis ojos estaba la persona mas sublime y mas hermosa de todo el universo. Jesús de Nazaret.

Mi alma lo amaba. Yo sentía su presencia en todo mi ser, pero no podía hablar; permanecí en silencio contemplando su hermosura. Estaba impactada. Una emoción y una paz muy grande llenaban mi alma. Y solo podía decir ¡es Dios el Señor! ¡el todopoderoso! ¡es Jesús mi Señor! 

Al principio la montaña se veía muy lejos pero cuando el Señor  apareció  estaba muy cerca a la vez. Ahora me encontraba en la misma presencia de Dios, gozo y paz recibía de él, pero yo quería mirarlo, y el Señor lo permitió. En ese momento mi cabeza se inclinó y luego lentamente comencé a mirar al Señor, estaba todo vestido de blanco, lo miré desde abajo hacia arriba. El Señor Jesús era muy alto, lo primero que vi fueron sus pies y sus vestiduras, sus vestidos eran como faldas largas  hasta los pies; eran de un blanco total radiante nunca visto en la tierra. Sus vestiduras reflejaban  una santidad muy grande, y de todo  su ser fluía esa santidad. Vi  toda su vestidura hasta los hombros, sus hombros eran fuertes y sobre ellos tenía sus cabellos.  

Luego miré su rostro y quedé maravillada. 

Jesús era muy joven y tenía rostro de un hombre. Parecía como de 25 a 30 años; y su rostro era semejante a la de los hombres judíos. Su cara se veía como ungida con aceite y no tenía manchas ni arrugas ni barba ni cosa alguna. Miré su pelo y en toda su cabeza fluía una gran humildad. Cuando miré sus ojos quedé atónita, sus ojos eran como  llamas de fuego, y de ellos emanaba un poderoso amor que inundaba todo mi ser.

Sus ojos no eran como los de los hombres, eran luz y amor. 

El Señor me miraba directamente a los ojos, aunque había una cierta distancia. al mismo tiempo estaba cerca.Sus ojos estaban llenos de amor por mi.

Mientras miraba al Señor seguía fluyendo ese poderoso amor, y con sus ojos el me decía que me amaba, yo no oía su voz pero sabía que el me decía ¡te amo, te amo tanto! Yo solo quería continuar con el, no tenía presente la vida de la tierra, era como si todo hubiera pasado, fue  entonces  cuando recordé la gran palabra del Señor y supe cuan grande y verdadero era el amor de Dios para con todos los hombres aunque el mundo no lo sabía. Ahora entendía muy bien Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda sino que tenga vida eterna”  Me maravillé.

En ese momento me acordé de toda la gente de la tierra, que no conocían el amor de Dios, ni tampoco al Señor y un deseo muy fuerte comencé a sentir en mi corazón, quería ir por todo el mundo y predicar el evangelio a toda criatura, anunciar que Cristo vive y reina por los siglos de los siglos, y que pronto viene en busca de su pueblo.

No supe cuanto tiempo pasé allí, el Señor estaba maravilloso, lleno de gloria y de poder. Yo quería continuar en su presencia, pero  al instante mi vida estaba en la realidad.
Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el todopoderoso.  Apocalípsis 1:8  Amen

Adm 

domingo, 19 de enero de 2020

Fui un pastor adicto a la pornografía

Testimonio Pastor Garrett Kell 

 
Fui un pastor que amaba a Dios y a mi iglesia, todo esto mientras escondía mi pecado secreto. Pronto aprendí que Dios sabe cómo disciplinar a los hipócritas que ama.

Me convertí en cristiano a los 21 años, y pastor a los 25. A veces me pregunto si debí haberme vuelto pastor tan rápido. Lo bueno es que servimos a un Padre que nunca es frustrado por nuestras decisiones cuestionables.

El pueblo

Al final de una autopista polvorienta dos horas al oeste de Dallas, Texas, encontrarás un pequeño pueblo al que llamé hogar por siete años. Los campos alrededor de Graham están cubiertos con bombas de petróleo que mantienen con vida la economía de la comunidad. La gente del pueblo es amistosa, y los visitantes sienten que han entrado a los años 50. Es un lugar donde las puertas están sin seguro y los pastores aún obtienen descuentos en las comidas.

