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jueves, 12 de septiembre de 2013

Así es la misericordia de Dios

Encuentro glorioso con el Señor Jesucristo, hno Santos Chinchilla,  Jalapa Guatemala



Nací en el departamento de Jalapa, Guatemala. En mi adolescencia el Señor empezó a tratar conmigo dándome la oportunidad de conocerle a través de su Palabra. Conocí a mi joven de nombre Zoila y nos casamos muy jóvenes por cierto. Mi esposa y yo nos trasladamos a la ciudad capital al poco tiempo, estando esto en los planes del Señor.

Cuando aún residía en Jalapa, me consideraba una persona muy católica y entregada en todo lo que yo creía, no de tradición, porque a mí me atraía mucho la lectura de la Biblia, participaba en retiros y actividades religiosas. Un domingo de abril de 1976, caminaba por la mañana frente a una iglesia evangélica situada en la zona 7 de mi ciudad, cuando de pronto sentí que alguien me tomó de la mano y cuando reaccioné, me di cuenta que estaba sentado en una silla del templo, frente a quien dirigía el servicio. Sentí una luz que me invadió y una venda caer de mis ojos, porque ahora veía lo que no había visto y entendía lo que por años no había entendido.

Lamentablemente en esa ocasión no hubo invitación para aceptar al Señor Jesucristo como Salvador, en verdad lo hubiera querido hacer porque sentí por primera vez una libertad y un gozo indescriptible e incomparable.

Debo confesar que los evangélicos no me agradaban, pero por lo que había leído en la Biblia no se los demostraba. Cuando regresé a casa, lo primero que hice fue contarle a mi esposa la inexplicable experiencia que había sucedido conmigo, pero como era de esperarse, cuando se cree tener sus principios bien definidos a nivel religioso, no se acepta ni se entienden este tipo de experiencias espirituales, y ella no fue la excepción.

No la culpé por ello, porque lo que ambos “creíamos” que era la verdadera religión, que venía desde Pedro, ahora estaba siendo puesta en duda al contarle los acontecimientos recientes de un orden espiritual que nada tenía que ver con ritos y costumbres. Con lo que le contaba ponía en riesgo de darle un giro de ciento ochenta grados a lo que por años habíamos practicado en la religión heredada de nuestros padres.

Su reacción fue la de cualquier persona promedio frente a esta situación que atentaba contra su status religioso y procedió a molestarse conmigo. Debo admitir que no fui una persona fuerte, porque entendiendo el llamado, no supe admitirlo y sabiendo ahora que no andaba en el camino correcto, no rectifiqué, al contrario, solo me conformé con saberlo. Además, a mi esposa no le había agradado la idea, por lo que erróneamente pensé: “no me estoy perdiendo de nada” sin saber de lo glorioso que estaba desperdiciando.

Eso sí, ya no seguí con mis mismas actividades religiosas que realizaba antes de esta experiencia sobrenatural. Pero tampoco acepté de forma pública el llamado que sentía de parte de Dios hacia Su Evangelio. Así estuve por más de un año alejado de la religión pero haciendo lo que no era bueno, involucrándome en vicios y olvidando aquella experiencia inexplicable de abril. Pero la misericordia de nuestro Padre es grande y enviaría a mi vida una nueva oportunidad de arrepentimiento y salvación.

Recuerdo claramente el 28 de junio de 1977. Me encontraba bebiendo con un amigo que se dedicaba a la docencia a nivel primario en Joyabaj, en el departamento de El Quiché en Guatemala. Por razones de trabajo yo me encontraba en ese bello departamento del occidente de nuestro país. Recuerdo que empecé a reirme de él, porque al embriagarse perdió la lucidez de la realidad y al oír una canción bailaba de una forma muy graciosa, pero grotesca a la vez y eso me hizo preguntarme cómo una persona tan educada podía llegar hasta ese punto. 

Visión de la Biblia

De pronto tuve una visión y estando ebrio, pude ver una Biblia que se abría frente a mí, y pude ver literalmente como si a ésta le soplara un viento e hiciera que sus páginas pasaran una tras otra.
Entonces escuché una voz que me dijo: “con tu gozo estás alabando al diablo”. Salí de ese lugar de inmediato sin despedirme de nadie. Cuando llegué a mi habitación no cesaba de llorar, el poder del Espíritu Santo redarguyéndome estaba sobre mí y yo no lo sabía. No lograba comprender qué me estaba sucediendo y qué significaba lo que me estaba sucediendo. En ese momento aún no comprendía ni sabía que Dios ya tenía un plan para mi vida; tomé y encendí una radio portátil que se encontraba en mi habitación y nuevamente Dios se manifestó milagrosamente, pues sin conocer siquiera de la existencia de una bendita emisora guatemalteca llamada Radio VEA (Voz Evangélica de América) que sonaba en aquel entonces, ésta fue la primera que se sintonizó en el cuadrante radial.

En la radio estaban pasando un programa llamado “Una Lectura y Una Melodía”, siendo el conductor del programa el hermano Leonel Diéguez Zepeda. Este hombre tomado por el Espíritu Santo dijo: “Esta noche, Dios ha estado tocando corazones y ya van tres llamadas que recibo donde me dicen que han recibido al Señor”. A continuación dijo estas palabras de ciencia: “Tú, que no tienes teléfono, repite conmigo estas palabras…” Sentí que el cielo se abrió, mi corazón no pudo resistir más el llamado de mi Padre Celestial y repetí con este siervo las palabras que escuchaba. Ese día recibí a Jesucristo, aceptándole como mi único Señor y Salvador. Aleluya.
Desde entonces, ya han transcurrido muy buenos años. He sido muy feliz al lado de mi familia y también en la gran familia de la fe. Actualmente me congrego en la Iglesia Roca de Ayuda en el estado de New Jersey, Estados Unidos.

Fuente:  palabraquehacevida.wordpress.com

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