Este blog rinde honor y alabanza al Dios de nuestra salvación a Jesucristo el Señor.

lunes, 25 de abril de 2022

UNA LLAMADA A TODOS LOS PADRES!!!

No confiemos en nadie. Cuidemos a los niños y a las niñas.

Papás ustedes dense tiempo de atenderlos en sus salidas, reuniones, escuela. Fiestas.  No dejemos solos a nuestros hijos. Nadie es de confiar

Los niños no se cuidan solos

Mi hija tiene seis años y está en primera serie Vivimos a un kilómetro y medio de la escuela, así que todos los días un taxista que conocemos la lleva a la escuela y la trae a casa después de la escuela porque mi marido y yo estamos trabajando y salimos de casa temprano, pronto Después de que ella se fue Un día, cuando estaba en el trabajo, recibí una llamada de su profesora pidiéndome que fuera a la escuela lo antes posible.

Qué pasó con Angela? Me pregunté con ansiedad

No hay motivo para el pánico, asegúrate de venir antes del final de la escuela de hoy. Por supuesto que entré en pánico Esto tiene que ver con mi hija y yo me preocupo por ella. Me disculpé inmediatamente para trabajar y rápidamente conseguí el primer transporte disponible. Entré al aula sudando

Mamá de Angela, me llamó la maestra:

Me gustaría hablar en privado

Ella abrió la puerta de una oficina vacía y yo la seguí, y ella continúa:

¡Ves a tu hija antes de venir a la escuela?

Esa fue su primera pregunta No sabía adónde llevaba esto, así que respondí con un breve ′′ Sí ′′

¡A qué hora sale de casa?

La atrapan un poco antes porque tengo que correr para trabajar Así que alrededor de las 7 a las 7

¿Cómo se comporta entonces?

Ella se comporta normalmente

Quiero que te prepares para lo que estoy a punto de decirle.

(...) Estás listo?

Realmente tuve una opción? Solo sacudí la cabeza

Ángela llega alrededor de las 8 todos los días - Ella empezó a explicarlo tranquilamente.

Hace algún tiempo, ella viene a la escuela con lágrimas todas las mañanas Al principio pensé que era porque ella no quería ir a la escuela. Muchas veces pregunté qué había allí, pero ella no me respondió. Hoy, cuando ella llegó, estaba llorando como siempre, así que la llamé a un lado y le di algunos dulces y prometí dar más. Así que le pregunté en un tono muy amigable porque llora todos los días y la respuesta me impactó.

Ella respiró mientras me miraba y la ansiedad casi me mata. Mamá de Ángela - siguió con cautela

El conductor que la lleva a la escuela todos los días está violando a su hija todas las mañanas desde hace rato.

Qué Casi me desmayo Seguramente me habría caído si estuviera de pie Por el amor de Dios, ella tenía solo seis años! Cómo pueden ser algunos hombres sin corazón? Todos los días después de llevársela de la casa y antes de ir a la escuela, él llevaba a Angela a su casa, la violaba y amenazaba con matarla si ella intentaba decírselo a alguien.

Solo luego él la traería a la escuela.

Mi cabeza giraba Por qué? Por qué? Por qué mi angelita? Estaba sudando Mi cuerpo entero estaba temblando

¿Debería llamar a su marido?

No, no! Grité Él podría hacer cualquier cosa La paciencia era algo desconocido para él.

Tenía que encontrar una manera de darle la noticia. Después de un tiempo, decidí llamar a mi cuñada. Juntos podemos intentar hablar con él.

La noticia le llegó a mi marido Lloró incontrolablemente Así que él se enojó tanto que juró que lo estrangularía, pero le dijimos que no solucionara el problema por cuenta propia y que la ley hiciera su trabajo. Reportamos a la policía Les dimos los detalles del taxista Lo agarraron y lo llevaron Llevamos a Angela al hospital después de recibir un formulario de la policía. Él fue declarado culpable de violar a nuestra hija varias veces y fue condenado a veinte años de prisión.

Absolutamente nadie debe ser confiado a nuestras hijas. Reserva un tiempo para llevar a tus hijos a la escuela, sé amigo de ellos, enséñalos a ser educados, pero nunca confíes en los extraños. Enséñales a que siempre confíen en ti para abrirte en caso de incidente inusual.

Fuente: Publicación Facebok

viernes, 15 de abril de 2022

La Crucifixión de Jesús

Método al que Cicerón describe como el más cruel y terrible de todos

Y las escrituras se cumplieron.

Jesús fue condenado a muerte y ejecutado en la Cruz. Así se cumplió lo dispuesto por el Señor para que el hombre quedara limpio de pecado.

La crucifixión ha sido una de las maneras más terribles en las que los hombres han sido asesinados por sus semejantes. La crucifixión no es sólo muerte, sino también tortura prolongada, dolor, agonía... La crucifixión, tan utilizada por los romanos, era el método de asesinato legal más terrorífico, y de esta forma actuaba no sólo como método de ejecución, sino como advertencia a todo el que pensara vulnerar las leyes. Por eso la crucifixión era pública y en lugares abiertos, para que los cuerpos quedaran expuestos y todos pudieran ver el castigo.

Gracias al descubrimiento de los huesos de Giv´at ha-Mitvar, desenterrados en 1968 al norte de Jerusalén y que pertenecen a un hombre crucificado de unos 26 años de edad y 1,67 metros de altura, podemos tener una idea muy completa de cómo era este inhumano y despreciable castigo.

En esta ilustración de Peter Connolly se representa exactamente cómo era la crucifixión.

En primer lugar, tal y como describen los Evangelios, los reos de muerte eran flagelados. Los romanos utilizaban tres grados de dureza en la flagelación con látigo, así, la más dura era para los reos de muerte. Luego le cargaban el travesaño a la espalda y le hacían llevarlo hasta el lugar de la ejecución, donde el madero vertical estaba clavado de manera fija, esperando a su víctima. El hombre era tendido en el suelo boca arriba y sus brazos clavados al travesaño (no podían clavarles las palmas de las manos porque el peso desgarraría la carne fácilmente, por eso se clavaban los brazos del reo por debajo de las muñecas, entre los dos huesos del antebrazo: el cúbito y el radio). Entonces se subía el travesaño y se fijaba al madero vertical. El reo estaba de pie y podía apoyarse en un listón de madera que servía de asiento. Le subían las piernas y le clavaban los talones al madero. El examen de los clavos ha demostrado que el clavo atravesaba antes un trozo de madera de acacia o almendro para fijarse mejor. En este caso concreto, el clavo se había fijado a los huesos de los talones de tal modo que para descolgar al reo tuvieron que cortarle uno de los pies. Todo el peso del cuerpo quedaba colgado de los brazos, por lo que el cuerpo tiraba hacia abajo y los clavos iban desgarrando la carne de los antebrazos hasta que los huesos de las muñecas frenaban el descenso y el hombre comenzaba una agonía que podía durar horas y horas hasta que fallecía por asfixia entre horribles sufrimientos. Por encima de su cabeza se clavaba un cartel donde se daba cuenta de los crímenes cometidos por el reo. En el caso de Jesús el cartel decía en latín: Jesús de Nazaret Rey de los Judíos, cuya conocida abreviatura es INRI.

Como medida de gracia, los soldados que llevaban a cabo esta espantosa ceremonia, podían partirle las piernas a golpes para acelerar su muerte, tal y como demuestra el examen médico de estos huesos donde el ángulo de la fractura es clave para determinar la postura exacta del reo en la cruz. Los huesos de Giv´at ha-Mitvar, que probablemente pertenezcan a un zelote que combatió a los romanos nos muestran heridas atroces que testimonian el completo desprecio por la vida que reinaba entonces y aún ahora en muchas naciones.

El relato de los Evangelios nos hace pensar que Jesús llegó en muy mal estado a la Cruz debido a los sufrimientos y torturas padecidos a manos de los auxiliares romanos y guardias judíos y, sobre todo, de la flagelación a que fue sometido. Puesto que Poncio Pilato no creía que fuera culpable de muerte lo más posible es que ordenara que le azotaran muy violentamente para evitarle el mayor sufrimiento posible en la Cruz. El evangelista Juan fue testigo de la crucifixión de Cristo y su relato es el que más pormenores señala sobre este episodio. Junto a Jesús fueron asesinados legalmente dos ladrones, uno de los cuales se burló de Cristo, pero el otro se apiadó de él y Jesús le prometió la salvación. Es la famosa historia de "el ladrón bueno". Recordemos que todo, absolutamente todo lo que nos presenta el Evangelio tiene un mensaje de Amor y de Esperanza y que la muerte de Jesús no fue más que el trámite físico, terrible y necesario, para su posterior Resurrección.

En HUMANITAS Nro.18

Estamos de tal manera habituados a ver la cruz y a Cristo crucificado en ella que nos resulta difícil percatarnos de la trágica realidad oculta tras la imagen del crucifijo. La usamos incluso como un adorno de oro o plata para lucir en el cuello. La hemos convertido con justa razón en símbolo del cristianismo y queremos ver al Crucificado en los tribunales, en las aulas escolásticas, en las tumbas de los difuntos y hasta en las cimas de los montes, como símbolo de la fe cristiana y del triunfo en la lucha contra la muerte y las potencias del mal. ¿Pero qué hay detrás de ese símbolo? Queremos pues preguntarnos qué era la cruz en el mundo antiguo y qué representó para Jesús la crucifixión y la muerte en la cruz. También deseamos ver de qué manera este símbolo de la mayor infamia pasó a representar la victoria y cuál fue el precio de la superación del "escándalo", de la "locura" de la cruz.

