Este blog rinde honor y alabanza al Dios de nuestra salvación a Jesucristo el Señor.

miércoles, 8 de junio de 2022

HOMOSEXUALIDAD

1. ¿Cuál es la posición de la Biblia respecto a la homosexualidad?

Toda enseñanza y práctica debe alinearse con la Biblia, debido a que la Biblia es la Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16). Hay muchas opiniones que se basan en la “tradición”, la “razón” y la “experiencia”. Sin embargo, la iglesia subordina la tradición, la razón y la experiencia a las Sagradas Escrituras. Desde una perspectiva cristiana, toda “verdad” es válida, siempre y cuando se ajuste a la Palabra de Dios. Veamos ahora lo que las Escrituras manifiestan respecto a la conducta homosexual.

A. Levítico 18:22 “No te echarás con varón como con mujer; es abominación”.

B. Levítico 20:10-16

10 Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos.

11 Cualquiera que yaciere con la mujer de su padre, la desnudez de su padre descubrió; ambos han de ser muertos; su sangre será sobre ellos.

12 Si alguno durmiere con su nuera, ambos han de morir; cometieron grave perversión; su sangre será sobre ellos.

13 Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre.

14 El que tomare mujer y a la madre de ella, comete vileza; quemarán con fuego a él y a ellas, para que no haya vileza entre vosotros.

15 Cualquiera que tuviere cópula con bestia, ha de ser muerto, y mataréis a la bestia.

16 Y si una mujer se llegare a algún animal para ayuntarse con él, a la mujer y al animal matarás; morirán indefectiblemente; su sangre será sobre ellos.

Entre los pecados sexuales castigados con la muerte, el incesto, el adulterio, la bestialidad y la homosexualidad están en la misma categoría. El judaísmo prohibía de manera contundente la homosexualidad, fundado sobre el “código de santidad” que Dios les dio en Levítico. El judaísmo era tajante respecto a su posición concerniente a las relaciones homosexuales; son una abominación. No hay ni una sílaba en la Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis que apruebe la práctica homosexual. Por el contrario, es condenada de manera absoluta y universal.

B1. Argumentos en contra de los textos en Levítico. Muchas leyes en el (Antiguo Testamento) fueron consideradas obsoletas con el nuevo pacto.

Este es un punto válido. Por ejemplo Levítico 19:19 manifiesta: “Mis estatutos guardarás. No harás ayuntar tu ganado con animales de otra especie; tu campo no sembrarás con mezcla de semillas, y no te pondrás vestidos con mezcla de hilos”.

¿Qué mandamientos son válidos para la iglesia hoy y cuáles son obsoletos? Se ha intentado diferenciar entre las “leyes rituales” y las “leyes morales” en el Antiguo Testamento. Las leyes rituales (alimentación, circuncisión, y numerosas leyes “externas”) eran las leyes que tenían el propósito de distinguir a Israel de sus vecinos paganos tanto en apariencia como en forma. Estas leyes eran específicas para el pueblo de Israel y no para las naciones. Las leyes morales tales como las referidas a los pecados sexuales son eternas (y se aplican tanto a Israel como a las naciones) y por lo tanto se aplican al nuevo pacto también. Estas distinciones tienen un peso esencial; sin embargo, no hay una sistematización ni distinción claras entre “ritual” y “moral”. Por esta razón debemos analizar el Nuevo Testamento.

C. 1 Corintios 6:9-11

9 ¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales,

10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios.

11 Y esto erais algunos de vosotros; pero fuisteis lavados, pero fuisteis santificados, pero fuisteis justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios. [LBLA]

Como podemos ver en el texto de arriba, el Nuevo Testamento de manera explícita sostiene las leyes sexuales que fueron ordenadas para el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento. Esto quita la supuesta ambigüedad respecto a cuál de las leyes sexuales de Levítico son válidas para la iglesia hoy. El Nuevo Testamento constantemente ratifica las leyes sexuales que se encuentran en la Torá. El texto de arriba de manera explícita demuestra la enseñanza bíblica que la homosexualidad es considerada pecado, tanto en el antiguo como en el nuevo pacto.

Esto se repite en 1 Timoteo 1:9-11, “reconociendo esto: que la ley no ha sido instituida para el justo, sino para los transgresores y rebeldes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, 10 para los inmorales, homosexuales, secuestradores, mentirosos, los que juran en falso, y para cualquier otra cosa que es contraria a la sana doctrina, 11 según el glorioso evangelio del Dios bendito, que me ha sido encomendado”

La palabra griega “malakoi” en 1 Corintios 6:9 se traduce como “afeminados”, y “arsenokoitai” en 1 Timoteo 1:10 se traduce como “homosexuales” [LBLA]. Los estudiosos de los textos paulinos del Nuevo Testamento, tales como Richard Hays (Hays 1996, 382) y Robin Scroggs (Scroggs 1983, 106-108) han demostrado de una manera convincente que estas palabras son derivados directos de Levítico 18:22 & 20:13 que se encuentran arriba. Las traducciones de estas palabras se conforman a estos textos y varían en las diferentes versiones en español. La NTV traduce la palabra griega “malakoi” como “prostitutos”, y la RVR 1960 traduce “arsenokoitai” como “sodomitas”.

Además, en estos pasajes la palabra griega “porneia” que se traduce como “inmoralidades sexuales” [NTV], “fornicarios” [RVR1960] incluye todas las formas de comportamiento sexual pervertido. El marco de referencia para comportamiento sexual pervertido fueron las Escrituras, donde “inmoralidades sexuales” abarcaba todas las relaciones sexuales fuera del matrimonio entre el esposo (hombre) y la esposa (mujer), (Levítico 18:6-30). Las prohibiciones contra la “porneia” (inmoralidad sexual o fornicación) aparecen en el Nuevo Testamento al menos veinticinco veces, muchas de ellas en boca de Jesús (Marcos 7:21).

En 1 Corintios 6:9-11 o en 1 Timoteo 1:10 Pablo no está debatiendo si la homosexualidad es un comportamiento pecaminoso, así como no está debatiendo si la idolatría, la borrachera, los robos o los adulterios son pecados. Pablo simplemente está manifestando que tal comportamiento (el cual de manera absoluta incluye a la homosexualidad) es inconsistente con la vida nueva en el Mesías Jesús. Pablo advierte a la iglesia que las personas que practican tal comportamiento no entrarán en el reino de Dios. También queda claro que algunos en la iglesia habían practicado la homosexualidad en su vida anterior, es decir, antes de entrar en la nueva vida en Cristo. Por lo tanto todas las personas pueden ser potencialmente redimidas de la homosexualidad, así como pueden serlo de cualquier clase de vicios espirituales.

D. Romanos 1:24-27

24 Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos,

25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.

26 Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza,

27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.

En este pasaje Pablo demuestra cuáles son las consecuencias de que Dios (1:24, 26, 28) permita que los seres humanos sigan sus propios deseos y pasiones. La ira de Dios en este pasaje no es en respuesta a las inmoralidades, por el contrario las inmoralidades son las consecuencias de la ira de Dios. En otras palabras, el castigo de Dios para la humanidad es permitirles que sigan sus propias estrategias. Los deseos desenfrenados de los seres humanos son “contra naturaleza”. Por lo tanto, el castigo de Dios es en esencia permitir que los deseos “contra naturaleza” de los seres humanos sigan su curso. Que tanto las mujeres como los hombres cambien las relaciones naturales  por las que son contra naturaleza  es una evidencia contundente para Pablo de que “la ira de Dios se revela” (1:18).

Afortunadamente, el “evangelio… es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16). La ira de Dios puede ser evitada a través del poder de la cruz, la cual tiene la capacidad de reemplazar nuestra “mente reprobada” (Romanos 1:28) con la “mente de Cristo” (Filipenses 2:5), cuyos deseos se ajustan a la voluntad y propósito de Dios.

D1. Argumento contra Romanos 1.24-26 – La homosexualidad es ‘natural’ para algunas personas.

Un argumento común a favor del comportamiento homosexual es que este es ‘natural’ para algunas personas, es decir, algunas personas nacen con esa predisposición. Esta lógica produce una moralidad basada en la predisposición o en lo que es ‘natural’. Si de ‘manera natural’ me siento atraído por el mismo sexo, entonces debe ser bueno. La enseñanza cristiana no está en desacuerdo con el hecho de que la humanidad tiene una predisposición ‘natural’ a tener actitudes y comportamientos que son inherentemente equivocados. Por lo tanto, ¿qué pasa si soy naturalmente egoísta, violento o tengo la predisposición a la adicción o al adulterio o a la pedofilia? ¿Esa ‘inclinación natural’ hace que por lo tanto eso sea ‘bueno’? La Biblia enseña que la naturaleza de todas las personas es corrupta y debe ser regenerada por Dios. Por lo tanto, por Cristo. Entonces todos los seres humanos nacen naturalmente con una gran cantidad de perversiones; como cristianos confiamos que Dios producirá en nosotros un NUEVO ‘natural,’ el cual es producto del Nuevo Nacimiento en Cristo. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Cor. 5.17).

2. Jesús nunca habló directamente sobre la homosexualidad.

Algunas personas sostienen que debido a que Jesús nunca confrontó de manera directa el tema de la homosexualidad, de manera tácita la aprobó. Este es un argumento basado en el silencio. Hay por lo menos tres objeciones a esta lógica.

