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martes, 12 de abril de 2016

Que Dios conceda lo que has pedido

El clamor de un corazón afligido, Dios lo oirá


La historia de Ana y Elcaná es una de esas historias de amor realmente demostrado y respaldado con Dios a través de un milagro.

La Biblia cuenta: “Elcaná tenía dos esposas: Peniná y Ana. Peniná tenía hijos, pero Ana no tenía ninguno” 1 Samuel 1:2 (Traducción en lenguaje actual). Para el tiempo antiguo ser estéril era como deshonra por eso era muy duro para una mujer no poder dar hijos a su esposo. Sin embargo Elcaná amaba de una manera especial a Ana.

La Biblia dice que: “Cuando Elcaná presentaba un animal como ofrenda, les daba una parte de la carne a Peniná y a sus hijos. Pero a Ana le daba la mejor parte porque la amaba mucho, a pesar de que Dios no le permitía tener hijos” 1 Samuel 1:4-5 (Traducción en lenguaje actual). El amor de esposo de Elcaná era demostrado, y es que el verdadero amor va más allá de las lindas palabras o buenas intenciones, el verdadero amor se traduce en acciones, en comprensión, en tolerancia, en respaldo, en compañía en los momentos más difíciles.

Peniná la otra esposa de Elcaná molestaba y se burlaba de Ana por no poderle dar hijos a su esposo, eso hacía que Ana se sintiera triste a tal punto que lloraba mucho y provocaba que hasta ni quisiera comer. Cada año que iban al santuario a ofrecer sacrificio Peniná trataba así de mal a Ana entonces en una ocasión de esas Elcaná le dice lo siguiente a Ana: “En una de esas visitas, Elcaná le preguntó a Ana: «¿Por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿Por qué te afliges? Para ti, es mejor tenerme a mí que tener muchos hijos»” 1 Samuel 1:8 (Traducción en lenguaje actual).

Realmente Ana se sentía triste, anhelaba un milagro de Dios, una respuesta que hiciera terminar todo ese episodio triste que por años había soportado: “Ana dejó de comer, se levantó y se fue a orar al santuario. El sacerdote Elí estaba allí, sentado junto a la puerta. Ana estaba tan triste que no dejaba de llorar. Por eso oró a Dios y le hizo esta promesa: «Dios todopoderoso, yo soy tu humilde servidora. Mira lo triste que estoy. Date cuenta de lo mucho que sufro; no te olvides de mí. Si me das un hijo, yo te lo entregaré para que te sirva sólo a ti todos los días de su vida. Como prueba de que te pertenece, nunca se cortará el cabello»” 1 Samuel 1:9-11 (Traducción en lenguaje actual).

La tristeza de Ana y su anhelo de que Dios la escuchara la llevo a hacer una de las oraciones más sinceras y con una promesa especial delante de Dios. Y es que cuando somos sinceros con Dios, cuando realmente disponemos nuestro corazón para encontrarnos con Él y expresar sinceramente lo que sentimos y lo que anhelamos, Dios nunca se quedara callado, Dios ha de responder.

La Biblia dice que Ana oraba a Dios en Silencio: “Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí estaba observando la boca de ella. Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria.” 1 Samuel 1:12-13 (Reina-Valera 1960). Este pasaje nos muestra que muchas veces no es necesario gritar o hacer tanto ruido o escándalo para que Dios pueda escuchar nuestra oración. La Biblia dice que Ana hablaba con Dios en su corazón, ¡Que importante es tener a un Dios que examina nuestro corazón!, que lindo es saber que Dios sabe la necesidad que tenemos sin que se lo gritemos, y es que tenemos que saber que Dios no está sordo y escucha mas allá de nuestras lindas palabras, nuestro corazón necesitado.

A veces creemos que entre más gritemos, que entre más fuerte alcemos nuestra voz para orar a Dios, mas rápido o mejor nos escuchara, pero la realidad es que Dios responde no en base a que tan fuerte le pidamos, ni en base a que lindas palabras le expresemos, sino en base a la necesidad que hay en nuestro corazón y la fe que tengamos en que Él cumplirá.

El sacerdote Elí pensó que Ana esta ebria y trato de reprenderla, sin embargo Ana le responde: “Pero Ana le respondió: —Señor mío, no crea usted que estoy borracha. No he bebido vino ni cerveza. Estoy muy triste, y por eso estoy aquí suplicándole a Dios que me responda” 1 Samuel 1:15-16 (Traducción en Lenguaje Actual).

Frente a la aclaración de Ana, Elí el sacerdote comprendió la necesidad que había en esa mujer de una respuesta de Dios y le dijo lo siguiente: “Entonces Elí le contestó: —Vete tranquila, y que el Dios de Israel te conceda lo que has pedido.” 1 Samuel 1:17 (Traducción en Lenguaje Actual).

Ana recibió por fe las palabras que el sacerdote Elí a tal punto que dice la Biblia: “Y Ana le dijo: —¡Usted sí me comprende! Dicho esto, Ana regresó a comer y dejó de estar triste” 1 Samuel 1:18 (Traducción en Lenguaje Actual).

La reacción de Ana frente a las palabras del sacerdote me llama mucho la atención, ya que ella recibió por FE esas palabras y las creyó a tal punto que dejo de estar triste y volvió a comer, en pocas tomo como ciertas esas palabras y se dispuso solo a esperar a que se cumplieran, porque si de algo ella estaba segura era que Dios iba a cumplir.

La Biblia narra lo que entonces sucedió: “Temprano a la mañana siguiente, la familia se levantó y una vez más fue a adorar al Señor. Después regresaron a su casa en Ramá. Ahora bien, cuando Elcana se acostó con Ana, el Señor se acordó de la súplica de ella, y a su debido tiempo dio a luz un hijo a quien le puso por nombre Samuel, porque dijo: «Se lo pedí al Señor»”. 1 Samuel 1:19-20 (Nueva Traducción Viviente).

Hay algo que cada uno de nosotros debemos de saber y es que Dios está presente en nuestras necesidades y cuando nosotros creemos a sus promesas, Él honrara nuestra fe.

A través de la Biblia podemos ver muchos casos de hombres y mujeres que creyeron en Dios, que no dudaron y que confiaron en que Dios cumpliría, cada uno de ellos recibió lo que creyó, porque Dios honra la fe de los que le creen.

Quizá en este momento estés enfrentando una tristeza debido al mal momento que puedas estar pasando, pueda que en tu corazón hay un anhelo muy fuerte de que Dios conteste tu petición, quizá has llorado mucho, quizá la has pasado mal, pero hoy quiero invitarte a creer en lo que Dios quiere y puede hacer en tu vida.

No importa qué situación te este robando la paz o la sonrisa de tu rostro, lo que si realmente importa es la confianza y la fe que puedas demostrar para recibir lo que tanto esperas.

El sacerdote Eli le dijo a Ana: “Vete tranquila, y que el Dios de Israel te conceda lo que has pedido”.

Fuente: http://www.enriquemonterroza.com/

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