Este blog rinde honor y alabanza al Dios de nuestra salvación a Jesucristo el Señor.

domingo, 19 de enero de 2020

Fui un pastor adicto a la pornografía

Testimonio Pastor Garrett Kell 

 
Fui un pastor que amaba a Dios y a mi iglesia, todo esto mientras escondía mi pecado secreto. Pronto aprendí que Dios sabe cómo disciplinar a los hipócritas que ama.

Me convertí en cristiano a los 21 años, y pastor a los 25. A veces me pregunto si debí haberme vuelto pastor tan rápido. Lo bueno es que servimos a un Padre que nunca es frustrado por nuestras decisiones cuestionables.

El pueblo

Al final de una autopista polvorienta dos horas al oeste de Dallas, Texas, encontrarás un pequeño pueblo al que llamé hogar por siete años. Los campos alrededor de Graham están cubiertos con bombas de petróleo que mantienen con vida la economía de la comunidad. La gente del pueblo es amistosa, y los visitantes sienten que han entrado a los años 50. Es un lugar donde las puertas están sin seguro y los pastores aún obtienen descuentos en las comidas.

A Graham no le faltaban iglesias; había alrededor de 40 cuando llegué por primera vez. Este no era el tipo de ministerio que había visto para mí. Yo quería una ciudad con 10 millones de personas sin iglesia y sin conocimiento de Dios. En su lugar, me encontré en un pueblo con 10,000 personas, 40 iglesias, y la mayoría decía que conocía a Dios.

Pero se hizo evidente que debía estar en Graham.

La iglesia

Graham Bible Church nació en el 2003 de una reunión de oración. Trece nuevos amigos que querían ver a Dios cambiar su pequeño pueblo me pidieron predicar. Amé a ese grupo con todo mi corazón. El cariño de esos primeros días todavía trae lágrimas a mis ojos.

Nuestra música usualmente era terrible, pero cantábamos con fervor, y confío en que Dios estaba complacido. Yo era un predicador sin experiencia, pero enseñaba la Biblia lo más claro que podía. Reíamos y llorábamos juntos.

La inmadurez condujo a decisiones tontas en la predicación y el liderazgo, pero Dios nos bendijo a pesar de ello. Nuestra pequeña reunión creció de 13 a 120 personas en cerca de nueve meses. El crecimiento nos llenaba de ánimo, pero al mismo tiempo nos desilusionaba.

Las cosas estaban yendo tan bien en aquellos primeros años que empecé a pensar que Dios estaba dispuesto a pasar por alto el pecado que estaba ocultando.

El pecado interior

A pesar que el ministerio estaba yendo “bien”, no estaba bien con mi alma. Estaba profundamente descontento. Mi vida no estaba yendo de acuerdo a mis planes.

En ese tiempo, estaba teniendo una relación a distancia con mi novia de la universidad. Ella no estaba lista para el matrimonio y yo no estaba dispuesto a dejarla ir, aunque muy en el fondo sabía que Dios no quería que me casara con ella. Nuestra relación de seis años estaba envuelta en pecado, lo que hacía que morir pareciera más fácil que separarnos. Nos comprometimos dos veces y estuvimos a 50 días de la boda antes de que finalmente termináramos las cosas para siempre.

Mi renuencia a rendirme totalmente a Dios, junto con mi inseguridad, descontento, temor al hombre, y deseo de tener una gran reputación, crearon un ambiente en mi corazón que permitió que prosperara la pornografía. Por los primeros tres años de ministerio pastoral, batallé en secreto con este pecado.

Sabía que mi pecado le dolía a Dios, pero mis confesiones apuntaban más a acallar mi culpa que a obtener la ayuda que necesitaba. Cada dos o tres meses me complacía en un mar de pornografía. A esto le seguía dolor, confesiones en privado sobre cuánto odiaba el pecado y cuánto amaba a Jesús, y resoluciones personales de no hacerlo nunca más. Recuerdo sentirme como los israelitas, repitiendo el mismo ciclo en el libro de Jueces. Pecado. Dolor. Llanto. Paz. Una y otra vez.

Durante este tiempo, compartí confesiones vagas con distintos amigos. Confesaba que estaba “batallando con cosas de pureza” sin ser específico acerca de cuánto y cuán a menudo. Cada vez que confesaba, en verdad pensaba que sería la última vez y que podría superar por mí mismo esta batalla. En lugar de eso, el engaño se hizo más oscuro. Nadie tenía una visión clara de lo que en realidad estaba pasando en mi vida.

Vivir una mentira es agotador.

Lo que hacía las cosas más difíciles era la abundancia de fruto que Dios estaba produciendo a través de mí. A nuestra iglesia venían varios cientos de personas. Las vidas estaban cambiando. Así que asumí que Dios estaba pasando por alto mi pecado. Asumí que de alguna forma estaba exento de la destrucción que muchos otros habían conocido.

La carta

Cerca del final del 2006, empecé a salir con la mujer que ahora es mi esposa. Carrie estaba enterada de mi pecado sexual y estaba animada por el progreso que había hecho. Por ese mismo tiempo, un amigo llamado Reid Monaghan y yo empezamos a hacer planes para plantar una iglesia en New Jersey.

La noche antes de volar a Jersey para filmar un video de promoción para la nueva iglesia, escribí “la carta”. Creí que si Reid y yo íbamos a trabajar juntos, necesitaba ser honesto sobre mi pasado. Así que elaboré un recuento detallando mis pecados sexuales desde que me convertí en cristiano hasta ese día.

Ese viaje a Jersey inició una intervención que creo salvó mi alma, mi matrimonio, y mi ministerio. Carrie y yo nos reunimos con Reid en un café y con lágrimas me dijo: “Te amo, hermano, pero luego de leer tu carta, no creo que podamos seguir adelante juntos. Y para ser honesto, no creo que debas ser pastor en este momento”.

Nadie me había hablado así nunca. O por lo menos, no había prestado atención. La mayoría de las personas estaban dispuestas a pasar por alto mis luchas debido a mi talento notable o personalidad. Pero a Reid no lo importaba nada de eso. Él amaba a Dios, y me amaba a mí.

Carrie y yo regresamos a casa, nos reunimos con unos pocos amigos confiables fuera de la iglesia, y luego organizamos una reunión con nuestros ancianos. Mientras les entregaba una copia de la carta, les dije: “Mi vida y ministerio están en sus manos. Díganme qué hacer”.

El yunque

Un yunque es una superficie dura en la que un objeto es colocado para ser golpeado. El año 2007 fue el yunque en el que fui golpeado por la buena mano de Dios. Fue el año más brutal de mi vida, y estoy seguro que para la vida de muchos de esos ancianos, también. Mi pecado puso a aquellos hermanos a través de una gran angustia. Eran buenos hombres que amaban a Cristo y solo querían verlo engrandecido en su pueblo. Pero les lancé un problema a sus manos que ni ellos ni yo sabíamos cómo tratar.

De alguna manera, el contenido de la carta pasó a otra persona en nuestra iglesia. Esa persona lo compartió con otros, y bueno, si has vivido alguna vez en un pueblo pequeño, sabes lo que pasó luego. Los rumores se esparcen rápidamente, con especulaciones de todas las formas más oscuras que puedas imaginar.

Los ancianos sugirieron que realizáramos una reunión para que confesara públicamente mi pecado. No teníamos una membresía con significado en ese entonces, lo que dejó la reunión abierta a todo el que quisiera atender. Como pueden imaginar, todo tipo de personas, algunos que nunca habían visitado nuestra iglesia antes, aparecieron.

El tiempo pasó lentamente mientras estaba sentado en la plataforma esa tarde. Mis grandes temores se estaban volviendo realidad, y aun así estaba agradecido por ello. Vivir una mentira es agotador: el siempre presente temor de que alguien encontrara mi historial de búsquedas, el diablo chantajeando mi corazón con recuerdos vergonzosos, y yo pretendiendo estar bien cuando no lo estaba.