A. Jesús nunca abordó de manera directa la bestialidad ni la pedofilia. Este hecho no justifica su inclusión tácita en el estilo de vida de los redimidos.

B. Jesús de manera directa confronta “porneia” (Mateo 15:19) (que a menudo se traduce como fornicación o inmoralidad sexual), la cual incluye todo comportamiento sexual fuera del matrimonio entre un hombre y una mujer. Por lo tanto, Jesús sí habla de la práctica homosexual de manera directa. Por favor tenga en cuenta que el judaísmo del siglo primero reconocía universalmente que el comportamiento homosexual era pecado, así como el adulterio y todas las otras relaciones fuera de los lazos del matrimonio heterosexual.

C. El propósito de Jesús no es dejar de lado la Ley de Moisés.

17 “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.

18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.

19 De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.

20 Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” Mateo 5:17-20.

“La Ley de Cristo” era en muchos sentidos más “difícil” que la Ley de Moisés porque Jesús ordenó que se obedeciera el propósito original de la Ley. Mientras que “cualquiera que matare será culpable de juicio” (Mateo 5:21) según la Ley, ahora “yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio” (Mateo 5:22) y “expuesto al infierno de fuego”. Mientras que el adulterio fue prohibido en la Ley, ahora “cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” y es condenado, debido a que esa es indudablemente la fuente del comportamiento adúltero. En resumen, el Mesías no vino a dejar de lado la Ley, sino a cumplir su propósito original.

3. “La homosexualidad es ‘natural’ para algunas personas. Dios no querría prohibir ‘la inclinación natural’ de una persona.”

Primero, en nuestro análisis de Romanos 1:24-26 que se encuentra arriba, vimos que el comportamiento homosexual no es natural, sino “contra naturaleza”. A la misma vez, debido a que Dios permitió que el hombre siguiera sus “pasiones vergonzosas”, el comportamiento homosexual puede parecer “natural” en nuestro mundo caído. Esta es precisamente la razón por la cual la sabiduría convencional actual que impulsa a seguir la receta personal para la felicidad, es una receta para destrucción. A menudo nuestras inclinaciones “naturales” hacia la felicidad son en realidad inclinaciones hacia la corrupción. Las Escrituras enseñan que no somos libres de pecar, sino que de hecho somos “esclavos del pecado” (Romanos 6:17).

A pesar de las inclinaciones personales, nuestra guía hacia lo que es “natural” y “bueno” son las Escrituras. Vale la pena tener en cuenta que la repugnancia que el comportamiento “malvado” le produce a Dios fluye del conocimiento de que el pecado es la fuerza que destruye a las criaturas de Dios. El deseo de Dios es que sus criaturas no sean destruidas por el pecado sino que sean libres de su poder para corromper.

“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” Juan 10:10.

3.a “Si Pablo hubiera encontrado relaciones monógamas y consensuadas del mismo sexo, las hubiera respaldado. Pablo condena solo las relaciones que explotan a los demás”.

Primero y principal, en Romanos 1:27 Pablo manifiesta de manera absoluta que la relación en cuestión es entre dos hombres que están de acuerdo, “y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres”. Pablo no tiene en mente ninguna clase de explotación. Segundo, había ejemplos contemporáneos del siglo primero de relaciones homosexuales no explotadoras que eran bien conocidas en la cultura grecorromana. Robert Gagnon, el notable erudito respecto a la práctica homosexual y la Biblia, en su ensayo A Book Not To Be Embraced [Un libro que no se debe aceptar] cita el discurso de Aristófanes en El banquete de Platón y el discurso de Calicrátidas en el Pseudo-Lucianic Affairs of the Heart [Los asuntos seudoluciánicos del corazón] como dos ejemplos dignos que eran conocidos en el mundo grecorromano del siglo primero, los cuales describen la práctica homosexual consensuada. Filón de Alejandría (25 a. C. – 50 d. C.) hace un comentario sobre El banquete de Platón, el cual era famoso en el siglo primero. Gagnon cita otras fuentes principales (que incluyen a Plutarco – 45-120 d. C.) las cuales prueban que la homosexualidad era aceptada en el contexto contemporáneo del apóstol Pablo.

En resumen, Pablo en Romanos 1:27 de manera clara se refiere a la práctica homosexual entre dos individuos que están de acuerdo. Segundo, como se podría esperar, había ejemplos de relaciones homosexuales consentidas no explotadoras en los tiempos y la cultura de Pablo. Por lo tanto, Pablo era consciente de las prácticas homosexuales consensuadas, y decididamente las prohíbe, en todas sus formas.

4. A los cristianos se les prohíbe “juzgar a los demás”.

“El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella” (Juan 8:7).

“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido” (Mateo 7:1-2).

Algunos cristianos creen que decir que el comportamiento homosexual es pecado equivale a emitir juicios farisaicos. Con frecuencia se citan los dos textos de arriba para apoyar esta idea.

Primero, en Juan 8:7, los fariseos (líderes religiosos) traen a una mujer atrapada en el acto del adulterio. Cuando Jesús dice, “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella”, ¿creemos que Jesús estaba promoviendo una clase de amoralismo, ‘cada cual según su criterio’, como podemos decir? ¿Jesús era indiferente al pecado? ¿Jesús permitía tal comportamiento debido a que ‘nadie es perfecto’? La respuesta a esta pregunta se encuentra en el último versículo de este relato, el cual se cita con menos frecuencia: “y no peques más” (Juan 8:11b). Jesús abordó dos problemas en este relato, el error del adulterio y la hipocresía. Jesús con claridad no estaba abogando a favor del ‘liberalismo’ cristiano. Jesús no aprobó ni la hipocresía de los fariseos ni el adulterio de la mujer. Jesús confrontó ambos asuntos.

Es verdad que Jesús advierte sobre la tentación humana natural de interesarse exageradamente por los pecados de los demás, sin tener el mismo interés por los pecados personales. Sin dudas se nos advierte sobre no emitir juicios hipócritas. Es por esta razón que Jesús dice, “¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Mateo 7:4-5). En resumidas cuentas, los pasajes citados arriba no presentan a Jesús indiferente al comportamiento pecaminoso. Tampoco presentan una ordenanza a los cristianos para que guarden silencio ante el pecado. Jesús claramente confronta tanto al pecado como al pecador, pero advierte que no seamos hipócritas al hacerlo.

5. Jesús aceptó a los rechazados por la sociedad de su época (leprosos, prostitutas, recolectores de impuestos, etc.). Jesús por lo tanto acepta el estilo de vida homosexual.

El ministerio de Jesús nos provee la definición correcta de ‘aceptación’. Primero, Jesús sí pasó una cantidad considerable de tiempo con los ‘marginados por la sociedad’. Esto se puede ver con claridad cuando se leen los Evangelios.

“Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: ‘Este es un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores’” Lucas 7:34.

A Jesús con frecuencia lo criticaban por asociarse con ‘pecadores’. La pregunta para la iglesia es, ‘¿Cuál era el propósito de la asociación?’. ¿Jesús tocaba a los leprosos y los dejaba con lepra? ¿Jesús visitaba a la adúltera, la prostituta, al ambicioso, los santurrones y recolectores de impuestos y los felicitaba por su esclavitud al pecado? No. En cada uno de los casos Jesús confrontó la esclavitud en la que vivían, y los invitaba a la libertad. Los resultados fueron variados. En algunos casos los ‘pecadores’ reconocían su cautividad y eran liberados (La mujer samaritana, Juan 4; Zaqueo, Lucas 19). En otros casos el pecador se iba arrastrando sus cadenas (El joven rico, Marcos 10:17-31). El punto es claro: la asociación de Jesús con ‘pecadores’ era motivada por el deseo de ver la redención; no era una asociación que estaba de acuerdo con sus perversiones.

6. ¿Puedo ser ‘homosexual’ y cristiano?

Muchas personas creen con sinceridad que su identidad humana está unida indisolublemente con su sexualidad. Las Escrituras desafían esta idea. Nuestra identidad primordial como cristianos está en nuestra unión con Cristo (Efesios 2:6). “Cristo, vuestra vida” (Colosenses 3:4). Como seguidores de Cristo, a todos se nos demanda rendir nuestro “yo” a los pies de la cruz y “seguirlo” (Marcos 8:34). Nuestras atracciones sexuales no conforman el fundamento de nuestra identidad humana; Cristo es el fundamento y todos debemos sujetarnos a él. Nuestra identidad es el producto de lo que Dios dice sobre nosotros en su Palabra. Eso no implica negar ni esconder las cosas que nos atraen, en especial las que claramente no son parte del reino. Todos los cristianos tenemos atracciones y deseos que no se conforman con nuestra nueva naturaleza en Cristo. Las Escrituras los llaman “deseos engañosos”, los cuales forman parte de nuestra vieja naturaleza (Efesios 4:22). Estos son los pecados que nos “asedian” o nos “estorban”; pecados de los cuales se nos amonesta “despojémonos” (Hebreos 12:1). Si usted es cristiano y tiene atracción por el mismo sexo lo primero que necesita hacer es estar de acuerdo con la Palabra de Dios, que esa no es una atracción que viene del Padre. No sea tentado (como muchos lamentable e imprudentemente hicieron) a crear un “dios” que pueda estar de acuerdo con sus sentimientos, pensamientos, atracciones y acciones. Tiene que estar de acuerdo con Dios y su Palabra, la cual nos fue dada para redimirnos de la esclavitud. Solo Dios puede definir la realidad. La tentación es parte de la vida del discípulo (Mateo 6:13) y se puede resistir a través de la fidelidad de Dios hacia sus hijos (1 Corintios 10:13). Dejarnos llevar por nuestras tentaciones es una historia diferente. En 1 Corintios 6:9-11 (arriba) se deja en claro, sin embargo, que las personas pueden ser engañadas y pensar que la práctica del comportamiento homosexual es compatible con la vida cristiana. No lo es (en absoluto), y las personas que practican el comportamiento homosexual (así como la promiscuidad heterosexual) no heredarán el reino de Dios. Las Escrituras simplemente no conciben ningún escenario posible para el comportamiento ni la identidad homosexual.

