Este blog rinde honor y alabanza al Dios de nuestra salvación a Jesucristo el Señor.

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domingo, 5 de mayo de 2013

Revelación de la apostasía de la iglesia


"Mira lo que viene"  hna. Minerva Feliciano  EE.UU

La madrugada del 5 de diciembre del 2010, tuve un sueño, que va a impactar tu vida. Un sueño el cual se convierte en una revelación divina. Así como Dios ha venido revelando a varias personas.

En este sueño, me veo en una actividad de la congregación a la cual pertenezco. En el sueño yo era la presidenta de damas de la iglesia, el pastor se me acerca y me entrega unas hojas de papel del menú de la comida, para repartir a los hermanos. El lugar donde nos encontrábamos era como un almacén, el cual tenía muchos locales para actividades. 

Comencé a repartir las hojas del menú a los hermanos, y en los otros locales que eran abiertos pensando que eran invitados, ya que pertenecían al mismo concilio. Y así seguí repartiéndolos, para que escogieran lo que querían comer. Hasta que miré hacia atrás y me di cuenta que ya estaba muy lejos de mi grupo, y no alcanzaba a verlos. En ese momento escuché la voz de Dios, que me dijo: “Hija mía, te voy a mostrar locales, y grupos; donde se reúnen a supuestamente rendirme culto”. 

Altares contaminados


Comienzo a mirar y veo el primer grupo. Veo que danzan con banderines y panderos, descalzos en forma de danza hebrea, pero, las muchachas estaban en minifaldas y cuando danzaban se les veía todo. 
Los varones, con pantalones licras muy pegados danzando con las chicas, yo veía que aquel piso se abría y salía fuego y humo. Yo podía ver los demonios que danzaban entre medio de ellos, y ese pueblo se deleitaba mirándolos. 

Gritaban, pitaban, aplaudían en un supuesto júbilo de alabanza. Dios me habló y me dijo: “mi sierva, mucha de esta gente un día me sirvieron en Espíritu y en verdad, pero hoy han apostatado de la fe, porque se descuidaron en el ayuno y la oración”. El Señor me decía: “camina, ve al otro local” (porque ya ahí los locales eran cerrados, como pequeños cuartos).
Fui y comencé a ver muchos payasos y payasas, y Él me dijo: “Mi sierva, mira, mira”; porque yo lloraba, y no quería mirar, pero volví mi rostro y vi como los demonios poseían a la gente y entraba en ellos un espíritu de risa. 
Me dijo el Señor: “Ve al otro local y ve” y cuando fui vi un grupo de pantomima, de varones y mujeres, y me dijo el Señor: “Mira las abominaciones que ellos hacen; adorando a los demonios y a espíritus inmundos, y lo hacen en mi Nombre, pero no tendré al impío por inocente”. 

Podía ver a los demonios alrededor de ellos burlándose, y la gente como hipnotizada, mirando y deleitándose con esto. En 2da. de Timoteo 4:3-4 dice: “Porque vendrán tiempos cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonaran maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán la verdad del oído y se volverán a las fábulas” (falsas enseñanzas). Son doctrinas de demonios. 
Este grupo de pantomima, vestían de negro, sus caras estaban pintadas de blanco y rojo, Los demonios se reían y se mofaban, solo yo los podía ver, y la gente estaba en una supuesta unción y presencia de Dios, pero era la presencia de los mismos demonios que los instaba a cantar, y ellos se divertían mirando cómo le rendían culto al diablo, ¡que el Señor lo reprenda!. 

Después de eso seguí caminando hacia la derecha. Caminé mucho. Parecía que no iba a llegar a ningún lado. De momento al final de la salida veo una fiesta, pero no tenía ninguna relación con lo que había visto primero. Veo una mesa larga sin fin, con un mantel blanco y arreglos florales a lo largo de la mesa, veo platos cubiertos y copas. Se me acerca una señora, y le pregunto ¿qué es esto? y me dice: “es una boda, y yo soy la encargada”.

Miré y vi muchos jóvenes, todos eran jóvenes, varones y mujeres. Ellos vestían de etiqueta y ellas vestían unos vestidos muy hermosos, con colores claros, como si fueran damas y caballeros de honor. Sus rostros resplandecían, ¡se veían tan gozosos!, me había contagiado de ese gozo, me sentía tan feliz. 

Ellos sentados a la mesa, eran los invitados. Entendí que eran las Bodas del Cordero. 

En Apocalipsis 19:7-9 Dice: gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. Y el ángel me dijo: Escribe; Bienaventurados los que son llamados a las bodas del Cordero. Y me dijo: estas son palabras verdaderas de Dios. 

En ese momento Dios me habla y me dice: “debes seguir para que veas lo que te voy a seguir mostrando”. 

Yo retrocedí y seguí caminando. Caminé hasta darme cuenta que había caminado mucho. Me vuelvo para mirar hacia atrás, ya no veo el edificio. Volví mi rostro hacia el frente y veo a lo lejos árboles secos, todo estaba seco. La tierra árida y rojiza. Miro a los lados, pero lo que había eran abismos a ambos lados. 
Sigo caminando hacia los árboles, pero ya no estaban. Me perdí en ese desierto por un solo camino muy estrecho. Caminé y caminé, comencé a correr desesperadamente. Me dolían los pies, y me di cuenta que estaba descalza, pero seguí corriendo hasta no poder más, y me desmayo.