En la siguiente hora, narré mi pecado a todos los que asistieron. Otro anciano hacía preguntas. Algunas personas lloraban. Algunos gritaban. Algunos me miraban con ojos que perforaban más profundo que una espada. Algunos me abrazaron luego. Algunos se fueron y nunca más me hablaron.

Al día siguiente, la iglesia recibió llamadas de personas que no pudieron asistir y preguntaron si podríamos hacerlo otra vez. Lo hicimos. Le siguieron meses de reuniones privadas, intervenciones, sesiones de consejería, y conversaciones llenas de lágrimas. A menudo sentía que ya había “terminado” con el proceso, pero Dios me aseguró que Él determinaría cuándo acabaríamos.

Durante esos meses mi perro murió, varios ancianos renunciaron, y por lo menos una docena de familias dejaron la iglesia. Además de eso, tuve un accidente casi fatal 50 días antes de mi boda. Estaba arreglando mi jardín cuando el combustible explotó, cubriendo el 12% de mi cuerpo con quemaduras de segundo y tercer grado. Mientras estaba siendo preparado para un traslado en avión, Carrie llamó al hospital para preguntar cómo estaba. La persona respondió: “Si, tiene quemaduras muy graves; estará bien. Dios sí sabe cómo darnos lo que merecemos, ¿no?”.

Nada era más doloroso que ver cómo mis decisiones pecaminosas hundían la fe de las personas que amaba. Mi alma aún se siente perseguida por ello.

Las quemaduras y las palabras afiladas duelen, pero era más doloroso que ver cómo mis decisiones pecaminosas hundían la fe de las personas que amaba. Muchos estuvieron dispuestos a perdonar y seguir adelante. Pero no todos. Algunos no se sentían dispuestos a sentarse bajo la palabra predicada al temer que el predicador pudiera ser un fraude como yo. No compartiré aquí los detalles de sus luchas y extravíos, pero mi alma todavía se duele por la forma devastadora que mi pecado afectó a muchos.

La luz

Hay algo liberador en la luz, incluso si te hace estremecer debido a que has estado en la oscuridad por tanto tiempo. Ese año Dios entró a la oscuridad de mi hipócrita protección de imagen personal, y me jaló hacia su luz liberadora. Fue a través de su liberación que aprendí a confiar en Él de maneras que habían sido teóricas antes.

Salir a la luz daba miedo. Le di a Dios, y a otras personas, las riendas de control. Por mucho tiempo intenté controlar mi mundo cubriendo mi pecado, pero Dios me llamó a rendirme. No podía hacer más aquellos días sino solo abrir mis manos y dejarlo obrar a través de personas imperfectas y de un proceso imperfecto, en su manera perfecta.

Me convencí de que le puedo dejar a Dios las consecuencias de mi desobediencia. También aprendí que no solo estaba obrando en mí en este proceso; mi pecado y confesión se volvieron el conducto por el que Dios obró en muchas personas más. Su actitud moralista, la falta de perdón, y la incredulidad de ellos fue expuesta, también. Dando vueltas alrededor de muchos de nosotros había sentimientos de traición, vergüenza, dolor, confusión, enojo, y miedo. Y en el revoloteo, Jesús se mantenía firme. Probó ser mi Buen Pastor, y el de ellos.

Luego de unos meses en este proceso, muchos mentores amados me animaron a irme y empezar en otro lugar de nuevo. Pero muy en el fondo, sabía que a menos que mi iglesia me despidiera, debía quedarme sin importar cuán doloroso fuera el proceso. Dios me convenció a través de su Palabra que mi pecado había causado este lío, y necesitaba quedarme y soportar sus consecuencias.

En un punto, recuerdo estar acostado boca abajo en la alfombra de mi dormitorio. Y dije gritando: “He confesado cada pecado que he cometido, Dios. ¡No sé que más hacer!”. No me habló audiblemente, pero lo sentí diciendo: “Ahora empezaré a usarte”. El Señor me había aplastado porque me amó, y porque no había terminado conmigo todavía.

La restauración

Después de un año, Dios cerró ese capítulo en la vida de nuestra iglesia. Detrás nuestro habían lecciones aprendidas y más daño colateral del que a veces puedo soportar pensar. El siguiente capítulo trajo un nuevo día con una nueva atmósfera en nuestra congregación.

Muchos empezaron a confesar sus propios pecados ocultos. La actitud moralista fue expulsada, y la sanidad sobrenatural vino a mí y a la congregación que quedó. Me mantuve como pastor por otros dos años antes que Dios me llevará lejos de ese rebaño.

Me estremezco al pensar qué hubiera pasado si Dios nunca hubiera expuesto y aplastado mi pecado de la manera que lo hizo. Fue el peor y mejor año de mi vida. Nunca desearía pasar por ello otra vez, pero nunca cambiaría la cercanía a Dios que obtuve de ese momento.

Aquí hay cinco lecciones que aprendí que pueden ayudar a otros que batallan con pecados ocultos.

1. La presión a fingir es real.

No necesitas ser pastor para conocer la presión a fingir que lo tienes todo resuelto. A nadie le gusta ser expuesto. Nuestra vergüenza siempre busca asilo en la oscuridad. Nuestros primeros padres sabían esto cuando se escurrieron entre sombras del Edén (Gn. 3:8).

Si eres pastor, recuerda que la presión que sientes para verte capaz e impecable no viene del Padre. Es Satanás quien se disfraza como ángel de luz (2 Co. 11:14). No caigas en su llamado a encubrir quién eres realmente.

2. La hipocresía debe morir.

Luego de mi confesión, un querido amigo me dio un mensaje intencionado. Con un tono firme pero amable, dijo: “Jesús fue muy paciente con los pecadores sexuales, pero fue muy duro con los hipócritas. No puedes seguir a Jesús mientras pretendas que no lo necesitas realmente”.

Tenía razón. Predicaba sermones acerca de necesitar a Jesús, mientras solo fingía vivir lo que estaba predicando. Si no te quitas la máscara de la hipocresía y respiras el aire de la honestidad, tu alma se marchitará. El engaño se hace más oscuro. Empezarás a creer que estás seguro en tu pecado. Jesús murió por nuestra hipocresía y resucitó para darnos el poder de alejarla de nosotros.

Si no te quitas la máscara de la hipocresía y respiras el aire de la honestidad, tu alma se marchitará.

3. El tiempo para la honestidad es ahora.

Si estás escondiendo pecados, puedes salir con excusas razonables y profundas para esperar una siguiente ocasión para ser honesto. Tu carne se asustará y dirá que nunca sucederá de nuevo. No caigas en ese truco. Hoy es el día para confesarlo todo.

Jesús prometió que todo lo hecho en la oscuridad vendrá a la luz en el juicio de Dios (Lc. 12:2). Aún así, hay misericordia para aquellos que deciden traer a la luz lo que hicieron antes de ese gran día. Si tienes pecado sin confesar, ¿te comprometerías a compartirlo con Dios y con otro amigo cristiano confiable y cercano? Si dices que no, ¿por qué no? ¿Qué te impide honrar a Dios haciéndolo? Cualquiera sea la razón que tengas, revelará los ídolos con los que intentas obtener vida en lugar de hacerlo con Jesús.

4. No puedes hacerlo solo.

Necesitas a alguien en tu vida que te conozca, que te conozca de verdad. No alguien que entiende de manera general cómo luchas, sino alguien que sepa el estado de tus afectos y luchas con el pecado al día de hoy. Todos necesitamos a alguien al lado con quien podamos ir a confesarnos constantemente, arrepintiéndonos y confiando en Jesús.

5. Jesús nunca te dejará.

No importa lo que la honestidad te pueda costar, Jesús estará contigo (Mt. 28:20). Promete nunca dejarte ni desampararte (He. 13:5) Promete que estás completo en Él (Col. 2:10). Promete que nada te separará de su amor (Rm. 8:31–39). Promete completar la buena obra que empezó en ti (Fil. 1:6). Promete caminar contigo a través de los días oscuros que acompañen tu honestidad (Sal. 23:4).

