Este blog rinde honor y alabanza al Dios de nuestra salvación a Jesucristo el Señor.

miércoles, 21 de agosto de 2024

La inocencia se debe respetar y cuidar

Los niños son de Dios y no se tocan, 

Jesús dijo : "Dejad los niños venir a mi, y no se lo impidáis porque de ellos es el reino de los cielos"

Ningún niño tiene conciencia de pecado, porque el mal aun no se puede desarollar en sus vidas, y mucho menos tomar responsabilidades que no pueden entender ni asumir como los adultos. el tema de la sexualidad no se les puede imponer ni obligar, de hacerlo es una violación a los derechos legales de los niños, y que para muchos puede significar la destrucción de sus vidas para siempre.

No a la imposición de la mal llamada identidad de género, todo ser humano nace y es hombre o mujer y la prueba mas contundente son los genitales que cada uno trae por genetica, y si se modifica después eso viene siendo artificial y no natural, Dios no se ha equivocado al crear al genero humano y tampoco hay que reformarlo porque siempre llevará a un real fracaso. Dejemos a los niños vivir en su pureza que  durará solo unos pocos años de su vida, que sean felices mientras estén sin maldad ni pecado. 

lunes, 12 de agosto de 2024

El duro de corazón se puede salvar?

Hay corazones tan endurecidos en la casa de Dios!

Lo que voy a decir te puede sorprender – pero yo lo creo con todo mi corazón: Los corazones más endurecidos del mundo no están entre los impíos – ¡sino entre el pueblo de Dios!

Cuando pensamos en personas de corazones endurecidos, la mayoría de nosotros tiende a pensar en ateos declarados tales como Madalyn Murray O’Hair – la mujer que fue responsable por quitar la oración de las escuelas públicas. Ateos como O’Hair ridiculizan la sola idea de Dios. Cada vez que hacen referencia a cristianos, sus palabras tienen un sonido severo y cortante. Otros ateos hacen alarde de su odio hacia Dios – tales como el intérprete de rock Marilyn Manson, quien hace la Biblia pedazos en medio de su espectáculo en el escenario. Cada vez que oímos mencionar a tales personas, pensamos, “¡Esas son las personas con el corazón más duro en el mundo!” O, pensamos en activistas militantes homosexuales, tales como aquellos que marcharon por la Quinta Avenida en la ciudad de Nueva York hace varias semanas. Muchos de esos homosexuales se mofaban del cristianismo y blasfemaban el nombre de Dios. Un hombre llevaba una pancarta que leía, “Jesús es Homosexual.” Cada vez que oímos hablar de tales personas, pensamos, “Sus corazones se han endurecido por el pecado. ¡Son imposibles de alcanzar!”

O, pensamos en las naciones comunistas que por décadas han perseguido a los cristianos. En Cuba, por ejemplo, sólo a pocas millas de la costa de Florida, el régimen comunista de Fidel Castro cerró todas las iglesias y comenzó a convertir las catedrales en centros de entrenamiento para el comunismo. Los líderes de Cuba se jactaban, “¡Hemos arrasado con toda religión!” Y en ese tiempo muchos cristiano pensaron, “¡Nadie puede tener el corazón más endurecido que estos aborrecedores de Dios!”

Puedo seguir sin parar, describiendo todo tipo de burlones, mofadores, blasfemadores, y los que rechazan a Cristo. Y, ciertamente, cada uno de estos puede ser fielmente descrito como que tiene un corazón endurecido. Pero si quieres descubrir los corazones más duros de todos – aquellos que el Señor más desprecia – tienes que mirar en la casa de Dios. ¡Los corazones más duros se encuentran entre el pueblo de Dios!

Según la Biblia, la dureza de corazón que Dios más desprecia tiene que ver con oír y rechazar su Palabra.

“El hombre que, al ser reprendido, se vuelve terco, de repente y sin remedio será quebrantado.” 