En realidad, sin examinar a fondo el significado que tenía en el mundo antiguo la condena a morir crucificado, hoy en día no lograríamos comprender el carácter del "escándalo" de los hebreos cuando escuchaban hablar del "mesías crucificado" ni el "rechazo" de los paganos al oír a San Pablo anunciar que Jesús, el Hijo de Dios, había sido condenado para la salvación de todos los hombres "a morir en la forma más infamante: en la cruz" .

Flavio Josefo nos entrega un testimonio ocular de la crucifixión colectiva de un grupo de individuos que procuraban salir de Jerusalén, sitiada por las tropas romanas bajo el mando de Tito. "En el momento de la captura eran flagelados, sometidos a toda clase de suplicios antes de morir crucificados delante de los muros. Tito se compadecía del sufrimiento de las víctimas, pero por ser demasiado numerosas -alrededor de 500 diarias- no era posible correr el riesgo de liberarlas o someterlas a vigilancia, de manera que autorizó a sus soldados para proceder de acuerdo a su propio criterio, tanto más por cuanto esperaba que el horrible espectáculo de las innumerables cruces indujera a los sitiados a rendirse. Así, los soldados, bajo el impulso del odio y el furor, ridiculizaban a los prisioneros, crucificando a cada uno de ellos en una posición diferente, y dado el número de los mismos, tanto el espacio como las cruces para los cuerpos eran insuficiente. En realidad, en Judea eran frecuentes las crucifixiones masivas de parte de los ocupantes romanos: en el año 4 A.C., Varo ordenó crucificar a todos los prisioneros capturados; Félix hizo otro tanto con una gran cantidad de "bandidos" (se trataba de rebeldes ante la autoridad romana); Floro llevó a cabo lo mismo en Jerusalén.

Nerón aplicaba simultáneamente los tres peores suplicios conocidos en la antigüedad: la crucifixión, el ser quemado vivo y el ser devorado por las bestias. En efecto, en la tradición jurídica romana eran tres los suplicios más terribles, como se desprende de lo señalado por el jurista Julio Pablo: "Summa supplicia sunt crux, crematio, decollatio. La crucifixión aparece en el primer lugar, la hoguera (crematio) en el segundo y la decapitación  en el tercero. En algunas fuentes, la decapitación es sustituida por la condena a las bestias. Los delitos castigados con la crucifixión eran la deserción ante el enemigo, la violación de un secreto de Estado, la incitación a la revuelta, el asesinato, las predicciones sobre la prosperidad de los gobernantes

la impiedad nocturna, la magia y la falsificación grave de un testamento.

A causa de su crueldad, la pena de la crucifixión no era una amenaza para los miembros de las clases altas de la sociedad, sino casi exclusivamente para los integrantes de las clases bajas. Por lo tanto, los ciudadanos romanos no podían ser condenados a la crucifixión. Cicerón reprochó a Verre este delito, acusándolo de haber hecho crucificar al ciudadano romano P. Gavio en Mesina. Al mismo tiempo lo acusó de salvar de la muerte en la cruz a algunos esclavos condenados a ese suplicio "de acuerdo con el uso de los antepasados". Así, era un delito crucificar a un ciudadano romano; pero era obligación crucificar a los esclavos sospechosos de rebelión. En todo caso, no siempre ocurrían las cosas de ese modo. Aun cuando los desertores fueran ciudadanos romanos, al cometer el delito de alta traición, por el hecho de pasar al enemigo, perdían los derechos civiles y podían ser castigados con la crucifixión. Con todo, esta pena era "indigna de un ciudadano romano y de un hombre libre". Por el contrario, "el nombre mismo de la cruz debe estar alejado no sólo de la persona de los ciudadanos romanos, sino también de sus pensamientos, sus ojos y sus oídos".

El horror y la infamia de la crucifixión explican el hecho bastante curioso de que la mayor parte de los escritores latinos rara vez se refieren a la cruz y a la crucifixión o ni siquiera mencionan el tema, considerado desagradable y poco "elegante". "La crucifixión -señala M. Hengel- se conocía de alguna manera en todas partes y era frecuente, sobre todo en la época romana; pero en los ambientes cultos las personas preferían tomar distancia frente a esa práctica y en general guardaban silencio al respecto.

Al parecer, los iniciadores de la práctica de la crucifixión fueron los persas. Esta forma de dar muerte probablemente tenía un sentido religioso, ya que de este modo la tierra, dedicada a Ormuzd, no se contaminaba por no estar el cuerpo del ajusticiado en contacto con ella. La práctica pasó de los persas a los griegos, a los cartagineses y a los romanos. Los cartagineses castigaban con la crucifixión a sus generales y almirantes cuando eran derrotados en la guerra o daban muestras de excesiva independencia; pero esta pena se aplicaba con más frecuencia para someter a las ciudades rebeldes u obligar a rendirse a las ciudades sitiadas y para aplacar a las tropas amotinadas o provincias rebeldes. Así ocurrió en Tiro, sitiada por Alejandro, donde hizo crucificar a 2.000 habitantes; en Jerusalén, sitiada por Tito, y en Cantabria (provincia del norte de España), que se había rebelado contra Roma

Ahora bien, los rebeldes, ladrones y bandidos no sólo recibían un castigo físico, sino también espiritual, por cuanto se pensaba que las almas de los individuos muertos en forma violenta -ahorcados, decapitados o crucificados, generalmente desprovistos de sepultura- eran excluidas de los infiernos, es decir, del reino de los muertos, y permanecían errantes, sin encontrar reposo, en forma de espectros y fantasmas nefastos.

En el mundo grecorromano, la crucifixión era la pena impuesta a los rebeldes y los bandidos, pero al mismo tiempo típica de los esclavos. En efecto, se llamaba precisamente (el "suplicio de los esclavos"). Ciertamente, dada su crueldad, Cicerón la definió como el "suplicio más cruel y horrible que existe", y con anterioridad a él Plauto la calificó (la "espantosa cruz"); pero la principal característica de la crucifixión era su vínculo con la esclavitud, por lo cual Cicerón agrupó los dos aspectos -máxima crueldad y pena propia de esclavos- al definirla como "el suplicio más cruel aplicado a los esclavos

En el mundo judaico, la crucifixión se practicó durante el período asmoneo, que se extiende desde la rebelión de los Macabeos (siglo II A.C.) hasta el año 63 A.C., cuando Pompeyo conquistó Palestina. Así, Alejandro Janeo ordenó crucificar a 800 hebreos, probablemente fariseos. Herodes suprimió esta pena, ciertamente para tomar distancia con los asmoneos y no movido por un espíritu humanitario. Después de haber recurrido excesivamente los romanos a la crucifixión con el fin de controlar la rebelión judaica, la pena dejó de imponerse en Palestina, tanto más por cuanto en la crucifixión estaba implícita la condena de Dios. De hecho, dice el Deuteronomio: "Cuando uno que cometió un crimen digno de muerte sea muerto colgado de un madero, su cadáver no quedará en el madero durante la noche, no dejarás de enterrarle el día mismo, porque el ahorcado es maldición de Dios, y no has de manchar la tierra que Yavé, tu Dios, te da en heredad" (21, 22-23). De acuerdo con la ley judaica, la maldición de Dios recaía sobre el hombre crucificado. Esto explica por qué la prédica cristiana sobre el Mesías "crucificado" de los primeros tiempos provocó "escándalo" entre los hebreos: ¿cómo podía el Mesías ser un hombre "crucificado" y por lo tanto "maldecido" por Dios?

En todo caso, es importante observar que la ley judaica no enfocaba el hecho de ser colgado en un madero como una pena de muerte, sino como un castigo adicional. Efectivamente, este castigo se aplicaba a los idólatras y blasfemos apedreados y por consiguiente después de muertos. El carácter penal consistía en el hecho de que el hombre apedreado, al ser colgado en un palo, era señalado como un ser "maldecido por Dios".

¿Cómo tenía lugar la crucifixión? En general, era precedida por la flagelación, suplicio que Horacio llama horribile, agregando que sus víctimas morían . El condenado era golpeado con el flagellum, un látigo con varias correas, cuerdas con nudos o cadenillas, en cuyos extremos había huesecillos y pequeñas bolas de plomo. La ley romana no fijaba un límite para el número de golpes, de manera que a menudo la persona flagelada moría con ellos. La ley judaica, en cambio, no permitía más de 40, que los fariseos reducían a 39 para evitar sobrepasarlos por error. La intensidad de la flagelación dependía de la crueldad de los fustigadores, pero el suplicio era aún mayor por la vergüenza de ser sometido a una pena tan denigrante y ser despojado de las vestiduras y amarrado a un poste o una columna.

Después de la flagelación, el condenado a la crucifixión era conducido al lugar del suplicio. Debía llevar sobre la espalda el patibulum o supplicium y le ponían en el cuello una tablilla donde se escribía su nombre y el motivo de la condena. Lo hacían recorrer las calles más transitadas para provocar temor en los observadores y humillarlo aún más. El lugar del suplicio era alto y concurrido. Al llegar al mismo, el condenado era amarrado o clavado en el patibulum; enseguida lo levantaban en el madero vertical , hundido firmemente en la tierra mediante cuerdas, con escalas o con las manos si la cruz era baja, y quedaba fijo en el mismo. Sus pies se unían al madero vertical con dos clavos o a veces sobrepuestos con uno solo. 

En general, la cruz era más bien baja, de la altura de un hombre, para comodidad de los soldados o para que los animales pudieran despedazar más fácilmente a las víctimas cuando además de la crucifixión eran "condenadas a ser devoradas por las bestias". En cambio, era más alta cuando se deseaba humillar en mayor grado al condenado haciéndolo más visible y exponiéndolo de ese modo aún más a las injurias y muecas de la gente.

