Este blog rinde honor y alabanza al Dios de nuestra salvación a Jesucristo el Señor.

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viernes, 2 de septiembre de 2011

Fui llevada a la presencia del Señor. hna Noemy

Una experiencia maravillosa con Jesús



Estaba buscando al Señor intensamente en oración y en ayuno, y comencé a tener muchas revelaciones y experiencias sobrenaturales que impactaron mi vida. En la oración era muy fuerte la presencia de Dios y su Espíritu me llenaba. La biblia la estudiaba todos los días. Grande fue el día en que tuvo lugar esta preciosa experiencia de mi Dios.

El profeta Isaías cuando vio la gloria de Dios lo dijo

"Vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria”. Amen, amen.  Isaías 1:1-3

Y Moisés y el pueblo de Israel contemplaron su gloria,

"Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego, y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera"  Éxodo 19:18 

En el amanecer fui llevada a la presencia de mi Dios. 
Mi espíritu fue al encuentro de mi Salvador 

Aparecí en medio del espacio, y allí todo estaba oscuro.  Al frente de mi, había una linea de montes muy altos, y hacia el norte había una montaña aún mas grande. De repente en esa gran montaña comenzaron a brotar pequeños fuegos  por todos lados y cada vez iban apareciendo mas y mas. Luego se llenó totalmente de una gran humareda, y toda la montaña ardía en fuego; y desde atrás y hacia todos lados, salían rayos y relámpagos y un gran resplandor de luz.

Estaba impresionada, sabía que algo grande iba a ocurrir. en ese momento la montaña se comenzó a mover y lentamente mientras iba saliendo, un tremendo resplandor de luz lo llenaba todo. Ahora se veían muchos rayos y relámpagos y mucha luz, hasta que la montaña se salió y desapareció.
Ahora el fulgor de luz era aun mayor y en ese mismo momento en medio de todo el fulgor apareció la imponente e impactante figura de aquel Ser tan maravilloso que iluminó todo el firmamento. Allí al frente de mis ojos estaba la persona mas sublime y mas hermosa de todo el universo.

En aquel momento yo no podía hablar; mi alma estaba impactada. Una emoción y una paz tan grande llenó todo mi ser.

Inmediatamente supe que aquel Ser esplendoroso era mi Dios. 

Mi alma lo amaba. Yo lo sentía en todo mi ser, y solo podía pronunciar aquellas palabras:  ¡¡El es el Señor, él es el Señor!!  ¡¡ él es Jesús el Hijo de Dios!! el redentor del mundo.
¡¡Muy grande y admirable es Dios!! decía. Estaba sorprendida infinitamente. 

Al principio la montaña se veía muy lejos pero cuando el Señor  apareció  estaba muy cerca a la vez. Me encontraba en la misma presencia de mi Dios, gran gozo y paz recibía de él, pero ahora yo quería mirarlo. En ese momento mi cabeza se inclinó y lentamente mis ojos comenzaron  desde abajo hacia arriba a mirar su esplendorosa persona. El Señor Jesús era muy alto, lo primero que vi fueron sus pies y sus vestiduras y sus vestidos eran como faldas largas  hasta los pies; eran de un blanco radiante nunca visto en la tierra. Sus vestiduras reflejaban  una santidad muy grande, y de todo  su ser fluía esa santidad. Vi  toda su vestidura hasta los hombros, sus hombros eran fuertes y sobre ellos caían sus cabellos.  

Luego miré su rostro y quedé maravillada. 

Jesús era sumamente joven y tenía rostro de un hombre. Parecía como de 25 a 30 años; y su rostro era semejante a la de los hombres judíos. Su cara era brillante como ungido con aceite y no tenía manchas ni arrugas ni barba ni cosa alguna. Sobre su cabeza brotaba una gran humildad. Cuando miré sus ojos quedé atónita, sus ojos eran como  llamas de fuego, y de ellos emanaba un poderoso amor que  estremecía y llenaba todo mi ser.

Sus ojos no eran como los de los hombres, eran luz y amor. 

El Señor me miraba directamente a los ojos. Su mirada era intensa y potente.

Mientras miraba al Señor fluía de él un poderoso amor, y con sus ojos me decía que me amaba, él me decía  ¡te amo, te amo, te amo tanto! Entonces  comprendí cuan grande era el amor de Dios para con toda la humanidad y para con nosotros su pueblo muy amado. Su Palabra vino a mi corazón y me dijo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda sino que tenga vida eterna” Juan 3:16. Me maravillé.

En ese momento recordé a toda la gente de la tierra, que no conocían al Señor ni sabían del amor tan grande que tenía Dios para con sus vidas, y pensé si tan solo los seres humanos escucharan y creyeran en su bendita Palabra y en su evangelio, cuantas almas se salvarían y escaparían de aquella horrenda condenación eterna.

Un deseo muy fuerte comencé a sentir en mi corazón, quería ir por todo el mundo y predicar el evangelio a toda criatura y anunciar que Cristo vive y reina por los siglos de los siglos, y que aun es tiempo que los pecadores se arrepientan y se conviertan al Dios vivo y verdadero; porque Jesús esta con sus brazos abiertos para recibirles y abrazarles con su Espíritu Santo y dispuesto a darles la vida eterna si creen y vienen a él. 

No supe cuanto tiempo pasó, miré al Señor y él estaba maravilloso y majestuoso, lleno de gloria y poder. Yo quería continuar en su presencia, allí no existe la realidad de la tierra uno solo quiere estar con él; pero al instante tenía que volver y llevar a cabo mi gran labor que el Señor me había encomendado.

Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el todopoderoso.  Apocalípsis 1:8  Amen

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