7. Conclusión

En resumen, el canon de las Escrituras es tajante en su presentación del comportamiento homosexual como parte de la depravación humana. No puede haber una interpretación bíblica honesta que esté de acuerdo con este comportamiento bajo ninguna circunstancia. No hay ni siquiera una sílaba en las Escrituras que apruebe o apoye el comportamiento homosexual. La práctica homosexual, así como cualquier otra clase de comportamiento pervertido, no es irreversible. Aunque las Escrituras nos enseñan que todos nacimos en iniquidad, las Escrituras así mismo enseñan que el poder del evangelio es más poderoso que el poder del pecado y sus diversas manifestaciones.

La iglesia haría bien en asociarse con ‘pecadores’. Con demasiada frecuencia las iglesias no han sido sal y luz en sus respectivas comunidades, sino que se convirtieron en clubes sociales con mentalidad de ‘personas religiosas’. Si los cristianos no estamos socializando con los leprosos y los recolectores de impuestos del siglo veintiuno, entonces hemos perdido nuestro llamado. El cuerpo de Cristo debería buscar y amar a los homosexuales, escuchar con atención lo que les hace daño, sus luchas y atracción hacia el mismo sexo, y guiarlos a la libertad que viene a través del arrepentimiento y la fe en Jesús, mediante el poder del Espíritu Santo.

Fuente: https://evangelicalbible.com/

viernes, 27 de mayo de 2022

Testimonio de ex seguidora de la Nueva Era

 Doreen Virtue  Impactada por dos pasajes bíblicos

Autora Nueva Era super ventas rechazó todo lo que había escrito

Hizo una fortuna con la venta de sus libros y programas de auto ayuda Nueva Era, hasta que descubrió en la Biblia hasta qué punto Dios rechaza todo eso.

Traducida a 38 idiomas, Doreen Virtue era una de las más rutilantes estrellas de la literatura Nueva Era Lo sigue siendo, de hecho, pues sus libros de auto ayuda basados en oráculos, tarots, cristales, cartas y sucedáneos de "ángeles" siguen vendiéndose en todo el mundo, a pesar de que reciben ahora su rechazo expreso.

En 2020 ella misma describió su proceso de conversión a la Biblia y a Jesús en un libro titulado Deceived No More: How Jesus Led Me out of the New Age and into His Word [No más engaños. Cómo Jesús me sacó de la Nueva Era para llevarme a Su mundo], y recientemente resumió su testimonio en un artículo de Christianity Today.

"Tener que admitir ante todo el mundo que estaba equivocada ha sido profundamente humillante. Pero necesitaba esa humillación para aprender mejor a apoyarme en Dios", confiesa. En última instancia, su historia consiste básicamente en descubrir ese apoyo, a costa de renunciar a ser considerada por su editor "como una estrella de rock" y a vivir en consonancia.

Doreen Virtue era una popular autora de libros Nueva Era, pero al hacerse cristiana tuvo que cambiar su vida

De error en error

Doreen se educó en la Ciencia Cristiana, donde le enseñaron a prescindir de las partes "negativas" de la Biblia, entre ellas el pecado original y la Crucifixión: "Cuando estudiábamos las Escrituras, seleccionábamos cuidadosamente los versículos o los leíamos fuera de contexto, así que estaba preparada para el engaño del demonio".

Estudió Psicología y empezó a escribir libros de auto ayuda y a dar conferencias y salir en radio y televisión. Al cabo de un tiempo empezó a incorporar a esos textos las creencias de la Ciencia Cristiana, y a frecuentar congresos de Nueva Era que florecían en Estados Unidos. En ellos descubrió toda la amplia oferta de "exóticas mercancías" y "técnicas de sanación" que acabaría "incorporando" a sus libros hasta convertirlos en un boyante negocio.

"Al mismo tiempo, me introduje en el yoga, la meditación oriental, la limpieza de chakras la astrología, la adivinación y otras prácticas New Age", explica: "Los practicantes de la Nueva Era suelen considerar que el cristianismo tiene normas dogmáticas, pero ellos tienen sus propios estándares rígidos sobre lo que una 'persona iluminada' debe o no debe hacer".

Doreen explica  qué es peligroso iniciarse en el yoga incluso por razones "inocentes": es una vía de entrada para todas las prácticas de la Nueva Era, como le pasó a ella, que fue monitora de esta disciplina, que la acabó introduciendo en el politeísmo.

Así ocupó sus siguientes veinte años como profesora de Nueva Era y autora de éxito que presentaba sus libros en todo el mundo viajando en primera clase, alojándose en los mejores hoteles y disfrutando de una gran mansión en Hawai.

La vida real de los seguidores de la Nueva Era

Pero todo reposaba en la creencia mágica de que "tus palabras pueden crear tu realidad": "Retorcíamos las palabras de Jesús para dar a entender que Dios te daría cualquier cosa que le pidieses. Y poníamos nuestra riqueza y nuestra fama como prueba de que nuestros principios eran verdaderos y eficaces".

¿Qué sucedía en realidad? Que, a pesar de los éxitos mundanos, los practicantes de Nueva Era que ella frecuentaba presentaban un panorama vital desolador: "Éramos pecadores impenitentes con vidas dañadas por divorcios y adicciones. Nuestros talleres abarrotados, las ovaciones en pie, los fans que nos adoraban y los amigos famosos nos hacían tener un ego presuntuoso. Recuerdo haber creído que cada uno de mis pensamientos era un mensaje o una señal de Dios o de sus ángeles".

Doreen se veía a sí misma como una cristiana "de mente abierta", es decir, "superior a todos esas personas de mente estrecha que simplemente creían en Jesús. Para mí, Jesús funcionaba como un 'guía espiritual' que, como un genio mágico, me ayudaba a convertir en realidad mis sueños. Yo estudiaba todas las religiones del mundo y llevaba colgantes con símbolos de las principales. Creía que todos los caminos llevan al cielo y que todas las religiones adoran al mismo Dios".

Eso sí, confiesa que nunca animaban a nadie a leer la Biblia y sí, sin embargo, a perseguir sus sueños egoístas, "haciéndoles más codiciosos y materialistas".

San Pablo y el Deuteronomio

"Ávida de respuestas", escuchaba entonces a todo tipo de chamanes o gurús, pero también a predicadores cristianos. Un día de enero de 2015, Doreen conducía por una carretera en Hawai escuchando al pastor protestante Alistair Begg, quien comentaba la segunda carta de San Pablo a Timoteo. Un versículo la descolocó: "Porque vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que se rodearán de maestros a la medida de sus propios deseos y de lo que les gusta oír" (2 Tim 4, 3). Se dio cuenta de que esas palabras la describían a ella: "Dios usó ese sermón para verme condenada por primera vez en mi vida. Sus palabras perforaron mi corazón de piedra y me sentí avergonzada de mis falsas enseñanzas. Cuando llegué a casa le dije a mi marido Michael que quería empezar a ir a una iglesia cristiana real. Él lo aceptó enseguida".

Ese cambio en su vida le costó tiempo, sobre todo la forma de entender su relación con Dios: "Me di cuenta de que yo no confiaba en que Dios atendiese mis necesidades. Así que en vez de rezar y confiar en el Señor, seguía confiando en las cartas adivinatorias, la astrología, las lecturas psíquicas, los horóscopos y los cristales". Como ha expresado en alguna ocasión, no había calibrado aún la fuerza del mandato divino que dice: "Confía en el Señor con toda el alma, no te fíes de tu propia inteligencia" (Prov 3, 5).

Leer la Biblia de verdad "lo cambió todo", en particular este pasaje del Deuteronomio: "No haya entre los tuyos quien haga pasar a su hijo o su hija por el fuego; ni vaticinadores, ni astrólogos, ni agoreros, ni hechiceros, ni encantadores, ni espiritistas, ni adivinos, ni nigromantes; porque el que practica eso es abominable para el Señor. Y, por esas abominaciones, los va a desposeer el Señor, tu Dios, delante de ti" (Dt 18, 10-12).

"En esa lista de actividades pecaminosas había muchas que yo estaba practicando", reconoce: "Estaba rota, profundamente avergonzada y humillada por esas palabras. Caí sobre mis rodillas de pura vergüenza y pena. '¡Lo siento tanto, Dios mío!', repetía, arrepentida, '¡No lo sabía!' Desde aquel mismo día le entregué mi vida a Jesús como Señor y Salvador".