La palabra hebrea para “reprendido” en este versículo se refiere a la enseñanza de corrección. Y la palabra para “sin remedio” aquí es “marpe” – la cual significa “sin cura,” “sin ninguna posibilidad de liberación.” Primeramente, este versículo nos dice que la dureza de corazón viene como resultado de rechazar repetidos avisos – de echar a un lado todo cortejo de la verdad. Y, segundo, nos dice que al pasar el tiempo tal dureza es imposible de curar. Así que, ¿quienes son las personas que más a menudo escuchan estos avisos? ¡Supuestamente, ellos son cristianos – aquellos que se sientan en la casa de Dios cada semana escuchando los sermones de reprensión!

La verdadera tragedia es que a pesar de escuchar mensajes ardientes enviados del cielo, muchos cristianos no practican lo que escuchan. Ellos se niegan a permitirle entrada a Dios en ciertas áreas de sus vidas. Y mientras ellos continúan escuchando sin obedecer, comienzan a endurecerse. ¡Al final, serán cortados sin la esperanza de ser curados!

En contraste, existen activistas homosexuales quienes han sido curados de la dureza de corazón. Al principio, maldecían a Cristo y sacudían el puño con ira en la cara de Dios. Pero cuando escucharon el evangelio y sintieron la reprensión pura y amante del Espíritu Santo, sus corazones se derritieron. Ellos se arrepintieron y se volvieron a Jesús, su dureza fue curada.

Ahora, puedes estar pensando, “Espera un minuto. ¿Estas diciendo que un homosexual radical endurecido por el pecado tiene la esperanza de ser curado de su dureza – pero que un cristiano endurecido no tiene tal esperanza? ¿Cómo puede ser esto?” La diferencia es, que el homosexual no ha escuchado mensaje tras mensaje de reprensión y continuamente se endurecía a ellos. ¡Pero el cristiano, sí!

La vida del hijo de Madalyn Murray O’Hair ilustra esto. Él fue criado, probablemente, en el hogar más ateo en América. Y más tarde trabajó para su madre, haciendo cruzadas contra Dios y la religión. Pero cuando escuchó el evangelio, fue gloriosamente salvo – y después fue ministro, predicando a Cristo en vez de maldecirlo. La dureza de esto hombre también tuvo cura – porque él no se sentó bajo sermones de reprensión y no los rechazó continuamente.

Lo mismo es cierto de muchas personas que vivieron por años bajo el régimen comunista. Cuando la Cortina de Hierro cayó, el evangelio inmediatamente inundó a esos países que una vez fueron comunistas y miles aceptaron a Jesús. Tropas del Ejército Rojo se convertían a diestra y siniestra y hasta generales se convirtieron en poderosos testigos por Cristo. En pocos días, oficiales de gobierno, maestros de escuelas, y hasta el KGB estaban pidiendo Biblias y predicando a Cristo a quienes estaban bajo su influencia.

Nuestro ministerio hizo cruzadas en Polonia antes que se derrumbara el comunismo en ese país. Fue una de las pocas veces que oficiales permitían que alguien entrara y tuviera reuniones religiosas. Cada noche mientras prediqué, literalmente cientos de jóvenes corrían al altar – llorando, con los corazones quebrantados, con hambre de Cristo. A todos les habían lavado el cerebro contra la religión. Pero su dureza tenia cura – porque ellos nunca se habían sentado bajo la continua reprensión ni se habían endurecido a la Palabra de Dios.

En mi experiencia, los corazones más duros – el tipo incurable – siempre ha sido encontrado al alcance de predicaciones ungidas por el Espíritu Santo. Tal dureza no existe en iglesias frías, muertas y formales donde el evangelio ha sido corrompido por generaciones. ¡No – siempre se encuentra donde una palabra pura es predicada desde el púlpito – y rechazada en las bancas!

Puedes preguntar, “Exactamente, ¿qué es un corazón endurecido?” Un corazón endurecido es uno que ha determinado en resistirse a obedecer la Palabra de Dios. Es imposible conmoverlo, esta inmune a las convicciones y advertencias del Espíritu Santo.