Antes de colgarlo en el patíbulo, se desvestía al condenado para exponerlo desnudo ante las miradas de la gente. Luego le quitaban del cuello la tablilla con el motivo de la condena, que se colocaba en el madero vertical sobre su cabeza para que todos pudieran leerla. De ese modo era supuestamente despojado de toda apariencia de personalidad jurídica y del carácter de "hombre", herido tanto en su cuerpo horriblemente desfigurado como en su honor, puesto que la crucifixión era una pena impuesta a los esclavos, desertores y ladrones, como en su dignidad humana, cuya pérdida mostraba el hecho de encontrarse expuesto desnudo a las miradas e insultos vulgares de la gente.

La muerte de los crucificados era sumamente dolorosa y muy lenta, de manera que a veces podían permanecer varios días en la cruz. Aparte de los clavos, los sufrimientos mayores eran la dificultad respiratoria, la sed provocada por la pérdida de sangre, la deshidratación y el sudor, las picaduras de insectos y por último las mordeduras de las fieras y las aves de rapiña. Después de morir, se dejaba al crucificado podrirse en la cruz en calidad de alimento para las bestias. No tenía derecho a sepultura a menos que sus parientes hubieran conseguido que les entregaran el cadáver con el fin de enterrarlo. La privación de sepultura era una pena adicional.

La crucifixión de Jesús no fue diferente a la forma acostumbrada de imponer este tipo de suplicio. Una vez condenado por Pilato, fue flagelado de acuerdo a la costumbre romana, es decir, con un número no establecido de golpes; fue escarnecido por los soldados romanos como rey objeto de burlas; se le hizo cargar el patibulum, que en su estado de agotamiento no lograba llevar, de tal manera que obligaron a un tal Simón de Cirene, que venía del campo, a cargarlo detrás de él. Al llegar a un lugar elevado llamado Gólgota, le quitaron del cuello la tablilla donde estaba escrito su nombre (Jesús el Nazareno) y el motivo de la condena (Rey de los Judíos); le hicieron ingerir un brebaje narcótico, compuesto de vino y mirra, que las mujeres de alto rango de Jerusalén solían ofrecer a los condenados para reducir su sensibilidad al dolor; luego lo desnudaron, lo clavaron en el patibulum y lo levantaron sobre el stipes hundido en la tierra; por último fijaron sus pies en el stipes, probablemente con un solo clavo, y pusieron la tablilla de la condena sobre su cabeza. Junto con Jesús fueron crucificados dos ladrones, cuyas cruces se encontraban una a su derecha y la otra a su izquierda. Tal vez la cruz de Jesús era más alta que de costumbre porque el soldado puso en una caña la esponja en vinagre para calmar su sed (Mc 15, 36).

La agonía de Jesús en la cruz fue más bien breve, puesto que sólo duró tres horas. En realidad, de acuerdo al precepto del Deuteronomio -"Maldito el hombre colgado del madero"- la presencia de los crucificados habría profanado la fiesta de Pascua, por lo cual se apresuró su muerte despedazándoles las piernas; pero a Jesús, que ante la sorpresa de Pilato ya había muerto, solamente le atravesaron el pecho con una lanza. Luego, en vez de ir a la fosa común, su cadáver fue entregado a José de Arimatea, que lo había solicitado explícitamente a Pilato para sepultarlo.

Estos datos históricos sobre la crucifixión nos ayudan a comprender las grandes dificultades de las primeras prédicas cristianas de los discípulos de Jesús y de la acogida de parte de los judíos y los paganos. Tanto así que el historiador se pregunta justamente cómo fue posible el éxito del cristianismo primitivo y si debiera reconocer o al menos sospechar que realmente se produjo esa intervención sobrenatural llamada por la fe cristiana el "poder del Espíritu Santo".

Refiriéndose a su predicación, San Pablo escribe a los cristianos de Corinto: "Porque los judíos piden señales, los griegos buscan sabiduría, mientras que nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, locura para los gentiles, mas poder y sabiduría de Dios para los llamados, ya judíos, ya griegos" (1 Cor 1, 22-24).

¿Por qué "necedad"? Porque Pablo anuncia a los paganos que Jesús es el Hijo de Dios y el Salvador de los hombres del pecado y la muerte. En esto reside la "necedad" de su predicación: ¿cómo puede ser el Hijo de Dios un judío "crucificado", es decir, condenado por la autoridad romana a morir en la cruz, forma de muerte reservada a los esclavos sediciosos, a los criminales endurecidos y a los súbditos rebeldes, y por lo tanto no sólo tremendamente cruel, sino también sumamente infamante? ¿Cómo puede ser el Salvador de los hombres un individuo que ni siquiera ha sido capaz de salvarse a sí mismo del suplicio de la cruz y por consiguiente no ha muerto como héroe, sino como un despreciable y miserable delincuente?

En realidad, aparentemente nada es admirable ni heroico en la muerte de Jesús. También Sócrates es condenado a muerte, pero asume con gran nobleza y serena firmeza la cicuta y la espera de la muerte, conversando con sus discípulos y recomendando a Fedón ofrecer un gallo en sacrificio a Esculapio por haberlo liberado del mal de la vida. Jesús, en cambio, muere solo, abandonado por sus discípulos y traicionado por uno de ellos; muere espantosamente flagelado, escarnecido como rey objeto de burla por los soldados romanos y como falso mesías por las autoridades judaicas ("¡El Mesías, el rey de Israel! Baje ahora de la cruz para que lo veamos y creamos", Mc 15, 32); muere expuesto desnudo ante las muecas de los transeúntes; muere gritando "con voz fuerte: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mc 15, 34). Esta muerte nada tiene en común con la del sabio, que de acuerdo con la moral predicada por el estoicismo, debe enfrentarla con "indiferencia" (apatheia) y "virtud" (arête), es decir, con serena firmeza.

Mientras "la palabra de la cruz" es "necedad" y "locura" para el mundo grecorromano al cual se dirige Pablo, es "escándalo" para los judíos, en cuyas comunidades dispersas en el mundo helenístico anuncia el Evangelio de Jesús antes de comunicarlo a los paganos. ¿Por qué "escándalo", es decir, literalmente "piedra de obstáculo" que les impide creer en Jesucristo? ¿Dónde reside el "escándalo"? En el hecho de anunciar Pablo al "Mesías crucificado": "Nosotros predicamos a Cristo crucificado  (1 Cor 1, 23). Efectivamente, para los judíos era inconcebible que el Mesías, elegido y predestinado por Dios para liberar a su pueblo de los enemigos, muriese como esclavo y despreciable malhechor, en la forma más cruel e infamante imaginable. Se agregaba a lo anterior el hecho de que sobre un individuo colgado en el "madero infame de la cruz" recaía la maldición de Dios, de acuerdo con la afirmación del Dt 21, 22-23, como indicábamos anteriormente. En el mundo hebreo, los hombres más ilustres y cercanos a Dios morían cubiertos de honores y al final de una larga vida. Eran poco comunes e incomprensibles los casos de hombres amados por Dios y fieles a la Torâ muertos en forma prematura en una batalla, como el piadoso rey Josías, herido mortalmente en la batalla de Meguido contra el faraón Necao en el año 609 A.C., porque Dios "otorga la victoria a su Mesías". ¿Cómo podía entonces ser el Mesías de Dios un "crucificado", muerto en forma tan ignominiosa y condenado a perecer en forma tan infame, acusado de violar la Torâ y hablar en contra del Templo, la institución más sagrada del hebraísmo, o de rebelarse contra el poder romano?

La "locura" y el "escándalo" de la muerte de Jesús en la cruz eran aún mayores por el hecho de anunciar Pablo que la muerte de Jesús tenía un carácter "redentor" a pesar de haber sido tan espantosa.

Así, Pablo afirmaba que Jesús, el Mesías, murió para expiar los pecados de todos los hombres: "Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; fue sepultado y resucitó al tercer día, según las Escrituras" (1 Cor 15, 3-4). Jesús había muerto por los demás hombres pecadores. Por consiguiente, era una muerte "vicaria", "en lugar" y "a favor" de los hombres, todos pecadores y por tanto alejados de Dios e incapaces de tener acceso a Él. Con su muerte, causada injustamente por los hombres, pero dispuesta por Dios y por Él deseada en su inescrutable designio de redimir a los hombres del pecado y la muerte, tuvo lugar la reconciliación de los hombres con Dios y se otorgó a éstos gratuitamente la salvación. Dios mismo había "entregado" a Jesús en manos de los pecadores, para que le dieran muerte en forma libre y voluntaria; pero tres días después lo hizo resucitar a una nueva vida, dándole el nombre "Señor"  y haciéndolo sentarse a su diestra, en calidad de rey del universo y juez de los vivos y los muertos.

Estas afirmaciones, tomadas por Pablo de la primera comunidad cristiana de Jerusalén, eran escandalosas e insensatas tanto para los paganos helenísticos como para los judíos. Al auditor culto del mundo pagano, "la predicación cristiana sobre el mesías crucificado debía parecerle repulsiva desde el punto de vista estético y moral y en conflicto con el concepto afinado por la filosofía de la naturaleza de la divinidad. La nueva doctrina de la salvación tenía rasgos no sólo bárbaros, sino también irracionales y excesivos. Para los contemporáneos era una superstición oscura e insensata. No se trataba de la muerte de un héroe de los tiempos antiguos, transfigurada a la luz de la religión, sino de un artesano judío del pasado reciente, ajusticiado como un criminal, con lo cual se había asociado la salvación del pasado y el presente de todos los hombres ".