A Graham no le faltaban iglesias; había alrededor de 40 cuando llegué por primera vez. Este no era el tipo de ministerio que había visto para mí. Yo quería una ciudad con 10 millones de personas sin iglesia y sin conocimiento de Dios. En su lugar, me encontré en un pueblo con 10,000 personas, 40 iglesias, y la mayoría decía que conocía a Dios.

Pero se hizo evidente que debía estar en Graham.

La iglesia

Graham Bible Church nació en el 2003 de una reunión de oración. Trece nuevos amigos que querían ver a Dios cambiar su pequeño pueblo me pidieron predicar. Amé a ese grupo con todo mi corazón. El cariño de esos primeros días todavía trae lágrimas a mis ojos.

Nuestra música usualmente era terrible, pero cantábamos con fervor, y confío en que Dios estaba complacido. Yo era un predicador sin experiencia, pero enseñaba la Biblia lo más claro que podía. Reíamos y llorábamos juntos.

La inmadurez condujo a decisiones tontas en la predicación y el liderazgo, pero Dios nos bendijo a pesar de ello. Nuestra pequeña reunión creció de 13 a 120 personas en cerca de nueve meses. El crecimiento nos llenaba de ánimo, pero al mismo tiempo nos desilusionaba.

Las cosas estaban yendo tan bien en aquellos primeros años que empecé a pensar que Dios estaba dispuesto a pasar por alto el pecado que estaba ocultando.

El pecado interior

A pesar que el ministerio estaba yendo “bien”, no estaba bien con mi alma. Estaba profundamente descontento. Mi vida no estaba yendo de acuerdo a mis planes.

En ese tiempo, estaba teniendo una relación a distancia con mi novia de la universidad. Ella no estaba lista para el matrimonio y yo no estaba dispuesto a dejarla ir, aunque muy en el fondo sabía que Dios no quería que me casara con ella. Nuestra relación de seis años estaba envuelta en pecado, lo que hacía que morir pareciera más fácil que separarnos. Nos comprometimos dos veces y estuvimos a 50 días de la boda antes de que finalmente termináramos las cosas para siempre.

Mi renuencia a rendirme totalmente a Dios, junto con mi inseguridad, descontento, temor al hombre, y deseo de tener una gran reputación, crearon un ambiente en mi corazón que permitió que prosperara la pornografía. Por los primeros tres años de ministerio pastoral, batallé en secreto con este pecado.

Sabía que mi pecado le dolía a Dios, pero mis confesiones apuntaban más a acallar mi culpa que a obtener la ayuda que necesitaba. Cada dos o tres meses me complacía en un mar de pornografía. A esto le seguía dolor, confesiones en privado sobre cuánto odiaba el pecado y cuánto amaba a Jesús, y resoluciones personales de no hacerlo nunca más. Recuerdo sentirme como los israelitas, repitiendo el mismo ciclo en el libro de Jueces. Pecado. Dolor. Llanto. Paz. Una y otra vez.

Durante este tiempo, compartí confesiones vagas con distintos amigos. Confesaba que estaba “batallando con cosas de pureza” sin ser específico acerca de cuánto y cuán a menudo. Cada vez que confesaba, en verdad pensaba que sería la última vez y que podría superar por mí mismo esta batalla. En lugar de eso, el engaño se hizo más oscuro. Nadie tenía una visión clara de lo que en realidad estaba pasando en mi vida.

Vivir una mentira es agotador.

Lo que hacía las cosas más difíciles era la abundancia de fruto que Dios estaba produciendo a través de mí. A nuestra iglesia venían varios cientos de personas. Las vidas estaban cambiando. Así que asumí que Dios estaba pasando por alto mi pecado. Asumí que de alguna forma estaba exento de la destrucción que muchos otros habían conocido.

La carta

Cerca del final del 2006, empecé a salir con la mujer que ahora es mi esposa. Carrie estaba enterada de mi pecado sexual y estaba animada por el progreso que había hecho. Por ese mismo tiempo, un amigo llamado Reid Monaghan y yo empezamos a hacer planes para plantar una iglesia en New Jersey.