El endurecimiento del corazón no es tan solo un asunto de volverse contra Dios, rechazar a Cristo, o negarse a ir a la iglesia. El hecho es, que tu corazón se puede endurecer aun cuando estés en la iglesia. Puedes endurecerte mientras escuchas temas de enseñanzas…cantando alabanzas a Dios…sirviendo como ujier, maestro o miembro del equipo de adoración. Ciertamente, puedes endurecerte tanto hacia la palabra de Dios mientras sirves, ¡que aun si Jesús mismo predicara desde el púlpito, volverías oídos sordos hacia él!

¿Cuántas veces has escuchado mensajes acerca del peligro de descuidar la oración diaria y la lectura de la Biblia?

Muchos se niegan a levantar sus Biblias o pasar cinco minutos hablando con su Padre celestial. Amados, si descuidan su habitación secreta en el hogar – si piensan que orar en la iglesia suple todas tus necesidades – nunca sobrevivirás los días difíciles que tenemos por delante. Piénsalo: si no obedeces a la palabra que te sana y te fortalece en los tiempos buenos, ¿cómo encontrarás poder para vencer en los días difíciles que están por venir?

Si has ignorado el llamado del Espíritu Santo para atraerte al lugar secreto para intimidad, entonces has tomado los primeros pasos hacia la dureza de corazón. Puedes llenar todo tu tiempo con buenas obras, bendiciendo a la gente y derramando tu corazón en el servicio cristiano. Pero si descuidas tu tiempo con el Señor – negándote a buscar su rostro u obedecer su palabra – te pondrás débil, temeroso, deprimido, y finalmente serás una presa para el diablo. La única forma de prepararnos para lo que viene, ¡es teniendo un conocimiento personal de tu Padre celestial!

¿Cuántas veces has sido advertido de las terribles consecuencias del chisme?

¿Cuántas advertencias has escuchado acerca de guardar un pecado secreto? 

¿Qué dices acerca del pecado que asedia tu corazón – del cual el Espíritu de Dios continuamente te ha hablado?

¿Quién se atreve a sentarse bajo una reprensión amorosa semana tras semana, y aun siga pecando, sin permitir que la convicción penetre? ¡Es alguien que va camino a un corazón endurecido!

Israel con gusto escuchó la poderosa predicación del profeta Isaías y aun así continuamente justificaban sus pecados, llamando malo a lo bueno y bueno a lo malo. Así que Dios dio instrucciones a Isaías: “…Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya en él sanidad.” (Isaías 6:9-10).

Dios sabía que los israelitas no estaban dispuestos a dejar sus pecados asediantes. A ellos les gustaban demasiado sus placeres carnales y sus compañeros impíos. Así que el Señor le dijo a Isaías: “Esta gente nunca va a cambiar su corazón. Y de ahora en adelante, no les diré palabra. En vez de eso Isaías, quiero apresurarlos a su dureza. De esa manera, ¡quizás algunos escuchen antes que sea demasiado tarde!”

Simplemente, Dios estaba haciendo un llamado de entrega total a su pueblo. El estaba diciendo, “Si vas a ser llamado por mi nombre – si tu corazón va a ser convertido – ¡entonces tiene que suceder en una forma que te libera de tus pecados, te sana y libera de toda atadura!”

La conversión que tuvo Faraón. En cierto momento él escuchó siete reprensiones del Espíritu Santo, pero aun no obedecía la orden del Señor que libertara a Israel. Y ahora Dios mando a Moisés a Faraón por octava vez, con este mensaje: “…Jehová el Dios de los hebreos ha dicho así: ¿Hasta cuando no querrás humillarte delante de mí? Deja ir a mi pueblo para que me sirva.” (Éxodo 10:3).

Ya Dios le había avisado a Moisés acerca de cuál sería la reacción de Faraón: “…Entra en la presencia de Faraón; porque he endurecido su corazón…”. Puedes preguntar, “¿Qué oportunidad tuvo Faraón? Después de todo, el Señor había endurecido su corazón.” ¡No! La redacción aquí puede parecer engañosa. El endurecimiento del corazón de Faraón no sucedió por decreto eterno; más bien, la escritura nos dice en un pasaje anterior: “Pero viendo Faraón que le habían dado reposo, endureció su corazón y no los escuchó, como Jehová lo había dicho.” 