Así, la predicación sobre la muerte "redentora" de Jesús, el mesías, era escandalosa para los judíos. Por una parte, de acuerdo con la visión mesiánica del judaísmo, era inaceptable la forma ignominiosa en que había muerto Jesús, porque habría sido un Mesías "maldecido por Dios", idea inconcebible y absurda. Por otra parte, la Torâ no apoyaba el hecho de "morir por los demás": "No morirán los padres por la culpa de los hijos, ni los hijos por la culpa de los padres; cada uno será condenado a muerte por pecado suyo" (Dt 24, 16). Para el judaísmo, la responsabilidad era personal: "Cada uno morirá por su propia iniquidad", se dice en Jeremías (31, 30), y lo repite Ezequiel: "El alma que pecare, ésa morirá; el hijo no llevará sobre sí la iniquidad del padre, ni el padre la del hijo; la justicia del justo será sobre él, y sobre él será la iniquidad del malvado" (18, 20). Es significativo el hecho de que ni siquiera Moisés, con su intercesión, consigue evitar que el Señor castigue al pueblo por hacer el becerro de oro. "Pero perdónales su pecado, o bórrame de tu libro, del que tú tienes escrito", implora Moisés. El Señor le responde: "Al que ha pecado contra mí es al que borraré de mi libro. Ve ahora y conduce al pueblo a donde yo te he dicho. Mi ángel marchará delante de ti, pero cuando llegue el día de mi visitación, yo los castigaré por su pecado". "Y castigó Yavé al pueblo por el becerro de oro que les había hecho Arón" (Ex 32, 31-35).

Se comprende así de qué magnitud pudieron ser esos obstáculos, sumamente difíciles de superar humanamente, enfrentados por la predicación cristiana primitiva sobre el "mesías crucificado, muerto para la salvación de todos los hombres". Unicamente el anuncio de la resurrección por obra de Dios del mesías crucificado, al cual había elevado junto a Él en la gloria con el nuevo nombre de "Señor", contribuyó a la superación de todo obstáculo. Ciertamente, sólo la resurrección y glorificación del mesías crucificado por parte de Dios justificaban el escándalo y la locura de la cruz, otorgándoles un sentido "redentor". En efecto, en su misterioso designio de salvación de los hombres, Dios había "entregado" a su Hijo Jesús, el mesías, a la muerte en la cruz, para hacerlo expiar de una vez y para siempre los pecados de la humanidad con su obediencia al designio del Padre y con su amor al Padre y a los hombres y para que reconciliara con su sangre inocente a los hombres con Dios. De acuerdo al designio inescrutable de Dios, era necesario que el mesías salvara a los hombres haciéndose cargo de sus pecados y sometiéndose por tanto a la muerte, castigo del pecado. Debía descender al abismo del mal a través de la espantosa e infamante muerte en la cruz; pero precisamente este descenso "a los infiernos" le permitiría derrotar a la muerte para sí mismo y todos los hombres, resucitando desde el reino de la muerte y el pecado y recibiendo "un nombre sobre todo nombre" (Fil 2, 9), es decir, el nombre divino "Señor".

Así, el "mesías crucificado" es el "Señor resucitado y glorificado", y si con esto la infamia y el escándalo de la crucifixión no desaparecen, ciertamente se atenúan; pero aquí reside el núcleo esencial -y más difícil- del acto de fe al cual es llamado el cristiano: la fe cristiana está esencialmente marcada por la cruz y la resurrección.

En todo caso, la respuesta más eficaz al "escándalo" de la cruz es que todo el drama de la pasión y muerte de Jesús tuvo lugar "por amor". De tal manera ha amado Dios a los hombres que para salvarlos no evitó el dolor de aquello que para Él era más amado -su Hijo Jesús- entregándolo en cambio en "rescate" a la muerte temporal con el fin de liberarlos de la muerte eterna. De tal manera ha amado Jesús al Padre que "obedeció hasta el punto de morir en la cruz" ante su designio de salvación; y de tal manera ha amado a los hombres que descendió al abismo de la muerte -¡y qué muerte!- para asumir la condena por ellos merecida por sus pecados (Él, el Inocente) y así poder salvarlos. De este modo, y a la luz del amor del Padre por los hombres y de Jesús por el Padre y los hombres, es posible dar una respuesta total al drama escandaloso de la muerte de Jesús en la cruz. Sin embargo, en esto reside precisamente la dificultad para los hombres: creer en el amor, cuya demostración suprema está en la locura de la cruz. 

Fuente: https://www.mercaba.org/

jueves, 7 de abril de 2022

El Ego y el Orgullo

"Antes del quebrantamiento es la soberbia, Y antes de la caída la altivez de espíritu".

Quizá una de las situaciones más difíciles de sobrellevar en nuestra vida es el orgullo. A lo mejor en muchos casos nuestro orgullo era una de las razones que nos impedía acercarnos a Dios.

Pero también esta el Ego que muchas veces nos hace creer que somos los mejores, descuidando de esta manera nuestra relación con Dios y dándole lugar al enemigo de nuestras almas que comience a tejer una tela de araña en nuestra vida espiritual para luego destruirnos.

El mismo Satanás o llamado antes Ángel de Luz, se dejo llevar por el ego al hacerse creer que era igual a Dios y por su ego fue echado del cielo.

La verdad es que tanto el ego como el orgullo pueden llevarnos al fracaso espiritual, no podemos negar que todos en momento determinado podemos ser presa de uno de ellos o quizá lo estas siendo o lo fuimos.

Es por esa razón que necesitamos entender que en una vida que desea agradar a Dios no debería existir estos dos males ya que no encajan en los planes que Dios tiene para nuestra vida.

Antes que nada quiero definir cada una de estas palabras.

¿Qué es el Ego?

Valoración excesiva de uno mismo.

UNA PERSONA CON EGO

Definitivamente cada uno de nosotros tenemos un gran valor y este valor es la Sangre de Cristo, por ello tenemos que tener un buen concepto de nosotros mismos, pero ese buen concepto debe ir acompañado de humildad.

No es bueno que nos despreciemos, pero tampoco es bueno tener una valoración excesiva de uno mismo o en pocas palabras “ego”. Una persona con ego es una persona que en su vocabulario solo existe el “yo” y que cree que no hay nadie mejor que el.

Es Evidente que las personas que se dejan llevar por el ego fracasan. En el caminar cristiano el ego no ayuda en nada y lejos de ayudar es un obstáculo mas que saltar, el cristianismo se trata de humildad, de reconocer sus buenas capacidades pero también sus defectos.

Y el hecho de conocer nuestras limitaciones nos hace tratar de buscar mas del Señor, en cambio una persona que se cree lo máximo y que no hay nadie como el o ella de excelente, es una persona que difícilmente buscara del Señor, ya que su mismo concepto de el(ella) mismo(a) lo lleva a confiarse en su caminar.

Viéndolo desde el punto de vista espiritual, tenemos que estar preparados en cada momento, mostrando humildad y sometimiento a Dios, reconociendo que cada día necesitamos mas de El y que nuestra vida completa depende de Dios.

Tenemos que mantener nuestro ego siempre bien sujetado, porque por muy bueno que tu seas para desempeñar “x” tarea en la congregación, tienes que mantener la humildad, a lo mejor escucharas muchos comentarios positivos y que te ponen en lo mas alto, pero recuerda siempre que la Gloria es para uno solo, esto es para Jesús, que nunca se te olvide que todo lo que tu eres y has hecho es porque Dios ha estado contigo. La humildad siempre tiene que hacerse presente en todos tus logros.

¿Qué es el Orgullo?

Exceso de estimación propia o sentimiento que hace que una persona se considere superior a los demás.

UNA PERSONA CON ORGULLO.

Si hablamos de orgullo hablamos de un mal que no te permite prosperar en lo espiritual.

El antónimo de Orgullo es Humildad.

Una persona orgullosa difícilmente reconocerá sus errores, además que es una persona que cuando falla nunca pide perdón por sus errores. Si lo vemos desde ese punto de vista, creo que en un cristiano no tendría que haber orgullo, porque el orgullo nunca te dejara reconocer tus errores, y en la vida cristiana algo primordial para poder avanzar y crecer espiritualmente es reconocer nuestros errores y enmendarlos.

Una persona con orgullo es una persona que no sabe perdonar, y el no saber perdonar ocasiona ataduras que no te permiten crecer, es necesario que cuando venimos a Jesús vengamos con un corazón limpio, esto significa dejar a un lado el orgullo.

El orgullo no es un fruto del espíritu, y por ende es necesario que nos deshagamos de el, pues la voluntad de Dios es que tengamos un corazón perdonador y humilde para reconocer cuando fallamos. Si tu eres una persona que por orgullo no reconoces cuando fallas, déjame decirte que es necesario que le pidas a Dios que quite de una vez por todas todo orgullo que no te permite ser libre.

LA VOLUNTAD DE DIOS PARA NUESTRA VIDA.

La voluntad de Dios para nuestra vida es que cada día busquemos la humildad y esto significa el reconocimiento, no hay nada mas hermoso que un cristiano que reconoce sus errores y pide perdón para poder ser renovado.

Dios quiere que cada uno de nosotros busquemos ser mejores cristianos cada día y que lejos de manejar orgullo o ego en nuestra vida, podamos tener un corazón sensible a la hora de fallar, te seguro que si comienzas a practicar la humildad en tu vida tendrás mejores frutos que los que el orgullo o el ego te pueden dar. Recuerda que todos dependemos de Dios y que sin El no somos nada, pero con El somos mas que vencedores, reconociendo siempre que la gloria de nuestras victorias se las merece El.

No hay nada peor que un corazón orgulloso y egocéntrico, es por esa razón que nosotros tenemos que mantener saludable nuestro corazón, para que Dios pueda escuchar nuestro clamor, la Biblia dice:

“Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, Mas al altivo mira de lejos”. Salmos 138:6

Fuente: http://www.jovenes-cristianos.com

jueves, 24 de marzo de 2022

Estás enojado con Dios?