Dios ha sido muy bondadoso contigo, ¿verdad? Querido amigo, su bondad está diseñada para llevarte al arrepentimiento (Rm. 2:4). Hoy es el día para entregarlo todo.

Y a las iglesias que puedan haber sido dejadas a punto de caer, no se desesperen. El Señor las cuidará así como ustedes cuidan a su pastor y se cuidan entre ustedes. Oren mucho, busquen consejo sabio, y confíen Jesús, quien es el mismo ayer, hoy y por siempre (Heb. 13:8).

Fuente: https://www.coalicionporelevangelio.org/

sábado, 4 de enero de 2020

¿Qué hacer si he caído en pecado sexual con mi novio?


Un amigo pastor me decía el otro día que en menos de un año de haber plantado una iglesia, ya había tenido que ver varios casos de fornicación entre sus miembros. 

Luego de haber servido con jóvenes por años, y de haber tenido un año de noviazgo con la mujer más hermosa del universo, puedo decirte en amor que entiendo lo fuerte de la tentación sexual. Sin embargo, lo frecuente de un pecado no hace de la voluntad de Dios algo diferente:

“Porque ésta es la voluntad de Dios: su santificación; es decir, que se abstengan de inmoralidad sexual; que cada uno de ustedes sepa cómo poseer (tener) su propio vaso en santificación y honor, no en pasión degradante, como los Gentiles (paganos) que no conocen a Dios”, 1 Tesalonicenses 4:3-5

¿Quieres saber cuál es la voluntad de Dios para tu vida? Puedo decírtelo sin temor a equivocarme: huye de cualquier satisfacción sexual con alguien que no sea tu esposa. Eso implica la abstinencia total fuera del matrimonio, el huír de la pornografía, el correr del adulterio, y el guardar en santidad el tiempo de amistad y noviazgo antes de casarse.

La fornicación es pecado. Es horrendo delante de Dios. Daña nuestra relación con Él. Nos hace sentirnos sucios e indignos. Nos convierte en hipócritas cuando estamos sirviendo en la iglesia o aconsejando a los demás. Empodera a la carne y perjudica la influencia del Espíritu en nuestras vidas. No importa cuánto diga la cultura que es algo normal; no importa cuántos de tus amigos hayan hecho lo mismo; no importa cuánto Satanás te diga que no es tan malo; no importa cuánto te hayas engañado a ti mismo. Si eres cristiano, tú sabes dentro de ti que es el sexo antes del matrimonio es pecado. Y si ya has caído en fornicación, o estás entreteniendo ideas sexuales con alguien que no es tu esposa, tú sabes que necesitas parar. AHORA.

“Pero que la inmoralidad, y toda impureza o avaricia, ni siquiera se mencionen entre vosotros, como corresponde a los santos”, Efesios 5:3.

Como todo pecado, la fornicación no solo perjudica nuestra relación con Dios. Tal vez más que ningún otro pecado, las relaciones sexuales antes del matrimonio hacen un daño increíble para la relación. No tengo que decírtelo nueva vez: tú ya lo sabes. Si han caído en pecado sexual, su relación ha sentido los abates. Las cosas ya no son igual: ha crecido la desconfianza entre los dos, las discusiones son más frecuentes, y los tiempos a solas han perdido mucho de su encanto. Por tal razón, es necesario arrepentimiento y volver a la voluntad de Dios. A continuación te presento algunos consejos sustentados en la Palabra que oro puedas seguir si este es tu caso, o puedan servir para aconsejar a otros y aun a ti mismo.

1. Confiesa tu pecado.

“El que encubre sus pecados no prosperará, Pero el que los confiesa y los abandona hallará misericordia”, Proverbios 28:13

Llama las cosas por su nombre. Como pareja, admítanse uno a otro que la fornicación es ofensivo a Dios. Que es pecado. No lo escondas, porque no prosperarás. Puede que en este momento solo lo sepan ustedes dos, pero que esto siga siendo así sería lo peor que puede pasarles. En Su misericordia hay perdón para todo el que se arrepiente y aparte de su pecado. Este arrepentimiento conlleva confesión. Y no el uno al otro: deben confesarlo ante alguien más. Esto nos lleva al segundo punto.

2. Ve donde tus mentores/pastores.

“Por tanto, confiésense sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados. La oración (súplica) eficaz del justo puede lograr mucho”, Santiago 5:16

No cabe dudas de que nuestro mediador es Jesucristo. No necesitamos confesar nuestros pecados ante algún hombre para ser perdonados. Sin embargo, sí necesitamos la guía de los hombres dados por Dios a su iglesia. Necesitamos el consejo de nuestros pastores. Por tal razón, tan pronto reconozcan la fornicación como pecado, hagan una cita prontamente con su pastor y reconozcan su situación y pídanle su guía. Ve con el corazón dispuesto a que sea Dios quien les sustente y ordene.  

Los próximos consejos son cosas a tomar en cuenta en base a la guía de tus pastores y mentores. Si ellos te recomiendan algo diferente a lo que aquí escribo, con toda probabilidad sigue lo que ellos digan. Te conocen mejor: velan por tu alma: van a rendir cuentas de su cuidado hacia ti. Sigue su consejo y, con el poder del Espíritu y la Biblia en la mano, da los pasos que sean necesarios para honrar a Dios y sanar tu relación.

3. Sepárense momentáneamente.

“Huyan de la fornicación. Todos los demás pecados que un hombre comete están fuera del cuerpo, pero el fornicario peca contra su propio cuerpo. ¿O no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en ustedes, el cual tienen de Dios, y que ustedes no se pertenecen a sí mismos? Porque han sido comprados por un precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios”, 1 Corintios 6:18-20

Hay diversas razones por la que una separación inmediata es lo ideal. Tres de ellas:

a. Ya han mostrado que no tienen suficiente dominio propio como individuos en esta relación. Por tanto, huir de la fornicación conlleva alejarse el uno del otro.

b. La relación ha sido teñida por el pecado, y es necesario que cada cual pueda ser aconsejado y buscar a Dios sin las presiones de mantener una relación.

c. El pecado tiene consecuencias. Es importante para el arrepentimiento el sentir el peso de las acciones cometidas. Si luego del pecado sexual ambos continúan como si nada hubiera pasado, en poco tiempo la carne les convencerá de que genuinamente nada ha pasado.

4. No descarten el matrimonio.

“ESTE ES EL PACTO QUE HARE CON ELLOS DESPUES DE AQUELLOS DIAS, DICE EL SEÑOR: PONDRE MIS LEYES EN SU CORAZON, Y EN SU MENTE LAS ESCRIBIRE,” añade: “Y NUNCA MAS ME ACORDARE DE SUS PECADOS E INIQUIDADES.” Ahora bien, donde hay perdón (remisión) de estas cosas, ya no hay ofrenda por el pecado”, Hebreos 10:16-18

Como el punto anterior, para esto debes una vez más buscar el consejo de tus pastores. Es posible que la relación esté tan dañada, o el matrimonio esté tan lejos, que lo mejor para ustedes es separarse sin siquiera imaginarse volver en un futuro. Si no han podido parar su pecado, eso implica que hay otras situaciones y patrones de pecado en su vida que les dificultará tener un matrimonio santo. Pero no necesariamente es este el caso en cada relación. El evangelio hace posible que relaciones que hayan tenido un pasado pecaminoso puedan tener un futuro glorioso. Lo horrendo del pecado de David con Betsabé conllevó la muerte de ese hijo. Pero Dios usó esa relación con un pasado tan oscuro para traer a aquel sabio rey, Salomón (2 Sam. 12:24).

Además de esto, creo que tampoco debemos olvidar el principio detrás de Éxodo 22:16: “Si alguien seduce a una doncella que no esté comprometida para casarse, y se acuesta con ella, deberá pagar una dote por ella para que sea su mujer”. Para el Señor, luego de fornicación, el matrimonio sigue siendo una opción. De esa forma, Dios cuida la integridad de los individuos, protege a la mujer de daños futuros, y guarda a ambos de traer otras experiencias sexuales a matrimonios futuros. Otra vez, vuelve al punto dos y busca el consejo de tus pastores. Pero no supongas que su pecado significa que no podrán contraer matrimonio.