Ahora entro a otra dimensión de una revelación divina; cuando vuelvo en sí, por el ruido de un helicóptero que venía acercándose hacia mí, lo primero que hice fue mirar hacia el abismo del lado derecho, miro hacia abajo y veo mi cuerpo en mi cama. Entendí que entré a una revelación, donde Dios me quería mostrar lo que ha de venir.

El helicóptero baja hacia mí, se bajan dos hombres, los vi comunes y corrientes, pero tenían una sonrisa muy especial, hermosa y dulce. Ellos me dijeron: “somos el piloto y el co-piloto, te vinimos a buscar para llevarte al hospital, allí curaremos tus pies”, porque los tenía cortados y lastimados, de tanto que caminé, y estaba descalza y con una bata de hospital). Me seguían hablando, uno a la vez, y me decían: “curaremos tus pies, secaremos tus lágrimas (porque yo lloraba) y se te acabaré todo dolor y sufrimiento”. Y me lo decían con su hermosa sonrisa. 

Sacaron una camilla de hospital, y me acomodaron, me amarraron y me metieron por debajo de las ruedas del helicóptero. Cuando comenzó a subir, yo podía mirar hacia abajo por la posición que acomodaron. El piloto miraba hacia donde yo estaba, y me decía que no me asustara, que iba a estar bien. Seguíamos subiendo muy alto, y el piloto extendía su cabeza hacia mí, y me dice: “Es menester que veas lo que te voy a mostrar, pero es para que lo cuentes y digas que vengo pronto por mi iglesia”. 

Subimos bien alto, de momento comienzo a ver una ciudad y muchos edificios, pero era como si estuviera viendo una foto en blanco y negro. De momento comenzaron a caer unas bolas de hielo, como del tamaño de una bola de baloncesto, ¡pero eran tantas! y caían sobre las ciudades que yo veía. Yo lloraba mucho; el piloto me repetía: “Es menester que veas estas cosas y le digas a la gente y a los pueblos, que voy pronto por mi iglesia. Que estén preparados; porque vengo como ladrón en la noche como dice mi palabra. La tienen, pero muchos no la escudriñan, viendo las señales y se hacen de la vista larga y me tienen por tardanza, como si no fuera con ellos, y por eso se lo estoy revelando a muchos, para que escapen de la ira que ha de venir sobre el mundo entero”.

Pero yo lloraba y lloraba mucho, y me decía “no llores”; pero yo no podía parar de llorar. Y seguía mirando como aquellas bolas de hielo, destruían aquellas ciudades, los edificios destruidos y seguían cayendo y destruyendo, y eran muchos en extremo. Y me dijo el piloto: “Lo que vas a ver ahora es más fuerte, pero es necesario que lo veas”. 
Ya no se veía en blanco y negro, habíamos pasado a otras ciudades. De momento comienzan a caer bolas tan grandes como las de hielo, pero ahora eran de fuego. Eran muchas, pero no chocaban contra el helicóptero. Las veía caer sobre la tierra. Veía la gente blasfemando y maldiciendo a Dios por estas cosas. Se veían los edificios y las casas destruidas y consumidas por el fuego. Y yo lloraba desesperadamente. El piloto bajaba su cabeza para mirarme y me repetía lo mismo, que no callara, que iban a haber muchos que se iban a burlar, y no iban a creer, pero habían otros que iban a buscarle y a servirle y escapar de la ira de Dios sobre la tierra.

Yo seguía viendo estas bolas de fuego, pero de momento, el helicóptero baja como a una altura de 20 pies, y miro hacia el lado izquierdo, y veo niños y jóvenes de diferentes edades. 

Era como un salón, y veo que están dibujando y coloreando, y yo miraba a los de un año, los de dos, los de tres, cuatro, cinco, seis y los de siete años, pero cuando miro los de ocho años en adelante, están dibujando un número 8, y de ahí hacían dibujos satánicos, sensuales y sacaban del número 8 mujeres desnudas, ya no dibujaban en papeles; ellos se hacían tatuajes en sus cuerpos con estos dibujos. Y dibujos satánicos.  (Todavía no entiendo, pero Dios sabe porqué)

Después el helicóptero se movió hacia la derecha y me dice “mira”; cuando miré, veo como si fuera una visión. Veo una iglesita pequeña de madera rústica, con unos bancos y un púlpito, de madera rústica, el piso también era de madera como hecho a mano. Seguí mirando y vi unas doncellas, todas eran iguales, vestidas con faldas anchas y largas, también tenían sus cabellos largos, y todas tenían lámparas encendidas, se veían con lámparas antiguas. Cantaban una alabanza que exaltaba el nombre de Jesucristo. ¡Que hermosa alabanza! ¡todas a una misma voz! Entendí que esas eran las vírgenes prudentes que habla Mateo 25; la iglesia que está esperando a Cristo. 
Una iglesia sencilla, sin muchos títulos, pero fiel y humilde de corazón, la iglesia fiel que clama, intercede delante de Dios, que ora, ayuna y vela. Obediente a su palabra. Que aunque tiene pocas fuerzas, ha guardado la palabra de Dios y no ha negado su nombre (Apocalipsis 3:8). Me habló el piloto y me dijo: “Así es que quiero mi iglesia, unida en Espíritu y en verdad, agradándome. Advierte a mi pueblo”. 