La noche antes de volar a Jersey para filmar un video de promoción para la nueva iglesia, escribí “la carta”. Creí que si Reid y yo íbamos a trabajar juntos, necesitaba ser honesto sobre mi pasado. Así que elaboré un recuento detallando mis pecados sexuales desde que me convertí en cristiano hasta ese día.

Ese viaje a Jersey inició una intervención que creo salvó mi alma, mi matrimonio, y mi ministerio. Carrie y yo nos reunimos con Reid en un café y con lágrimas me dijo: “Te amo, hermano, pero luego de leer tu carta, no creo que podamos seguir adelante juntos. Y para ser honesto, no creo que debas ser pastor en este momento”.

Nadie me había hablado así nunca. O por lo menos, no había prestado atención. La mayoría de las personas estaban dispuestas a pasar por alto mis luchas debido a mi talento notable o personalidad. Pero a Reid no lo importaba nada de eso. Él amaba a Dios, y me amaba a mí.

Carrie y yo regresamos a casa, nos reunimos con unos pocos amigos confiables fuera de la iglesia, y luego organizamos una reunión con nuestros ancianos. Mientras les entregaba una copia de la carta, les dije: “Mi vida y ministerio están en sus manos. Díganme qué hacer”.

El yunque

Un yunque es una superficie dura en la que un objeto es colocado para ser golpeado. El año 2007 fue el yunque en el que fui golpeado por la buena mano de Dios. Fue el año más brutal de mi vida, y estoy seguro que para la vida de muchos de esos ancianos, también. Mi pecado puso a aquellos hermanos a través de una gran angustia. Eran buenos hombres que amaban a Cristo y solo querían verlo engrandecido en su pueblo. Pero les lancé un problema a sus manos que ni ellos ni yo sabíamos cómo tratar.

De alguna manera, el contenido de la carta pasó a otra persona en nuestra iglesia. Esa persona lo compartió con otros, y bueno, si has vivido alguna vez en un pueblo pequeño, sabes lo que pasó luego. Los rumores se esparcen rápidamente, con especulaciones de todas las formas más oscuras que puedas imaginar.

Los ancianos sugirieron que realizáramos una reunión para que confesara públicamente mi pecado. No teníamos una membresía con significado en ese entonces, lo que dejó la reunión abierta a todo el que quisiera atender. Como pueden imaginar, todo tipo de personas, algunos que nunca habían visitado nuestra iglesia antes, aparecieron.

El tiempo pasó lentamente mientras estaba sentado en la plataforma esa tarde. Mis grandes temores se estaban volviendo realidad, y aun así estaba agradecido por ello. Vivir una mentira es agotador: el siempre presente temor de que alguien encontrara mi historial de búsquedas, el diablo chantajeando mi corazón con recuerdos vergonzosos, y yo pretendiendo estar bien cuando no lo estaba.

En la siguiente hora, narré mi pecado a todos los que asistieron. Otro anciano hacía preguntas. Algunas personas lloraban. Algunos gritaban. Algunos me miraban con ojos que perforaban más profundo que una espada. Algunos me abrazaron luego. Algunos se fueron y nunca más me hablaron.

Al día siguiente, la iglesia recibió llamadas de personas que no pudieron asistir y preguntaron si podríamos hacerlo otra vez. Lo hicimos. Le siguieron meses de reuniones privadas, intervenciones, sesiones de consejería, y conversaciones llenas de lágrimas. A menudo sentía que ya había “terminado” con el proceso, pero Dios me aseguró que Él determinaría cuándo acabaríamos.

Durante esos meses mi perro murió, varios ancianos renunciaron, y por lo menos una docena de familias dejaron la iglesia. Además de eso, tuve un accidente casi fatal 50 días antes de mi boda. Estaba arreglando mi jardín cuando el combustible explotó, cubriendo el 12% de mi cuerpo con quemaduras de segundo y tercer grado. Mientras estaba siendo preparado para un traslado en avión, Carrie llamó al hospital para preguntar cómo estaba. La persona respondió: “Si, tiene quemaduras muy graves; estará bien. Dios sí sabe cómo darnos lo que merecemos, ¿no?”.