5. Recuerda el evangelio.

“Esto traigo a mi corazón, por esto tengo esperanza: Que las misericordias del Señor jamás terminan, Pues nunca fallan sus bondades; son nuevas cada mañana; ¡Grande es tu fidelidad!”, Lamentaciones 3:20-23

Quedarte rememorando tu pecado una y otra vez, olvidándote del perdón que hay en Jesús, solo te servirá para deprimirte y desanimarte. Como dice un poco más adelante este texto: ”¿Por qué ha de quejarse el ser viviente? ¡Sea valiente frente a sus pecados! Examinemos nuestros caminos y escudriñémoslos, y volvamos al Señor” (Lam. 3:39-40). No te quedes en quejas, ¡sé valiente frente a tu pecado! Escudriña tus caminos, lamenta tu pecado, y corre a la cruz. Una y otra vez.

El Señor te ha perdonado y te ha hecho parte de su familia, la Iglesia. Ahora tienes una familia con la cual caminar, un Padre que te recibe en amor, un Hijo que te da el perdón, y un Espíritu que te empodera para vivir en santidad. Rinde cuentas regularmente. Ve ante el trono de la gracia diariamente. No te confíes porque ya hace meses que no caen nueva vez en pecado y ya está todo bien. Recuerda qué tan pecaminoso es el pecado, y cómo puede engañarte. Recuerda qué tan hermoso es tu Salvador, y cuán digno es de tu esfuerzo por honrarle. Él está más interesado que tú mismo en que puedas vivir en santidad, así que, confíesa tu pecado, corre a Él, y espera en sus fuerzas.

Fuente; https://www.coalicionporelevangelio.org/

lunes, 11 de noviembre de 2019

¿Es necesario orar?

¿La oración cambia las cosas?



El tema de la oración al principio le resulta fácil a todo nuevo creyente. 

Como un niño ante el Padre (Lc 18:17), al llegar a la fe en Cristo, nos damos cuenta, no solo de que tenemos necesidades, sino de que el Señor es el mejor y único proveedor de nuestras necesidades. Por esta razón, vamos rápida y voluntariamente al Señor en oración, presentando todas nuestras preocupaciones ante Él, sabiendo que Él se preocupa por nosotros (1 Pe 5:7).

Debemos orar en el nombre de Jesús, bajo Su autoridad y de acuerdo con la voluntad de Dios.
Pero luego algo le sucede a nuestra sencillez infantil, a medida que estudiamos más la Biblia. Llegamos a una mayor comprensión de la naturaleza de Dios: que Él lo sabe todo (Sal 145:17; Jn 16:30) y que Su voluntad no puede ser frustrada por alguna criatura o circunstancia (Sal 46:10; Pr 19:21). Estas verdades pueden afectar nuestra visión de la oración.

¿Por qué orar si, después de todo, Dios ya sabe lo que necesitamos? 

Jesús nos dice en el Sermón del Monte que Dios ya conoce nuestras oraciones incluso antes de que las pidamos (Mt 6:8) y que Él conoce tan bien nuestras circunstancias que incluso los cabellos de nuestras cabezas están contados (Mt 10:30). ¿Por qué orar si no hay ninguna diferencia fundamental, ya que, después de todo, Dios obra todas las cosas según el consejo de Su voluntad (Ef 1:11)?

Necesitamos pensar en la oración menos en términos de cómo obtenemos las cosas que necesitamos de Dios y más en términos de nuestra relación con Dios. Dicho sin rodeos, Dios no necesita la oración. Él no cuenta con nosotros para que le hagamos ver nuestras necesidades, y tampoco está esperando que le pidamos para Él actuar. No, Dios es Dios, y Él es el gobernador soberano del universo. Pero también es nuestro Dios, y ha entrado en una relación con Su pueblo, convirtiendo en hijo Suyo a cada persona que confía en Jesucristo. Dios ha dado la oración como un medio para que podamos acercarnos a Él, confiar en Él y comprender que Él nos ama y se preocupa por nosotros. Podríamos decirlo de esta manera: 

si la Biblia es la forma en que el Señor se comunica con nosotros, la oración es la forma en que nosotros nos comunicamos con Él. La comunicación es crítica para cualquier relación y esto es verdaderamente cierto en nuestra relación con Dios.

Dios también usa la oración para provocar cambios en nosotros. Debemos orar en el nombre de Jesús, bajo Su autoridad (Jn 14:13) y de acuerdo con la voluntad de Dios (1 Jn 5:14). Seguir este modelo bíblico de oración nos enseña a buscar la voluntad de Dios y a venir al Señor con el deseo de que nuestras vidas reflejen la gloria de Dios y la imagen de Jesucristo. Piensa en esto por un momento: 

¿Qué tiene más significado eternamente: que nuestras circunstancias cambien o que seamos más como Jesús? Cuando miramos la oración bajo esta luz, vemos el verdadero poder de la oración. La oración es un medio de gracia que el Señor usa para moldearnos más y más a la imagen de Cristo (ver Rom 8:29).

Finalmente, la oración es también un medio que Dios usa para traer a cumplimiento Su voluntad, no porque Él dependa de la oración, sino porque ha elegido usar la oración para ese fin. Un ejemplo de esto en el Antiguo Testamento es el clamor de los israelitas en Egipto (Éx 2:23-25). El Señor ya había prometido liberar a Su pueblo de la esclavitud (Gén 15:13-14), ya había afirmado esa promesa en Su pacto, y aun así escogió usar las oraciones de Su pueblo para iniciar Su liberación. 

Recordemos esto cuando estemos desanimados o nos sintamos impotentes. Vayamos al Señor en oración y oremos para que Él cambie tanto nuestras circunstancias como a nosotros mismos.

Fuente: https://es.ligonier.org/

sábado, 21 de septiembre de 2019

¿En cual grupo estás en las Prudentes o Insensatas?

Las Vírgenes 

La parábola dice que el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que con lámparas salieron a recibir al esposo. Se compara el Reino de los Cielos a una actividad: salir a recibir al Esposo. El énfasis del mensaje está en cómo hacerlo.

Todo el grupo salió a recibir al esposo. Todas tomaron sus lámparas. Y todas las lámparas fueron encendidas.

Jesús señala aquí, que son diez. Luego dividió al grupo; comienza a hablar de individuos, porque quiere destacar que la cosa en cuestión es de decisión personal.

En todos los aspectos de esta vida diferentes personas resuelven un mismo asunto de maneras distintas. Eso es normal, así sucede. Una misma situación siempre se enfrenta de diversas maneras. La prudencia no es algo general, ni tampoco lo es la insensatez. El grupo de las diez no recibió un solo resultado común, porque cada una obtuvo conforme a su actitud personal, conforme a su propia manera de vivir. Quizá debido a eso Jesús advierte: Algunos no harán las cosas de la manera correcta. Y sufrirán pérdida.

Sorprende, viniendo de parte de Jesús, que él separe el grupo en dos, aunque realmente no es él quien genera la división, sino las propias vírgenes, con sus actitudes. Cinco entraron luego con el esposo, cinco no. Esta consideración asusta un poco y nuestro corazón se cubre rápidamente diciendo que se trata de una ilustración. Pero, lo sea o no, es bueno preguntarnos: “¿En cuál grupo me encuentro yo?” Si las diez vírgenes representan a todos los redimidos, a toda la iglesia, ¿puede ser que Jesús esté advirtiendo con esta parábola que tanto como la mitad pueden perder la entrada? ¿Será posible que tantos no lleguen a participar de la boda, a pesar de que salieron de sus casas con el exclusivo propósito de recibir al Esposo y entrar con él ?

Diez vírgenes fueron diez decisiones. Coincidió en la historia que cinco y cinco pensaron igual, pero Jesús nos está diciendo: "Hablo de Ti".