¿En algún momento es correcto enojarse con Dios?

Hace poco me enteré de que cuando una persona usa las palabras "¿Es correcto enojarse con Dios?" podría estar formulando una pregunta muy diferente. Podría preguntar: "¿Es correcto expresar enojo contra Dios?". No se trata de la misma pregunta y la respuesta no siempre es la misma.

La pregunta suele surgir en momentos de gran sufrimiento y pérdida. La enfermedad amenaza con deshacer todos nuestros sueños. La muerte se lleva a un niño amado de la familia. El abandono totalmente inesperado y el divorcio sacuden los cimientos de nuestro mundo. En esos momentos la gente puede llegar a enojarse mucho, incluso con Dios.

¿Es correcto? Para responder a esta pregunta podríamos, tal vez, preguntar a la persona enojada: "¿Es correcto siempre enojarse con Dios?". En otras palabras, ¿puede una persona enojarse con Dios por todo motivo y aun así estar en lo cierto? ¿Fue correcto, por ejemplo, que Jonás se enojara con la misericordia de Dios sobre Nínive? "Entonces se arrepintió Dios del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo... Pero esto desagradó a Jonás en gran manera, y se enojó" (Jonás 3:10; 4:1). Supongo que la respuesta sería: "No, no debemos enojarnos con Dios por cualquier motivo".

Pero entonces nos preguntaríamos: "¿Con cuáles actos de Dios es correcto enojarse y con cuáles no?". Ahora bien, esto es más difícil de responder. La verdad comienza a acorralar al corazón enojado.

¿Qué pasa con las cosas que nos desagradan? ¿Son estas las acciones de Dios con las cuales es bueno enojarse? ¿Son las acciones de Dios las que nos hacen daño? "Yo hago morir y hago vivir. Yo hiero y yo sano, y no hay quien pueda librar de mi mano" (Deuteronomio 32:39). ¿Son estas las acciones que justifican nuestro enojo contra Dios? ¿O es su elección de permitir que el diablo nos hostigue y nos torture? "Y el SEÑOR dijo a Satanás: He aquí, él está en tu mano; pero guarda su vida. Satanás salió de la presencia del SEÑOR, e hirió a Job con llagas malignas desde la planta del pie hasta la coronilla" (Job 2:6-7). ¿La decisión de Dios de permitir que Satanás nos hiera a nosotros y a nuestros hijos justifica nuestro enojo contra Él?

Veámoslo desde el otro punto de vista. ¿Qué es el enojo? 

La definición común es: "Movimiento del ánimo que suscita ira contra alguien" (Real Academia Española), pero se puede decir que también podría suscitar ira contra algo. Una cosa o una persona pueden suscitar ira. La ira contra una cosa no contiene indignación ante una elección o una acción. Simplemente no nos gusta el efecto de la cosa: un embrague roto, un grano de arena que acaba de entrar en nuestro ojo o un chaparrón en nuestro día de campo. Pero cuando nos enojamos con una persona, lo que nos suscita ira es la elección que hizo y la acción que realizó. El enojo con una persona siempre implica una fuerte desaprobación. Si nos enojamos con alguien, creemos que esa persona hizo algo que no debió haber hecho.

Este es el motivo por el cual nunca es correcto enojarse con Dios. 

Está mal —siempre está mal— estar en contra de Dios por lo que hace y permite. "El Juez de toda la tierra, ¿no hará justicia?" (Génesis 18:25). Es arrogante que criaturas finitas y pecadoras estén en contra de Dios por lo que hace y permite. Podemos llorar por el dolor, podemos enojarnos con el pecado y Satanás, pero Dios hace solo lo que es correcto. "Sí, oh Señor Dios Todopoderoso, verdaderos y justos son tus juicios" (Apocalipsis 16:7).

Sin embargo, muchos de los que dicen que es correcto enojarse con Dios realmente quieren decir que es correcto expresar enojo contra Dios. Cuando me escuchan decir que está mal enojarse con Dios, piensan que quiero decir "hay que guardarse los sentimientos y ser hipócrita". Eso no es lo que quiero decir; lo que quiero decir es que siempre está mal estar en contra de Dios por cualquiera de sus juicios.

Pero si experimentamos el sentimiento pecaminoso de la ira contra Dios, ¿entonces qué? ¿Vamos a sumar el pecado de la hipocresía al pecado de la ira? No. Si la sentimos, debemos confesarla a Dios. Él lo sabe de todos modos. Él ve nuestros corazones. Si el enojo contra Dios está en nuestro corazón, también podemos decírselo, y luego podemos decirle que nos arrepentimos y pedirle que nos ayude a dejarlo de lado mediante la fe en su bondad y sabiduría.

Cuando Jesús murió en la cruz por nuestros pecados, quitó para siempre la ira de Dios de nuestras vidas. La disposición de Dios hacia nosotros ahora es totalmente de misericordia, aun cuando es severa y disciplinaria (Romanos 8:1). Por lo tanto, los que están en Cristo deben alejarse absolutamente del terrible espectro del enojo contra Dios. Podemos llorar, en agonía: "Dios mío, Dios mío, ¿dónde estás?", pero luego diremos: "En tu mano encomiendo mi espíritu".

Humildemente bajo la poderosa y misericordiosa Mano

Fuente: https://www.desiringgod.org

viernes, 11 de marzo de 2022

¿Ama Dios aún a Israel?

Israel en las manos de Dios hasta hoy

En la Segunda Guerra Mundial, millones de judíos fueron brutalmente asesinados. Satanás estaba furioso. La gente se volvió contra el pueblo escogido de Dios como bestias. Si esto le sucedió a Israel, ¿qué pasa con el amor de Dios por Israel? Algunos cristianos sienten que una cuestión urgente es cómo hablar de Dios después de Auschwitz. Para los judíos, por supuesto, esto se aplica incluso con más fuerza.

Encontré un sitio web donde se daban más de veinte enfoques judíos diferentes. Este me pareció el más extraño: “Si todavía nos atenemos a la Torá, entonces eso ya no es una obligación, sino una elección voluntaria. Porque está claro que Dios ha roto el pacto con Israel”. ¿Es realmente el caso? ¿Qué hay del amor de Dios por Israel?

Oseas sobre el amor de Dios por Israel

La cuestión del amor de Dios por Israel y el sufrimiento de Israel no es moderna. También está claro de muchas maneras en el Antiguo Testamento, por ejemplo en Oseas 11.

Oseas 11 es un capítulo con el amor de Dios en ambos extremos como sujetalibros. Comienza con el versículo 1: “Cuando Israel era niño, lo amaba”. El amor de Dios por Israel se compara con el amor de un padre por su hijo. El versículo 11 termina de la siguiente manera: «Los devolveré a sus hogares, declara el Señor«. Se trata de la bendición y el amor de Dios por Israel más tarde, cuando Israel haya crecido.

Entre esos dos sujetalibros leemos mucho sobre la desobediencia de Israel a Dios y la respuesta de Dios a eso. Se dice que Israel se alejó de Dios en idolatría (Oseas 11: 2). A pesar del amor que Dios muestra, Israel persistió en aborrecer a Dios (Oseas 11: 7). Por eso Dios anuncia su juicio. Castigará a Israel (Oseas 11: 5-6).

Pero mientras el Señor Dios habla sobre el juicio, ¡Él proclama que no puede tratar a Israel como la tierra de Sodoma y Gomorra! “Mi corazón retrocede dentro de Mí; Mi compasión se vuelve cálida y tierna «. (Oseas 11: 8). Por tanto, el Señor Dios promete que volverá a bendecir a Israel.

“Los haré volver a sus hogares, declara el Señor” (Oseas 11:11). Israel puede volver a vivir en su país. Esto se cumple parcialmente cuando el remanente de las diez tribus (el reino del norte) regresó del exilio. Pero dado que estamos hablando aquí de un regreso de todo el mundo, desde el oeste, desde Egipto, desde Asiria, es muy posible que podamos extender esto, por ejemplo, a la fundación del estado de Israel en el siglo XX. . Ese también podría ser un aspecto del cumplimiento de esta profecía.

Pablo sobre el amor de Dios por Israel

El amor de Dios por Israel no terminó con la época del Antiguo Testamento. Pablo aclara esto en Romanos 9-11. Hay varios versículos que dejan muy claro que el Señor Dios todavía ama a Israel. Escribe: “¿Ha rechazado Dios a su pueblo? ¡De ninguna manera!» (Romanos 11: 1).

Más adelante, compara al pueblo de Dios con un olivo. Por la fe, personas de todas las naciones pueden ser injertadas en ese olivo como una rama. Pero es más lógico cuando les sucede a los judíos: “¿Cuánto más estas, las ramas naturales, serán injertadas en su propio olivo?” (Romanos 11:24). Dios no se ha olvidado de Israel «Porque los dones y la vocación de Dios son irrevocables» (Romanos 11:29).

Una historia esperanzadora

Pero ¿qué pasa con las cosas terribles que les sucedieron a los judíos en la Segunda Guerra Mundial?

No puedo resolver esto con una razón teológica. Pero déjame contarte otra historia. Esto también es cierto. Israel Crystal nació en 1903, en una familia judía en Polonia. Cuando tenía 13 años y llegó el momento de su Bar Mitzvah (la ceremonia para celebrar que los niños judíos se volvían responsables de sus propias acciones) no se pudo celebrar porque la Primera Guerra Mundial estalló.

En la Segunda Guerra Mundial, terminó en un gueto y luego en Auschwitz. Pero Israel sobrevivió a Auschwitz y emigró a la tierra de Israel, donde tuvo hijos, nietos y bisnietos. En 2016, en su 113 cumpleaños, hizo lo que no pudo hacer 100 años antes: celebrar su Bar Mitzvá. En ese momento, era el hombre más viejo del mundo.