Nada era más doloroso que ver cómo mis decisiones pecaminosas hundían la fe de las personas que amaba. Mi alma aún se siente perseguida por ello.

Las quemaduras y las palabras afiladas duelen, pero era más doloroso que ver cómo mis decisiones pecaminosas hundían la fe de las personas que amaba. Muchos estuvieron dispuestos a perdonar y seguir adelante. Pero no todos. Algunos no se sentían dispuestos a sentarse bajo la palabra predicada al temer que el predicador pudiera ser un fraude como yo. No compartiré aquí los detalles de sus luchas y extravíos, pero mi alma todavía se duele por la forma devastadora que mi pecado afectó a muchos.

La luz

Hay algo liberador en la luz, incluso si te hace estremecer debido a que has estado en la oscuridad por tanto tiempo. Ese año Dios entró a la oscuridad de mi hipócrita protección de imagen personal, y me jaló hacia su luz liberadora. Fue a través de su liberación que aprendí a confiar en Él de maneras que habían sido teóricas antes.

Salir a la luz daba miedo. Le di a Dios, y a otras personas, las riendas de control. Por mucho tiempo intenté controlar mi mundo cubriendo mi pecado, pero Dios me llamó a rendirme. No podía hacer más aquellos días sino solo abrir mis manos y dejarlo obrar a través de personas imperfectas y de un proceso imperfecto, en su manera perfecta.

Me convencí de que le puedo dejar a Dios las consecuencias de mi desobediencia. También aprendí que no solo estaba obrando en mí en este proceso; mi pecado y confesión se volvieron el conducto por el que Dios obró en muchas personas más. Su actitud moralista, la falta de perdón, y la incredulidad de ellos fue expuesta, también. Dando vueltas alrededor de muchos de nosotros había sentimientos de traición, vergüenza, dolor, confusión, enojo, y miedo. Y en el revoloteo, Jesús se mantenía firme. Probó ser mi Buen Pastor, y el de ellos.

Luego de unos meses en este proceso, muchos mentores amados me animaron a irme y empezar en otro lugar de nuevo. Pero muy en el fondo, sabía que a menos que mi iglesia me despidiera, debía quedarme sin importar cuán doloroso fuera el proceso. Dios me convenció a través de su Palabra que mi pecado había causado este lío, y necesitaba quedarme y soportar sus consecuencias.

En un punto, recuerdo estar acostado boca abajo en la alfombra de mi dormitorio. Y dije gritando: “He confesado cada pecado que he cometido, Dios. ¡No sé que más hacer!”. No me habló audiblemente, pero lo sentí diciendo: “Ahora empezaré a usarte”. El Señor me había aplastado porque me amó, y porque no había terminado conmigo todavía.

La restauración

Después de un año, Dios cerró ese capítulo en la vida de nuestra iglesia. Detrás nuestro habían lecciones aprendidas y más daño colateral del que a veces puedo soportar pensar. El siguiente capítulo trajo un nuevo día con una nueva atmósfera en nuestra congregación.

Muchos empezaron a confesar sus propios pecados ocultos. La actitud moralista fue expulsada, y la sanidad sobrenatural vino a mí y a la congregación que quedó. Me mantuve como pastor por otros dos años antes que Dios me llevará lejos de ese rebaño.

Me estremezco al pensar qué hubiera pasado si Dios nunca hubiera expuesto y aplastado mi pecado de la manera que lo hizo. Fue el peor y mejor año de mi vida. Nunca desearía pasar por ello otra vez, pero nunca cambiaría la cercanía a Dios que obtuve de ese momento.

Aquí hay cinco lecciones que aprendí que pueden ayudar a otros que batallan con pecados ocultos.

1. La presión a fingir es real.

No necesitas ser pastor para conocer la presión a fingir que lo tienes todo resuelto. A nadie le gusta ser expuesto. Nuestra vergüenza siempre busca asilo en la oscuridad. Nuestros primeros padres sabían esto cuando se escurrieron entre sombras del Edén (Gn. 3:8).

Si eres pastor, recuerda que la presión que sientes para verte capaz e impecable no viene del Padre. Es Satanás quien se disfraza como ángel de luz (2 Co. 11:14). No caigas en su llamado a encubrir quién eres realmente.