Firme en el camino

Una decisión con graves consecuencias. Su editor canceló el contrato y muchos seguidores de la Nueva Era empezaron a despreciarla y amenazarla en cuanto hizo pública su convicción cristiana: "Por primera vez experimenté una lucha espiritual, lo que me unió aún más a Dios". Y empezó y completó, en una universidad evangélica, un grado de estudios teológicos y bíblicos.

Sus libros de New Age siguen vendiéndose contra su voluntad, porque ella ha pedido que no se haga. Pero lo ve como "una oportunidad para compartir el Evangelio" a través de su testimonio: "Pido constantemente a Dios que utilice mi testimonio para llevar a Jesús a los seguidores de la Nueva Era. Pues tras buscar la paz en la Nueva Era, sin encontrarla nunca, la encontré finalmente en Cristo. A pesar de las tormentas de mi vida, mi esperanza y mi confianza en el Señor son firmes".

Fuente: www.religionenlibertad.com

jueves, 19 de mayo de 2022

testimonio de Sang-Hwa Corea del Norte

La opresión de los cristianos en paises comunistas

Las primeras palabras que se supone que cualquier niño Norcoreano debe aprender son: “Gracias, padre Kim lsung”.

A los niños se les enseña a adorar a la familia Kim y a temer a los cristianos.

En sus libros escolares hay historias sobre misioneros que atacan a los niños con ácido y se les muestra películas sobre cristianos que secuestran a niños y toman su sangre. Este es el mundo en el que Sang-hwa conoció. Ella creía que los cristianos eran enemigos del Estado y les tenía mucho miedo.

Pero eso comenzó a cambiar un día, cuando tenía 12 años. Esta es su historia:

En nuestra casa había un armario escondido. Cuando tenía 12 años, lo encontré accidentalmente. No sé por qué, pero empecé a tocar dentro del armario con la mano y sentí un libro. Lo saqué, abrí el libro y comencé a leer. “En el principio Dios creó los cielos y la tierra...” Dejé caer el libro. Inmediatamente reconocí que era ilegal, porque no describía el Big Bang ni mencionaba la teoría de la evolución. Comencé a temblar, estaba tan asustada.

Mi descubrimiento podría costarme la vida. Tenía miedo de tocar el libro, pero no podía dejarlo allí. Cerré los ojos, tomé el libro y lo volví a guardar. Consideré mis opciones. ¿Debo decírselo a mi profesor? ¿Debo denunciarlo a un funcionario de seguridad local? Durante 15 días no pude pensar en otra cosa. Sabía que era mi deber informar sobre la posesión de este libro ilegal. Pero era mi propia familia la que estaba involucrada.

Existían muchas preguntas dentro de mí: ¿Quién o qué era este Dios? Finalmente, tuve las agallas de preguntarle a mi padre sobre el libro. Estaba muy sorprendida por mi pregunta. Lo que no sabía entonces era que él había estado orando durante cinco años para tener la oportunidad de compartir el Evangelio conmigo.

Mis padres no podían compartir ninguna historia cristiana con mis hermanos y conmigo antes, ya que era demasiado peligroso: podríamos traicionarlos accidentalmente y los resultados serían desastrosos. Pero él quería que yo supiera acerca de Jesús; así que creo que se alegró porque ese día finalmente había llegado.

Me preguntó: “¿Ves aquellos árboles?” Afirmé que sí. “¿Quién los hizo?” Respondí que no lo sabía. Él me explicó la historia de la creación, incluyendo cómo Dios había hecho a Adán y Eva. Luego se volvió hacia mí y me hizo otra pregunta. “¿Cuál es el animal más peligroso?” No sabía por qué, pero respondí: “La serpiente”. “Exactamente”, respondió, y me contó cómo el pecado vino al mundo.

Fue la primera de muchas conversaciones que tuvimos sobre la Biblia, acerca de Dios, Jesús y el Evangelio. Él me explicó muchas historias bíblicas. Y aunque yo todavía no era cristiana, todas esas historias tenían mucho sentido para mí. Sentí mucha pena por todas las personas que no sabían la verdad, incluso mis hermanos mayores. Mi madre me enseñó a memorizar versículos de la Biblia y el Credo Apostólico y también me explicó el Evangelio completo.

Mi abuelo me mostró cómo orar. “Es sólo hablar con Dios. Nada más y nada menos”. Él me habló mucho acerca de la Segunda Venida de Jesús. Realmente lo anhelaba.

Para mí todas esas historias e ideas eran muy interesantes. Leía la Biblia sola, pues sabía que era peligroso. Mi padre siempre enfatizó que no debía compartir nada con nadie más. Por ello, él siempre oraba en susurros y decía: “Padre, ayuda al pueblo Norcoreano a buscar primeramente el reino de Dios". A veces mi papá se encontraba con otras personas en un lugar secreto. Muchos hijos de los creyentes también íbamos a ese lugar y aprendíamos acerca de la Biblia y orábamos juntos.

Entre las personas que visitaban las reuniones secretas también había algunos no cristianos, incluso espías del gobierno. Cuando uno de esos visitantes estaba muriendo, mi padre fue a visitarlo en su lecho de muerte. Él confesó: “Sé todo sobre ti, tu familia y tu fe. Yo era un espía y tenía órdenes para vigilarte. Eres un buen hombre. Nunca le dije a nadie que eras cristiano. Dime cómo puedo convertirme en cristiano también”.

En los momentos finales de su vida, este hombre se arrepintió y entró en el reino de Dios. Mi padre pudo conducirlo allí. Dios nos protegió una y otra vez.

Cierto día, hubo un chequeo aleatorio de la casa y parecía que este hombre también sabía que éramos cristianos y nunca nos delató. Todo esto fortaleció la fe de mi padre en Dios. Siempre experimentó mucha paz. Realmente, creo que la mayoría de los cristianos en Corea del Norte experimentan mucha paz y confían en Dios, más que los cristianos que están en países libres.

Finalmente, me casé. Un día, descubrimos que estábamos a punto de ser desterrados a un área remota: el hermano de mi esposo era un alto funcionario y nos advirtió. Mi esposo y yo estábamos devastados. Sentí como si mi vida hubiera terminado. Mi padre trató de animarme y nos dijo que Dios vendría por nosotros. Otras personas que sabían lo que estaba a punto de suceder nos aseguraron que todo estaría bien. Pero, no estábamos convencidos.

Logramos escapar a China. Allí, pasamos por tiempos difíciles, pero cristianos chinos nos cuidaron. Finalmente, llegamos a Corea del Sur.

Mis sueños y esperanzas no han cambiado mucho desde que dejé Corea del Norte. Hay mucha más libertad en el Sur, pero nuestras creencias son las mismas. Ojalá pudiera regresar a Corea del Norte y compartir el Evangelio con la gente de allí y tener comunión con los cristianos locales. Amo su fe. Estoy lista para morir por causa del Evangelio. Creo que, si no hubiera tenido una familia aquí en Corea del Sur, ya hubiera regresado para ayudar a las personas en necesidad.

Mi padre siempre me dijo que buscara el Reino de Dios en primer lugar. Ésa será siempre su oración por su país y por todos los cristianos. Y ésa también es mi oración. A veces me desanimo porque parece que nada está cambiando en Corea del Norte. La verdad, la situación sólo empeora.

Cuando oro, a menudo le pregunto a Dios: “¿Cuál es el objetivo de orar por mi país? ¿Por qué quieres que siga orando por Corea del Norte?” Y Dios siempre me recuerda: “Conoces Corea del Norte mejor que nadie. Conoces a la gente y su sufrimiento. Si no oras, quién lo hará? Confía en mí. Cree en mi

Fuente: www.puertasabiertasal.org

martes, 3 de mayo de 2022

¿Porqué soy atribulado?

¿Te has preguntado alguna vez por qué tienes dificultades como cristiano? 

Te convertirse a Cristo pensando que te iría chévere, que Cristo a tu lado, ahora está de tu lado, garantía de un éxito en todo lo que emprendieras. Pero no ha sido así. Cuando te ha ido “de la patada”, sientes que eres objeto de la mala suerte, más que sujeto de la bendición.

En la vida cristiana, las aflicciones no son un accidente del destino, no es el azar lo que controla tu vida sino la providencia de Dios. Uno de los libros de la Biblia más empapados de lágrimas aclara: 

¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? (Lam 3:37).

Antes de preguntar “porqué”, Dios quiere que nos preguntemos “para qué”. Porque tanto es verdad que nada nos viene por azar como que nada de lo que nos viene es en vano. Dios tiene un mínimo de cuatro grandes propósitos por las que permite que seamos afligidos.

El primer propósito de las aflicciones es formativo. El mismo Dios que gestó el nuevo nacimiento desarrolla madurez. El tierno asombro que produce ver a un recién nacido se torna a intensa preocupación en cuanto el doctor dice que el niño no está creciendo. Dios no tiene ningún hijo que sea enano y una de las formas en que nos enseña madurez es cursando en la escuela del dolor.

Ni aún Cristo fue exento de esta escuela. Aunque era impecable, En Hebreos 5:7-10 afirma que por al dolor que pasó aprendió obediencia. No fue madurar de desobediencia a obediencia, sino de pequeños actos de obediencia al gran acto de obediencia que lo llevó a la cruz. El dolor que sientes hoy, está potenciando para mañana una obediencia que no podrá pasar desapercibida en este mundo.