De los cientos de millones de hombres de 42 años o más que vivían a principios de 1945, solo quedaba uno en 2016. Si pudieras haber elegido uno a principios de 1945 que sobreviviera a todos esos cientos de millones de otros, y todavía estar vivo en 2016, ¿quién sería? La respuesta correcta habría sido: vive en Auschwitz y su nombre es Israel.

Nunca dudes que Dios ama a Israel. Pero su amor también se extiende a ti. A pesar del pecado de Israel, Dios vino con su gracia y su salvación. A pesar de tu pecado, porque no hay nadie que no peque, Dios también te ofrece gracia y salvación. Te invita a que vengas a Él y le entregues tu vida.

Fuente:  https://www.palabrasbiblicas.net

viernes, 25 de febrero de 2022

¿Por qué murió Jesús?

Todos fueron la causa de la muerte del Señor?

¿Cuántos de ustedes tienen amigos o parientes que usan un modelo de guillotina alrededor de sus cuellos? ¿O tal vez una silla eléctrica? Suena ridículo, ¿no? Pero, ¿con qué frecuencia nos encontramos con personas que tienen una cruz alrededor del cuello en el mundo occidental? Estamos tan acostumbrados a ver la cruz alrededor de los cuellos de las personas que no pensamos en ello, pero la cruz era tanto una forma de ejecución como una guillotina o una silla eléctrica. ¿Por qué la gente usa una cruz? La cruz fue una de las formas más crueles de ejecución jamás inventadas. Incluso los romanos, desconocidos por sus derechos humanos, abolieron la crucifixión en el año 337, considerándola demasiado inhumana. La cruz siempre ha sido considerada como el símbolo de la fe cristiana, y una alta proporción de los Evangelios se refieren a la muerte de Jesús. Gran parte del Nuevo Testamento se ocupa de explicar lo que sucedió en la cruz.

Cuando el apóstol Pablo fue a Corinto, dijo, "Me propuse más bien, estando entre ustedes, no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de este crucificado” (1 Corintios 2:2). Cuando pensamos en Winston Churchill, Ronald Reagan, Mahatma Gandhi o Martin Luther King, pensamos en lo que hicieron en sus vidas, cómo influyeron en la sociedad por lo que hicieron. Sin embargo, cuando leemos el Nuevo Testamento, aprendemos más sobre la muerte de Jesús que sobre Su vida. Jesús, más que cualquier otra persona, cambió la historia del mundo y es recordado no tanto por Su vida, sino por Su muerte. ¿Por qué hay tal concentración en la muerte de Jesús? ¿Cuál es la diferencia entre Su muerte y la muerte de la Princesa Diana, o uno de los mártires, o héroes de guerra? ¿Por qué murió? ¿Qué logró? ¿A que se refiere la Biblia cuando el Nuevo Testamento dice que Jesús murió por nuestros pecados? Estas son algunas de las preguntas que queremos responder en nuestra sesión de hoy.

El problema

Cuando era joven, solía hablar mucho con individuos preguntándoles acerca de su relación con Dios, esperando la oportunidad de decirles acerca de lo que Jesús ha hecho por ellos. Ellos decían con frecuencia que no necesitaban a Jesucristo, que sus vidas estaban completas y felices. "Trato de vivir una buena vida", decían, "y tengo razones para pensar que cuando muera, probablemente estaré bien porque he vivido una buena vida." Lo que están diciendo es que no necesitan un Salvador debido a la falta de percepción de que no necesitan ser salvados de algo. No hay aprecio y amor por el Salvador porque ellos no están convencidos de su culpabilidad personal y rebelión ante un Dios santo. Sin embargo, todos tenemos un problema:

Todos han pecado y están privados de la gloria de Dios (Romanos 3:23).

No sé ustedes, pero me resulta tan difícil decir: "Me equivoqué. Por favor, acepten mis disculpas." Tiendo a ser rápido para culpar a otros y lento para aceptar que estoy equivocado. Mi esposa sabe que tengo un sentido sagaz de dirección debido a que en mi juventud, estuve en el mar como pescador comercial por muchos años. Uno aprende a navegar por el curso del sol. Pero de vez en cuando me equivoco y encuentro que voy hacia el norte cuando pensaba que iba hacia el oeste. Pero es tan difícil para mí admitir que me equivoqué. ¿A alguien más le resulta difícil decir que se equivocó?

Si somos honestos, todos tenemos que admitir que hacemos cosas que sabemos que están mal. Muchas personas no pueden aceptar el hecho de que podrían ser culpables, o incluso, parcialmente tener la culpa. Este fenómeno específicamente capta nuestra atención cuando la gente llena sus formularios de reclamo de accidente para un accidente de carros. Es el ejemplo perfecto de personas que no pueden aceptar ni el más mínimo grado de responsabilidad. Como se muestra a continuación, algunos conductores insisten en culpar a otros por lo que probablemente son sus propios errores. Aquí hay algunos ejemplos más de no ganar, sin reclamaciones de honorarios. “Considero que ninguno de los dos es culpable, pero si cualquiera de los dos es culpable es la culpa de él.”

“El poste del telégrafo se acercaba rápidamente. Intentaba desviarme de su camino cuando golpeó el extremo delantero de mi carro.”

“El tipo estaba por toda la carretera. Tuve que desviarme muchas veces antes de golpearlo.”

“Un coche invisible salió de la nada, golpeó mi vehículo y desapareció”

“Choqué con un camión estacionado al otro lado de la carretera.”

“De camino a casa me metí en la casa equivocada y choqué con un árbol que no tengo.”

“He conducido por 40 años, y nunca había tenido un accidente por quedarme dormido en el volante.”

En cuanto a quien hizo la siguiente declaración en su formulario de accidente, es discutible si pudiera haber sido un inodoro, un mecánico o un profesor de Español hubiera sido la mejor solución. Dejaré que tú decidas:

"Yo estaba en camino al médico con problemas en la parte trasera cuando mi junta universal se daño y me causo un accidente."

Para que la gente entienda su necesidad de un Salvador, tenemos que volver atrás y mirar el problema más importante, que enfrenta cada persona que lee este estudio. El problema es que todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios. Una persona me dijo que estaría bien cuando llegara al final de su vida, porque ayudó a dos personas a salir de un accidente de avión antes de que explotara, y había salvado sus vidas. Cuando le pregunté qué iba a hacer con su pecado, me dijo que nunca había pecado. Él fue engañado al pensar que su posición moral era mejor que la mayoría, y porque su vida era mejor que la mayoría, él estaría bien en el Día del Juicio, cuando Dios traiga a todos los hombres a dar cuenta de lo que han hecho.

La mayoría de la gente se juzga a sí misma mirando las vidas de los demás. Permítanme tratar de explicar lo que quiero decir: Imaginen que están en la habitación donde están leyendo estas notas y señalo a la pared más cercana, ¿qué pasaría si yo le dijera que una de esas paredes representa una escala de todas las personas que alguna vez han vivido? Imagina que la peor persona está en la parte de abajo y la parte de arriba de la pared representa a la mejor y más justa de las personas. ¿A quién pondrías abajo? ¡Muchos dirían, Adolf Hitler, Josef Stalin, o quizás Saddam Hussein, o incluso su jefe! ¿A quién pondrías arriba? Quizás dirías, “La Madre Teresa, la Princesa Diana, Martin Luther King, o Billy Graham quizás.” Creo que estarías de acuerdo en que todos nosotros estaríamos en algún lugar de la pared—Keith Thomas estaría ahí abajo y quizás tú estarías más arriba.

Bueno, ¿cuál crees que es el estándar que debemos tener? Muchos de nosotros probablemente responderíamos que el techo seria el estándar, ya que lo mejor de la humanidad vive allí. Pero eso no es lo que la Biblia dice que es el estándar. El pasaje en la Biblia que acabamos de mirar informa que la norma es la gloria de Dios, quien es Jesucristo — el ideal glorioso de Dios para vivir. La medida no es el techo de este cuarto, sino el cielo. Ninguno de nosotros ha alcanzado el estándar de la justicia de Dios, Jesucristo. Todos hemos errado al blanco, que es lo que el pecado significa—errar el blanco o desviarse de la meta. La palabra griega que equivale a la palabra “pecado", es Hamartano, una palabra prestada del tiro con arco. Si no pudieras disparar una flecha contra una diana, estarías lejos de la perfección. Creo que cada uno de nosotros se ha quedado corto. Ninguno de nosotros es lo suficientemente bueno, ¡todos nos hemos errado! Si nos comparamos con ladrones armados o abusadores de niños o incluso con nuestros vecinos, podemos pensar que salimos bastante bien, pero cuando nos comparamos con Jesucristo, vemos lo lejos que estamos.

Somerset Maugham dijo una vez, "Si anotara cada pensamiento que he pensado y cada acción que he hecho, los hombres me llamarían un monstruo de depravación." La esencia del pecado es una rebelión contra Dios (Génesis 3), y su resultado es que somos depravados de Él. Como el Hijo Pródigo (Lucas 15), nos encontramos lejos de la casa del Padre con nuestras vidas en un lío. Algunos dirían: "Si todos estamos en el mismo barco, ¿importa?" La respuesta es que, sí, sí importa debido a las consecuencias del pecado en nuestras vidas, que se puede resumir en cuatro títulos, la contaminación del pecado, el poder del pecado, la penalidad del pecado, y la división del pecado.

La contaminación del pecado

—Lo que sale de la persona es lo que la contamina. 21Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, 22la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. 23Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona (Marcos 7:20-23).