Cada vez que Faraón se negaba a obedecer la orden del Señor, Dios visitaba a Egipto con una plaga severa. Y cada vez Faraón gritaba, “Esta bien, Señor – haré cualquier cosa que quieras. ¡Solo sácame de este lío!” Pero una vez que era liberado, él siempre volvía a su rebelión.

La Biblia dice lo mismo acerca de los padres de Israel: “Mas ellos y nuestros padres fueron soberbios, y endurecieron su cerviz, y no escucharon tus mandamientos. No quisieron oír, ni se acordaron de tus maravillas que habías hecho con ellos; antes endurecieron su cerviz…” 

Dios siempre sabe lo que hay en el corazón de la persona. Y él sabe cuando alguien oirá pero no obedecerá; escogiendo ir por su propio camino. Él sabía esto de Faraón – porque después de siete reprensiones y plagas de juicio, el corazón de Faraón se endurecía cada vez más.

Ahora una octava plaga estaba a punto de caer sobre los egipcios, y era algo que ellos temían mucho: langostas. A través de la Biblia la langosta significaba ruina y destrucción. En muchos instantes representan la retribución de Dios sobre su pueblo. Ciertamente, el profeta Joel compara a cierto ejercito invasor como un enjambre de langostas: “Y os restituiré los años que comió… la langosta, mi gran ejercito que envié contra vosotros… fuerte es el que ejecuta su orden;…” (Joel 2:25, 11).

En Egipto, enjambres de langostas descendieron sobre la tierra por la noche, devorando todo a su paso – cosechas, plantíos, nuevo crecimiento, hasta la corteza de los árboles. Cuando estos insectos terminaron, no quedo siquiera una brizna de hierba: “Y subió la langosta sobre toda la tierra de Egipto, y se asentó en todo el país de Egipto en tan gran cantidad como no la hubo antes ni la habrá después; y cubrió la faz de todo el país, y oscureció la tierra; y consumió toda la hierba de la tierra, y todo el fruto de los árboles que había dejado el granizo; no quedo cosa verde en árboles ni en hierba del campo, en toda la tierra de Egipto.” (Éxodo 10:14,15).

El enjambre masivo llenó las casas egipcias. Dondequiera que la gente se volvía, veían langostas – en el suelo, donde se amasaba harina, en la leche, en sus ropas, y en sus camas. Estas langostas movían sus alas con un sonido aterrador y mordían y masticaban todo a su vista. Dentro de pocos días, Egipto estaba en la ruina total.

En este punto, una palabra pequeña pero muy importante aparece en la escritura – la palabra “entonces.” “Entonces Faraón se apresuró a llamar a Moisés y Aarón, y dijo: He pecado contra Jehová vuestro Dios, y contra vosotros.”.

Faraón confesó su pecado, admitiendo su maldad. Y sonaba como que su arrepentimiento fue sincero y completo. Pero, ¿qué motivaba su arrepentimiento? La escritura lo dice claramente, en las propias palabras de Faraón: “Mas os ruego ahora que perdonéis mi pecado solamente esta vez, y que oréis a Jehová vuestro Dios que quite de mi al menos esta plaga mortal.” (Versículo 17). Faraón estaba diciendo, “Sí, he pecado – y lo siento. Ahora, apresúrate, Moisés y sácame de este lío. Ora a tu Dios por mí. Estoy en problemas, ¡y tengo que recibir alivio!”

Faraón se dio cuenta que estaba a punto de perderlo todo – así que se arrepintió con la esperanza que Dios lo libraría del lío en el cual se había metido. ¡Todo lo que el quería era ser aliviado de su problema!

¿Qué fue lo primero que te trajo al Señor?