últimamente el Espíritu Santo está mencionando esta parábola en muchos mensajes de diferentes predicadores, y en los más variados énfasis. ¿Por qué? Porque el tema es para considerarlo seriamente. Cinco vírgenes eran prudentes y cinco actuaron insensatamente. ¿De cuáles soy yo?

Me dí cuenta que para poder responder, antes necesitaba entender el significado de las palabras “prudencia” e “insensatez”, porque, es curioso, pero normalmente decimos que “imprudente” es lo opuesto a “prudente”. Utilizamos las palabras “prudente/imprudente” en relación a “cauteloso” o a “uno que tiene cuidado”, pero no pensamos que sea “insensato” quien no es “prudente”. Mas Jesús utiliza aquí ese sentido. Busqué aclarar estos conceptos antes de seguir, para no malinterpretar todo el asunto.

Hallé lo que cualquier diccionario explica: “Prudencia es discernimiento entre lo bueno y lo malo, para seguirlo o huir de ello”. En otras palabras, es la capacidad de distinguir, de diferenciar entre lo bueno y lo malo,... ¡para actuar! La prudencia no es solamente discernir, no es solamente darse cuenta, sino que incluye una acción que sigue a ese darse cuenta. ¡Actuar de acuerdo con lo discernido! Prudencia es ver y obrar.

Por eso Jesús llamó “prudente” -en Su otra ilustración acerca del Reino de Dios- al que edificó su casa sobre la roca y no sobre la arena. Vio arena y no edificó, y vio roca y sí edificó. Discernió lo correcto e hizo de acuerdo a ello.

¿Y un “insensato”? Es uno que no posee la sensatez; que habla u obra sin ella. Uno que no razona, que no juzga, que no compara sana o correctamente. Y que luego, por supuesto no obra de acuerdo al buen juicio. En la misma historia mencionada de Mateo 7, Jesús dice: "Cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato...” Estos son los significados de “prudente” e “insensato”.

Ahora estaba mejor equipado para escudriñar en qué consistía la insensatez o la prudencia de las vírgenes.

Todas esperaban al Esposo. Conocían y creían aquella palabra de que el Esposo volvería, y cuando escucharon el clamor, salieron inmediatamente a recibirle. Le deseaban. Habían estado esperando este momento. Todo parece estar bien. ¡Diez vírgenes enamoradas del Esposo salen a recibirle! Sin embargo, había diferencias entre ellas. Diferencias que a simple vista no se veían, pero estaban en ellas, y quedarían descubiertas con los acontecimientos que venían. ¿Habrá algo de ellas que también se encuentre en mí?

Aquél clamor se oyó cuando ya empezaba a oscurecer, así que todas tomaron lámparas en sus manos; cada virgen tenía la suya, y sería lógico pensar que todas las llenaron bien de aceite antes de salir. ¿Mas en qué consistió el discernimiento de las prudentes, que quisieron llevar una vasija con aceite adicional en la otra mano? ¿Y cuál fue la ceguera de las insensatas, que no hicieron lo mismo?

Parecería haber varias razones, pero una está relacionada con nuestra actitud hacia la lámpara misma. Tener la lámpara llena de aceite, bien encendida y emitiendo una luz fuerte es lo que cada uno de nosotros desea, ama y disfruta. Con todo, hay una realidad que no debemos olvidar: ¡No hemos sido redimidos solamente para tener nuestro ser lleno de aceite y arder y tener luz! Por más hermoso que esto sea, por más deseable, por más que nos bendiga tanto a nosotros y a otros, el propósito final de Dios no es que terminemos siendo vírgenes con lámparas. Está en Sus planes que tengamos la lámpara funcionando, pero la lámpara no es lo que él quiere para nosotros como fin. No.

Del Antiguo Testamento aprendemos que si este fuese el propósito final de Dios, el candelero de oro (la lámpara de ese lugar) dentro del tabernáculo de Moisés habría sido la pieza más importante del mobiliario. Pero no lo fue. Su existencia era necesaria, lleno de aceite, encendido y ardiendo continuamente, nunca debía apagarse; su luz era necesaria, pero a pesar de ello, no era el mueble más importante. ¿Cómo entonces? Tanto luchar en Dios y rogarle y pedirle ser llenos y arder y tener luz, ¿para que me digan que eso no es “lo máximo”? Pues, es muy alto, e imprescindible para la vida misma; pero no, no es la meta.

Por aquí está el peligro que la iglesia debe considerar en su peregrinar y que originó la mala decisión de las vírgenes insensatas. Ellas pensaron: “Nuestras lámparas están llenas y encendidas; arden y su luz está alumbrando. ¡Ya puedo afrontar cualquier cosa que el Señor me pida! No hay más lugar vacío en mí; todo lo llenó él. Esto que está en mí es Dios mismo; es Su Espíritu mismo dentro de mí. Es eterno, ¡nunca se acabará! Lo que Dios llenó no se vaciará.”

No juzgaron sensatamente. Es la misma manera de pensar de aquél rico que se dijo: “Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate.”

Las vírgenes insensatas creyeron que ya lo tenían todo para acceder al lugar de las bodas. Y realmente... casi lo tenían. Fascinadas por la belleza del don, de lo que él había puesto en ellas, no se dieron cuenta de que habían bajado la mirada del Dador.

Ceder el más alto lugar a lo que poseemos hoy porque arde en nosotros con fuego y luz, es muy riesgoso; nos hace perder de vista lo que realmente es primero. Es un peligro muy sutil, adorar lo que hemos recibido de Dios en vez de a Dios que nos lo dio. Enaltecer la lámpara que tenemos por lo bien que funciona, nos desubica. Es cierto que la gloria del fuego y su calor nos asombran y nos llenan de felicidad. Nos sentimos adoptados por él y guardados por Su Mano, pero enaltecer la lámpara nos hace caer en un desvío, en una trampa. Dios no es quien pone las trampas en el camino, mas el enemigo de nuestras almas sabe de nuestras codicias y egoísmos y concupiscencias y nos prepara los caminos laterales. Si no nos cuidamos ¡de nosotros mismos! podemos caer en la trampa y no llegar al final.

El valor que merece la lámpara encendida en nosotros tampoco debe ser menospreciado, porque es genuino, porque es algo que Dios mismo da, es parte de Sí mismo, es Su Espíritu, es Su gloria, y es indispensable para poder recibir al Señor que viene; sin embargo, a pesar de su gran importancia, es solamente el utensilio santo. Es el que nos permitirá ver el camino, porque he aquí que estamos saliendo a recibir al Esposo, y cada vez se está haciendo más de noche.

Las vírgenes insensatas creyeron que estaban completas. Parecía que estaban completas, pero olvidaron que un fuego que arde y produce luz va consumiendo el aceite existente... hasta terminarlo. Y no previeron una posible demora del que venía. (¿O sería presunción en ellas, que decía: “¡No hay problema, con lo que tengo me alcanza y sobra!”).

Bunyan relata en su libro “El Peregrino” una situación: El Intérprete lleva a Cristiano hasta un lugar donde había un fuego ardiendo al costado de una pared. Había un hombre echando agua sobre el fuego, pero éste ardía cada vez más brillante y más ardiente. Cristiano dijo entonces: —¿Qué significa esto?. El Intérprete le contestó: —El fuego es la obra de gracia en el corazón humano. El que echa agua para apagarlo es el diablo. Pero, como ves, el fuego arde más brillante y más ardiente. Te mostraré el motivo. El Intérprete lo llevó detrás del muro. Allí vio a otro hombre con un cántaro de aceite en su mano, vertiéndolo continuamente debajo del fuego.

—¿Qué significa esto?, preguntó Cristiano. El intérprete respondió: —éste es Cristo. Usa el aceite de Su gracia para mantener la obra ya comenzada en el corazón de Su pueblo. Los que pertenecen a Cristo son hijos de la gracia, y el poder del diablo, aunque grande, no puede apagar el trabajo de gracia empezado en sus corazones.

