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miércoles, 11 de enero de 2012

COMO PODEMOS ENTENDER LAS PROFECIAS DE DIOS. Por hno Gamaliel

 CLAMA A MI, Y YO TE RESPONDERE, Y TE ENSEÑARE COSAS GRANDES Y OCULTAS QUE TU NO CONOCES.  Jer 33:3

Estas palabras fueron dirigidas a un profeta de Dios, cuando se encontraba en la necesidad de comprender los misterios proféticos. Estos son los hechos y el porqué de esta cita tan famosa, el “clama a mí” o el llamado teléfono de Dios. 3,3,3 de jeremías.

Los babilonios tenían sitiada a Jerusalén y el profeta que lo había profetizado estaba en la cárcel. Pero estando en el patio de la cárcel le vino una palabra profética, extraña para él por cuanto aparentemente contradecía sus primeras profecías contra 
Jerusalen.
 Jer. 32:
6." Dijo Jeremías: Palabra de Jehová vino a mí, diciendo:
7. He aquí que Hanameel hijo de Salum tu tío viene a ti, diciendo: Cómprame mi heredad que está en Anatot; porque tú tienes derecho a ella para comprarla.
8. Y vino a mí Hanameel hijo de mi tío, conforme a la palabra de Jehová, al patio de la cárcel, y me dijo: Compra ahora mi heredad, que está en Anatot en tierra de Benjamín, porque tuyo es el derecho de la herencia, y a ti corresponde el rescate; cómprala para ti. Entonces conocí que era palabra de Jehová.
9. Y compré la heredad de Hanameel, hijo de mi tío, la cual estaba en Anatot, y le pesé el dinero; diecisiete siclos de plata.
10. Y escribí la carta y la sellé, y la hice certificar con testigos, y pesé el dinero en balanza.

Notamos que jeremías es obediente y cuando su sobrino viene a ofrecerle en venta la heredad de su tío, el comprende que lo que recibió en revelación sí venia de Jehová. Jeremías firma el contrato con los testigos que correspondían al mismo y profetiza así:

11. Tomé luego la carta de venta, sellada según el derecho y costumbre, y la copia abierta.
12. Y di la carta de venta a Baruc hijo de Nerías, hijo de Maasías, delante de Hanameel el hijo de mi tío, y delante de los testigos que habían suscrito la carta de venta, delante de todos los judíos que estaban en el patio de la cárcel.
13. Y di orden a Baruc delante de ellos, diciendo:
14. “Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Toma estas cartas, esta carta de venta sellada, y esta carta abierta, y ponlas en una vasija de barro, para que se conserven muchos días.
15. Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Aún se comprarán casas, heredades y viñas en esta tierra”.

Jeremías es un profeta obediente a la palabra de Jehová, pero la duda lo atormenta. “¿Cómo es posible que Jehová primero me diga que profetice destrucción contra Jerusalén y luego me haga hacer un contrato de compraventa para profetizar en figura que todavía se compraran casas en este lugar?. Inmediatamente de profetizar aparentemente una contradicción y de dar órdenes sobre la figura profética (guardar el contrato en vasija de barro) el profeta se vuelve en oración a Jehová para desentrañar la duda que le carcomía el alma. Incluso, emite un cierto reclamo a Dios respecto de la aparente contradicción profética que había puesto en sus labios:

16. Y después que di la carta de venta a Baruc hijo de Nerías, oré a Jehová, diciendo:
17. ¡Oh Señor Jehová! he aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti;
18. que haces misericordia a millares, y castigas la maldad de los padres en sus hijos después de ellos; Dios grande, poderoso, Jehová de los ejércitos es su nombre;
19. grande en consejo, y magnífico en hechos; porque tus ojos están abiertos sobre todos los caminos de los hijos de los hombres, para dar a cada uno según sus caminos, y según el fruto de sus obras.
20. Tú hiciste señales y portentos en tierra de Egipto hasta este día, y en Israel, y entre los hombres; y te has hecho nombre, como se ve en el día de hoy.
21. Y sacaste a tu pueblo Israel de la tierra de Egipto con señales y portentos, con mano fuerte y brazo extendido, y con terror grande;
22. y les diste esta tierra, de la cual juraste a sus padres que se la darías, la tierra que fluye leche y miel;
23. y entraron, y la disfrutaron; pero no oyeron tu voz, ni anduvieron en tu ley; nada hicieron de lo que les mandaste hacer; por tanto, has hecho venir sobre ellos todo este mal.
24. He aquí que con arietes han acometido la ciudad para tomarla, y la ciudad va a ser entregada en mano de los caldeos que pelean contra ella, a causa de la espada, del hambre y de la pestilencia; ha venido, pues, a suceder lo que tú dijiste, y he aquí lo estás viendo.

25. ¡Oh Señor Jehová! ¿y tú me has dicho: Cómprate la heredad por dinero, y pon testigos; aunque la ciudad sea entregada en manos de los caldeos?

Evidentemente el profeta se encuentra consternado por la duda, y le pregunta a Dios con respeto, pero con energía respecto de este asunto. Podemos ver en este relato que la palabra profética no pertenece en modo alguno a los hombres, es decir, no es un asunto de ellos, sino de Dios. Jeremías es tan ajeno a lo que se debe decir, que cuando descubre una contradicción hace su correspondiente reclamo. ¡!!!Que precioso y especial es el don de profeta!!!. (Ni siquiera el codicioso de Balaam hablaba de su propia cosecha). Aquellos profetas que “profetizan de su propio corazón” pertenecen a otro nivel  espiritual: son pequeños de espíritu. La soberbia los ha arropado y han sido engañados por su propia condición.