Puedes decir, "No hago la mayoría de estas cosas." Pero una de ellas solo es suficiente para arruinar nuestras vidas. Podemos desear que los Diez Mandamientos fueran como un documento de examen en el que sólo tenemos que "intentar cualquier tres" de ellos. Pero el Nuevo Testamento dice que si quebrantamos alguna parte de la Ley, somos culpables de quebrantarla toda (Santiago 2:10). Un pecado es suficiente para contaminar tu vida y excluirte de la perfección del cielo. No es posible, por ejemplo, tener un registro de manejo "razonablemente limpio". O está limpio o no lo está. Una ofensa de conducir evita que sea un récord limpio. O cuando un oficial de policía te detiene por exceso de velocidad, no le dices que no has quebrantado ninguna de las otras leyes del país, y esperas librarte. Una infracción de tráfico significa que has quebrantado la ley. Así es con nosotros. Una ofensa hace que nuestras vidas sean inmundas. Por ejemplo, ¿cuántos asesinatos tienes que cometer para ser un asesino? Solo uno, por supuesto; ¿cuántas mentiras puede decir una persona antes de convertirse en un mentiroso? Una. ¿Cuántos pecados comete una persona antes de convertirse en pecadora? De nuevo, la única respuesta es una. Una ofensa hace que nuestras vidas sean impuras.

2) El Poder del Pecado

—Ciertamente les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado —respondió Jesús (Juan 8:34).

Las cosas que hacemos mal tienen un poder adictivo. Cuando usaba drogas, muchas veces me daba cuenta de cómo estaban destruyendo mi vida, pero me tenían controlado. Intenté botarlas dos o tres veces, pero siempre volvía y compraba más. La gente te dirá que la marihuana no tiene un poder adictivo, pero yo no pienso así; no pude liberarme hasta que le di mi vida a Cristo. También es posible ser alcohólico o adicto al mal genio, la envidia, la arrogancia, el orgullo, el egoísmo, la calumnia o la inmoralidad sexual. Podemos volvernos adictos a patrones de pensamiento o comportamiento, que no podemos romper por nuestra cuenta. Esta es la esclavitud de la que Jesús habla. Las cosas que hacemos, los pecados con los que nos involucramos, tienen un poder sobre nosotros que nos hace esclavos de ellos.

El obispo J.C. Ryle, un ex obispo de Liverpool, escribió una vez:

Todos y cada uno de los (pecados) tienen atados en sus cadenas a multitudes de prisioneros de pies y manos. Los desdichados prisioneros; a veces se jactan de que son eminentemente libres…No hay esclavitud como esta. El pecado es de hecho el más duro de todos los capataces. La miseria y la decepción están en su camino, la desesperación y el infierno al final de el—estos son los únicos salarios que el pecado paga a sus siervos.

3) La penalidad del pecado

Porque la paga del pecado es la muerte (Romanos 6:23)

Una de las cosas que a menudo me mueven a orar son las noticias. Cuando escucho de una madre que mata o abusa de sus hijos deliberadamente, quiero justicia. Cuando estoy en un atasco de tráfico, y los coches están volando por el lado de la carretera donde sólo la policía y los vehículos de emergencia se supone que vayan, me enojo y anhelo que los que engañan al sistema sean atrapados. Pero cuando estoy cogido de la tarde, y acelero para tratar de llegar a la reunión del equipo del trabajo a tiempo, entonces es un asunto diferente, no quiero justicia, deseo misericordia y gracia. Quiero que el policía me deje libre. ¡Supongo que soy un hipócrita! Tenemos razón al creer que los pecados deben ser castigados. Las leyes existen para guiarnos a vivir nuestras vidas correctamente, las personas que pecan deben ser castigadas por su pecado. Nuestro pecado ganará un salario así como nuestro trabajo, semana por semana, merece un salario. Nuestro empleador nos pagará lo que merecemos por lo que hemos hecho — nuestro salario. De la misma manera, Dios, en Su justicia, debe darnos el pago que ganamos con nuestras vidas de pecado — estar separados de Dios por la eternidad, un estado y un lugar que la Biblia llama Infierno. La paga del pecado es la muerte, que es estar separados de Dios por la eternidad.

4) La Separación del Pecado

La mano del Señor no es corta para salvar, ni es sordo su oído para oír. 2 Son las iniquidades de ustedes las que los separan de su Dios. Son estos pecados los que lo lleva a ocultar su rostro para no escuchar (Isaías 59: 1-2).

Cuando Pablo dice que la paga del pecado es la muerte, la muerte de la que habla no es sólo física. El profeta Isaías dice que el pecado nos separa de Dios. Es una muerte espiritual, que resulta en el aislamiento eterno de Dios. Esta separación de Dios es algo que experimentamos en esta vida, cada uno de nosotros se ha sentido distante de Dios como resultado de nuestro pecado, pero esto también será una realidad cuando crucemos de la muerte a la vida verdadera que está más allá de este mundo. Las cosas que hacemos mal causan esta barrera.

La solución

Todos necesitamos un Salvador que nos libre de las consecuencias del pecado de nuestras vidas. El Señor Canciller de Inglaterra, Señor Mackay de Clashfern, escribió:

"El tema central de nuestra fe es el sacrificio de Él mismo en la cruz por nuestros pecados por medio de nuestro Señor Jesucristo…Cuanto más profunda sea la apreciación de nuestra propia necesidad, mayor será nuestro amor por el Señor Jesús y, por lo tanto, más ferviente será nuestro deseo de servirle."

La buena noticia del cristianismo es que Dios ha visto la situación en la que todos nosotros estamos, y ha tomado medidas para resolver el problema. Su solución era ser el sustituto de todos nosotros. Dios descendió en la persona de Jesús, el Cristo, para tomar nuestro lugar, algo que John Stott, autor de muchos libros, llama la "auto-suficiencia" de Dios. El apóstol Pedro lo describe así:

Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados (1 Pedro 2:24).

1) La Auto-Sustitución de Dios

¿Qué significa la auto-sustitución? En su libro, Milagro en el Río Kwai, Ernest Gordon cuenta la historia real de un grupo de prisioneros de guerra trabajando en el ferrocarril de Birmania durante la Segunda Guerra Mundial. Al final de cada día, las herramientas se recogían del grupo de trabajo. En una ocasión, un guardia Japonés gritó que faltaba una pala y exigió saber qué hombre la había cogido. Él se puso furioso y comenzó a decir barbaridades e insultos, y ordenó a quien fuera culpable a dar un paso adelante. Nadie se movió. "¡Todos mueren! ¡Todos mueren!" gritó, mientras apuntaba su rifle a los prisioneros. En ese momento, un hombre se adelantó, y el guardia lo golpeó con su arma hasta matarlo. Cuando regresaron al campamento, las herramientas se volvieron a contar, y no faltaba ninguna pala. Un hombre había ido adelante como un sustituto para salvar a los demás. De la misma manera, Jesús fue adelante y satisfizo la justicia al morir en lugar de nosotros.

2) La Agonía de la Cruz

Jesús fue nuestro sustituto. Él soportó la crucifixión por nosotros. Cicerón describió la crucifixión como "la más cruel y horrible de las torturas." Jesús fue desnudado y atado a un poste de látigo. Fue azotado con cuatro o cinco correas de cuero entrelazadas con hueso afilado y plomo. Eusebio, el historiador de la iglesia del siglo III, describió la flagelación romana en estos términos: "las venas de la víctima quedaban al descubierto, y los músculos, tendones e intestinos de la víctima quedaban expuestos." Luego fue llevado al Pretorio, el patio romano dentro de la fortificación, donde una corona de espinas fue colocada sobre Su cabeza. Fue burlado por un batallón de 600 hombres y golpeado en la cara y la cabeza. Luego fue obligado a llevar un travesaño pesado sobre Sus hombros sangrantes hasta que se desplomó, y Simón de Cirene fue enlistado a la fuerza para que lo llevara por Él.

Cuando llegaron al lugar de la crucifixión, lo desnudaron de nuevo, lo pusieron en la cruz, y le pusieron clavos de seis pulgadas en sus manos. Sus rodillas estaban torcidas de lado para que los tobillos pudieran ser clavados entre la tibia y el tendón de Aquiles. Lo levantaron en la cruz, que luego fue arrojada a una cavidad en el suelo. Allí lo dejaron colgando en un calor intenso y con una sed insoportable, expuesto al ridículo de la multitud. Permaneció allí con un dolor inimaginable durante seis horas mientras Su vida lentamente se agotaba. La peor parte no fue el trauma físico, ni siquiera el dolor emocional de ser rechazado por el mundo y abandonado por Sus amigos, sino la agonía espiritual de ser separado del Padre por nosotros, porque Él llevó nuestros pecados.

Debido a la obra terminada de Jesús en la cruz, Él pagó por completo lo que nuestros pecados merecían, Dios ahora les puede conceder a aquellos que lo reciban, un perdón completo. El Señor nos muestra que Él no está apartado del sufrimiento. Cristo ha tomado todo y más de lo que muchos de nosotros merecíamos sobre Sí Mismo. Él murió como sustituto por nosotros, mostrándonos así el amor de Dios.

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna (Juan 3:16).

Fuente: https://www.groupbiblestudy.com

miércoles, 19 de enero de 2022

Los que aman a Dios hasta la muerte

La sobrevivencia de la fe

A pesar del aumento en la intensidad de la persecución, los cristianos permanecen fieles

Para muchos, India es considerada una tierra de personajes conocidas, como Buda y Gandhi, o también reconocida por sus colores y misticismo relacionados al hinduismo, religión que alcanza cerca de 80% de la población. Sin embargo, a pesar de predicar el respeto y la honra, en la práctica, esto no sucede en el país.