Me preguntaba anteriormente en qué consistiría la diferencia entre ambos grupos de vírgenes, pues querría saber en cual lado estoy. Y observé que no fue que las vírgenes insensatas no tuvieran luz, porque sí la tuvieron. Pero ellas no tuvieron luz en el momento en que fue necesario tenerla. De nada les sirvió haber tenido sus lámparas llenas de aceite días atrás, o aun esa mañana. Tuvieron gran alegría durante aquél tiempo, pero cuando el Esposo llegó, a sus lámparas se les había terminado el aceite; estaban vacías. Dicho de otra manera, de nada sirve andar lleno hoy, si cuando él venga me halla vacío.

La razón principal por la cual las insensatas no tomaron vasija adicional en su mano libre, posiblemente fuese porque su alegría se limitaba a tener y ver como ardía su propia lámpara, y no les interesaba entender por qué debía arder. Su mayor regocijo estaba en el hecho glorioso de tenerla ardiendo. Como si dispararan bengalas hacia la noche para ver la maravillosa figura de chispas multicolores que embellecen el cielo, y luego, cada vez que aquellas se extinguían corrían a comprar otra, sólo para ver el bello espectáculo otra vez.

La insensatez de aquellas vírgenes nació al posar la mirada sobre el objeto equivocado. Poniendo los ojos sobre la belleza de sus lámparas, que por supuesto se veían más honorables y hermosas cuando ardían, iban vez tras vez a los que vendían, pero compraban solamente la cantidad necesaria para tenerlas llenas. Cuando les parecía que precisaban aceite, cuando les parecía que estaban precisando luz, irían a los vendedores con sus lámparas y les dirían: —Llénemela.

—Ah, ¡estoy llena otra vez! Volveré tranquila ahora a continuar esperando al Esposo. Los buscadores de “ser llenados” vez tras vez, son los que miran hacia sí mismos, (¿será como “buscando lo suyo propio y no lo que es de Cristo Jesús”?) y cuando ven todo glorioso a la luz del aceite divino que arde en sus corazones, ponen su confianza en sus propias capacidades y en las que se adquieren cuando arde el Espíritu. Ciertamente hasta cierto punto han consagrado sus vidas, pues sin la mecha no habría fuego sobre ellos, pero tienen la mirada puesta en lo equivocado. Embelesados de lo que Dios les ha provisto, pierden de vista el propósito principal.

Las vírgenes insensatas fueron llenas de esa gracia que Intérprete le mostró al Peregrino, pero la diferencia con las prudentes consistió en que por alguna razón —no explicada en el texto— se separaron de la provisión.

Tampoco sabemos qué movió a las prudentes a tomar la vasija con la provisión, pero estas ciertamente sí recordaban que el aceite es algo que se consume. Y no querían correr el riesgo de que se les terminara justo cuando más hiciera falta. Tomar otra vasija con aceite era la manera de mantenerse conectadas continuamente con la provisión. Nuevamente el candelero del Tabernáculo de Moisés nos enseña el secreto de su permanente luz: estaba conectado por tubos al depósito principal. Debía arder continuamente, y no se correrían riesgos de que se apagara. Dios exigía que las lámparas ardieran sin cesar para lo cual el sacerdote se ocupaba todas las mañanas y todas las tardes de mantener lleno de aceite lo que se iba consumiendo del depósito escondido.

Hay peligro de insensatez cuando pensamos: —¡Ya lo tengo! ¡Lo logré!, porque no estamos vien do el depósito detrás y encima nuestro. Es cierto que se nos escapa cuando somos llenados por primera vez, pero seguir pensando así por mucho tiempo es un error. Porque lo que tenemos es de Jesús. Lo tenemos porque él nos lo dio. Es de él; para nosotros, pero de él. Justamente por eso, él solamente es quien lo puede mantener. Nada podemos hacer para obtenerlo, porque es por gracia, y la gracia es eso: Gracia. Menos podemos hacer para mantenerlo. Una uva, por más gorda y jugosa que se vea, no debe pensar que no precisa más de la vid, pues el jugo que hay en ella (y su misma existencia) es producto de la vid. Despréndase la uva y muy pronto el sol que no le podía hacer nada mientras colgaba en el sarmiento, la marchitará apenas la encuentre separada de su fuente.

Las vírgenes insensatas no discernieron la necesidad de una continua dependencia de la provisión de aceite; cuando lo tenían quedaban como ciegas, como encantadas por lo que tenían, y adoraban eso. En cambio las prudentes apartaron de sí mismas cualquier sentir de autosuficiencia y pusieron su dependencia en Aquél quien alimentaba su fuego y que permitía su luz. No consideraron su fuerza, sino que tuvieron temor. No se apoyaron en la capacidad de sus lámparas ni en la fuerza con que iluminaba el fuego sobre el aceite y la mecha; no se consideraron ya “espiritualmente” independientes y preparadas, sino que se extendieron hacia la continua dependencia de una Vasija Mayor.

Son dos formas de vivir: La de ser llenado, vivirlo hasta que se consume y luego ir otra vez “a los que venden” para ser llenado otra vez, o la otra, gastar un poco más, pero poseer una vasija que permita estar lleno continuamente. Son dos distintas maneras de vivir la vida de Dios en nosotros.

Mirar lo correcto, discernir con prudencia, es entender que la lámpara ardiendo es indispensable para estar en luz cuando el Señor venga, sabiendo que sin ella no podremos recibirle, y la acción que sigue a ese buen discernimiento es protegernos contra cualquier riesgo de que se nos apague. Está aquél que buscará ser llenado y brillar, lo deseará y lo disfrutará, pero sus ojos siempre estarán en Jesús, sabiendo que si el Señor no está, de nada sirve todo esto. Y está aquél cuyo afán es ser lleno, y lo será, y disfrutará seguramente del verdadero arder del Espíritu, pero su satisfacción se queda en el hecho de andar lleno y brillar frente a los demás (y obviamente bendiciéndolos). Sus ojos están sobre sí mismo, amándose a sí mismo en ese vestido de gloria de Dios. Al que ama ser lleno y arder y alumbrar y tan sólo eso, aunque esté "cumpliendo la Gran Comisión", su propio corazón le ha engañado sutilmente. No ama a Jesús por lo que Jesús es, sino por los beneficios que de Jesús recibe.

Jesús nos ama y por eso incluyó esta parábola en las Escrituras. Hay trampas en el camino, y ésta es una bastante encubierta, porque como uno está tan lleno del gozo por la gloria de Dios, no presta atención a la suave vocecita del Espíritu diciendo: “¡Cuidado! La cosa no termina aquí.”

En esta parábola Jesús está diciendo que debemos estar preparados. Es absolutamente necesario poseer esa gloria cuando él venga, pues es necesaria para entrar a las bodas; el Esposo reconocerá a los que están en luz en el momento de Su Venida. Pero también dice que no seamos insensatos, confiando que tenemos suficiente, por mucho que sea. Que seamos prudentes, no sintiéndonos autosuficientes por la gloria que está sobre nosotros, sino que nos mantengamos cerca de la provisión. Que no nos separemos de Cristo, nuestra provisión continua, pues sin él, nada podemos hacer.

¿Puedo saber a cuál grupo de vírgenes pertenezco? Hay una manera de saberlo. Si voy corriendo a la fuente para ser llenado y pasado un tiempo me apago, y voy otra vez y me vuelvo a apagar, y voy otra vez y me vuelvo a apagar, mi fuente está en los que venden.Y como estoy lejos de la provisión, demoro en reencender cuando se me termina el aceite. Pero si la Vasija está al alcance de mi mano, si estoy cercano a ella, si estoy junto a ella como el candelero del tabernáculo,si estoy como unido por tubos de provisión contínua desde la fuente, nunca se acabará el aceite de mi lámpara. Son dos actitudes cristianas diferentes, dos diferentes formas de vivir. El diccionario lo dice: Prudencia es discernimiento entre lo bueno y lo malo, para seguirlo o huir de ello.

Si las diez vírgenes representan a todos los redimidos, a toda la iglesia, ¿puede ser que Jesús esté advirtiendo con esta parábola que tanto como la mitad no tienen los ojos puestos en él?