¿Viniste primero al Señor como lo hizo Faraón – sólo porque querías algo de Dios? ¿Te volviste a él para dejar un hábito de drogas, para que se restaurara tu matrimonio o para ser librado de un problema financiero? Te dijiste a ti mismo, “Si voy a Jesús, quizás él arregla las cosas.”

La verdad es que Cristo obrará milagros para ti. Él hará lo imposible en tu vida. Pero si sólo vienes a él para conseguir algo de él – sólo para ser librado de tus problemas – no crecerás una pulgada en madurez. Por el contrario, ¡sólo aumentarás en dureza!

Vuelve al día de tu conversión. ¿Sucedió después que alguna langosta se comió todo? Tu salud, ¿estaba debilitada en alguna forma? Algún hijo tuyo, ¿estaba en problemas? ¿Terminaste asolado, con la muerte y la ruina sobre ti?

Es cosa peligrosa entrar en la casa de Dios y hacer de la adoración algo mecánico. Puedes enseñar, ser ujier, puedes cantar en el coro – y puedes decirte a ti mismo, “Recuerdo bien el día de mi conversión. Hace cinco años, le pedí a Jesús que entrara en mi corazón.” Pero si tu corazón realmente fue convertido en ese tiempo, hoy hubiera evidencia en tu vida.

Ahora mismo puedes estar diciendo, admito que he estado descuidando la palabra de Dios. Y todavía estoy atado por un pecado asediante. ¿Estaré muy endurecido – he ido muy lejos – para recibir el toque sanador del Señor?”

¡Por supuesto que no! Si comienzas a clamar al Señor hoy, en medio de tu necesidad, él te traerá tiempos de refrigerio. Cada vez que traes a él un corazón verdaderamente arrepentido, él no actuará como tu juez, sino como tu mediador e intercesor. Ahora mismo él te dice, “Sólo clama a mí, y yo lo haré por ti. Vendré a ti, supliendo todo lo que necesitas para mantener tu corazón tierno y quebrantado ante mi.”

Fuente: https://www.worldchallenge.org/

viernes, 26 de julio de 2024

Lo que cuesta reconocer los errores y las faltas!

Aprender de mis errores 

¿Quién podrá entender sus propios errores? líbrame Señor de los que me son ocultos Sal. 19:12

“La insensatez del hombre tuerce su camino, y luego contra Jehová se irrita su corazón ”Prov. 19:3

Años atrás, el doctor Kim Adcock, jefe de radiología del Kaiser Permanente de Denver, Colorado, empezó una revolución en el área de las mamografías. Él tomó la decisión de guardar los registros de los casos que los doctores a su cargo no habían sabido diagnosticar, imprimiendo los resultados y convirtiéndolos en gráficos y cuadros. El terreno que pisaba era controversial y peligroso ya que ponía en peligro la autonomía y el prestigio de los doctores. Al mismo tiempo se ponía en juego la estabilidad de la institución al existir la posibilidad de ser llevados a juicio por las mujeres cuyos diagnósticos fueron errados. Los resultados de sus estudios trajeron como consecuencia el despido de uno de sus doctores que no había podido descubrir 10 casos de cáncer en 18 meses. Otros dos fueron despedidos en los siguientes dos años. Además, reasignó a otros 8 doctores que no reunían las características requeridas para realizar la tarea prevista.

El trabajo del doctor Adcock ha permitido un mayor nivel de seguridad en el diagnóstico a través de mamografías. Los doctores ahora analizan continuamente sus errores, buscando patrones significativos que ellos no hubieran detectado en una sola observación. Aunque se han tenido que bajar de su pedestal de infalibilidad, aprender de sus errores los está convirtiendo en verdaderos especialistas confiables. El doctor Adcock dijo que él ha tenido presente en sus investigaciones la más grande de todas sus obligaciones: “Yo estoy protegiendo a los pacientes aun de mí mismo”.