2. La hipocresía debe morir.

Luego de mi confesión, un querido amigo me dio un mensaje intencionado. Con un tono firme pero amable, dijo: “Jesús fue muy paciente con los pecadores sexuales, pero fue muy duro con los hipócritas. No puedes seguir a Jesús mientras pretendas que no lo necesitas realmente”.

Tenía razón. Predicaba sermones acerca de necesitar a Jesús, mientras solo fingía vivir lo que estaba predicando. Si no te quitas la máscara de la hipocresía y respiras el aire de la honestidad, tu alma se marchitará. El engaño se hace más oscuro. Empezarás a creer que estás seguro en tu pecado. Jesús murió por nuestra hipocresía y resucitó para darnos el poder de alejarla de nosotros.

Si no te quitas la máscara de la hipocresía y respiras el aire de la honestidad, tu alma se marchitará.

3. El tiempo para la honestidad es ahora.

Si estás escondiendo pecados, puedes salir con excusas razonables y profundas para esperar una siguiente ocasión para ser honesto. Tu carne se asustará y dirá que nunca sucederá de nuevo. No caigas en ese truco. Hoy es el día para confesarlo todo.

Jesús prometió que todo lo hecho en la oscuridad vendrá a la luz en el juicio de Dios (Lc. 12:2). Aún así, hay misericordia para aquellos que deciden traer a la luz lo que hicieron antes de ese gran día. Si tienes pecado sin confesar, ¿te comprometerías a compartirlo con Dios y con otro amigo cristiano confiable y cercano? Si dices que no, ¿por qué no? ¿Qué te impide honrar a Dios haciéndolo? Cualquiera sea la razón que tengas, revelará los ídolos con los que intentas obtener vida en lugar de hacerlo con Jesús.

4. No puedes hacerlo solo.

Necesitas a alguien en tu vida que te conozca, que te conozca de verdad. No alguien que entiende de manera general cómo luchas, sino alguien que sepa el estado de tus afectos y luchas con el pecado al día de hoy. Todos necesitamos a alguien al lado con quien podamos ir a confesarnos constantemente, arrepintiéndonos y confiando en Jesús.

5. Jesús nunca te dejará.

No importa lo que la honestidad te pueda costar, Jesús estará contigo (Mt. 28:20). Promete nunca dejarte ni desampararte (He. 13:5) Promete que estás completo en Él (Col. 2:10). Promete que nada te separará de su amor (Rm. 8:31–39). Promete completar la buena obra que empezó en ti (Fil. 1:6). Promete caminar contigo a través de los días oscuros que acompañen tu honestidad (Sal. 23:4).

Dios ha sido muy bondadoso contigo, ¿verdad? Querido amigo, su bondad está diseñada para llevarte al arrepentimiento (Rm. 2:4). Hoy es el día para entregarlo todo.

Y a las iglesias que puedan haber sido dejadas a punto de caer, no se desesperen. El Señor las cuidará así como ustedes cuidan a su pastor y se cuidan entre ustedes. Oren mucho, busquen consejo sabio, y confíen Jesús, quien es el mismo ayer, hoy y por siempre (Heb. 13:8).

Fuente: https://www.coalicionporelevangelio.org/

sábado, 4 de enero de 2020

¿Qué hacer si he caído en pecado sexual con mi novio?


Un amigo pastor me decía el otro día que en menos de un año de haber plantado una iglesia, ya había tenido que ver varios casos de fornicación entre sus miembros. 

Luego de haber servido con jóvenes por años, y de haber tenido un año de noviazgo con la mujer más hermosa del universo, puedo decirte en amor que entiendo lo fuerte de la tentación sexual. Sin embargo, lo frecuente de un pecado no hace de la voluntad de Dios algo diferente:

“Porque ésta es la voluntad de Dios: su santificación; es decir, que se abstengan de inmoralidad sexual; que cada uno de ustedes sepa cómo poseer (tener) su propio vaso en santificación y honor, no en pasión degradante, como los Gentiles (paganos) que no conocen a Dios”, 1 Tesalonicenses 4:3-5

¿Quieres saber cuál es la voluntad de Dios para tu vida? Puedo decírtelo sin temor a equivocarme: huye de cualquier satisfacción sexual con alguien que no sea tu esposa. Eso implica la abstinencia total fuera del matrimonio, el huír de la pornografía, el correr del adulterio, y el guardar en santidad el tiempo de amistad y noviazgo antes de casarse.