La insensatez de cinco vírgenes fue que creyeron que lo que habían recibido era todo. Fueron convencidas de que el Cristo ya no les era más necesario.

viernes, 12 de julio de 2019

¿Aflige Dios a sus hijos?

¿POR QUÉ SOMOS AFLIGIDOS POR DIOS?


Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. (Deuteronomio 8:3)

¿Cuál es el origen de las aflicciones? 

La gente que no conoce a Dios dice: “son cosas de la vida“, o para hacerlo más impersonal: “es el destino” (como si se tratara de algún ente místico que gobierna las cosas). Otros atribuyen las aflicciones a la obra del Diablo. Otros opinan que es causa de algún pecado. Pero si conocemos más de la soberanía de Dios, como creyentes en Cristo sabemos que nada escapa a su voluntad. Notar los verbos en este versículo: “te afligió, te hizo tener hambre…” pero también dice: “te sustentó“. Vemos que la prueba es una iniciativa de Dios tanto como la salida a la misma.

Hace poco tuve un episodio médico (no de gravedad, pero sí de incertidumbre). Mi esposa recibía múltiples mensajes por teléfono y la redes sociales de aquellos que nos conocen y se preocupan. Notamos con mi esposa que había una frase recurrente por personas cristianas de distintos lugares y culturas que decían: “Dios está en control”.

Recuerdo haber predicado muchas veces sobre el control de Dios y recordar textos acerca de que “ningún pajarito cae a la tierra (muere) sin que Dios lo quiera” (Mateo 10:29). Pero en las horas de incertidumbre, donde todos los sucesos se agitan, donde no hay tiempo de pensar ni reaccionar se nos nubla esta visión de la soberanía de Dios, y es bueno que otros cristianos nos hagan recordar: Dios está en control… Dios está en control de todas las cosas.

Dios está en control de todo los que nos pasa, y dentro de ese control también tiene sabios propósitos con nosotros. Siempre somos dados a pensar que las aflicciones son  algún tipo de “mal entendido de Dios hacia nosotros”, algo así como: ¡Esto no debería pasarme! ¿Por qué a mí?  ¿Acaso no hay otras personas pecadoras que necesitan ser probadas más que yo?

Veamos en la Biblia cómo Dios afligió a su pueblo Israel y le hizo tener hambre, y lo hizo por sabias razones.

1) PARA AFIANZAR LA DEPENDENCIA CONTINUA DE DIOS

El maná caía cada día, no podían guardarlo como reservas, sino que cada mañana (a excepción del día de reposo) tenían que recogerlo como una muestra del sustento diario de Dios.

2) PARA ENTENDER QUE LA VIDA TIENE UN FIN MAS ELEVADO Y ESPIRITUAL

“No solo de pan vivirá el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Dios”. Estas fue la contestación de Jesús dada al Diablo en Mateo 4:4. Y que es tomada de este pasaje de Deuteronomio. No solamente el mundo, sino aún muchas iglesias creen erradamente que la prosperidad material es un signo de la gracia de Dios. Por el contrario, muchas veces Dios nos hace pasar necesidades para mostrarnos luego su gracia, para que realmente pensemos en el estado de nuestra alma.

Muchas personas al pasar por momentos difíciles de tristeza y necesidad, despiertan a la necesidad principal: La necesidad de Cristo. Hacernos pasar por un desierto sin agua y pan es el método de Dios para despertar la necesidad espiritual de su pueblo acerca de Él. A su tiempo Él hará brotar agua de la roca (Números 20:11) y hará caer pan del cielo, y esto son símbolos de Jesús:

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente. (Juan 6:53 al 58)

No nos equivoquemos. Ser afligidos no evidencia la falta de bendición de Dios sobre nuestra vida, sino que puede ser parte de su proceso para mostrarnos más de su gracia. Nos hará “tener hambre” a propósito para que podamos ser saciados por Él. Y de esta forma, nuestra fe en Dios se verá fortalecida, cuando pasemos tomados de su mano por las aflicciones que Él prepara para sus hijos.

…si es necesario, seáis afligidos con diversas pruebas, para que la prueba de vuestra fe, mucho más preciosa que el oro que perece, aunque sea probado con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando Jesucristo sea manifestado.1 Pedro 1:6- 7

Fuente: palabrafiel.org

martes, 21 de mayo de 2019

Pastores que aman el dinero

"Los pastores tras el dinero de los creyentes"


"Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado", palabras de Cristo cuando encontró a los mercaderes en el templo en Jerusalén (Mateo 21:12-13). "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces" (Mateo 7:15).  
¿Cuántas veces ha escuchado, o exclamado usted mismo, o pensado en su corazón:  "Las iglesias son un buen negocio. Los pastores son unos listos que viven de los creyentes ingenuos, aprovechándose de su bondad y generosidad"?

¿Está esforzándose para perseverar en una iglesia pero tiene dudas o a veces se siente incómodo, aun avergonzado, por la mercadería que hacen de usted y de sus hermanos?

¿Acaso ha decidido no asistir a ninguna iglesia "porque todas son iguales, llenas de mercaderes y adúlteros"?

Lamentablemente, hay que admitir que muchas de ellas son más o menos iguales en este aspecto, pues de una forma u otra, hacen mercadería de lo sagrado. Pero, quisiéramos informarle que existen muchos miles de congregaciones en muchos países que no cometen semejante pecado. Nosotros los creyentes que componemos estas congregaciones repudiamos toda clase de mercadería religiosa. Si usted quiere seguir fielmente a Cristo, ¿no le parece que debería hacerlo también?

¿Se acuerda de lo que hizo Jesús cuando encontró en el templo en Jerusalén a los judios que mercadeaban con lo sagrado? (Juan 2:13-17 )? Con gran celo y vehemencia ¡los echó fuera! ¿Piensa usted que no tratará con igual severidad a los evangelistas, pastores y demás clérigos que profanan a las iglesias con sus negocios y su incesante pedir? ¿Y qué será la suerte de los creyentes que los apoyan? Amigo lector, respetuosamente le rogamos que lea en su Biblia objetivamente y con oración, los textos siguientes: 2 Pedro 2:1-3, 2 Pedro 2:14-22; 1 Timoteo 6:3-5; 2 Corintios 11:20; Romanos 16:17; Apocalipsis 17; Ezequiel 13 y Jeremías 23.

 Según estos pasajes el camino al Cielo no es a través de las iglesias que mercadean con lo espiritual. ¿Acaso diría usted no conocer a ninguna iglesia donde no haya mercaderes al frente? Entonces,  deducimos que nunca ha conocido usted a la iglesia que Jesucristo fundó. Los que no profanamos el evangelio con crasas mercaderías somos la continuación de aquella iglesia. Lo somos, así creemos, no jactándonos sino expresando la confianza que todo hijo de Dios debería poseer, no solo por esta razón sino también porque seguimos las instrucciones del Espíritu Santo en todo lo concerniente a la organización y el funcionanmiento de la iglesia que Cristo edificó (Mateo 16:18). ¿No nos conoce? ¿Nunca ha leído los mensajes bíblicos que publicamos? ¿No ha escuchado nuestros programas radiales? ¿No ha visitado nuestros locales? Si responde en lo negativo, quizás no haya puesto toda diligencia en la búsqueda de la iglesia libre de comercio, de la iglesia netamente bíblica. El deber de cada alma es buscarla hasta encontrarla, aunque no está lejos de ninguno, pues se presenta claramente en las Sagradas Escrituras.

Deseamos que nos conozca para que comprenda que la iglesia bíblica puede existir y cumplir su misión divina en la tierra sin recurrir a mercaderías vergonzosas. No pretendemos presentarle congregaciones donde todos los miembros hayan alcanzado la absoluta perfección moral o espiritual. No obstante el elemento omnipresente de la imperfección humana, los cristianos bien instruidos podemos aprender y predicar la "sana doctrina" (Tito 2:1; 1 Timoteo 4:16), sin hacer mercadería, y esto lo hacemos los "ministros competentes del Nuevo Pacto" (2 Corintios 3:6). Lo hacemos sin fomentar el emocionalismo excesivo o esclavizarnos a mandamientos del Antiguo Testamento, el cual fue abrogado en la cruz (Colosenses 2:14-16; Hebreos 7:12; Hebreos 8:1-13). Amigo lector, no deseamos venderle nada. No le exigimos el diezmo. Al unirse usted a nosotros, no estaremos pidiéndole muchas ofrendas todos los días. No procuramos lo suyo sino que deseamos que usted, al igual que nosotros, se salve eternamente.