Aprender de nuestros errores no es tarea fácil. A nadie le gusta aceptar sus debilidades. Más de una vez hemos sido descubiertos actuando como niños que tratan de ocultar sus errores para evitar ser descubiertos. Es como el niño que niega haberse comido un chocolate aunque tenga toda la boca manchada de dulce. Empieza primero a justificarse con razones pueriles e inverosímiles. Cuando las razones se vuelven sinrazones, se pasa al llanto y las súplicas que ya no lo librarán del castigo por su desobediencia y mentira.

Detrás de la incapacidad de reconocer un error hay orgullo y mucha dureza de corazón que inevitablemente llevarán a la caída.

Pillar a un niño en sus errores no es tan difícil, pero hacer que un adulto reconozca que ha cometido un error puede convertirse en una titánica y casi imposible tarea. Reconocer un error adulto puede tomar años y mucho dinero en tribunales y abogados. Detrás de la incapacidad de reconocer un error hay orgullo y mucha dureza de corazón que inevitablemente llevarán a la caída. Bien dice el maestro de sabiduría: “Delante de la destrucción va el orgullo, Y delante de la caída, la arrogancia de espíritu” (Prov. 16:18).

¿Cómo reaccionamos cuando las cosas salen mal? ¿Qué hacemos cuando no sabemos por dónde empezar a solucionar el problema que nuestros errores han fomentado? ¿Somos como el personaje del pasaje del encabezado, al que le gusta culpar a Dios o a los demás en vez de reconocer su responsabilidad personal en los fracasos de su propia vida? Es necesario que refresquemos nuestras conciencias con algunos proverbios prácticos que nos enseñarán a combatir nuestra incapacidad de reconocer nuestros errores:

1. “Todos los caminos del hombre son limpios ante sus propios ojos, Pero el Señor sondea los espíritus” (Prov. 16:2). No basta con nuestra propia justificación o con la evaluación que hagamos de nosotros mismos. Es evidente, además, que somos los peores calificadores de nuestros propias acciones. El proverbista nos advierte que es un hecho que no podremos nunca hacer una correcta evaluación en solitario de nuestros caminos. Para nosotros, todo lo que hagamos siempre será limpio delante de nuestros ojos. Nuestra miopía evaluadora es insuficiente, pero el saber que el Señor está atento y sopesando nuestro espíritu, puede darnos la sobriedad suficiente para saber que Él está evaluando cada una de nuestras acciones y debemos ir a Él y a su Palabra para poder conocer la realidad de nuestras intenciones y acciones. Finalmente, “Muchos son los planes en el corazón del hombre, mas el consejo del SEÑOR permanecerá” (Prov. 19:21).

2. “Abominación al SEÑOR es todo el que es altivo de corazón; ciertamente no quedará sin castigo” (Prov. 16:5). Nos cuesta reconocer nuestros errores porque el orgullo nos impide aceptar que no somos tan brillantes o perfectos como quisiéramos ser reconocidos por los demás. Nos cuesta reconocer nuestros errores porque pensamos que perderemos lo que hemos ganado o nuestra posición. Pero, ¿será eso lo mejor? El Señor nos dice, “Mejor es ser de  espíritu humilde con los pobres que dividir el botín con los soberbios” (Prov. 16:19). Reconocer nuestros errores requerirá que paguemos un precio alto, pero nos devolverá la paz y, sobre todo, “El que adquiere cordura ama su alma; el que guarda la prudencia hallará el bien” (Prov. 19:8).

3. “El que vive aislado busca su propio deseo, contra todo consejo se encoleriza” (Prov. 18:1). Una persona que no reconoce sus errores se pone en evidencia porque tiende a enojarse cuando le hacen ver su error. Es alguien que prefiere aislarse y creer que si no escucha voces discordantes ese error desaparece con el aire de la mañana. ¡Y eso no es cierto! No hay mejor cura para aceptar nuestros errores que aprender a escuchar con ambos oídos. Bien dice el proverbista, “Escucha el consejo y acepta la corrección, para que seas sabio el resto de tus días” (Prov. 19:20).