Si el primer propósito de las pruebas es formativo, el segundo es correctivo. La Biblia afirma que Dios al que ama disciplina. El buen pastor usa del cayado para ayudarnos, pero igualmente de la vara para evitar desvíos terrenales que pueden terminar en calamidad eterna.

Dios nos redimió para ser salvos e igualmente para ser hijos adoptivos. La vara de corrección duele, pero conforta; confiere a nuestro corazón la confianza de no ser bastardos desatendidos, sino hijos del rey, quienes han de conducirse conforme al decoro de la familia real. Además, como el niño con llantitas auxiliares en su bicicleta se siente seguro que evitará la caída, así  la disciplina infunde la confianza de que la caída fatal será prevenida por una fuerza mayor a nuestro esfuerzo personal.

“En medio del dolor, propónte el día de hoy a alabar a Dios tanto por la caricia suave como por la aspera disciplina, pues en ambas se escucha el latido del amor paternal.”

Hasta ahora has aprendido que las pruebas tienen un propósito formativo y correctivo. El tercer propósito es preparativo. Las herramientas usadas por Dios se fraguan en el fuego de la prueba. La lista no es corta. José por años sufrió perplejidades antes de ser exaltado líder sobre Egipto. Moisés fue desterrado como vagabundo por 40 años en el desierto antes de ser líder sobre Israel. David fue perseguido 8 años por los celos incontenibles de Saúl antes de sentarse en el trono en Hebrón.

Pablo mismo ilustra esta verdad en su propia vida (2 Corintios 1.3-7). Consideró que las severas pruebas que le sobrevinieron en Asia no eran una molestia por sacudirse, sino dosis de empatía a su corazón por los que sufren. Es más fácil reír con los que rían, que llorar con los que lloran; y más natural compadecernos con ellos cuando somos compañeros de toda suerte de pruebas.

¿Podrá ser que hoy Dios ponga a alguien en tu camino cuyo alivio se encuentre en la cosecha de la sabiduría fraguada en tu aflicción?

Hay aún otro importante propósito desapercibido por muchos.  Además de formación, corrección y preparación; las aflicciones confieren prevención. Previene episodios de enaltecimiento exorbitantes.

Increíble pero cierto! Nuestro susceptible corazón es influenciado por las tentaciones y también por las bendiciones. Las tentaciones lo desvían, las bendiciones lo hinchan de vanidad. Las aflicciones son vacunas anti-inflamatorias para prevenir este problema cardiaco.

No pienses que esta prevención está reservada para principiantes, neófitos de la fe u hombres de doble ánimo. El gran Apóstol Pablo mismo requirió prevención. Le fue dado un aguijón en la carne para prevenir que los aires del tercer cielo provocasen alucinaciones apoteósicas (2 Corintios 12.7-9). Un aguijón en la carne le fue dado para prevenir la vanidad, no para corregirla. Fue un acto de previsión divina, no de remedio.

Hay pruebas fastidiosas que anhelamos despojar de nuestra vida. Antes de pedir a Dios que las remueva, debemos de considerar en qué nos convertiríamos si Él concede nuestra petición. Pues como Dios hirió a Jacob para poderlo bendecir, así debe haber heridas medicinales que llevamos que nos permiten disfrutar de las bendiciones de Dios con sobriedad.

Sería imposible agotar todos los propósitos de las pruebas en el cristiano. Santiago se refiere a las aflicciones como “diversas pruebas”, –multicolores en el original. Diversos matices aflictivos generan diversos propósitos que conjuntamente forman la imagen de Cristo en nosotros. Tengamos pues por sumo gozo cuando nos hallemos en diversas pruebas sabiendo que ninguna de ellas son producidas por el azar ni resultan infructuosas.

Fuente: Ayudapastoral.com

lunes, 25 de abril de 2022

UNA LLAMADA A TODOS LOS PADRES!!!

No confiemos en nadie. Cuidemos a los niños y a las niñas.

Papás ustedes dense tiempo de atenderlos en sus salidas, reuniones, escuela. Fiestas.  No dejemos solos a nuestros hijos. Nadie es de confiar

Los niños no se cuidan solos

Mi hija tiene seis años y está en primera serie Vivimos a un kilómetro y medio de la escuela, así que todos los días un taxista que conocemos la lleva a la escuela y la trae a casa después de la escuela porque mi marido y yo estamos trabajando y salimos de casa temprano, pronto Después de que ella se fue Un día, cuando estaba en el trabajo, recibí una llamada de su profesora pidiéndome que fuera a la escuela lo antes posible.

Qué pasó con Angela? Me pregunté con ansiedad

No hay motivo para el pánico, asegúrate de venir antes del final de la escuela de hoy. Por supuesto que entré en pánico Esto tiene que ver con mi hija y yo me preocupo por ella. Me disculpé inmediatamente para trabajar y rápidamente conseguí el primer transporte disponible. Entré al aula sudando

Mamá de Angela, me llamó la maestra:

Me gustaría hablar en privado

Ella abrió la puerta de una oficina vacía y yo la seguí, y ella continúa:

¡Ves a tu hija antes de venir a la escuela?

Esa fue su primera pregunta No sabía adónde llevaba esto, así que respondí con un breve ′′ Sí ′′

¡A qué hora sale de casa?

La atrapan un poco antes porque tengo que correr para trabajar Así que alrededor de las 7 a las 7

¿Cómo se comporta entonces?

Ella se comporta normalmente

Quiero que te prepares para lo que estoy a punto de decirle.

(...) Estás listo?

Realmente tuve una opción? Solo sacudí la cabeza

Ángela llega alrededor de las 8 todos los días - Ella empezó a explicarlo tranquilamente.

Hace algún tiempo, ella viene a la escuela con lágrimas todas las mañanas Al principio pensé que era porque ella no quería ir a la escuela. Muchas veces pregunté qué había allí, pero ella no me respondió. Hoy, cuando ella llegó, estaba llorando como siempre, así que la llamé a un lado y le di algunos dulces y prometí dar más. Así que le pregunté en un tono muy amigable porque llora todos los días y la respuesta me impactó.

Ella respiró mientras me miraba y la ansiedad casi me mata. Mamá de Ángela - siguió con cautela

El conductor que la lleva a la escuela todos los días está violando a su hija todas las mañanas desde hace rato.

Qué Casi me desmayo Seguramente me habría caído si estuviera de pie Por el amor de Dios, ella tenía solo seis años! Cómo pueden ser algunos hombres sin corazón? Todos los días después de llevársela de la casa y antes de ir a la escuela, él llevaba a Angela a su casa, la violaba y amenazaba con matarla si ella intentaba decírselo a alguien.

Solo luego él la traería a la escuela.

Mi cabeza giraba Por qué? Por qué? Por qué mi angelita? Estaba sudando Mi cuerpo entero estaba temblando

¿Debería llamar a su marido?

No, no! Grité Él podría hacer cualquier cosa La paciencia era algo desconocido para él.

Tenía que encontrar una manera de darle la noticia. Después de un tiempo, decidí llamar a mi cuñada. Juntos podemos intentar hablar con él.

La noticia le llegó a mi marido Lloró incontrolablemente Así que él se enojó tanto que juró que lo estrangularía, pero le dijimos que no solucionara el problema por cuenta propia y que la ley hiciera su trabajo. Reportamos a la policía Les dimos los detalles del taxista Lo agarraron y lo llevaron Llevamos a Angela al hospital después de recibir un formulario de la policía. Él fue declarado culpable de violar a nuestra hija varias veces y fue condenado a veinte años de prisión.

Absolutamente nadie debe ser confiado a nuestras hijas. Reserva un tiempo para llevar a tus hijos a la escuela, sé amigo de ellos, enséñalos a ser educados, pero nunca confíes en los extraños. Enséñales a que siempre confíen en ti para abrirte en caso de incidente inusual.

Fuente: Publicación Facebok

viernes, 15 de abril de 2022

La Crucifixión de Jesús

Método al que Cicerón describe como el más cruel y terrible de todos

Y las escrituras se cumplieron.

Jesús fue condenado a muerte y ejecutado en la Cruz. Así se cumplió lo dispuesto por el Señor para que el hombre quedara limpio de pecado.

La crucifixión ha sido una de las maneras más terribles en las que los hombres han sido asesinados por sus semejantes. La crucifixión no es sólo muerte, sino también tortura prolongada, dolor, agonía... La crucifixión, tan utilizada por los romanos, era el método de asesinato legal más terrorífico, y de esta forma actuaba no sólo como método de ejecución, sino como advertencia a todo el que pensara vulnerar las leyes. Por eso la crucifixión era pública y en lugares abiertos, para que los cuerpos quedaran expuestos y todos pudieran ver el castigo.

Gracias al descubrimiento de los huesos de Giv´at ha-Mitvar, desenterrados en 1968 al norte de Jerusalén y que pertenecen a un hombre crucificado de unos 26 años de edad y 1,67 metros de altura, podemos tener una idea muy completa de cómo era este inhumano y despreciable castigo.

En esta ilustración de Peter Connolly se representa exactamente cómo era la crucifixión.