La fornicación es pecado. Es horrendo delante de Dios. Daña nuestra relación con Él. Nos hace sentirnos sucios e indignos. Nos convierte en hipócritas cuando estamos sirviendo en la iglesia o aconsejando a los demás. Empodera a la carne y perjudica la influencia del Espíritu en nuestras vidas. No importa cuánto diga la cultura que es algo normal; no importa cuántos de tus amigos hayan hecho lo mismo; no importa cuánto Satanás te diga que no es tan malo; no importa cuánto te hayas engañado a ti mismo. Si eres cristiano, tú sabes dentro de ti que es el sexo antes del matrimonio es pecado. Y si ya has caído en fornicación, o estás entreteniendo ideas sexuales con alguien que no es tu esposa, tú sabes que necesitas parar. AHORA.

“Pero que la inmoralidad, y toda impureza o avaricia, ni siquiera se mencionen entre vosotros, como corresponde a los santos”, Efesios 5:3.

Como todo pecado, la fornicación no solo perjudica nuestra relación con Dios. Tal vez más que ningún otro pecado, las relaciones sexuales antes del matrimonio hacen un daño increíble para la relación. No tengo que decírtelo nueva vez: tú ya lo sabes. Si han caído en pecado sexual, su relación ha sentido los abates. Las cosas ya no son igual: ha crecido la desconfianza entre los dos, las discusiones son más frecuentes, y los tiempos a solas han perdido mucho de su encanto. Por tal razón, es necesario arrepentimiento y volver a la voluntad de Dios. A continuación te presento algunos consejos sustentados en la Palabra que oro puedas seguir si este es tu caso, o puedan servir para aconsejar a otros y aun a ti mismo.

1. Confiesa tu pecado.

“El que encubre sus pecados no prosperará, Pero el que los confiesa y los abandona hallará misericordia”, Proverbios 28:13

Llama las cosas por su nombre. Como pareja, admítanse uno a otro que la fornicación es ofensivo a Dios. Que es pecado. No lo escondas, porque no prosperarás. Puede que en este momento solo lo sepan ustedes dos, pero que esto siga siendo así sería lo peor que puede pasarles. En Su misericordia hay perdón para todo el que se arrepiente y aparte de su pecado. Este arrepentimiento conlleva confesión. Y no el uno al otro: deben confesarlo ante alguien más. Esto nos lleva al segundo punto.

2. Ve donde tus mentores/pastores.

“Por tanto, confiésense sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados. La oración (súplica) eficaz del justo puede lograr mucho”, Santiago 5:16

No cabe dudas de que nuestro mediador es Jesucristo. No necesitamos confesar nuestros pecados ante algún hombre para ser perdonados. Sin embargo, sí necesitamos la guía de los hombres dados por Dios a su iglesia. Necesitamos el consejo de nuestros pastores. Por tal razón, tan pronto reconozcan la fornicación como pecado, hagan una cita prontamente con su pastor y reconozcan su situación y pídanle su guía. Ve con el corazón dispuesto a que sea Dios quien les sustente y ordene.  

Los próximos consejos son cosas a tomar en cuenta en base a la guía de tus pastores y mentores. Si ellos te recomiendan algo diferente a lo que aquí escribo, con toda probabilidad sigue lo que ellos digan. Te conocen mejor: velan por tu alma: van a rendir cuentas de su cuidado hacia ti. Sigue su consejo y, con el poder del Espíritu y la Biblia en la mano, da los pasos que sean necesarios para honrar a Dios y sanar tu relación.