Si soy cristiano ya no tengo porque tratar de ocultar errores, porque finalmente ya todos fueron expuestos por mi Señor y Salvador. Gracias a Dios, ya no hay nada que ocultar ni nada que temer.

4. “Encomienda tus obras al Señor, Y tus propósitos se afianzarán” (Prov. 16.3). Te hago algunas preguntas: ¿Podrías presentar delante de Dios aquello que se te está reprochando o que ocultas para que no sea descubierto? ¿Serías capaz de defender ante el Señor aquellas cosas que otros te están demandando? Exponer nuestros pensamientos ante Dios es la oportunidad precisa para que Él pueda ayudarnos, no solo a mantenernos en nuestras ideas y planes, sino también a modificarlos, mejorarlos, o simplemente aceptar que hemos fallado o nos hemos equivocado. Es bueno saber que nuestro buen Dios soberano no es un simple observador de nuestro caminar porque, “La mente del hombre planea su camino, Pero el Señor dirige sus pasos” (Prov. 16:9).

Al principio de nuestra reflexión dijimos que reconocer un error no es una tarea fácil. Alguien dijo alguna vez que una teoría o una idea no morirá hasta que su terco proponente no esté a tres metros bajo tierra. La realidad es que nuestro corazón endurecido e incapaz de reconocer errores es producto de nuestra separación de Dios, del vivir en oscuridad y alejados de la luz. Sin embargo, Jesucristo no ocultó nuestros errores. Por el contrario, los expuso en la Cruz del Calvario y los pulverizó pagando por ellos en nuestro lugar. Así lo dice Pablo, “… así como el pecado reinó en la muerte, así también la gracia reine por medio de la justicia para vida eterna, mediante Jesucristo nuestro Señor” (Ro. 5:21). Si soy cristiano ya no tengo porque tratar de ocultar errores, porque finalmente ya todos fueron expuestos por mi Señor y Salvador. Gracias a Dios, ya no hay nada que ocultar ni nada que temer. Jesucristo me ofrece perdón para mis pecados y errores y una nueva vida para poder rectificarlos y sanar.

Finalmente, si entendemos que un “error lo puede cometer cualquiera”, debemos también entender y aceptar que “reconocer un error no nos convierte en un cualquiera”. Por el contrario, aceptar un error nos enriquece y nos hace crecer como humanos y como cristianos, “Porque mientras aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos” (Ro. 5:6).

Fuente: https://www.coalicionporelevangelio.org

domingo, 9 de junio de 2024

Que necesitas para entrar al cielo o al infierno

El afán y la ansiedad de los hombres no sirve  Mt. 6.25-34

Jesús dijo a sus discípulos: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis.

La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido. Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves? ¿Y quién de vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo? Pues si no podéis ni aun lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás? Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo, y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estés en ansiosa inquietud.  Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas.

Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.

Al cielo no se entra con ninguna pertenencia ni ropa ni dinero, solo llega el alma del hombre  con el espíritu viviente que nunca deja de existir. En la muerte terrenal el cuerpo desaparece y no acompaña a su alma, porque al cielo no puede entrar carne ni sangre humana; allí todo se vuelve espiritual y todos viven de la misma manera como el creador Dios todopoderoso,

Al infierno también se entra solo con el alma viviente, sin cuerpo terrenal, y sin ninguna cosa material, ni ropa ni dinero ni nada perteneciente a su dueño. Porque en ese lugar no continuará la vida sino la muerte eterna aunque también se vive, pero no se cumple ningún propósito ni se realiza tarea alguna, el alma abandona el cuerpo y se va absolutamente vacía y sola.

Para qué y para quién trabajamos tanto, cuando al final todo lo perdemos, la muerte nos quita todo; entonces hay que ocuparse mas del alma que vivirá eternamente.

Reflexiones, hna Noemy

jueves, 6 de junio de 2024

Los infieles según la biblia

La infidelidad no tiene justificación 

Otra vez, leo testimonios de mujeres que dicen, que el hombre que se va con otra mujer necesita un salvavidas, que hay que tenerle paciencia, que él está sufriendo y que la mujer sabia debe orar sin cesar por él y aclara que así es la manera de ver restauración.