Bestias del mar

De momento como si saliera de esa visión, como de un éxtasis. 
Subimos tan alto, volví a ver las bolas de fuego que seguían cayendo, y la gente maldiciendo y blasfemando el nombre de Dios, diciendo malas palabras y culpando a Dios de lo que estaba pasando. El piloto me decía, “no mires atrás, sigue mirando  lo que se aproxima”. 
De momento miro el mar y veo bestias en el mar, con caras de humanos, el pelo largo, tenían pezuñas, unos tenían cola de pez, otros como serpientes con caras de humanos. Sus rostros eran horribles, tenían los ojos pintados, como se los pintan los roqueros. Querían derribar el helicóptero, levantaban sus manos con ira pero no podían alcanzarnos. 

Las bolas de fuego seguían cayendo en tierra y mar. Cuando caían en el mar, las bestias gritaban y maldecían. Y yo no paraba de llorar, y lloraba mucho; quería salir de esa horrible pesadilla, pero el piloto me seguía repitiendo lo mismo: “es necesario y menester que lo veas, y lo cuentes, lo crean o no“. 
Cuando las bolas de fuego caían al mar, el mar se esparcía y la gente corría, querían escapar, pero se ahogaban, otros se quemaban, gritaban desesperados. ¡Era desesperante!. Yo seguía llorando sin consuelo, pero ellos habían tenido la oportunidad de escapar de estos juicios pero lo menospreciaron, ya era muy tarde, sus maldades los habían alcanzado.
El helicóptero se alejaba ya, yo veía las bolas de fuego cayendo y todo ese desastre; desde muy lejos. El piloto me dijo: “No mires lo que se quedó atrás”. 

Puerto Rico

Ya estamos saliendo del mar, y comienzo a ver una ciudad completamente destruida; era Puerto Rico. Llore más que las otras veces. ¡Ver la isla del encanto, hecha un espanto! ¡Todo destruido, escombros por donde quiera que miraba! todo destrozado, pero la palabra de Dios dice: que las islas desaparecerán. 

Seguimos alejándonos, pero yo no podía dejar de mirar, ¡no lo podía creer! El piloto me dice: “No mires más hacia allá, no llores, ya estamos llegando al hospital, allí serás feliz, y no llorarás más porque allí todo es felicidad. Te he mostrado todo esto, para que lo digas, lo tienes que decir, te crean o no”. 

De momento entramos como por una calle estrecha, rodeada de árboles que hacían como un túnel, y por ahí se metió el helicóptero, y después que salió del túnel de esa callecita; me dijo: “mira”, y miré hacia el frente del helicóptero, y vi el hospital en las alturas. Un hospital tan grande, que parecía una ciudad, y decía: “HOSPITAL”. 
Desperté: ¡lloraba mucho! ¡no podía hablar, temblaba, me sentía débil, sin fuerzas, quebrantada! Mi esposo me preguntaba y me decía: “¿Minerva que te pasa, que soñaste?” pero yo no le podía contestar, no podía hablar, no tenía fuerzas. Poco a poco me fui deslizando de la cama, me tire al piso, lloraba y lloraba! ¡quebrantada delante de Dios!.
¡Le pedía misericordia! ¡le pedía perdón! seguía llorando desconsoladamente, postrada en el piso. Y ya cuando me pude calmar un poco, le conté a mi esposo, entre llanto y lágrimas, la experiencia que tuve. Él me dijo que estaba bien dormida, pero lloraba y lloraba y me estremecía, y el muy preocupado, le pedía a Dios por mí. Ya era domingo en la mañana, y yo tenía una parte especial en la iglesia, pero no tenía fuerzas para ir. Mi esposo me dice: si Dios te dijo que lo contaras, tienes que ir y decirlo hoy. Me revestí de fuerzas, le pedí a Dios que me ayudara; porque era demasiado fuerte mi quebrantamiento. 

Como pude me prepare, fuimos a la iglesia, los hermanos me notaron rara, sabían que algo pasaba. Cuando me toca el especial, comencé a decir la revelación que Dios me acababa de dar. 

He ido a varias iglesias; me crean o no, seguiré diciendo lo que Dios me mostró, si tú no lo conoces y no le has dado tu corazón a Cristo, este es el momento de salvación para ti. Si lo conociste, pero te alejaste de él, vuelve a él. 
¡Cristo viene pronto! ¡Escapa por tu vida! ¡El quiere salvar tu alma! ¡Mañana puede ser demasiado tarde! 

Fuente: Ruge el león de la tribu de judá

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