Los nacionalistas están trabajando junto con el gobierno para una completa conversión de la población para el hinduismo hasta el 2021. Este proceso es conocido como ‘hindunización’. En su discurso, ellos creen que ‘si no eres hindú, entonces no eres de India’. Este exceso de nacionalismo está afectando a los cristianos locales. Debido a ello, la Iglesia enfrenta diversos desafíos, tales como: el aumento de la violencia, segregación social de los convertidos, leyes de anti conversión y de blasfemia, y discriminación relacionado a la herencia y beneficios fiscales. 

El gobierno, las autoridades y los inversionistas extranjeros niegan que exista un problema. Ellos intentan demostrar para los turistas una India alegre, y pacífica pero la realidad, el país posee un lado oscuro. En él, los cristianos (que son una minoría) enfrentan persecución severa y violencia creciente solo por poseer otra fe. En apenas 4 años el país subió varias posiciones en el ranking de la persecución, la Lista Mundial de la Persecución. A pesar que la constitución garantiza la libertad de religión, los radicales parecen no importarse con esto. 

Si la libertad religiosa fuese realmente aplicada, cada indiano decidiría convertirse si así lo desea, pero esto no sucede debido a la ley sobre la conversión forzada, criada para resistir la pérdida de las tradiciones culturales, la cual lleva a prisión y pago de fianza. Hoy, esta ley es vigente en 8 de los 29 estados, pero puede ser implantada a nivel nacional. 

Solo en 2018, más de 23.000 cristianos fueron agredidos física o mentalmente. 336, fueron obligados a dejar sus casas y 635 fueron detenidos injustamente. 

En la eternidad, sin dolor ni llanto 

Puertas Abiertas ha apoyado a los cristianos perseguidos en este país con distribución de biblias y literatura cristiana, capacitación de líderes y discipulado, así como ayuda socioeconómica para los más vulnerables. Tilak, es uno de los tantos cristianos que experimentó esta ayuda. Después de convertirse, cerca de 40 familias entregaron su vida a Cristo por causa de su evangelización. Cuando los extremistas nacionalistas se enteraron, entraron en contacto con los guerrilleros locales y les dijeron que Tilak estaba haciendo un lavado cerebral en la comunidad con la fe cristiana. 

Rápidamente, él fue secuestrado por los guerrilleros, atado de las manos y de las piernas y golpeado con bastones de madera. Cuando los guerrilleros le preguntaban: ‘¿Abandonarías tu fe en Cristo?’ Y la respuesta era negativa, él era agredido severamente. Tilak se encontraba en la cima de una montaña y mientras se arrastraba en el suelo con su cuerpo ensangrentado y lleno de heridas, él se acordó de Jesús camino al Calvario y esto lo conmovió profundamente. 

Tilak fue torturado durante toda la noche, hasta que su cuerpo no se podía mover más. Fue declarado muerto por uno de los médicos de los guerrilleros. Los mismos fueron hasta los cristianos y les dijeron: ‘Así como Jesús fue agredido y asesinado, nosotros también matamos a su pastor”. Horas después el cuerpo fue encontrado y llevado para la casa de un hermano. Mientras los hermanos estaban reunidos, algo maravilloso sucedió. Tilak abrió los ojos y recobró consciencia. Jesús le devolvió la vida. Aún tendido en el suelo, escuchaba el murmullo de los demás diciendo “esto pasó porque creyó en Jesús”. 

A pesar de este milagro, la persecución no paró y la familia de Tilak fue amenazada. Entonces, ellos huyeron de su ciudad. Puertas Abiertas los invitó a participar de un taller bíblico y comenzó a ayudarlos con alimentos y víveres básicos. “Siempre recuerdo que Dios está con nosotros. Cada vez que pasamos por dificultades o pesares es para la gloria de Dios. Cuando iremos para el cielo, no habrá más dolor ni tristeza”, afirmó Tilak.  

Fuente: puertasabiertasal.org

viernes, 14 de enero de 2022

Ehud Qimron, inmunólogo de Israel «Ministerio de Salud, es hora de admitir el fracaso»

El jefe del Departamento de Microbiología e Inmunología de la Universidad de Tel Aviv

Escribe una carta abierta al ministerio de Salud de Israel

Edhud Quimron es el jefe del Departamento de Microbiología e Inmunología de la Universidad de Tel Aviv, uno de los principales inmunólogos israelíes. Ha escrito una carta pública en la que presenta sus duras críticas al Ministerio de Salud del gobierno de Israel y le exige que admita de una vez el fracaso en sus políticas adoptadas ante la pandemia de Covid-19.

La carta original, en hebreo, puede leerse aquí. A continuación presentamos la traducción para los lectores y lectoras de Las Repúblicas.

» Ministerio de Salud, es hora de admitir el fracaso.

Al final, la verdad siempre se revelará y la verdad sobre la política de coronavirus comienza a revelarse. Cuando los conceptos destructivos se derrumban uno a uno, no queda más que decirles a los expertos que lideraron la gestión de la pandemia: se los dijimos.

Dos años después, finalmente te das cuenta de que un virus respiratorio no se puede derrotar y que cualquier intento de este tipo está condenado al fracaso. No lo admiten, porque no han admitido casi ningún error en los últimos dos años, pero con retrospectiva está claro que ha fallado estrepitosamente en casi todas sus acciones, e incluso los medios ya están teniendo dificultades para cubrir su vergüenza.

Se negaron a admitir que la infección llega en oleadas que se desvanecen por sí solas, a pesar de años de observaciones y conocimientos científicos. Insisten en atribuir cada declive de una ola únicamente a sus medidas, y así, a través de la falsa propaganda, «la plaga se supera». Y otra vez lo venciste, y otra y otra y otra vez.

Ustedes se niegan a admitir que las pruebas masivas son ineficaces, a pesar de que sus propios planes de contingencia así lo indican limpiamente («Plan de preparación del sistema de salud contra la influenza pandémica, 2007», p. 26).

Ustedes se niegan a admitir que la recuperación ante la enfermedad es más protectora que una vacuna, a pesar de que el conocimiento previo y las observaciones muestran que las personas vacunadas que no han pasado la enfermedad tienen más probabilidad de infectarse que las personas que sí han superado la infección. Se niegan a admitir que los vacunados son contagiosos a pesar de las observaciones. En base a esto, esperaban lograr la inmunidad colectiva mediante la vacunación, y también fracasaron en eso.

Insisten en ignorar que la enfermedad es decenas de veces más peligrosa para los grupos de riesgo y adultos mayores que para los jóvenes que no están en grupos de riesgo, a pesar del conocimiento que llegó desde China ya en 2020.

Ustedes se negaron a adoptar la “Declaración de Barrington”, firmada por más de 60.000 científicos y profesionales médicos, así como otros programas de sentido común. Elegisteis ridiculizarlos, calumniarlos, distorsionarlos y desacreditarlos. En lugar de los programas y las personas adecuadas han elegido profesionales que carecen de la formación pertinente para la gestión de una pandemia (físicos como principales asesores gubernamentales, veterinarios, agentes de seguridad, personal de los medios de comunicación, etc.).

No se ha establecido un sistema efectivo para informar de los efectos secundarios de las vacunas e incluso se han eliminado los informes sobre los efectos secundarios de su página de Facebook. Los médicos evitan vincular los efectos secundarios a la vacuna, no sea que los persigan como lo hicieron con algunos de sus colegas. Han ignorado muchos informes de cambios en la intensidad menstrual y los tiempos del ciclo menstrual. Ocultaron datos que permiten una investigación objetiva y adecuada (por ejemplo, eliminaron los datos de los pasajeros en el aeropuerto Ben Gurion). En su lugar, se seleccionaron artículos publicados sin objetivos junto con altos ejecutivos de Pfizer sobre la eficacia y seguridad de las vacunas.

Daño irreversible a la confianza

Sin embargo, desde las alturas de su arrogancia, también han ignorado el hecho de que al final se revelará la verdad. Y comienza a revelarse. La verdad es que han llevado la confianza del público en ustedes a un nivel sin precedentes y ha erosionado su estatus como fuente de autoridad. La verdad es que han quemado cientos de miles de millones de shekels en vano: por publicar intimidaciones, por pruebas ineficaces, por cierres destructivos y por interrumpir la rutina de la vida en los últimos dos años.

Han destruido la educación de nuestros hijos y su futuro. Hicieron que los niños se sintieran culpables, asustados, fumaran, bebieran, se volvieran adictos, abandonaran la escuela y se pelearan, como atestiguan los directores de escuelas de todo el país. Han dañado los medios de subsistencia, la economía, los derechos humanos, la salud mental y la salud física.

Calumniaron a compañeros que no se rendían frente a ustedes, pusieron al pueblo en contra, dividieron a la sociedad y polarizaron el discurso. Ustedes calificaron, sin ninguna base científica, a las personas que optaron por no vacunarse como enemigos público y como propagadores de enfermedades. Ustedes promueven, de manera sin precedentes, una política draconiana de discriminación, negación de derechos y selección de personas, incluidos niños, para su elección médica. Una selección que carece de toda justificación epidemiológica.

Cuando se comparan las políticas destructivas que siguen con las políticas sanas de algunos otros países, puede ver claramente que la destrucción que han causado solo ha agregado víctimas más allá de las vulnerables al virus. La economía que destrozaron, los desempleados que causaron y los niños cuya educación destruyeron son las víctimas excedentes como resultado de sus propias acciones únicamente.

Actualmente no hay una emergencia médica, pero han estado cultivando tal situación durante dos años debido al ansia de poder, de beneficios económicos y control. La única emergencia ahora es mantener las políticas que han puesto en marcha y destinarán grandes inversiones para propaganda e ingeniería social en lugar de dirigirlas para fortalecer el sistema de atención médica.

¡Esta emergencia debe parar!

Fuente: www.lasrepublicas.com