3. Sepárense momentáneamente.

“Huyan de la fornicación. Todos los demás pecados que un hombre comete están fuera del cuerpo, pero el fornicario peca contra su propio cuerpo. ¿O no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en ustedes, el cual tienen de Dios, y que ustedes no se pertenecen a sí mismos? Porque han sido comprados por un precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios”, 1 Corintios 6:18-20

Hay diversas razones por la que una separación inmediata es lo ideal. Tres de ellas:

a. Ya han mostrado que no tienen suficiente dominio propio como individuos en esta relación. Por tanto, huir de la fornicación conlleva alejarse el uno del otro.

b. La relación ha sido teñida por el pecado, y es necesario que cada cual pueda ser aconsejado y buscar a Dios sin las presiones de mantener una relación.

c. El pecado tiene consecuencias. Es importante para el arrepentimiento el sentir el peso de las acciones cometidas. Si luego del pecado sexual ambos continúan como si nada hubiera pasado, en poco tiempo la carne les convencerá de que genuinamente nada ha pasado.

4. No descarten el matrimonio.

“ESTE ES EL PACTO QUE HARE CON ELLOS DESPUES DE AQUELLOS DIAS, DICE EL SEÑOR: PONDRE MIS LEYES EN SU CORAZON, Y EN SU MENTE LAS ESCRIBIRE,” añade: “Y NUNCA MAS ME ACORDARE DE SUS PECADOS E INIQUIDADES.” Ahora bien, donde hay perdón (remisión) de estas cosas, ya no hay ofrenda por el pecado”, Hebreos 10:16-18

Como el punto anterior, para esto debes una vez más buscar el consejo de tus pastores. Es posible que la relación esté tan dañada, o el matrimonio esté tan lejos, que lo mejor para ustedes es separarse sin siquiera imaginarse volver en un futuro. Si no han podido parar su pecado, eso implica que hay otras situaciones y patrones de pecado en su vida que les dificultará tener un matrimonio santo. Pero no necesariamente es este el caso en cada relación. El evangelio hace posible que relaciones que hayan tenido un pasado pecaminoso puedan tener un futuro glorioso. Lo horrendo del pecado de David con Betsabé conllevó la muerte de ese hijo. Pero Dios usó esa relación con un pasado tan oscuro para traer a aquel sabio rey, Salomón (2 Sam. 12:24).

Además de esto, creo que tampoco debemos olvidar el principio detrás de Éxodo 22:16: “Si alguien seduce a una doncella que no esté comprometida para casarse, y se acuesta con ella, deberá pagar una dote por ella para que sea su mujer”. Para el Señor, luego de fornicación, el matrimonio sigue siendo una opción. De esa forma, Dios cuida la integridad de los individuos, protege a la mujer de daños futuros, y guarda a ambos de traer otras experiencias sexuales a matrimonios futuros. Otra vez, vuelve al punto dos y busca el consejo de tus pastores. Pero no supongas que su pecado significa que no podrán contraer matrimonio.

5. Recuerda el evangelio.

“Esto traigo a mi corazón, por esto tengo esperanza: Que las misericordias del Señor jamás terminan, Pues nunca fallan sus bondades; son nuevas cada mañana; ¡Grande es tu fidelidad!”, Lamentaciones 3:20-23

Quedarte rememorando tu pecado una y otra vez, olvidándote del perdón que hay en Jesús, solo te servirá para deprimirte y desanimarte. Como dice un poco más adelante este texto: ”¿Por qué ha de quejarse el ser viviente? ¡Sea valiente frente a sus pecados! Examinemos nuestros caminos y escudriñémoslos, y volvamos al Señor” (Lam. 3:39-40). No te quedes en quejas, ¡sé valiente frente a tu pecado! Escudriña tus caminos, lamenta tu pecado, y corre a la cruz. Una y otra vez.

El Señor te ha perdonado y te ha hecho parte de su familia, la Iglesia. Ahora tienes una familia con la cual caminar, un Padre que te recibe en amor, un Hijo que te da el perdón, y un Espíritu que te empodera para vivir en santidad. Rinde cuentas regularmente. Ve ante el trono de la gracia diariamente. No te confíes porque ya hace meses que no caen nueva vez en pecado y ya está todo bien. Recuerda qué tan pecaminoso es el pecado, y cómo puede engañarte. Recuerda qué tan hermoso es tu Salvador, y cuán digno es de tu esfuerzo por honrarle. Él está más interesado que tú mismo en que puedas vivir en santidad, así que, confíesa tu pecado, corre a Él, y espera en sus fuerzas.