Es posible que en casos aislados esto pueda aplicar de alguna medida, pero se alejan de la verdad bíblica y colocan en una posición de víctima al traidor, a quien traiciona y es infiel y desleal y que voluntariamente rompe el pacto matrimonial, casi que se le tiene que tener lastima y consideración es ¿en serio?; es decir, el pobre o la pobre no tuvo otra opción que irse con otra mujer u otro hombre. ¿Así creen que esto es?

Si seguimos victimando a quien traiciona, todos pensaremos que la infidelidad es parte del matrimonio y por eso mucha gente la ve hoy como normal, la aceptan como parte de las bajas del matrimonio, pero la idea original de Dios nunca ha sido esa, él dijo que, el que ama no hace nada indebido (1Corintios 13:5) y quien no ama, no ha conocido a Dios.  (1 Juan 4:8).

Aparte estableció principios como honrar el matrimonio y el lecho sin mancilla, (Hebreos 13:4) esto es, respetar el matrimonio, respetando al cónyuge y guardarse en fidelidad uno al otro, Dios juzgará a quienes cometen adulterio; es decir, para él, la infidelidad es grave para el matrimonio, por eso él quiere que se mantenga puro como debe ser.

No dice, si le traicionas que tu cónyuge te venga a salvar y él o ella debe soportar eso una y otra vez y las veces que sean necesarias, porque él o ella te tiene que tener paciencia. 

No dice, si le traicionas que tu cónyuge te venga a salvar y él o ella debe soportar eso una y otra vez y las veces que sean necesarias, porque él o ella te tiene que tener paciencia. 

¡Eso no enseña la Biblia!

Asumo claramente que quien escribió este testimonio es una mujer, puede ser un bonito testimonio de restauración y se respeta; pero eso no es lo que Dios quiere para cada matrimonio, su deseo es que ningún matrimonio llegue a la infidelidad, ese es el principal mandamiento y es imperativo, no negociable, no opcional, tiene y debe de ser así para quien quiera una relación limpia y esto es para cada matrimonio.

Dios nos ha dado la capacidad de tener dominio propio, lo dice la Biblia, (2 Timoteo 1:7) por eso quien vive traicionando en realidad no ama a su cónyuge y esa es la única verdad, quien es infiel, lo hace de manera consciente porque voluntariamente abrió la puerta que destruiría su matrimonio y familia, nadie le obliga, nadie le pone una pistola en la cabeza, lo hace a sabiendas que está mal e incorrecto.

Recuerde que José el hijo de Jacob, ante la trampa, la astucia y la seducción intensa y a diario de la mujer de Potifar, se mantuvo fiel a Dios y al momento cúspide de estar a un hilo de pecar, decidió salir huyendo,  porque también sabía que antes de fallarle a Potifar, le fallaría a Dios. (Génesis 39:7-12).

La infidelidad siempre será una mala decisión, que pudo haberse evitado, se pudo hacer algo al respecto antes, para no llegar allí, quien comete esto lo contempló primero en su corazón, alimentó ese deseo y lo dejó crecer hasta consumar este terrible pecado.

Por favor, no justifiquemos la infidelidad bajo ningún motivo solamente por mantener una relación, el principio es luchar para que ni uno, ni el otro tengan que pasar por esto, sino guardarse en lealtad solo al cónyuge a quien nunca debemos defraudar.

Si quieres disfrutar del amor, disfrútalo con tu esposa.  ¡Guarda tu amor solo para ella! ¡No se lo des a ninguna otra!  No compartas con nadie el gozo de tu matrimonio. (Proverbios 5:15‭-‬17).

La infidelidad no es exclusiva del hombre, por lo tanto todo aplica para ambos.

Entendamos que la única manera de ver una verdadera restauración es bajo arrepentimiento genuino de quien ofendió, y demuestre con hechos un cambio y que la otra parte pase un necesario proceso de sanidad y ambos estén dispuestos a ser tratados por Dios.