En primer lugar, tal y como describen los Evangelios, los reos de muerte eran flagelados. Los romanos utilizaban tres grados de dureza en la flagelación con látigo, así, la más dura era para los reos de muerte. Luego le cargaban el travesaño a la espalda y le hacían llevarlo hasta el lugar de la ejecución, donde el madero vertical estaba clavado de manera fija, esperando a su víctima. El hombre era tendido en el suelo boca arriba y sus brazos clavados al travesaño (no podían clavarles las palmas de las manos porque el peso desgarraría la carne fácilmente, por eso se clavaban los brazos del reo por debajo de las muñecas, entre los dos huesos del antebrazo: el cúbito y el radio). Entonces se subía el travesaño y se fijaba al madero vertical. El reo estaba de pie y podía apoyarse en un listón de madera que servía de asiento. Le subían las piernas y le clavaban los talones al madero. El examen de los clavos ha demostrado que el clavo atravesaba antes un trozo de madera de acacia o almendro para fijarse mejor. En este caso concreto, el clavo se había fijado a los huesos de los talones de tal modo que para descolgar al reo tuvieron que cortarle uno de los pies. Todo el peso del cuerpo quedaba colgado de los brazos, por lo que el cuerpo tiraba hacia abajo y los clavos iban desgarrando la carne de los antebrazos hasta que los huesos de las muñecas frenaban el descenso y el hombre comenzaba una agonía que podía durar horas y horas hasta que fallecía por asfixia entre horribles sufrimientos. Por encima de su cabeza se clavaba un cartel donde se daba cuenta de los crímenes cometidos por el reo. En el caso de Jesús el cartel decía en latín: Jesús de Nazaret Rey de los Judíos, cuya conocida abreviatura es INRI.

Como medida de gracia, los soldados que llevaban a cabo esta espantosa ceremonia, podían partirle las piernas a golpes para acelerar su muerte, tal y como demuestra el examen médico de estos huesos donde el ángulo de la fractura es clave para determinar la postura exacta del reo en la cruz. Los huesos de Giv´at ha-Mitvar, que probablemente pertenezcan a un zelote que combatió a los romanos nos muestran heridas atroces que testimonian el completo desprecio por la vida que reinaba entonces y aún ahora en muchas naciones.

El relato de los Evangelios nos hace pensar que Jesús llegó en muy mal estado a la Cruz debido a los sufrimientos y torturas padecidos a manos de los auxiliares romanos y guardias judíos y, sobre todo, de la flagelación a que fue sometido. Puesto que Poncio Pilato no creía que fuera culpable de muerte lo más posible es que ordenara que le azotaran muy violentamente para evitarle el mayor sufrimiento posible en la Cruz. El evangelista Juan fue testigo de la crucifixión de Cristo y su relato es el que más pormenores señala sobre este episodio. Junto a Jesús fueron asesinados legalmente dos ladrones, uno de los cuales se burló de Cristo, pero el otro se apiadó de él y Jesús le prometió la salvación. Es la famosa historia de "el ladrón bueno". Recordemos que todo, absolutamente todo lo que nos presenta el Evangelio tiene un mensaje de Amor y de Esperanza y que la muerte de Jesús no fue más que el trámite físico, terrible y necesario, para su posterior Resurrección.

En HUMANITAS Nro.18

Estamos de tal manera habituados a ver la cruz y a Cristo crucificado en ella que nos resulta difícil percatarnos de la trágica realidad oculta tras la imagen del crucifijo. La usamos incluso como un adorno de oro o plata para lucir en el cuello. La hemos convertido con justa razón en símbolo del cristianismo y queremos ver al Crucificado en los tribunales, en las aulas escolásticas, en las tumbas de los difuntos y hasta en las cimas de los montes, como símbolo de la fe cristiana y del triunfo en la lucha contra la muerte y las potencias del mal. ¿Pero qué hay detrás de ese símbolo? Queremos pues preguntarnos qué era la cruz en el mundo antiguo y qué representó para Jesús la crucifixión y la muerte en la cruz. También deseamos ver de qué manera este símbolo de la mayor infamia pasó a representar la victoria y cuál fue el precio de la superación del "escándalo", de la "locura" de la cruz.

En realidad, sin examinar a fondo el significado que tenía en el mundo antiguo la condena a morir crucificado, hoy en día no lograríamos comprender el carácter del "escándalo" de los hebreos cuando escuchaban hablar del "mesías crucificado" ni el "rechazo" de los paganos al oír a San Pablo anunciar que Jesús, el Hijo de Dios, había sido condenado para la salvación de todos los hombres "a morir en la forma más infamante: en la cruz" .

Flavio Josefo nos entrega un testimonio ocular de la crucifixión colectiva de un grupo de individuos que procuraban salir de Jerusalén, sitiada por las tropas romanas bajo el mando de Tito. "En el momento de la captura eran flagelados, sometidos a toda clase de suplicios antes de morir crucificados delante de los muros. Tito se compadecía del sufrimiento de las víctimas, pero por ser demasiado numerosas -alrededor de 500 diarias- no era posible correr el riesgo de liberarlas o someterlas a vigilancia, de manera que autorizó a sus soldados para proceder de acuerdo a su propio criterio, tanto más por cuanto esperaba que el horrible espectáculo de las innumerables cruces indujera a los sitiados a rendirse. Así, los soldados, bajo el impulso del odio y el furor, ridiculizaban a los prisioneros, crucificando a cada uno de ellos en una posición diferente, y dado el número de los mismos, tanto el espacio como las cruces para los cuerpos eran insuficiente. En realidad, en Judea eran frecuentes las crucifixiones masivas de parte de los ocupantes romanos: en el año 4 A.C., Varo ordenó crucificar a todos los prisioneros capturados; Félix hizo otro tanto con una gran cantidad de "bandidos" (se trataba de rebeldes ante la autoridad romana); Floro llevó a cabo lo mismo en Jerusalén.

Nerón aplicaba simultáneamente los tres peores suplicios conocidos en la antigüedad: la crucifixión, el ser quemado vivo y el ser devorado por las bestias. En efecto, en la tradición jurídica romana eran tres los suplicios más terribles, como se desprende de lo señalado por el jurista Julio Pablo: "Summa supplicia sunt crux, crematio, decollatio. La crucifixión aparece en el primer lugar, la hoguera (crematio) en el segundo y la decapitación  en el tercero. En algunas fuentes, la decapitación es sustituida por la condena a las bestias. Los delitos castigados con la crucifixión eran la deserción ante el enemigo, la violación de un secreto de Estado, la incitación a la revuelta, el asesinato, las predicciones sobre la prosperidad de los gobernantes

la impiedad nocturna, la magia y la falsificación grave de un testamento.

A causa de su crueldad, la pena de la crucifixión no era una amenaza para los miembros de las clases altas de la sociedad, sino casi exclusivamente para los integrantes de las clases bajas. Por lo tanto, los ciudadanos romanos no podían ser condenados a la crucifixión. Cicerón reprochó a Verre este delito, acusándolo de haber hecho crucificar al ciudadano romano P. Gavio en Mesina. Al mismo tiempo lo acusó de salvar de la muerte en la cruz a algunos esclavos condenados a ese suplicio "de acuerdo con el uso de los antepasados". Así, era un delito crucificar a un ciudadano romano; pero era obligación crucificar a los esclavos sospechosos de rebelión. En todo caso, no siempre ocurrían las cosas de ese modo. Aun cuando los desertores fueran ciudadanos romanos, al cometer el delito de alta traición, por el hecho de pasar al enemigo, perdían los derechos civiles y podían ser castigados con la crucifixión. Con todo, esta pena era "indigna de un ciudadano romano y de un hombre libre". Por el contrario, "el nombre mismo de la cruz debe estar alejado no sólo de la persona de los ciudadanos romanos, sino también de sus pensamientos, sus ojos y sus oídos".

El horror y la infamia de la crucifixión explican el hecho bastante curioso de que la mayor parte de los escritores latinos rara vez se refieren a la cruz y a la crucifixión o ni siquiera mencionan el tema, considerado desagradable y poco "elegante". "La crucifixión -señala M. Hengel- se conocía de alguna manera en todas partes y era frecuente, sobre todo en la época romana; pero en los ambientes cultos las personas preferían tomar distancia frente a esa práctica y en general guardaban silencio al respecto.

Al parecer, los iniciadores de la práctica de la crucifixión fueron los persas. Esta forma de dar muerte probablemente tenía un sentido religioso, ya que de este modo la tierra, dedicada a Ormuzd, no se contaminaba por no estar el cuerpo del ajusticiado en contacto con ella. La práctica pasó de los persas a los griegos, a los cartagineses y a los romanos. Los cartagineses castigaban con la crucifixión a sus generales y almirantes cuando eran derrotados en la guerra o daban muestras de excesiva independencia; pero esta pena se aplicaba con más frecuencia para someter a las ciudades rebeldes u obligar a rendirse a las ciudades sitiadas y para aplacar a las tropas amotinadas o provincias rebeldes. Así ocurrió en Tiro, sitiada por Alejandro, donde hizo crucificar a 2.000 habitantes; en Jerusalén, sitiada por Tito, y en Cantabria (provincia del norte de España), que se había rebelado contra Roma

Ahora bien, los rebeldes, ladrones y bandidos no sólo recibían un castigo físico, sino también espiritual, por cuanto se pensaba que las almas de los individuos muertos en forma violenta -ahorcados, decapitados o crucificados, generalmente desprovistos de sepultura- eran excluidas de los infiernos, es decir, del reino de los muertos, y permanecían errantes, sin encontrar reposo, en forma de espectros y fantasmas nefastos.

