A la religión no le importa el testimonio, le importa la reputación denominacional.
Te gritan: «Sin santidad nadie verá al Señor» citando hebreos 12:14 y seguidamente te dan una lista de cosas que no debes hacer. Te animan a congregar, ayunar, orar e interceder para que no hagas cosas malas. Y con todo lo anterior dicho te venden la idea que sólo así cuidarás tu santidad.
Y santidad para el mundo religioso es relativo. Para ciertas denominaciones santidad es usar falda, para otros no escuchar música secular, para otro grupo no leer libros de gente incrédula, no estudiar psicología, no beber alcohol, no tatuarse, etc…
Otra vez la religión haciendo de las suyas por no ver en dirección a donde los fariseos del siglo primero tampoco veían, a Cristo (Jn 5:39-40).
Un ateo puede vivir un estilo de vida cristiano, desde honrar a sus padres, ser honesto, ayudar a sus semejantes y leer la biblia. Pero jamás podrá disfrutar la Vida en Cristo. Vivir una vida cristiana y disfrutar a Cristo son dos cosas distintas. La vida cristiana hoy por hoy es guardar las doctrinas elementales de una congregación, la Vida en Cristo es ser canal de expresión del fruto del Espíritu en medio de una sociedad hastiada de manipuladores con terno y corbata.
La santidad que el cielo nos reveló no se reduce a un estilo de vida, sino que señala en dirección a una Vida. Porque indiscutiblemente nuestra única santidad es Cristo (1Co 1:30). Y esa santidad nos conduce a dejar lo que no nos conviene ni edifica en nuestro caminar. Y abandonamos lo tóxico no por hostigación religiosa, sino porque comprendimos que nuestros verdaderos deseos operan en lo más íntimo de nuestro ser (1Co 6:17, Gá 5:16).
La santidad exterior que te vende la religión es para cuidar que la gente no hable de la congregación del pastor. La santidad que te dio el Padre es para que los demás vean que Dios no hace acepción de personas (1Jn 5:9). Dios pone a su Hijo en recipientes de barro para que los demás sepan que el cielo no descarta al hombre por sus debilidades.
—Reputación religiosa: «¡Compórtate bien»
—Testimonio divino: «Cristo expresado»
¿Quiere decir que a Dios no le importa en absoluto nuestro comportamiento?
¡Claro que no! ¡Claro que a Dios le importa nuestro comportamiento! Anhela que andemos como es digno en el Señor (Col 1:9). Y ojo con la expresión “en el Señor”. No se nos pide andar conforme a las normas de una religión, sino conforme al Señor.
Y para lograr andar conforme al Señor nuestra tarea no es “hacer más”. Un versículo antes de Col 1:9 la inspiración divina nos hace saber que anhela que seamos llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual (Col 1:8).
¿Quieres andar como es digno en el Señor? Ríndete a la realidad que Cristo es quien vive en ti (Gá 2:20), que Él es tu Vida (Col 3:4) y que sólo esa vida puede responder a los deseos del Padre (Heb 13:20-21).
Los santos ven pornografia, mienten y hasta roban. Y todo ese grupo de santos escandalosos no necesitan una nueva religión, sino una nueva revelación sobre su verdadera Vida (Jn 14:6). Y desde esa Vida llevar todo pensamiento cautivo a los pies de Cristo para que sean obreros eficaces en la extensión del Propósito Eterno del Padre (Ef 3:11).
La religión te descartará, el reino de Dios no. El pastor te quitará ministerios, Dios jamás te quitará el ministerio de reconciliación. Y el cambio vendrá, no por imposición, hostigación o manipulación. Sino que vendrá por revelación, entendimiento, libertad y disfrute de la Vida.., tu verdadera Vida.., la Vida de Cristo que te habita (Col 1:27).
Fuente: Tomado de Alexis Zacarías

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