¿A usted le llama la atención los templos grandes tipo "coliseo"p"pabellón"? Considere, por favor: Las congregaciones del primer siglo se reunían en casas (Romanos 16:3-5; Colosenses 4:15; Filemón 2), u otros lugares adecuados, pero no en templos opulentos.

¿Está infatuado con los "reverendos" de mucha carisma personal? ¿Impresionado grandemente por los "licenciados" de renombre? Considere: Los apóstoles no usaban títulos pomposos (Mateo 23:1-1  2), ni se ensalzaban a sí mismos (1 Corintios 3:5-7), ni permitían que otros cristianos los ensalzaran (2 Corintios 10:12-18).

¿Diezma, ofrenda y compra lo que los líderes carismáticos y sus feligreses ofrecen en venta, quizás motivado usted por la ilusión de devengar dividendos materiales? Considere: el Espíritu Santo enseña que "raíz de todos los males es el amor al dinero" (1 Timoteo 6:8-10). De cierto, él no es el autor del necio "evangelio de la prosperidad".

¿Vive su pastor en una mansión, usa joyas o es dueño de carros lujosos? Considere: nuestro Señor no tenía "donde recostar su cabeza" (Mateo 8:20).

¿Le hechizan los programas religiosos radiales o televisivos, y las campañas de "evangelistas internacionales" de renombre? ¿Aporta dinero para sostenerlos? ¿Por qué? ¿Qué busca? ¿Sanidad para su cuerpo? Considere: el apóstol Pablo, el evangelista Timoteo y otros obreros consagrados sufrieron enfermedades (2 Corintios 11:29; 1 Timoteo 5:23; Filipenses 2:25-27; 2 Timoteo 4:20). Intentar "comprar" la sanidad hubiese sido para ellos lo mismo que tentar a Dios. ¡Lo mismo que insultar a Dios! Lo mismo que elevar a la carne por encima del espíritu.

¿Le deleitan los "cultos avivados" con agrupaciones musicales y cantantes talentosos? ¿Aplaude, baila y grita frenéticamente? ¿Le gustan esas iglesias tipo "farándula" que presentan un "show"? ¿que montan espectáculos musicales? Considere: la iglesia fundada por Cristo está en el deber de hacerlo "todo decentemente y con orden" (1 Corintios 14:40), y no para complacer y entretener a los asistentes sino para edificarlos y glorificar a Dios (1 Corintios 14:26). Es notable en extremo el contraste entre la iglesia tipo farándula y la iglesia serie y espiritual presentada en la Biblia.

Si responde en lo afirmativo a las preguntas formuladas arriba, se ponen en tela de juicio sus prioridades y motivaciones espirituales. Si responde en lo afirmativo, francamente. opinamos que quizás sea usted presa fácil para los pastores mercantes. Estos se llenan de lana (dinero), pelando una y otra vez a las ovejas (creyentes) quienes vuelven una y otra vez procurando el alimento prohibido (beneficios materiales, "contratos con Dios"; "señales"). ¿Se encuentra usted entre las ovejas descarriadas y explotadas? ¿Por qué no sale del redíl de los falsos pastores que trasquilan despiadadamente a las ovejas que los siguen?


¿Es usted de los miles y miles que se quedan un rato en una iglesia, luego se salen porque no aguantan la mercadería, las intrigas, la hipocresía y los escándalos sexuales de los pastores? ¿Entonces se integra de nuevo por el miedo que siembran esos mismos pastores con sus "profecías" amenazantes y griterías sobre el "juicio", el falsamente llamado "rapto" y la Segunda Venida de Cristo? ¡Qué triste! Entrando y saliendo, brincando de iglesia en iglesia, buscando "bendiciones" materiales efímeras (dinero, prosperidad) y carnales (salud física) o huyendo de los mercaderes religiosos. ¿No le parece más sabio buscar y hacerse miembro activo de la iglesia que no hace mercadería sino que predica y practica la "sana doctrina"? Cristo regresará, sin duda, conforme a su promesa.  Pero, ningún hombre sabe exactamente cuándo. Retornará, y juzgará a los mercaderes religiosos, como también a los que los sostienen, sacándolos a todos de su Reino (Mateo 13:41-43), purificando su Reino como purificó el templo judío.


Ciertamente, estamos viviendo el cumplimiento la profecía anunciada en 2 Timoteo 4:3. Grandes multitudes tienen "comezón de oír", pero no sufren "la sana doctrina" sino que se amontonan "maestros conforme a sus propias concupiscencias" (deseos egoístas). Los "buenos ministros de Jesucristo" predicamos la ley del Nuevo Testamento: la ofrenda voluntaria apartada cada domingo (1 Corintios 16:1-2). Pero, la mayoría de los creyentes aparta "su oído de la verdad" (2 Timoteo 4:4), esclavizándose a diezmos y dando múltiples ofrendas durante toda la semana, en ocasiones, ¡tres o cuatro en una sola reunión! Advertimos el pecado de cooperar con los "empresarios de carpa, radio y televisión", pero la advertencia es desatendida. ¿Nunca ha leído usted 2 Pedro 2:1-3? "Por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme." ¿Estaría usted cumpliendo esta profecía, bien sea como mercader o como víctima?

Si ama la salvación y la Verdad, si ama a Cristo y su iglesia única y verdadera, ¡salga de en medio de los mercaderes! Acérquese a la iglesia edificada por Cristo para que goce de la libertad que el Señor concede bajo la nueva ley (Gálatas 4:21 - 5:13).

 Salga, se lo suplicamos, motivado por el deseo sincero de ajustar su fe y práctica a la regla inspirada (Filipenses 3:16). Si está meditando en su corazón: "Bueno, voy a salir de estas iglesias que exigen diezmos, piden muchas ofrendas y venden de todo, para hacerme miembro donde no tenga que aportar nada", pues nos incumbe indicarle que no estaría pensando espiritualmente. La generosidad es característica inconfundible del cristiano fiel (2 Corintios 8:1 - 9:15; Efesios 4:28; Hechos 2:44-45). Pero el cristiano fiel no mercadea con lo sagrado, ni impone leyes abolidas (por ejemplo, el diezmo). Voluntariamente, ofrenda generosamente "cada primer día de la semana... según haya prosperado"(1 Corintios 16:1-2). Esta directriz procede del Espíritu Santo. Es la voluntad de Dios. ¿Por qué hacerle caso omiso o quebrantar su mandamiento, trayendo sobre sí mismo condenación?

El mundo está perdiéndose en el desenfreno de vicios, pasiones desordenadas y crimen. Los mercaderes religiosos, con sus grandes y pequeños templos llenos de víctimas, solo contribuyen al escepticismo y la  incredulidad que ahuyentan a muchos inconversos. ¿Cuántos creyentes han perdido su fe, reincidiendo en el mundo a causa de las artimañas y del mal testimonio de los mercaderes religiosos?

Para la salvación de todo ser humano, predicamos el evangelio puro: que Cristo murió por los pecadores, fue sepultado y resucitó el tercer día (1 Corintios 15:1-8). Predicamos: "El que creyere y fuere bautizado será salvo" (Marcos 16:16) porque este es el mensaje que Cristo nos encomendó. Toda persona que se arrepiente y es bautizada (sumergida en agua) "para el perdón de pecados" (Hechos 2:38) "en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mateo 28:19), será añadida a la iglesia verdadera (Hechos 2:38-47) donde puede gozar de salvación y la esperanza de vida eterna.

Fuente: http://www.editoriallapaz.org/