En el mundo grecorromano, la crucifixión era la pena impuesta a los rebeldes y los bandidos, pero al mismo tiempo típica de los esclavos. En efecto, se llamaba precisamente (el "suplicio de los esclavos"). Ciertamente, dada su crueldad, Cicerón la definió como el "suplicio más cruel y horrible que existe", y con anterioridad a él Plauto la calificó (la "espantosa cruz"); pero la principal característica de la crucifixión era su vínculo con la esclavitud, por lo cual Cicerón agrupó los dos aspectos -máxima crueldad y pena propia de esclavos- al definirla como "el suplicio más cruel aplicado a los esclavos

En el mundo judaico, la crucifixión se practicó durante el período asmoneo, que se extiende desde la rebelión de los Macabeos (siglo II A.C.) hasta el año 63 A.C., cuando Pompeyo conquistó Palestina. Así, Alejandro Janeo ordenó crucificar a 800 hebreos, probablemente fariseos. Herodes suprimió esta pena, ciertamente para tomar distancia con los asmoneos y no movido por un espíritu humanitario. Después de haber recurrido excesivamente los romanos a la crucifixión con el fin de controlar la rebelión judaica, la pena dejó de imponerse en Palestina, tanto más por cuanto en la crucifixión estaba implícita la condena de Dios. De hecho, dice el Deuteronomio: "Cuando uno que cometió un crimen digno de muerte sea muerto colgado de un madero, su cadáver no quedará en el madero durante la noche, no dejarás de enterrarle el día mismo, porque el ahorcado es maldición de Dios, y no has de manchar la tierra que Yavé, tu Dios, te da en heredad" (21, 22-23). De acuerdo con la ley judaica, la maldición de Dios recaía sobre el hombre crucificado. Esto explica por qué la prédica cristiana sobre el Mesías "crucificado" de los primeros tiempos provocó "escándalo" entre los hebreos: ¿cómo podía el Mesías ser un hombre "crucificado" y por lo tanto "maldecido" por Dios?

En todo caso, es importante observar que la ley judaica no enfocaba el hecho de ser colgado en un madero como una pena de muerte, sino como un castigo adicional. Efectivamente, este castigo se aplicaba a los idólatras y blasfemos apedreados y por consiguiente después de muertos. El carácter penal consistía en el hecho de que el hombre apedreado, al ser colgado en un palo, era señalado como un ser "maldecido por Dios".

¿Cómo tenía lugar la crucifixión? En general, era precedida por la flagelación, suplicio que Horacio llama horribile, agregando que sus víctimas morían . El condenado era golpeado con el flagellum, un látigo con varias correas, cuerdas con nudos o cadenillas, en cuyos extremos había huesecillos y pequeñas bolas de plomo. La ley romana no fijaba un límite para el número de golpes, de manera que a menudo la persona flagelada moría con ellos. La ley judaica, en cambio, no permitía más de 40, que los fariseos reducían a 39 para evitar sobrepasarlos por error. La intensidad de la flagelación dependía de la crueldad de los fustigadores, pero el suplicio era aún mayor por la vergüenza de ser sometido a una pena tan denigrante y ser despojado de las vestiduras y amarrado a un poste o una columna.

Después de la flagelación, el condenado a la crucifixión era conducido al lugar del suplicio. Debía llevar sobre la espalda el patibulum o supplicium y le ponían en el cuello una tablilla donde se escribía su nombre y el motivo de la condena. Lo hacían recorrer las calles más transitadas para provocar temor en los observadores y humillarlo aún más. El lugar del suplicio era alto y concurrido. Al llegar al mismo, el condenado era amarrado o clavado en el patibulum; enseguida lo levantaban en el madero vertical , hundido firmemente en la tierra mediante cuerdas, con escalas o con las manos si la cruz era baja, y quedaba fijo en el mismo. Sus pies se unían al madero vertical con dos clavos o a veces sobrepuestos con uno solo. 

En general, la cruz era más bien baja, de la altura de un hombre, para comodidad de los soldados o para que los animales pudieran despedazar más fácilmente a las víctimas cuando además de la crucifixión eran "condenadas a ser devoradas por las bestias". En cambio, era más alta cuando se deseaba humillar en mayor grado al condenado haciéndolo más visible y exponiéndolo de ese modo aún más a las injurias y muecas de la gente.

Antes de colgarlo en el patíbulo, se desvestía al condenado para exponerlo desnudo ante las miradas de la gente. Luego le quitaban del cuello la tablilla con el motivo de la condena, que se colocaba en el madero vertical sobre su cabeza para que todos pudieran leerla. De ese modo era supuestamente despojado de toda apariencia de personalidad jurídica y del carácter de "hombre", herido tanto en su cuerpo horriblemente desfigurado como en su honor, puesto que la crucifixión era una pena impuesta a los esclavos, desertores y ladrones, como en su dignidad humana, cuya pérdida mostraba el hecho de encontrarse expuesto desnudo a las miradas e insultos vulgares de la gente.

La muerte de los crucificados era sumamente dolorosa y muy lenta, de manera que a veces podían permanecer varios días en la cruz. Aparte de los clavos, los sufrimientos mayores eran la dificultad respiratoria, la sed provocada por la pérdida de sangre, la deshidratación y el sudor, las picaduras de insectos y por último las mordeduras de las fieras y las aves de rapiña. Después de morir, se dejaba al crucificado podrirse en la cruz en calidad de alimento para las bestias. No tenía derecho a sepultura a menos que sus parientes hubieran conseguido que les entregaran el cadáver con el fin de enterrarlo. La privación de sepultura era una pena adicional.

La crucifixión de Jesús no fue diferente a la forma acostumbrada de imponer este tipo de suplicio. Una vez condenado por Pilato, fue flagelado de acuerdo a la costumbre romana, es decir, con un número no establecido de golpes; fue escarnecido por los soldados romanos como rey objeto de burlas; se le hizo cargar el patibulum, que en su estado de agotamiento no lograba llevar, de tal manera que obligaron a un tal Simón de Cirene, que venía del campo, a cargarlo detrás de él. Al llegar a un lugar elevado llamado Gólgota, le quitaron del cuello la tablilla donde estaba escrito su nombre (Jesús el Nazareno) y el motivo de la condena (Rey de los Judíos); le hicieron ingerir un brebaje narcótico, compuesto de vino y mirra, que las mujeres de alto rango de Jerusalén solían ofrecer a los condenados para reducir su sensibilidad al dolor; luego lo desnudaron, lo clavaron en el patibulum y lo levantaron sobre el stipes hundido en la tierra; por último fijaron sus pies en el stipes, probablemente con un solo clavo, y pusieron la tablilla de la condena sobre su cabeza. Junto con Jesús fueron crucificados dos ladrones, cuyas cruces se encontraban una a su derecha y la otra a su izquierda. Tal vez la cruz de Jesús era más alta que de costumbre porque el soldado puso en una caña la esponja en vinagre para calmar su sed (Mc 15, 36).

La agonía de Jesús en la cruz fue más bien breve, puesto que sólo duró tres horas. En realidad, de acuerdo al precepto del Deuteronomio -"Maldito el hombre colgado del madero"- la presencia de los crucificados habría profanado la fiesta de Pascua, por lo cual se apresuró su muerte despedazándoles las piernas; pero a Jesús, que ante la sorpresa de Pilato ya había muerto, solamente le atravesaron el pecho con una lanza. Luego, en vez de ir a la fosa común, su cadáver fue entregado a José de Arimatea, que lo había solicitado explícitamente a Pilato para sepultarlo.

Estos datos históricos sobre la crucifixión nos ayudan a comprender las grandes dificultades de las primeras prédicas cristianas de los discípulos de Jesús y de la acogida de parte de los judíos y los paganos. Tanto así que el historiador se pregunta justamente cómo fue posible el éxito del cristianismo primitivo y si debiera reconocer o al menos sospechar que realmente se produjo esa intervención sobrenatural llamada por la fe cristiana el "poder del Espíritu Santo".

Refiriéndose a su predicación, San Pablo escribe a los cristianos de Corinto: "Porque los judíos piden señales, los griegos buscan sabiduría, mientras que nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, locura para los gentiles, mas poder y sabiduría de Dios para los llamados, ya judíos, ya griegos" (1 Cor 1, 22-24).

¿Por qué "necedad"? Porque Pablo anuncia a los paganos que Jesús es el Hijo de Dios y el Salvador de los hombres del pecado y la muerte. En esto reside la "necedad" de su predicación: ¿cómo puede ser el Hijo de Dios un judío "crucificado", es decir, condenado por la autoridad romana a morir en la cruz, forma de muerte reservada a los esclavos sediciosos, a los criminales endurecidos y a los súbditos rebeldes, y por lo tanto no sólo tremendamente cruel, sino también sumamente infamante? ¿Cómo puede ser el Salvador de los hombres un individuo que ni siquiera ha sido capaz de salvarse a sí mismo del suplicio de la cruz y por consiguiente no ha muerto como héroe, sino como un despreciable y miserable delincuente?