Pero vamos al punto. Jehová le explica a su consternado profeta que nada hay imposible para Dios. Pero que si desea desentrañar este misterio, debe entrar a otro nivel en su propio espíritu:

26. Y vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo:
27. He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?
28. Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí voy a entregar esta ciudad en mano de los caldeos, y en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y la tomará.
29. Y vendrán los caldeos que atacan esta ciudad, y la pondrán a fuego y la quemarán, asimismo las casas sobre cuyas azoteas ofrecieron incienso a Baal y derramaron libaciones a dioses ajenos, para provocarme a ira.
30. Porque los hijos de Israel y los hijos de Judá no han hecho sino lo malo delante de mis ojos desde su juventud; porque los hijos de Israel no han hecho más que provocarme a ira con la obra de sus manos, dice Jehová.
31. De tal manera que para enojo mío y para ira mía me ha sido esta ciudad desde el día que la edificaron hasta hoy, para que la haga quitar de mi presencia,
32. por toda la maldad de los hijos de Israel y de los hijos de Judá, que han hecho para enojarme, ellos, sus reyes, sus príncipes, sus sacerdotes y sus profetas, y los varones de Judá y los moradores de Jerusalén.
33. Y me volvieron la cerviz, y no el rostro; y cuando los enseñaba desde temprano y sin cesar, no escucharon para recibir corrección.
34. Antes pusieron sus abominaciones en la casa en la cual es invocado mi nombre, contaminándola.
35. Y edificaron lugares altos a Baal, los cuales están en el valle del hijo de Hinom, para hacer pasar por el fuego sus hijos y sus hijas a Moloc; lo cual no les mandé, ni me vino al pensamiento que hiciesen esta abominación, para hacer pecar a Judá.
36. Y con todo, ahora así dice Jehová Dios de Israel a esta ciudad, de la cual decís vosotros: Entregada será en mano del rey de Babilonia a espada, a hambre y a pestilencia:
37. He aquí que yo los reuniré de todas las tierras a las cuales los eché con mi furor, y con mi enojo e indignación grande; y los haré volver a este lugar, y los haré habitar seguramente;
38. y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios.
39. Y les daré un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos.
40. Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí.
41. Y me alegraré con ellos haciéndoles bien, y los plantaré en esta tierra en verdad, de todo mi corazón y de toda mi alma.
42. Porque así ha dicho Jehová: Como traje sobre este pueblo todo este gran mal, así traeré sobre ellos todo el bien que acerca de ellos hablo.
43. Y poseerán heredad en esta tierra de la cual vosotros decís: Está desierta, sin hombres y sin animales, es entregada en manos de los caldeos.
44. Heredades comprarán por dinero, y harán escritura y la sellarán y pondrán testigos, en tierra de Benjamín y en los contornos de Jerusalén, y en las ciudades de Judá; y en las ciudades de las montañas, y en las ciudades de la Sefela, y en las ciudades del Neguev; porque yo haré regresar sus cautivos, dice Jehová.

Jeremías continua queda perplejo. El está preso por profetizar destrucción y destierro y encima Jehová le manda profetizar algo incongruente y le hace comprar una heredad. El profeta no acierta a ordenar sus pensamientos y  la duda continua en su mente. Entonces viene de nuevo la palabra de Jehová para invitarlo a otro nivel de entendimiento. Pero este nuevo nivel debe venir a través del clamor a Dios.
Jeremías 33
1. Vino palabra de Jehová a Jeremías la segunda vez, estando él aún preso en el patio de la cárcel, diciendo:
2. Así ha dicho Jehová, que hizo la tierra, Jehová que la formó para afirmarla; Jehová es su nombre:

3. "Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces".

4. Porque así ha dicho Jehová Dios de Israel acerca de las casas de esta ciudad, y de las casas de los reyes de Judá, derribadas con arietes y con hachas
5. (porque vinieron para pelear contra los caldeos, para llenarlas de cuerpos de hombres muertos, a los cuales herí yo con mi furor y con mi ira, pues escondí mi rostro de esta ciudad a causa de toda su maldad):
6. He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad.
7. Y haré volver los cautivos de Judá y los cautivos de Israel, y los restableceré como al principio.
Con lo que, amable lector, en este relato yace un secreto para que podamos adentrarnos  y avanzar en el estudio de la profecía bíblica. Para entender las palabras de los profetas es necesario ser humildes, no ser necios, no ser tardos de corazón para creerles a ellos, debemos  esperarnos a ser invitados al secreto de Dios, e incluso, debemos clamar y aun Llorar para entender la profecía bíblica. Pero siempre sera  mucho más fácil adoptar las ideas propias y ajenas, en lugar de ir a la fuente para pedirle que nos enseñe.

 Curiosamente, la confusión en los temas proféticos proviene de la condición de nuestro espíritu ante lo que dijeron los profetas. Ellos estaban en una frecuencia que nos es difícil alcanzar a nosotros, aunque no es imposible. 

Hermano mío, ¿Clamaras y lloraras para entender un asunto profético?. Si no nos humillamos ante el dueño de la palabra profética, los misterios persistirán insolutos delante de nosotros.

HOMBREDFE  Visionesyrevelacionesamlamies.blog

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