Este blog rinde honor y alabanza al Dios de nuestra salvación a Jesucristo el Señor.

miércoles, 9 de octubre de 2024

Sufrimos juntos---Compasión

La compasión debe ser sentimiento esencial de aquellos que se dicen seguidores de Jesucristo. 

La palabra compasión significa “sufrir juntos” y es un sentimiento que se manifiesta al percibir y comprender el sufrimiento de los demás y, por lo tanto, produce el deseo de aliviar, reducir o eliminar este sufrimiento. Al ver las noticias, caminar por las calles o simplemente al conversar con personas a nuestro alrededor es fácil darse cuenta que muchas personas están sufriendo por diferentes circunstancias. La tendencia natural y tristemente común incluso en muchos de aquellos que se dicen cristianos es juzgar a los demás y asumir que sus circunstancias negativas son consecuencia de sus malas decisiones. Es fácil amar a los que nos aman y preocuparnos por aquellos que son cercanos a nosotros, pero una marca central de Jesús y sus seguidores debe ser amar y tener compasión por todos sin importar quienes son o qué han hecho.

Sé que las afirmaciones anteriores pueden sonar fuertes por lo que es importante dar el sustento a mis palabras. La Biblia afirma claramente que el Dios del universo es compasivo y misericordioso (Isaías 54:8; Santiago 5.11). Nuestro Señor Jesucristo tuvo compasión por las personas a su alrededor (Mateo 9:36; 14:14; 15:32; Marcos 6:34; 8:2). Por lo tanto, como cristianos todos tenemos un llamado a ser compasivos con los demás (1 Pedro 3:8). Así que, la compasión es una marca central de los creyentes y una prueba inequívoca que muestra que realmente amamos a Dios y a nuestro prójimo.

El ambiente a nuestro alrededor es de confrontación y contienda por diversos temas sociales como migración, raza, posturas políticas y situación económica. Nuestra sociedad está dividida en estos y otros temas que nos llevan a diferenciar entre “nosotros” y los “demás”. En este ambiente de posturas divergentes lo natural es criticar a los otros y anticipar y celebrar su desdicha. Quizá usted como yo ya está cansado de vivir en este clima hostil que las redes sociales han magnificado grandemente. Muchos han perdido amigos y muchas relaciones familiares se han fracturado en los últimos meses como consecuencia del contexto social en el que vivimos.

Lo que no deja de sorprenderme y lo que motivó este pequeño artículo es encontrarme con frecuencia con posturas radicales y sin compasión de muchas personas que conozco y que sé son cristianos. Ver o leer su falta de compasión por los demás me rompe el corazón, pero también me ha hecho reflexionar sobre mis propias actitudes hacia aquellos que no piensan igual que yo. ¿Veo a los demás con los ojos de Jesús? ¿Amo a mi prójimo como a mí mismo? Si solamente amo a los que me aman o piensan igual a mí, entonces soy como cualquiera, pero no me comporto como un verdadero seguidor de Cristo (Mateo 5: 43-48).

Ser compasivo no significa estar de acuerdo o aprobar las decisiones de los demás. Evidentemente no todas las posturas son correctas y en ocasiones uno debe ser firme al defender los valores esenciales de los seres humanos. Pero lo que sí es claro es que nuestras palabras y actitudes deben ser hechas con gracia y nuestra actitud hacia los demás debe ser llena de compasión. Cuando nos ponemos en los zapatos de los demás podemos soportar sus cargas y así realmente cumplir la ley de Cristo (Gálatas 6:2).

Fuente: https://www.biola.edu/blogs

lunes, 7 de octubre de 2024

El maltrato animal y la crueldad humana

El justo cuida de la vida de su bestia;  Mas el corazón de los impíos es cruel. Prov. 12:10

“Perdonen si empiezo con una confidencia personal: yo, que soy contrario a los toros, entiendo de toros. Durante años, cuando me recogieron en Zaragoza durante la posguerra, traté casi diariamente con don Celestino Martín, que era el empresario de la plaza. Eso me permitió conocer a los grandes de la época: Jaime Noain, El Estudiante, Rafaelillo, Nicanor Villalta. Me permitió conocer también, a mi pesar, el mundo del toro: las palizas con sacos de arena al animal prisionero para quebrantarlo, los largos ayunos sustituidos poco antes de la fiesta por una comida excesiva para que el toro se sintiera cansado, la técnica de hacerle dar con la capa varias vueltas al ruedo para agotarlo... Si algún lector va a la plaza, le ruego observe el agotamiento del animal y cómo respira. Y eso antes de empezar.

Vi las puyas, las tuve en la mano, las sentí. El que pague por ver cómo a un ser vivo y noble le clavan eso debería pedir perdón a su conciencia y pedir perdón a Dios. ¿Quién es capaz de decir que eso no destroza? ¿Quién es capaz de decir que eso no causa dolor? Pero, claro, el torero, es decir, el artista necesita protegerse. La pica le rompe al toro los músculos del cuello, y a partir de entonces el animal no puede girar la cabeza y sólo logra embestir de frente. Así el famoso sabe por dónde van a pasar los cuernos y arrimarse después como un héroe, manchándose con la sangre del lomo del animal a mayor gloria de su valentía y su arte.

Me di cuenta, en mi ingenuidad de muchacho (los ingenuos ven la verdad), de que el toro era el único inocente que había en la plaza, que sólo buscaba una salida al ruedo del suplicio, tanto que a veces, en su desesperación, se lanzaba al tendido. Lo vi sufrir estocadas y estocadas, porque casi nunca se le mata a la primera, y ha quedado en mi memoria un pobre toro gimiendo en el centro de la plaza, con el estoque a medio clavar, pidiendo una piedad inútil. ¡El animal estaba pidiendo piedad...! Eso ha quedado en la memoria secreta que todos tenemos, mi memoria del llanto.

Y en esa memoria del llanto está el horror de las banderillas negras. A un pobre animal manso le clavaron esas varas con explosivos que le hacían saltar a pedazos la carne. Y la gente pagaba por verlo.

El que acude a la plaza debería hacer uso de ese sentido de la igualdad que todos tenemos y darse cuenta de que va a ver un juego de muerte y tortura con un solo perdedor: el animal. El peligro del toreo, además de inmoral como espectáculo, es efectista, y si no lo fuera, si encima pagáramos para ver morir a un hombre, faltarían manos y leyes para prohibir la fiesta.

Gente docta me dice: te equivocas. Esto es una tradición. Cierto. Pero gente docta me recuerda: teníamos la tradición de quemar vivos a los herejes en la plaza pública, la de ejecutar a garrote ante toda una ciudad, la de la esclavitud, la de la educación a palos. Todas esas tradiciones las hemos ido eliminando a base de leyes, cultura y valores humanos. ¿No habrá una ley para prohibir esa última tortura, por la cual además pagamos?

Perdonen a este viejo periodista que aún sabe mirar a los ojos de un animal y no ha perdido la memoria del llanto."

Fuente: Francisco Gonzalez, periodista y escritor español

Vestimenta cristiana y la santidad .

La ropa no salva pero te identifica como cristiano

miércoles, 11 de septiembre de 2024

Confía en Dios y el te responderá


Busqué a Jehová,  y él me oyó   y me libró de todos mis temores.

Los que miraron a él fueron alumbrados y sus rostros no fueron avergonzados.

Este pobre clamó,  y le oyó Jehová,  y lo libró de todas sus angustias.

El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen. Y los defiende.

Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él.

Temed a Jehová,  vosotros sus santos,

Pues nada falta a los que le temen. Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; 

pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien.

Fuente: Salmo 34