En realidad, aparentemente nada es admirable ni heroico en la muerte de Jesús. También Sócrates es condenado a muerte, pero asume con gran nobleza y serena firmeza la cicuta y la espera de la muerte, conversando con sus discípulos y recomendando a Fedón ofrecer un gallo en sacrificio a Esculapio por haberlo liberado del mal de la vida. Jesús, en cambio, muere solo, abandonado por sus discípulos y traicionado por uno de ellos; muere espantosamente flagelado, escarnecido como rey objeto de burla por los soldados romanos y como falso mesías por las autoridades judaicas ("¡El Mesías, el rey de Israel! Baje ahora de la cruz para que lo veamos y creamos", Mc 15, 32); muere expuesto desnudo ante las muecas de los transeúntes; muere gritando "con voz fuerte: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mc 15, 34). Esta muerte nada tiene en común con la del sabio, que de acuerdo con la moral predicada por el estoicismo, debe enfrentarla con "indiferencia" (apatheia) y "virtud" (arête), es decir, con serena firmeza.

Mientras "la palabra de la cruz" es "necedad" y "locura" para el mundo grecorromano al cual se dirige Pablo, es "escándalo" para los judíos, en cuyas comunidades dispersas en el mundo helenístico anuncia el Evangelio de Jesús antes de comunicarlo a los paganos. ¿Por qué "escándalo", es decir, literalmente "piedra de obstáculo" que les impide creer en Jesucristo? ¿Dónde reside el "escándalo"? En el hecho de anunciar Pablo al "Mesías crucificado": "Nosotros predicamos a Cristo crucificado  (1 Cor 1, 23). Efectivamente, para los judíos era inconcebible que el Mesías, elegido y predestinado por Dios para liberar a su pueblo de los enemigos, muriese como esclavo y despreciable malhechor, en la forma más cruel e infamante imaginable. Se agregaba a lo anterior el hecho de que sobre un individuo colgado en el "madero infame de la cruz" recaía la maldición de Dios, de acuerdo con la afirmación del Dt 21, 22-23, como indicábamos anteriormente. En el mundo hebreo, los hombres más ilustres y cercanos a Dios morían cubiertos de honores y al final de una larga vida. Eran poco comunes e incomprensibles los casos de hombres amados por Dios y fieles a la Torâ muertos en forma prematura en una batalla, como el piadoso rey Josías, herido mortalmente en la batalla de Meguido contra el faraón Necao en el año 609 A.C., porque Dios "otorga la victoria a su Mesías". ¿Cómo podía entonces ser el Mesías de Dios un "crucificado", muerto en forma tan ignominiosa y condenado a perecer en forma tan infame, acusado de violar la Torâ y hablar en contra del Templo, la institución más sagrada del hebraísmo, o de rebelarse contra el poder romano?

La "locura" y el "escándalo" de la muerte de Jesús en la cruz eran aún mayores por el hecho de anunciar Pablo que la muerte de Jesús tenía un carácter "redentor" a pesar de haber sido tan espantosa.

Así, Pablo afirmaba que Jesús, el Mesías, murió para expiar los pecados de todos los hombres: "Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; fue sepultado y resucitó al tercer día, según las Escrituras" (1 Cor 15, 3-4). Jesús había muerto por los demás hombres pecadores. Por consiguiente, era una muerte "vicaria", "en lugar" y "a favor" de los hombres, todos pecadores y por tanto alejados de Dios e incapaces de tener acceso a Él. Con su muerte, causada injustamente por los hombres, pero dispuesta por Dios y por Él deseada en su inescrutable designio de redimir a los hombres del pecado y la muerte, tuvo lugar la reconciliación de los hombres con Dios y se otorgó a éstos gratuitamente la salvación. Dios mismo había "entregado" a Jesús en manos de los pecadores, para que le dieran muerte en forma libre y voluntaria; pero tres días después lo hizo resucitar a una nueva vida, dándole el nombre "Señor"  y haciéndolo sentarse a su diestra, en calidad de rey del universo y juez de los vivos y los muertos.

Estas afirmaciones, tomadas por Pablo de la primera comunidad cristiana de Jerusalén, eran escandalosas e insensatas tanto para los paganos helenísticos como para los judíos. Al auditor culto del mundo pagano, "la predicación cristiana sobre el mesías crucificado debía parecerle repulsiva desde el punto de vista estético y moral y en conflicto con el concepto afinado por la filosofía de la naturaleza de la divinidad. La nueva doctrina de la salvación tenía rasgos no sólo bárbaros, sino también irracionales y excesivos. Para los contemporáneos era una superstición oscura e insensata. No se trataba de la muerte de un héroe de los tiempos antiguos, transfigurada a la luz de la religión, sino de un artesano judío del pasado reciente, ajusticiado como un criminal, con lo cual se había asociado la salvación del pasado y el presente de todos los hombres ".

Así, la predicación sobre la muerte "redentora" de Jesús, el mesías, era escandalosa para los judíos. Por una parte, de acuerdo con la visión mesiánica del judaísmo, era inaceptable la forma ignominiosa en que había muerto Jesús, porque habría sido un Mesías "maldecido por Dios", idea inconcebible y absurda. Por otra parte, la Torâ no apoyaba el hecho de "morir por los demás": "No morirán los padres por la culpa de los hijos, ni los hijos por la culpa de los padres; cada uno será condenado a muerte por pecado suyo" (Dt 24, 16). Para el judaísmo, la responsabilidad era personal: "Cada uno morirá por su propia iniquidad", se dice en Jeremías (31, 30), y lo repite Ezequiel: "El alma que pecare, ésa morirá; el hijo no llevará sobre sí la iniquidad del padre, ni el padre la del hijo; la justicia del justo será sobre él, y sobre él será la iniquidad del malvado" (18, 20). Es significativo el hecho de que ni siquiera Moisés, con su intercesión, consigue evitar que el Señor castigue al pueblo por hacer el becerro de oro. "Pero perdónales su pecado, o bórrame de tu libro, del que tú tienes escrito", implora Moisés. El Señor le responde: "Al que ha pecado contra mí es al que borraré de mi libro. Ve ahora y conduce al pueblo a donde yo te he dicho. Mi ángel marchará delante de ti, pero cuando llegue el día de mi visitación, yo los castigaré por su pecado". "Y castigó Yavé al pueblo por el becerro de oro que les había hecho Arón" (Ex 32, 31-35).

Se comprende así de qué magnitud pudieron ser esos obstáculos, sumamente difíciles de superar humanamente, enfrentados por la predicación cristiana primitiva sobre el "mesías crucificado, muerto para la salvación de todos los hombres". Unicamente el anuncio de la resurrección por obra de Dios del mesías crucificado, al cual había elevado junto a Él en la gloria con el nuevo nombre de "Señor", contribuyó a la superación de todo obstáculo. Ciertamente, sólo la resurrección y glorificación del mesías crucificado por parte de Dios justificaban el escándalo y la locura de la cruz, otorgándoles un sentido "redentor". En efecto, en su misterioso designio de salvación de los hombres, Dios había "entregado" a su Hijo Jesús, el mesías, a la muerte en la cruz, para hacerlo expiar de una vez y para siempre los pecados de la humanidad con su obediencia al designio del Padre y con su amor al Padre y a los hombres y para que reconciliara con su sangre inocente a los hombres con Dios. De acuerdo al designio inescrutable de Dios, era necesario que el mesías salvara a los hombres haciéndose cargo de sus pecados y sometiéndose por tanto a la muerte, castigo del pecado. Debía descender al abismo del mal a través de la espantosa e infamante muerte en la cruz; pero precisamente este descenso "a los infiernos" le permitiría derrotar a la muerte para sí mismo y todos los hombres, resucitando desde el reino de la muerte y el pecado y recibiendo "un nombre sobre todo nombre" (Fil 2, 9), es decir, el nombre divino "Señor".

Así, el "mesías crucificado" es el "Señor resucitado y glorificado", y si con esto la infamia y el escándalo de la crucifixión no desaparecen, ciertamente se atenúan; pero aquí reside el núcleo esencial -y más difícil- del acto de fe al cual es llamado el cristiano: la fe cristiana está esencialmente marcada por la cruz y la resurrección.

En todo caso, la respuesta más eficaz al "escándalo" de la cruz es que todo el drama de la pasión y muerte de Jesús tuvo lugar "por amor". De tal manera ha amado Dios a los hombres que para salvarlos no evitó el dolor de aquello que para Él era más amado -su Hijo Jesús- entregándolo en cambio en "rescate" a la muerte temporal con el fin de liberarlos de la muerte eterna. De tal manera ha amado Jesús al Padre que "obedeció hasta el punto de morir en la cruz" ante su designio de salvación; y de tal manera ha amado a los hombres que descendió al abismo de la muerte -¡y qué muerte!- para asumir la condena por ellos merecida por sus pecados (Él, el Inocente) y así poder salvarlos. De este modo, y a la luz del amor del Padre por los hombres y de Jesús por el Padre y los hombres, es posible dar una respuesta total al drama escandaloso de la muerte de Jesús en la cruz. Sin embargo, en esto reside precisamente la dificultad para los hombres: creer en el amor, cuya demostración suprema está en la locura de la cruz. 

Fuente: https://www.mercaba.org/