Fuente; https://www.coalicionporelevangelio.org/

lunes, 11 de noviembre de 2019

¿Es necesario orar?

¿La oración cambia las cosas?



El tema de la oración al principio le resulta fácil a todo nuevo creyente. 

Como un niño ante el Padre (Lc 18:17), al llegar a la fe en Cristo, nos damos cuenta, no solo de que tenemos necesidades, sino de que el Señor es el mejor y único proveedor de nuestras necesidades. Por esta razón, vamos rápida y voluntariamente al Señor en oración, presentando todas nuestras preocupaciones ante Él, sabiendo que Él se preocupa por nosotros (1 Pe 5:7).

Debemos orar en el nombre de Jesús, bajo Su autoridad y de acuerdo con la voluntad de Dios.
Pero luego algo le sucede a nuestra sencillez infantil, a medida que estudiamos más la Biblia. Llegamos a una mayor comprensión de la naturaleza de Dios: que Él lo sabe todo (Sal 145:17; Jn 16:30) y que Su voluntad no puede ser frustrada por alguna criatura o circunstancia (Sal 46:10; Pr 19:21). Estas verdades pueden afectar nuestra visión de la oración.

¿Por qué orar si, después de todo, Dios ya sabe lo que necesitamos? 

Jesús nos dice en el Sermón del Monte que Dios ya conoce nuestras oraciones incluso antes de que las pidamos (Mt 6:8) y que Él conoce tan bien nuestras circunstancias que incluso los cabellos de nuestras cabezas están contados (Mt 10:30). ¿Por qué orar si no hay ninguna diferencia fundamental, ya que, después de todo, Dios obra todas las cosas según el consejo de Su voluntad (Ef 1:11)?

Necesitamos pensar en la oración menos en términos de cómo obtenemos las cosas que necesitamos de Dios y más en términos de nuestra relación con Dios. Dicho sin rodeos, Dios no necesita la oración. Él no cuenta con nosotros para que le hagamos ver nuestras necesidades, y tampoco está esperando que le pidamos para Él actuar. No, Dios es Dios, y Él es el gobernador soberano del universo. Pero también es nuestro Dios, y ha entrado en una relación con Su pueblo, convirtiendo en hijo Suyo a cada persona que confía en Jesucristo. Dios ha dado la oración como un medio para que podamos acercarnos a Él, confiar en Él y comprender que Él nos ama y se preocupa por nosotros. Podríamos decirlo de esta manera: 

si la Biblia es la forma en que el Señor se comunica con nosotros, la oración es la forma en que nosotros nos comunicamos con Él. La comunicación es crítica para cualquier relación y esto es verdaderamente cierto en nuestra relación con Dios.

Dios también usa la oración para provocar cambios en nosotros. Debemos orar en el nombre de Jesús, bajo Su autoridad (Jn 14:13) y de acuerdo con la voluntad de Dios (1 Jn 5:14). Seguir este modelo bíblico de oración nos enseña a buscar la voluntad de Dios y a venir al Señor con el deseo de que nuestras vidas reflejen la gloria de Dios y la imagen de Jesucristo. Piensa en esto por un momento: 

¿Qué tiene más significado eternamente: que nuestras circunstancias cambien o que seamos más como Jesús? Cuando miramos la oración bajo esta luz, vemos el verdadero poder de la oración. La oración es un medio de gracia que el Señor usa para moldearnos más y más a la imagen de Cristo (ver Rom 8:29).

Finalmente, la oración es también un medio que Dios usa para traer a cumplimiento Su voluntad, no porque Él dependa de la oración, sino porque ha elegido usar la oración para ese fin. Un ejemplo de esto en el Antiguo Testamento es el clamor de los israelitas en Egipto (Éx 2:23-25). El Señor ya había prometido liberar a Su pueblo de la esclavitud (Gén 15:13-14), ya había afirmado esa promesa en Su pacto, y aun así escogió usar las oraciones de Su pueblo para iniciar Su liberación. 

Recordemos esto cuando estemos desanimados o nos sintamos impotentes. Vayamos al Señor en oración y oremos para que Él cambie tanto nuestras circunstancias como a nosotros mismos.

Fuente: https://es.ligonier.org/